domingo, 8 de julio de 2012

Conrado Niding, Eduardo Richling, Friedrich Mux, pioneros de la industria cervecera uruguaya


Popular, Montevideana, Germania: marcas del saber alemán

El centenario retrato de Wihelm Sommer,
descendiente alemán nacido en Paysandú,
aún perdura en el ingreso al antiguo
Palacio de la Cerveza, de la calle Yatay.
Su barba, su jarra y su sonrisa, fueron
reproducidas en carteles, almanaques,
etiquetas, jarras, listas de precios de la
Nueva Popular a Vapor. Una tradición
heredada por la marca Doble Uruguaya.
Aún aceptando el valor de experiencias como la Cervecería del Cordón de Thibault Holveg o la Oriental de Alejandro Dosset, luego de Adolfo Robillard, el verdadero impulsor de una industria nacional fue un emprendedor hamburgués arribado poco después de la Guerra Grande. Conrado Niding era un inversor, filántropo y atento gestor de la cultura alemana, que en 1866 creó una firma que hizo historia: La Popular. Llamada así por la multitudinaria convocatoria de su planta fabril, la más moderna de América del Sur en su tiempo. Instalada primero en el barrio Palermo, y luego en la calle Yatay, de la Aguada, estaba diseñada como un amplio espacio recreativo, de puertas abiertas, que visitaban las familias de mediados y fines del siglo XIX. Su empuje dio lugar a otros negocios memorables. Luego de vender su empresa al austríaco Eduardo Richling, abrió la Montevideana, un ejemplo original replicado por otra celebridad cervecera: la Germania, de Friedrich Mux. Su esplendor se extendió hasta 1895, cuando él y sus antiguos competidores debieron ceder ante el consorcio que fundó la Cervecería Uruguaya. Niding fue un empresario innovador, un pionero hace 150 años. 

Sobre la base del Capítulo 2 del libro Historia de la cerveza en Uruguay (Koi BooksFNC, Montevideo, Diciembre 2011).


Fiesta en Cervecería La Popular 
de Conrado Nidng c. 1890.
Las primeras cervecerías utilizaban un procedimiento manual de elaboración, muy primitivo, que apenas alcanzaba para cubrir la escasa demanda de una Montevideo devastada por el Sitio Grande.
A principios de la década de 1850 la capital uruguaya contaba con más habitantes europeos que orientales. Aquellos locales pequeños, abiertos por inmigrantes alemanes, suizos, franceses e ingleses, ofrecían una calidad artesanal muy simple, que sus compatriotas subestimaban, como muy inferior a la importada.
Sus líquidos eran consumidos en las propias fábricas, en fondas, en bares de escasa reputación, o en fiestas populares de criollos.
También hubo establecimientos en el interior del país: Colonia Suiza, Colonia del Sacramento, San José, Paysandú, Tacuarembó, Minas, Maldonado, eran localidades con notoria presencia anglosajona.
Años después, a fines del siglo XIX, se produjo cerveza en Fray Bentos, a influjo del Saladero Liebig; en Rivera, por la fiebre del oro de Cuñapirú; y en la Villa Cosmópolis, por entonces un lejano paraje suburbano en la falda del Cerro donde se radicaron los principales frigoríficos de Montevideo.
Festejos cerveceros en el recreo más
popular de Montevideo c. 1890.
El precursor de una industria cervecera nacional fue Conrado Niding. Nacido en Hamburgo y arribado al país luego de la Guerra Grande, en 1866 abrió un establecimiento que con el tiempo se denominó Cervecería Popular, ubicado en la manzana de las calles Durazno, Isla de Flores. Santa Lucía (actual Santiago de Chile) y Arapey (Javier Barrios Amorín). Fue un hombre muy activo. En 1869 era miembro de la Congregación Evangélica Alemana, y el14 de mayo de ese mismo año participó de la fundación de la Deutscher Arbeiter-Krankenveiren, una mutual de salud y socorro mutuo concebida para asistir a los inmigrantes germanos.
El emprendedor hamburgués encaró la difusión de la cerveza como un negocio, pero también como un bien cultural legado por sus antepasados, que se propuso compartir con su patria adoptiva.
Fue un innovador que en el transcurso de su vida construyó otras dos fábricas. En 1874 se mudó a la calle Yatay Nº 8, cuando era un punto estratégico, cercano a la plaza de las Carretas que medio siglo después fue el Palacio Legislativo. Pero hubo más cambios: el aviso del traslado lo firmaba una sociedad colectiva: C. Niding y Cía.
Una demostración de su talento y su capacidad de riesgo. No era rico, pero consiguió un préstamo hipotecario con un particular, por el que abonó intereses más altos que los ofertados por los bancos estatales o privados, mientras se asociaba con otros inversores que aportaron capital en el nuevo establecimiento.
Por la misma época, era abierta muy cerca de allí la Cervecería Eliseo, de Alejandro Dosset, en la calle Goes Nº 91 (actual avenida General Flores). El productor francés, le había vendido la Oriental a su compatriota Adolfo Robillard, quien a su vez se la traspasó a su sobrino Eugenio,  que se quedó con la planta de 18 de Julio Nº 854.
Planta de la Cervecería Montevideana, de
Conrado Niding, que en 1890 fue abierta
en la manzana de las calles Asunción,
Lima, Cuareim y Acuña de Figueroa,
en el barrio de la Aguada.
Fueron acertados los cálculos financieros de Niding, y su olfato comercial. Una ley proteccionista impuesta en 1875 por el dictador Lorenzo Latorre, benefició a la actividad cervecera, que pudo importar libre de gravámenes, la maquinaria, el lúpulo y los envases. Cinco años después fue director de una empresa de alta tecnología, que fabricaba cervezas “a vapor” similar a las alemanas, belgas o inglesas, y que elaboraba 2.400 kilos diarios de hielo para la maduración del producto.
Ofrecía una bebida refrescante del tipo Lager, una doble, una sencilla, y también negras robustas; en barriles y en porrones; al por mayor y al por menor. Otro de sus negocios era el arrendamiento de su moderno depósito de frío, tanto a cervecerías como a otras actividades comerciales o industriales. 
Al nombre original le había agregado dos palabras. En su nueva sede, ubicada en el límite entre los barrios de Goes y Aguada, era la Nueva Popular, que poseía un amplio espacio recreativo y comercial que interactuaba con la planta productiva.
En un informe técnico de 1877 consta que su complejo industrial poseía abundante maquinaria; disponía de carpintería, tonelería, herrería, caballeriza, depósitos, y salones para el expendio de bebida. Basta leer un aviso publicado ese mismo año en el diario El Siglo. “Esta cervecería tiene un local espacioso con hermosas  glorietas y juegos, para la distracción del público.”
Única fotografía de la Cervecería Germania
de Friedrich Mux, barrio Capurro c. 1892.
Diez años después se la vendió a Eduardo Richling, un austríaco que trabajaba de corredor de la Bolsa de Valores de Montevideo, a un precio insólito para la época: 150.000 pesos (32.000 libras esterlinas).
El objetivo de Richling era evolucionar aún más en el desarrollo tecnológico, por lo que invirtió otros 50.000 pesos, equivalentes a poco más de diez mil libras esterlinas. Así amplió casi al doble la productividad y organizó una renovada propuesta comercial que incluía salones de reuniones y fiestas, además de novedosas atracciones: música, canto y juegos temáticos. Le llamó: Cervecería Popular a Vapor. 
Por entonces, era una actividad protegida por el Estado. La ley aduanera de 1888 gravaba la introducción de la bebida extranjera, y favorecía la libre importación de maquinaria e insumos industriales. En otras palabras: el producto nacional desplazaba exitosamente al importado.
Fue en aquel contexto que la Montevideana de Conrado Niding comenzó a funcionar en 1890, en la manzana de Asunción, Cuareim, Lima y Acuña de Figueroa, en el barrio de la Aguada. Con capital propio y una parte recaudada por la venta de acciones, construyó un  edificio de cuatro pisos, sótano y maquinaria moderna, donde proyectaba producir 400.000 hectolitros anuales de cerveza.
Su inauguración revelaba una transformación de su idea del negocio, que en esa nueva etapa concebía para abastecer sólo a los comercios, en  contraste con su primera etapa, continuidad de la artesanal, cuando ofrecía sus productos a los clientes que visitaban la planta.
En 1892 el prusiano Friedrich Mux abrió una nueva cervecería a orillas del Río de la Plata, en la rambla de Capurro, que llamó Germania. Poco se sabe del origen de este emprendedor, apenas que ocho años antes todavía era empleado en el Ferrocarril Central, y que vivía en el poblado de 25 de Agosto, departamento de Florida.
La fábrica estaba organizada como sociedad anónima, financiada con la venta de acciones, a imagen y semejanza del exitoso modelo Niding, pero también porque era la forma jurídica que mejor se adaptaba al creciente requerimiento de capitales y tecnología. 
Fachada de la desaparecida Cervecería
Popular a Vapor de Eduardo Richling,
ubicada en Yatay y Marcelino Sosa,

 límite de Aguada y Goes c. 1930.
La Popular, la Montevideana y la Germania en esos años se repartieron el mercado metropolitano, luego del cierre de la Oriental, de Robillard; de la Eliseo, de Dosset, y de la Cervecería Colón, fundada por Francisco Caldeyro. También habían desaparecido los pequeños artesanos, por la imposibilidad de competir con los modernos establecimientos industriales.
Las tres dominaron el mercado hasta la crisis económica iniciada en 1890, cuando el Banco Nacional, fundado por Emilio Reus, cayó en el efecto dominó provocado por el quiebre de la casa británica Baring Brothers of London.
La consecuencia directa fue una dramática reducción del consumo, agravada en la industria cervecera, por la devaluación de las acciones de la Germania adquiridas en su mayoría por inversores locales. Los poseedores de papeles sin valor  deambulaban por la Ciudad Vieja, angustiados por el mal negocio que habían hecho, mientras las cervecerías se desfinanciaban.
La situación desembocó en la fusión de las tres fábricas, en 1895, por un acuerdo entre Niding, Richling y Mux. Así nació una nueva empresa: Cervecería Uruguaya, que emitió obligaciones hipotecarias, olvidado el desastre de Reus, que al año siguiente cotizaban en la Bolsa de Valores.
Detrás de la operación estaba otro alemán: Augusto Hoffmann. Un productor rural y financista que controló la nueva sociedad anónima, acompañado por otros empresarios: Ernesto Beherens, Antonio Vitelli, Francisco Vilaró, Thomas F. Lane, Conrado Ferber y Werner Quincke.
Primera planta de La Popular de
Conrado Niding, ubicada
entre las actuales calles
Isla de Flores y Javier B. Amorín.
Tras la fusión fue vendida parte de la maquinaria, se concentró la producción en la planta de Asunción, mientras el edificio de la calle Yatay era transformado en un espacio de consumo y recreación. Era la señal inequívoca de que las posibilidades productivas eran muy superiores a la capacidad de consumo de una plaza reducida.
En 1897 una  ley estableció la devolución de impuestos a las bebidas nacionales que se comercializaran en el exterior. La disposición había sido solicitada por los industriales que necesitaban defender su capital mediante la exportación “a los mercados del Brasil”. El proyecto se basaba en competir con los fabricantes alemanes radicados en los estados sureños de Río Grande do Sul y Santa Catarina. 
−Muy diferente fue el destino de los tres innovadores de la industria cervecera uruguaya de mediados y fines del siglo XIX. Eduardo Richling aceptó ser gerente de producción de la Uruguaya, un cargo más honorífico que ejecutivo, desde el cual aportó su experiencia en un negocio que ya no era el suyo. Friedrich Mux continuó trabajando en pequeños emprendimientos algunos años más, hasta su jubilación a principios del siglo XX.
Cuando Conrado Niding dejó de ser maestro cervecero, también desapareció su presencia del escenario económico del país. Pero, de algo no hay dudas. Su notable memoria de creador de riqueza es evocada, desde entonces, como el patriarcal precursor de la industria cervecera uruguaya.

“Niding fue un propagador de la cerveza, aventajando a sus rivales en cantidad del artículo y provocando su abaratamiento.
Bernd Müller, en su libro Cerveceros, cervecerías, y porrones del Montevideo antaño.

1867
Maqueta del ingeniero Juan A. Capurro.
Fue el año cuando el ingeniero Juan Alberto Capurro realizó el primer plano de la Cervecería Popular, de Conrado Niding. El emblemático espacio industrial estaba situado dos lotes contiguos. Uno era conocido como “El Corralón”, de 1.844 metros cuadrados, 470 metros edificados, con ingreso comercial por Isla de Flores Nº 88, 92, 94, y vivienda con puerta en el Nº 90. El otro, de 554 metros cuadrados, 142 metros edificados, tenía salida por la calle Durazno sin número. El documento catastral se conserva en el Museo Histórico del Cabildo de Montevideo.

El tonelero era un hombre de confianza del propietario de la cervecería, porque de él dependía el estacionamiento del líquido, y en definitiva, su color, su textura y su sabor.


Barricas, bombas y hielo
Chimeneas de La Montevideana,
emblemas industriales del
barrio de la Aguada, en la
calle Asunción.
La Cervecería Montevideana fue una empresa innovadora que respondió a la oportunidad que significaba el fin de las grandes importaciones de líquidos alemanes, ingleses, belgas, franceses.
Fue la primera que diseñó una estrategia de venta por mayor y de distribución en comercios. Introdujo los barriles de 10, 15, 30, 50 y 100 litros, que eran llenados y lavados por máquinas automáticas.
De ese establecimiento salieron todos los toneles de roble y bombas de bronce, enfriados con cajones de hielo, que recorrieron el país en ferrocarril, entre 1920 y 1960.

Colombina
Conrado Niding formó parte de la comitiva uruguaya en la Exposición Universal Colombina de Chicago, realizada en 1892. Su Montevideo Brewing & Co obtuvo un premio, compartido con la Cervecería Nacional Ueltschi, de San José de Mayo. También promocionaba otros galardones obtenidos por sus bebidas, en las exposiciones de Paysandú y de París, equiparando la jerarquía de ambas ciudades.

En 1879 duardo Richling fundó  la Liga Industrial y en 1898 participó en el nacimiento de la Unión Industrial Uruguaya, ambos fueron antecedentes de la actual Cámara de Industrias.

Schenzer
Fue un cervecero alemán, nacido en 1834 en un pueblo cercano a Colonia a orillas del río Rhin, que durante diez años fue propietario de una fábrica instalada en Constituyente y Minas. De su actividad no han quedado porrones, ni documentos. Apenas se puede leer un aviso de prensa, cuyo recorte no conserva el nombre ni la fecha del diario. “El alemán don Christian Schenzer fabrica exquisita cerveza blanca, negra, doble y del país, que vende en barriles y en bocois, según sea el gusto de los compradores.” Para complicar aún más la investigación, su cervecería se llamaba Alemana, como tantas en la ciudad.

Cervecería Francesa
Históricos tachos de cocimiento de cerveza
de La Montevideana, transformados
en piezas del Museo de FNC.
Estaba ubicada en la calle Cerro (Rincón) Nº 116, cuando publicó su primer anuncio, en el diario La Reforma Pacífica del 1 de diciembre de 1863: “Ofrecemos la mejor cerveza francesa del Río de la Plata, al por mayor y menor, al mínimo precio de dos pesos antiguos por cada docena llevada a domicilio.” La nota estaba firmada por su propietario: José Bilú.

Wiese vs. Dosset
Hasta avanzado el primer cuarto del siglo XX, había dos versiones históricas sobre quien fue el primer cervecero del país. La tradición alemana mencionaba a “un tal Wiese” que en 1850 fabricaba de forma primitiva en el Cordón. La corriente francesa señalaba al normando Eliseo Dosset, primer propietario de la Cervecería Oriental, fundada en 1855. Ambos personajes elaboraron cerveza, pero algunos años después que Johan Friedrich Francke de quienes algunos investigadores aún dudan de su existencia.

Hasta 1880 había catorce cervecerías uruguayas habilitadas, previo pago de patente de giro, mientras que en Gran Bretaña existían casi 40.000 “public houses”. 

Porrones
Porrones de Cervecería Popular
a Vapor, de la Montevideana y
de la Cerveceria Salto c. 1870.
Eran las botellas de barro utilizadas por las cervecerías del siglo XIX para envasar sus productos. Aunque hoy son una antigüedad, está registrada la circulación de cientos de miles de estos frascos fabricados en su mayoría, en la ciudad escocesa de Glasgow y en la inglesa Staffordshire, la capital mundial de la arcilla manufacturada.
Los recipientes utilizados en Uruguay se distinguen entre sí por sus formas y aplicaciones comerciales. Thibaut Holveg utilizaba modelos similares a una botella de vidrio, de cuello largo que se iba estrechando hacia arriba.
Los franceses Dosset y Robillard los preferían de menor altura, cilíndricos y de cuello corto, que son los más conservados. El borde de su gollete era espeso, para reforzar su cierre y facilitar su apertura.
La Popular y la Montevideana, ambas de Conrado Nidding, utilizaban un diseño mixto: delgado y alargado, pero con un gollete espeso. Eran creaciones artesanales exclusivas, muy buscadas en la actualidad, porque casi han desaparecido.
También importaban los símbolos y textos identificatorios escritos en el exterior. Eran los signos de fábrica exigidas por la ley de patentes sancionada en 1877, para proteger a las empresas y adjudicarle la explotación de una marca comercial. 
−Otras fábricas (Oriental, Del Progreso Popular, Montevideana, Germania, Ueltschi de San José, Popular de Paysandú, e inclusive la Uruguaya) no utilizaban este recurso porque lo consideraban innecesario por su prestigio. En cambio, hubo firmas menores que reservaron una marca registrada: Del Cordón, Gambrinus, Francesa, Alemana, Colón, Del Plata, La Esperanza, La Mallorquina, Sudamericana, Eliseo, Sol Oriental, Peila de Colonia, Somale de Paysandú o Toedter & Hageman de Salto.

La tarea del cervecero 
Ilustración de las primeras fórmulas
cerveceras derivadas de la hidromiel
nórdica que antes del siglo VIII
madurada en barricas de madera. Los
maestros cerveceros de la Edad Media
eran admirados como alquimistas.
Comenzaba a la una de la mañana, cuando colocaba la malta molida el día anterior en la cuba de infusión. Después le echaba agua fría, mezclándola a brazo, y le añadía agua caliente a 70ºC, sin dejar de revolver. Así creaba el mosto, que volvía a tratar a las cuatro de la madrugada: cocido en caldera, agregado de lúpulo, enfriado y otra vez a revolver.
Entre las ocho y las diez debía realizar la fermentación, con procesos alternados de calor y frío, a temperaturas extremas, para llegar a una primera cerveza.
A las cuatro de la tarde ponía a reposar el líquido en cubas con ruedas en el fondo, para sacarle los elementos insalubres. A las diez de la noche se abrían los caños por los cuales la bebida iba a parar a depósitos subterráneos, para su reposo.
Pero aún no finalizaba el trabajo diario. Mientras sus empleados estibaban bolsas de cebada, el cervecero iba a buscar agua que seleccionaba personalmente, también limpiaba el local, la maquinaria y los barriles. De allí la costumbre de dormir todos juntos en los galpones de la cervecería.
Barril de roble utilizado
 por pioneros de la industria.

El inglés Josiah Wedgewood revolucionó, en el siglo XVIII, la producción seriada de porrones cerveceros con nuevas técnicas de manufactura, pintura y división del trabajo.

Hoffmann, Beherens, Lane
Nacido en Hamburgo, en 1828, el alemán Augusto Hoffmann había emigrado muy joven a Buenos Aires donde se casó con Rosa, hermana del poderoso banquero Enrique Tornquist. Fue un rico estanciero de Mercedes, uno de los fundadores del saladero Liebig´s de Fray Bentos, que presidió entre 1892 y 1914.
−Hoffman fue presidente del Banco Comercial y de la Fábrica Uruguaya de Alpargatas, asociado con su yerno, Ernesto Beherens, en la explotación de las 7.000 hectáreas de la estancia La Fe, en el departamento de Río Negro.
El londinense Thomas Lane también tenía intereses en Alpargatas. Arribado en la década de 1890, su primer trabajo fue en la Compañía del Gas. Al poco tiempo asumió como gerente de Dique Seco de Montevideo Ltda, una multinacional tan británica como la Compañía de Tranvías que lo tuvo como director hasta su llegada, en 1910, a la Cervecería Uruguaya.


Chapa esmaltada de Doble Uruguaya,
de 46 centímetros de diámetro.
(Colección René Delger)
Vilaró, Quincke, Ferber
En 1875 el catalán fundó una casa importadora de materiales para la construcción y de productos alimenticios, hasta que diversificó sus inversiones en varias fábricas de almidón, de municiones, de envases, en un aserradero, y en la Uruguaya.
Los Quincke constituían un grupo económico en formación, originado en la firma importadora Ernesto Quincke establecida en 1852. Fueron convocados a la naciente cervecería cuando participaban en el Banco Popular del Uruguay, del que Werner Quincke fue vicepresidente en 1925. Conrado Ferber era hijo del comerciante hamburgués Roberto Augusto, que había fundado en 1858 una importante casa comercial: Altgelt, Ferber y Cía. Estaba vinculado al mundo financiero de Buenos Aires, como socio de Ernesto Tornquist, quien en 1914 lo invitó a participar en el negocio cervecero.

Palermo
La recordada cervecería argentina fue impulsada en 1897, por Conrado Ferber. De sus cinco mil acciones iniciales, la mitad estaba a nombre de empresarios montevideanos y 200 quedaron en manos de Augusto Hoffman.