miércoles, 4 de julio de 2012

Álvaro Moré, presidente de Young & Rubicam Uruguay y Wunderman Montevideo

Navegar es necesario

Álvaro Moré
(Foto Maite Fojo).
Un día antes había terminado una sociedad que al principio prometió éxitos, pero que sólo duró un año. Esa mañana se levantó dominado por dos sensaciones paradójicas: la serenidad que le devolvía el haber terminado una relación que aún recuerda “sin sentimientos positivos ni negativos”, y la incertidumbre que le causaba estar desocupado por primera vez en su vida. En ese momento hizo lo que siempre aconseja a sus amigos. Se afeitó y se puso un traje, como si fuera a trabajar; pero no tenía a dónde ir. Fue cuando se sentó a pensar, mientras se daba un plazo de quince días para abrir una nueva agencia. Así fundó MADD, una falsa sigla que quizá encubrió una locura, porque fue iniciada con apenas dos clientes, en pleno ajuste fiscal de 1995. Álvaro Moré ingresó a Capurro como cadete motorizado a los 17 años, luego de responder a un poste restante. “Como muchos publicistas autodidactas, mi vocación nació trabajando”, evoca. Luego creó la memorable Diciembre junto a su amigo Claudio Invernizzi como socio, y participó en la compleja fusión con Grey Publicidad. “Aún me pregunto cómo hizo Pancho Vernazza para convencernos, porque estábamos seguros que no iba a funcionar”. Fue pionero en la utilización de internet, con una campaña para Mitsubishi, conseguida en tiempo real, en época de módems telefónicos a una velocidad de 28.800. Tan convencido está de su papel, que conserva un documento que en broma firmó mucha gente: “yo conocí Internet gracias a Álvaro Moré”. Se siente precursor de la tecnología aplicada y ve enormes posibilidades para la publicidad en el área digital, quizá por aquello que decían los romanos para explicar su visión del futuro: Navigare necesse est.

-¿Existe una vocación de ejecutivo publicitario?
-Sí, sin dudas, y lo digo convencido, aunque ingresé a la profesión allá por 1978, por un aviso del diario, que además era bastante enigmático, porque había que responder a un poste restante. Ni idea tenía de la empresa que solicitaba un cadete con moto; podría haber sido una farmacia. Entonces mi llegada tuvo mucho de accidente. Una oportunidad que llegó cuando tenía 17 años, luego de haber trabajado en una barraca, una ferretería, en una casa de colocación de parabrisas y en la vidriería de mi padre. No fue un ingreso vocacional, como ocurre tanto ahora con los estudiantes que optan por la publicidad, pero una vez que ingresé se transformó en una vocación.

-¿Qué agencia era la del aviso?
-Capurro Publicidad, que ahora es EPFZ y sigue estando en el mismo lugar. Una agencia histórica, la primera del Uruguay, fundada por Juan Capurro, que en la década de 1970 fue adquirida por la familia Soler. Entré como cadete, pero al poco tiempo me ofrecieron la tarea de asistente de producción. Me gustó mucho y quise aprender más; no existían las carreras de Comunicación, pero estudié cine en Cinemateca que me sirvió mucho para el trabajo. Fui jefe de producción audiovisual durante ocho años, y luego pasé a atender cuentas, primero como asistente, luego como director, y llegué a ser vicepresidente de la compañía.

-¿Cómo era aquella Capurro?
-La recuerdo con el cariño de la agencia que me dio la primera oportunidad y que me permitió conocer a queridos compañeros y colegas: Alfredo Giuria, María José West, Claudio Invernizzi, Aldo Ponzoni, Carlos García, Jorge Gestoso. Muchos pasamos por allí y seguimos siendo amigos. Pero nunca me sentí trabajando en la mejor agencia, aunque fuera muy grande. A mí me gustaba Grey, siempre fui admirador de Pancho Vernazza, un estratega, un creativo publicitario completo, sociólogo, muy inteligente. Durante muchos años la publicidad no tuvo otro referente que Pancho, luego vinieron Alfredo y Claudio, con Viceversa, que incidieron en los nuevos modelos de agencia creativa

-En Viceversa se sentía un fuerte aroma cultural.
-En Grey también, pero no hay dudas que gente como Claudio, como Fido Giuria, fueron responsables, junto con otros colegas que rompieron conceptos tradicionales, del gran cambio de la publicidad uruguaya. Claudio es un creativo de primer nivel, novelista, ganador de un Bartolomé Hidalgo, periodista. Durante años Viceversa fue la agencia más creativa del Uruguay; en 15 o 20 años ellos construyeron una marca nacional e internacional; fue una gran explosión que abrió un camino. ¡Qué distinta era Capurro! Allí era ejecutivo, pero muy cerca del departamento creativo, como productor de comerciales. En esa época las productoras estaban mucho menos desarrolladas y por lo tanto los jefes de producción audiovisual teníamos más participación, hasta terminábamos dirigiendo comerciales.

-¿Qué avisos o campañas recuerda de aquella etapa?
-Más que campañas, recuerdo la avalancha de clientes que tenía la agencia, la mayoría propiedad del propio grupo: Tiendas Soler, Centro Eléctrico. Hacíamos dos o tres comerciales por semana. De mañana recibía el briefing, al mediodía se hacía el guión, de tarde se llevaban los electrodomésticos a una productora o un canal, se rodaba toda la noche, hasta la madrugada, luego se editaba de corrido, de mañana se colocaba el audio, y al otro día al aire. Hice más de 500 comerciales en ese formato, de un día para el otro. Una vez tuve una discusión con Fido Giuria y le recordé que había hecho más de medio millar de cortos, a lo que me respondió: “así te quedaron”. Y tenía razón, porque aquélla fue una experiencia más cuantitativa que cualitativa, que me dio experiencia en la resolución de problemas pero muy poco en calidad.

-¿Capurro fue una buena escuela?
-En todos lados aprendemos. En Capurro tuve la oportunidad de trabajar con profesionales muy talentosos, muchos de ellos considerados hoy como los mejores publicitarios uruguayos. También aprendí que de las muchas cosas que allí se hacían no eran las más indicadas. Capurro no estaba a la vanguardia, no apostaba al futuro, y yo no compartía la misma visión, y esa fue la razón por la que resolví abrir mi propia agencia. Pero debo reconocer que fueron años muy lindos en mi carrera profesional, de los que sólo me quedan buenos amigos y buenos recuerdos.

-Y fundaste Diciembre...
-Con otros tres temerarios nos instalamos en Pocitos, en la calle Enrique Muñoz. Diciembre fue una agencia que duró ocho meses y creo que duró tan poco por su éxito. Era un gran equipo: Invernizzi, Claudio Basile que ahora es el actual director de arte de una empresa de Young & Rubicam en Zonamérica, Mariana Píriz, que ahora es mi esposa. Estábamos muy bien, hasta que vino Pancho Vernazza y nos propuso una sociedad con Grey. Su razonamiento era muy bueno: “ustedes necesitan una agencia internacional y yo necesito que me acompañen en la dirección porque quiero comenzar a retirarme”. Pancho es un gran amigo, al que quiero entrañablemente, pero es de esas personas que todos los días amenaza con su retiro, pero no se retira. Diciembre fue la agencia más premiada del Desachate de ese año, aunque solo habíamos trabajado ocho meses. Teníamos cinco o seis campañas de televisión en el aire: Electroquímica, con lavandina Sello Rojo y la vidriería Bía. Nos iba muy bien. Una noche Pancho nos invitó a cenar al Forte di Makale para hacernos la propuesta. Para mí fue como tocar el cielo. Siempre digo que hubiese sido feliz siendo cadete en Grey, ni que hablar ser su socio. A pesar de eso, la propuesta no nos convenció. Luego de la cena, los tres, Pancho, Claudio y yo, salimos cada uno para su casa, pero a la cuadra estacionamos con Claudio y estuvimos de acuerdo: esto no lo vamos a hacer, de ninguna manera. Al otro día Claudio propuso informar a nuestros compañeros sobre la propuesta, porque evidentemente iba a trascender y podía crear preocupación. Nuestra idea era comunicar que no aceptábamos la sociedad con Grey. Pero antes había que responderle oficialmente a Vernazza. Teníamos todo pronto, el comunicado de la no aceptación, muy bien argumentado, pero Pancho que es un gran seductor, nos convenció.

-¿Qué argumento utilizó?
-Nos ofreció una sociedad, nos daba una parte en acciones de Grey. Nunca hablamos de adquisición, nunca nos compró, sino que nos fusionamos para ser Grey Diciembre. En aquel 1993, ganamos 85% de las Campanas de Oro, recuerdo que subíamos y bajábamos a buscar premios toda la noche. Quizá no quede bien que lo diga así, pero éramos la mejor agencia: la creatividad de Claudio, que se sumaba a la de Pancho, a Juan Manuel Herrera, a Ellery Garate. El equipo era excelente y la cartera también, por el aporte de Grey, que era muy grande: Credisol, Nevada, Johnson y Johnson. La primera suma daba muy bien, equipo, clientes, y una sociedad muy compacta, de tres personas: Claudio, Pancho y yo. Parecía la empresa ideal, hasta que Pancho sumó a dos socios más y no nos avisó. Y no fue un problema con Ellery Garate y Jorge Surraco, porque ambos eran parte importante de Grey, y siempre es mejor darle la oportunidad a gente de adentro que traer gente de afuera; pero Pancho se equivocó cuando omitió informarnos con anticipación. Ése fue el principio del fin de Grey Diciembre: a una hora éramos tres y en un rato fuimos cinco. Recuerdo que alguna vez le dije al recordado amigo y colega Aldo Ponzoni, cuando puso EPFZ, que era un mal nombre, porque una sociedad de cuatro no funciona. Y creo que tuve razón, porque luego fueron tres letras, luego dos y al final quedó una sola. Lo mismo le dije a Pipe, cuando puso VBS, y así fue: al final quedo sólo la “S” de Stein. La ruptura de Grey Diciembre fue al año. Claudio no quiso seguir allí y volvió a Viceversa. Gabriel Román, enterado de la situación, me invitó a asociarme a Ginkgo, donde estuve durante 1994.

-Diciembre fue un flash, pero todavía es muy recordada.
-Hicimos un muy buen trabajo en prensa, para un cliente que nos dio muchas satisfacciones, Equipo SA, representante de Frigidaire y Electrolux; pero no era televisión. El comercial que más recuerdo, por su creatividad y su impacto fue el que hicimos para la Vidriería Bía. Un aviso extraño para ese momento, que todavía se recuerda: aquél de los dos hombres de traje, que jugaban con una pelota de fútbol, en un duelo en el que uno tiraba y el otro atajaba. Uno picaba la pelota, tiraba pelotazos, pero la pelota no pasaba, pero no se sabía por qué, hasta que quien hacía de golero colocaba un autoadhesivo de Bía. El vidrio era realmente transparente. No se veía, pero la pelota no pasaba. Dos por tres vuelvo a mirar ese aviso, que me parece muy creativo y muy efectivo.

-¿MADD era una sigla?
-En ese momento Young & Rubicam era socio de Viceversa, y estaba lanzando una segunda red a nivel latinoamericano, a la que luego ingresé, que se llamaba ADD; entonces le agregué una “M” y creé la marca: MADD.

-Que suena a loco…
-Sí, también, pero en realidad era una falsa sigla, encabezada con la “M” de Moré. El comienzo fue muy difícil, con muchas incertidumbres, con apenas dos clientes: Frigidaire y ORT. Recuerdo que 1995 fue el año de inicio del segundo gobierno de Sanguinetti, y la primera medida de su ministro de Economía fue un ajuste fiscal. Viéndolo así es verdad que MADD fue una locura, porque comenzó a trabajar en recesión, y todos sabemos lo que ocurre con la publicidad en recesión: es lo primero que se recorta. Además nuestros dos primeros clientes eran muy especiales. Frigidaire hacía mucha prensa, y eso se veía mucho menos que la televisión. La Universidad ORT hacía cosas de relativa masividad, muy segmentadas, que no nos daban mayor visibilidad. Aun así, al poco tiempo ganamos dos clientes que nos empujaron a crecer y a optimizar nuestros recursos creativos. Uno fue Los Nietitos, cuando todavía era una marca muy poco conocida, a pesar de su excelente calidad. Para ellos hicimos dos comerciales. Uno fue “Mandados”: un niño que iba al almacén con una chismosa, repitiendo lo que le había pedido la mamá, pero que se cruzaba con una chica y se olvidaba de todo; sólo recordaba a Los Nietitos. El otro fue “Bebé a bordo”, que contaba sobre un niñito que se robaba un auto y salía de noche. Creo que hicimos una buena contribución a un producto excelente, pero que por entonces no era una marca muy fuerte. Era necesario mostrar su simpatía, y todo el afecto que podía reflejar, de la misma forma que los nietos son queridos por los abuelos. Los Nietitos es una empresa muy familiar, construida y pensada para toda la familia. Aunque sus productos son muy naturales, en ese momento se hablaba menos de lo natural, que es un concepto más moderno. En ese caso el trabajo fue fortalecer la marca de un producto valorado, reconocido, apreciado. En realidad fue hacer un “tiqui” nomás, porque el producto es excelente. Hubo otro cliente que nos dio una satisfacción creativa: Radio Montecarlo. Para ellos hicimos varios avisos, pero hay uno que me fascinó desde el principio, y aún me fascina: “Casamiento”. Contratamos al actor Leonardo Lorenzo, que ahora está en Canal 4, para hacer de un informativista que interrumpe su boda para pasar las noticias de las nueve de la noche. Un mensaje muy original y divertido, que se realizó sobre una base estratégica importante, porque las investigaciones nos decían que el mayor valor que el público encontraba en los informativos de Montecarlo, era la puntualidad. Ese hombre era capaz de cortar la ceremonia para dar las noticias, y después se casaba. En aquel momento fue muy importante ACAC, cuando todavía era cooperativa, después nos acompañó cuando fue Crédit Agricole, y nos permitió trabajar y facturar más, con un gran director creativo: Juan Miguel Herrera.

-¿Qué quedó de MADD?
-Creo que fue una agencia pionera en tecnología, pero siempre después de lo creativo, más aún cuando desde el primer día, el talento de Juan Miguel Herrera marcaba un perfil muy original. La tecnología fue fundamental, en tiempos que necesitábamos marcar un diferencial para captar clientes en tiempos de crisis. Nos preparamos, en especial en Internet; todo el mundo sabía que estábamos muy actualizados, y nos mostramos pretendidamente como pioneros. Era tanta la intención de posicionarnos en ese concepto, que hasta hice un documento en broma que firmó mucha gente, y que decía: “yo conocí Internet gracias a Álvaro Moré”. Eran mediados de 1995, y por la agencia venían colegas y amigos para ver nuestro desarrollo tecnológico; recuerdo a Claudio Invernizzi, Pablo Lecueder, entre tantos. La idea de MADD como agencia impregnada de tecnología se vio reforzada por la forma cómo ganamos una licitación para incorporar a Mitsubishi. La empresa había llamado a diez agencias a las que entregó un briefing y unas fotos de modelos anteriores al que se iba a lanzar, porque no había imágenes. Mitsubishi era un cliente muy exigente: la agencia ganadora iba a ser la más creativa y convincente con los pocos elementos aportados. Nos pusimos manos a la obra con una idea: sorprenderlos. Buscamos el modelo en internet, lo encontramos, colocamos la foto en el aviso. Es interesante recordar que en ese momento la única forma conocida de conseguir una foto de calidad era que te la mandaran de Japón; pero nosotros la bajamos con un módem telefónico, aquellos que corrían a una velocidad de 28.800 kb. Nos pasamos toda la noche bajando aquella foto, no se terminaba más, pero provocamos una gran sorpresa y ganamos la licitación. Con la Universidad ORT, Los Nietitos, ACAC, Mitsubishi y otros clientes pasamos a ser una agencia de veinte personas, con mucha visibilidad y prestigio. Una investigación entre anunciantes en el año 1996 nos daba como la agencia del futuro, todo esto nos preparó el camino para dar el gran salto: la sociedad con Young & Rubicam.

-¿Cómo fue ese paso?
-MADD ya estaba madura, cuando nos llega el primer ofrecimiento internacional, de José Eduardo Cazarín, un gran tipo, que propuso comprarnos 20% del capital accionario para asociarnos con Lowe. Mientras analizaba la propuesta, María José West, colega de Viceversa, me cuenta que iban a salir de la red Young & Rubicam, para asociarse con Euro. Hasta ese momento nosotros teníamos un acuerdo operativo con la red secundaria de la agencia. En ese momento me fui a Miami para hablar con Joe de Deo, por entonces presidente para la región. Fue una negociación de cuatro meses, que finalizó el 19 de diciembre de 1997. Así nació Young & Rubicam Uruguay, el 1 de enero siguiente, con 49% de MADD y 51% de la multinacional. Fue un negocio sin dinero, porque a cambio de la mitad más uno del paquete accionario, nos entregaron sus clientes: Colgate, Danone, Citi, Pepsico, Texaco, DHL. Pero hubo algo tan importante como las nuevas cuentas: ingresábamos a una cultura muy exigente de organización, que nos obligaba a realizar reportes financieros. En realidad, para nosotros no significó un gran cambio operativo, porque habíamos sido muy prolijos en nuestra administración. Es más, cuando vino la auditoría se llevaron una sorpresa: MADD era una empresa muy ordenada, tan ordenada como Young & Rubicam.

-Los críticos de esta tendencia a la venta de agencias nacionales a multinacionales, dicen que se ha entregado independencia a cambio de poco dinero o de algunas cuentas.
-No estoy de acuerdo, pero lo primero que hay que aclarar es que nosotros tenemos una asociación con Young, que no es lo mismo que un acuerdo operativo. Por eso tenemos derecho a herramientas que sólo recibimos los socios. Es puro beneficio. Ellos nos aportan un buen control, que no necesitamos, porque ya trabajábamos con un alto estándar de organización, pero que nos sirve para saber dónde estamos ubicados. También nos alinean con sus políticas de negocios y nos ponen en contacto con la mejor publicidad del mundo. Cuando pasamos a ser Young & Rubicam, nos mudamos a Bulevar España y Enrique Muñoz primero, por un motivo muy sencillo: en MADD nos sobraban las sillas, pero en Young nos faltaban. Algo que parece menor, pero que demuestra que la reconversión nos llevó a crecer hacia afuera y también hacia adentro. Entonces, ¿dónde está la pérdida en esta asociación?

-La agencia ha obtenido sellos de calidad ¿Cómo se aplican esos estándares a la publicidad?
-En 2004 fuimos certificados con la Norma ISO 9000, que debe ser renovada cada año, porque es un reconocimiento a la gestión continua de calidad; y en 2008 recibimos el Premio Nacional de Calidad. Quizá los hubiésemos obtenido también siendo MADD, pero no hay dudas que el solo hecho de cumplir con las normas de Young & Rubicam, nos llevó a esos logros casi naturalmente. Por ejemplo, tenemos un Comité de Mejora Continua que se reúne todas las semanas para evaluar la calidad del trabajo, la relación con los clientes, con las marcas y los productos. El personal responde regularmente 57 preguntas en las que describe la calidad de su espacio laboral, las herramientas que la agencia le ofrece, las oportunidades de crecimiento y hasta puede decir si percibe discriminación. Nuestro objetivo es consolidar el liderazgo de una organización eficiente, que exige mucho, pero que también está comprometida con el bienestar de sus colaboradores.

-¿Cómo es compartir tantos negocios con tu esposa? ¿En algún momento del día no hablan de empresas, negocios o comunicación?
-Lo intentamos y lo logramos, pero es todo un ejercicio familiar. Mi hija Sofía, tiene dos frases que nos retratan de cuerpo entero. Una es una crítica muy fraterna, pero crítica al fin: “Soy la niña que tuvo que aprender todo en once años”. La otra es una súplica diaria: “Tratemos temas que nos involucren a todos.”

Cada vez que lo pienso no puedo creer cómo hizo Pancho Vernazza para asociarnos en Grey-Diciembre, pero fue así.”

¿Solidaridad o marketing?
Tenemos un fuerte compromiso conceptual y práctico con la Responsabilidad Social Empresarial. Somos la agencia pro-bono y soy miembro del directorio de Endeavor Uruguay, también somos la agencia honoraria desde el año 2005 y yo soy miembro del Consejo Asesor de Un techo para mi país, y planificamos la comunicación de la Fundación Amigos del Hospital Pereira Rossell desde el año 1999. Es cierto que cuando una empresa asume cabalmente su responsabilidad social siempre tiene un objetivo de imagen institucional; pero también hay una actitud de agradecimiento y devolución a la comunidad, que se ve reforzada por el compromiso continuo y a largo plazo, como es en nuestro caso, con todas las iniciativas. ¿Acaso es marketing que los niños del Pereira Rossell disfruten el árbol de Navidad que armó el personal de Young & Rubicam? Cada funcionario decide si quiere participar en “Un techo para mi país” o en las otras iniciativas. Para mí fue emocionante ir varios fines de semana al barrio Primero de Mayo para ayudar a la construcción de una casa para una mamá de 18 años, con un hijito de dos, y su esposo preso. ‘Álvaro, nunca pensé que iba a llegar este día’, nos decía la chica llorando de emoción cuando se la entregamos. Ese momento no tiene precio. Es un tema muy delicado, porque es cierto que hay empresas oportunistas que intentaron beneficiarse con acciones de supuesta responsabilidad social, pero se dieron la cabeza contra la pared: la gente no compra porque un día ayudás a uno y otro día ayudas a otro. Así no se construye credibilidad.”

Mariana y Álvaro
Para comprender lo globalizada que está la comunicación, basta saber que Young & Rubicam desde 2000 forma parte del WPP Group. En este conglomerado, Mariana Píriz, mi esposa, tiene el 49% de Mediaedge:cia, Mindshare y de Burson Marsteller, el líder mundial en relaciones públicas, que en nuestro país tiene clientes como Botnia, por ejemplo. Burson fue creada en 1953 y se sumó al grupo en 1979. Su metodología de trabajo denominada Perception Management, implica el manejo de la percepción de las empresas como base para el desarrollo de estrategias de negocios. Además de comunicaciones empresarias y relaciones con inversores, ha desarrollado en los últimos años un conocimiento único en el manejo de medios masivos. Mindshare y Mediaedge:cia, son agencias de medios independientes, creadas en 1997 y en 1999 respectivamente. Sus objetivos son el desarrollo de estrategias, implementacion, compra de medios y análisis del retorno de la inversión. Ambas forman parte de GroupM, que es el grupo que nuclea a todas las agencias de medios de WPP. Mi parte es el 49% de Young & Rubicam Brands, el núcleo generador del concepto, Wunderman Montevideo y Wunderman Zonamérica, que son oficinas de la empresa número uno de marketing directo y promociones. Ambas disciplinas son mensurables y focalizan sus esfuerzos en convertir al público en cliente, creando lazos de lealtad y modificando las conductas de consumidores, comerciantes y fuerzas de venta. La empresa tiene 65 oficinas en 39 países, que manejan el Customer Equity como un capital estratégico. En el grupo también está Landor, un pionero en el diseño pensado como una poderosísima herramienta para la identificación de empresas y marcas, fundado en 1941 por Walter Landor, y adquirido por Young & Rubicam en 1989; y Sudler & Hennessey, una agencia fundada en 1941 por Art Sudler y Matt Hennessey, que ha innovado en comunicaciones y marketing especializado en el cuidado de la salud. Cuando traemos este rompecabezas de nombres y responsabilidades a la realidad, es necesario explicar la independencia de las unidades de negocio. No conozco a la mayoría del equipo de trabajo de las empresas de las cuales es socia mi esposa y yo no.”

La sociedad con Young & Rubicam es excelente. Ellos dicen: Moré cuide el negocio, cuide al cliente y cuide la marca, que el dueño de la compañía es usted.”
Hizo lo que pudo
Éxito. Experiencia. Gracias. Compartir. Comunicación. Equipo. Vino. Trayectoria. Crecimiento. Enseñar. Oportunidad. Estrategia. Amigo. Confiar. Profesional. Consejo. Publicitario. Inteligente. Empresario. Clientes. Construir. Felicitaciones. Años. Agencia. Profesor. Fundar. Dedicación. Pasión. Trabajo. Álvaro. Son los treinta conceptos que cierran un libro que le regalaron sus amigos para celebrar las tres décadas de Moré en la publicidad, cumplidas en 2008. La publicación, titulada Hice lo que pude, aporta una mirada colectiva de quienes comparten con él un tiempo, un espacio, y muchos intereses.

Peñarol, amigos, vinos
Luego de trabajar en forma intensa en publicidad, en la agencia y en la docencia, Álvaro Moré tiene la mayoría de sus amigos entre sus colegas. Sin embargo desde hace años se dedica a la cata de vinos, lo que le dio una cantidad de nuevas afinidades. Su pasión por el vino lo llevó a realizar varios cursos y a recorrer la ruta del vino en California y Mendoza, integra varios grupos de cata, especialmente uno que se reúne todos los meses desde hace años. Su otra pasión es el Club Atlético Peñarol, al que asesora en su imagen publicitaria e institucional.

1 comentario:

Ines Herrera dijo...

Fascinante la trayectoria de Alvaro More. Es una prueba de que el que quiere puede lograrlo, pero como bien dice no es facil. FELICITACIONES al señor More.