domingo, 8 de abril de 2018

Niko Schvarz evoca la noche del 9 de julio de 1973, cuando más de cien periodistas y trabajadores del diario El Popular fueron sometidos a “una lógica de ocupación militar”


Cuatro horas después de las cinco

A las puertas de El Popular a las cinco en punto.
–¡Preparen! ¡Apunten...! –fue la orden de uno de los oficiales a cargo del asalto contra el Palacio Lapido. La tropa obedeció, sin dudarlo: cargó sus fusiles para dispararle a veinte trabajadoras detenidas.
–¡Bajen armas! ¡Lleven a las prisioneras al camión...! –fue la contraorden del mismo jefe, luego de un silencio estremecedor que duró segundos infinitos.
“No sé cuánto tiempo fue, ¡quedé inconsciente, con la mente en blanco! Nos quedamos ahí, quietas, esperando los disparos. Es verdad lo que se dice: cuando estás en el paredón el terror te recorre el cuerpo. Lo primero que sentí fue asombro, ¿por qué a nosotras? ¿por qué iban a ejecutar a compañeras embarazadas; muy jóvenes algunas, muy mayores otras. ¿Por qué iba a morir a los veintitrés años, ¡cuánta cosa en mi vida no iba a poder ser!”, evoca Ivonne Leconte, trabajadora de El Popular, testigo y víctima de aquel simulacro de ejecución en plena calle Río Branco, a pocos metros de la planta baja que ahora ocupa la Sala Nelly Goitiño.

Sobre la base de entrevistas realizadas para el libro "Sin Preguntas, crónicas del periodismo (no tan) reciente". Fotos de Aurelio González y otros archivos.

A las 5 de la tarde
–Aquel 9 de julio de 1973, a la hora señalada, estaba en el centro de la barahúnda: el segundo piso del Palacio Lapido, en la redacción de El Popular. La huelga general que resistió el golpe de Estado llevaba doce días y se había convocado a una movilización, y pasar a una nueva etapa de la resistencia con un cambio en la estrategia. Habrá que recordar siempre a Ruben Castillo, quien con un muy original recurso radial anunció la concentración leyendo el poema A las cinco de la tarde de Federico García Lorca. Una lectura inolvidable, que todavía retengo, hasta con sus tonos, como si Ruben continuara diciéndolo. Aquel estribillo, repetido, una y otra vez, fue la primera información periodística sobre la resistencia contra el golpe, con un contenido muy rico, pese a su simpleza aparente. Fue una notable utilización del recurso de la elipsis.
–A las cinco menos cinco de la tarde, 18 de Julio y Río Branco estaba como todos los días: recuerdo a una señora con la hija mirando zapatos en una vidriera, frente por frente a nuestro balcón. Tanta tranquilidad nos preocupó, y lo comentamos con los compañeros de la redacción, porque parecía que la movilización iba a fracasar. En la esquina estaba la aerolínea estadounidense Panam, donde ahora hay un café; del otro lado, sobre la misma acera, la Casa Soler. Todo era paz beatífica, hasta que faltando un minuto para las 17.00, comenzó a llegar la gente. Fue algo conmovedor,  extraordinario, ¡cinematográfico! La multitud comenzó a concentrarse desde El Entrevero hasta casi la Plaza Independencia. En menos de un minuto, aquella avenida en blanco y negro tomó todos los colores de la gente, a tal punto que un trolebus quedó trabado frente a Soler, en medio de la marea humana. Nunca hubo en el país una concentración como aquella, por su forma espontánea. Las columnas de manifestantes pasaban frente al diario, porque esa esquina fue el epicentro. Nos saludaba con el puño en alto, gritando consignas: ¡Viva la Democracia! ¡Viva la Libertad!  ¡Abajo el golpe! ¡Abajo la dictadura!  Eran cientos, miles, de carteles improvisados, hechos con lo que se pudiera. Aquel clima de resistencia era muy tentador para que bajáramos a la calle, pero teníamos claro que la prioridad era mantener la ocupación para no hipotecar la continuidad del diario. ¡No íbamos a autoclausurarnos!

-----

A las 9 de la noche
–Al poco rato, no más de media hora, llegaron las fuerzas de represión, primero a caballo, para repartir sablazos, después los roperos lanza aguas y los lanza gases. El objetivo era sacar a los manifestantes de 18 de Julio, tirarlos para afuera de la avenida. La violencia fue tremenda, porque lanzaban sus caballos y pegaban garrotazos y sablazos de plano; pero la multitud volvía, resistía en forma activa pero pacífica Cuando comenzó a oscurecer aparecieron los carros blindados y las tanquetas militares. Cientos de manifestantes se resguardaron en la galería del Palacio Lapido, muchos subieron al segundo piso, donde estaba El Popular. En minutos tuvimos una multitud en el corredor. El diario tenía la redacción con frente a 18 de Julio y  la administración hacia Río Branco. Como subdirector debí tomar una decisión: salvar a la gente de aquella trampa. Los fuimos sacando como pudimos, hasta que a las nueve de la noche comenzó la catástrofe. Cuando los alrededores ya estaban vacíos, llegó una tanqueta que con unas cadenas arrancó la puerta exterior de hierro que daba a Río Branco, donde estaba la expedición de diarios. Cuando nos dimos cuenta que el diario iba a ser ocupado, dos compañeros, Tito (José Jorge) Martínez y Rodolfo Porley, salieron a un balcón para negociar que entraran sin tirar; porque no íbamos a resistir. La respuesta fue ráfagas de metralla y gases. No había un mando visible, sólo fascistas vestidos de civil, con brazaletes blancos. Eran de la Juventud Uruguaya de  Pie (JUP) que señalaban los puntos de ingreso al diario. Cuando vimos venir el ataque, la consigna fue quedar cada uno en su puesto de trabajo. Estábamos todos, sólo faltaba El Gallego (Aurelio González) que se había escapado al primer piso para esconder los negativos de las fotos de la manifestación y la represión. Con los ojos irritados por los gases, vimos entrar a los pelotones armados a guerra. ¡Parecían extraterrestres, con aquellas máscaras!

Lógica de ocupación
A la redacción se entraba por una puerta giratoria ubicada entre dos grandes columnas de mármol. Nos ocuparon gritando cosas que no se comprendían, excitados como si estuvieran en combate, tirando ráfagas de metralla y disparos de fusil contra lo que tuvieran enfrente: paredes, cuadros, escritorios, máquinas de escribir, paquetes de diarios. ¡Arrasaron con todo! Por instinto, nos tiramos al piso con las manos en la nuca. Un creyente dirá que aquella tarde hubo un milagro, porque no hubo heridos aunque las balas nos pasaban cerca. Recuerdo dos escenas tremendas. Entre la nube de gas apareció un oficial de botas muy altas, que caminaba por arriba de varios compañeros. Cuando vio a una muchachita embarazada, le pisó la barriga de seis o siete meses. ¡Repugnados, indignados, quedamos en silencio! La otra fue la del hijo del compañero Damián Pereira, empleado de la administración, un chiquito de no más de ocho años. El oficial le ordenó que levantara las manos. Aquella fue la imagen más parecida que vi en mi vida de la famosa foto de un niño del Ghetto de Varsovia llevado por los nazis. “Tropa, duro contra estos comunistas que andan matando milicos. ¡Son nuestros enemigos!”, fue su arenga.¡Pero ninguno de nosotros reaccionó!
La orden fue bajarnos por las escaleras. Una cantidad de soldados nos esperaban en los rellanos, para pegarnos cuando pasábamos por lo que se había transformado en un desfiladero. Los más ágiles más o menos se salvaron de los golpes, pero uno de nuestros fotógrafos, Ernesto Bonino, quedó con el rostro desfigurado y sangrando de tanto que le dieron. En la planta baja nos llevaron por el pasadizo de Expedición. Nos sacaron por la abertura de la puerta de Río Branco que habían derribado con la tanqueta. Éramos poco más de cien de periodistas y trabajadores de El Popular hechos prisioneros. Después supimos que el sadismo del ataque llegó el límite impensado de un simulacro de fusilamiento que sufrieron compañeras en la planta baja del Palacio Lapido.
Los golpes siguieron en las escaleras de la Jefatura. Recuerdo al Vasco Urruzola, ya veterano soportando una paliza sin darles el gusto de quejarse, en digno silencio. Nos ficharon y desde allí nos llevaron al Cilindro, transformado en un centro de detención política. En la entrada al estadio había una multitud de detenidos. Cuando fuimos llegando, hubo ovaciones y vivas a El Popular. Mientras aguardábamos el ingreso, nos pusieron de cara contra la pared, con los brazos arriba y las piernas bien abiertas.

-----

Periodistas en el Cilindro
–Detenido de camisa azul, ¡dése vuelta! –fue la orden que recibió Niko Schvarz, mientras era cacheado por la guardia en la puerta del estadio municipal. Al sentirse señalado, obedeció sin palabras, ni gestos. Cuando giró, supo quien era el oficial que le había gritado.
Hola Niko cómo estás? –lo saludó con una sonrisa Eduardo Tellechea, agente de Inteligencia y Enlace dedicado a la vigilancia de los sindicatos.
–Aquí nos ve comisario, jodidos, pero a usted le va muy bien –respondió Schvarz con ironía.
Ambos se conocían desde 1964, cuando el policía persiguió y atacó a balazos al fotógrafo Aurelio González, en la esquina de 18 de Julio y Río Branco, en medio de una manifestación contra el golpe de Estado en Brasil. Tellechea fue registrado en fotos de la represión, cuando le apuntaba con su arma a jóvenes tirados en el piso, como si fuera a ejecutarlos. Esa misma tarde fue a buscar al Gallego y su cámara, pistola en mano. “Lo persiguió en la puerta de El Popular y le disparó casi a quemarropa, pero Aurelio era un gato. Le sacó una foto, y se escondió entre dos autos. Así se escapó”, recuerda Schvarz. El caso fue denunciado por la Asociación de la Prensa, hubo un paro general y una investigación. En uno de los careos se enfrentó con Tellechea. “Aquella mañana del 10 de julio, nueve años después,  me reconoció entre cientos de detenidos; fue un saludo hipócrita, que le respondí con cinismo.”
–Como la reclusión en el Cilindro pintaba para largo, nos organizamos. Lo primero fue armar la red de contactos con el exterior, para las visitas. No hubo apremios ni interrogatorios, pero sí mucha incomodidad. Éramos una multitud, dormíamos apretados en colchones tirados en la cancha. Nunca nos faltó visitas: compañeros del partido y del Frente, dirigentes sindicales y sociales, familiares y amigos. Nunca faltaba Aurelio, que recolectaba bolsas de frutas y verduras y las llevaba cargándolas al hombro. Aquello terminó siendo una romería.
Una noche me mandó llamar Tellechea a su oficina para decirme: “Niko, qué cagada, cayó la cúpula del partido en una casa de la calle Las Heras, al costado del Clínicas.” ¡Yo, calladito! Pero continuó: “Estaban reunidos en lo de un médico famoso de ustedes, ¿cómo se llama?” Como no me sacó palabra, me mandó de vuelta a la cancha. Al rato supimos que era verdad, habían sido detenidos en la casa de Orestes Fiandra, cardiólogo notable y compañero leal. Me tuvieron dos semanas encerrado en el Cilindro. Tito Martínez, el otro subdirector de El Popular, y yo, fuimos los que quedamos más tiempo.
–El retorno al diario fue dramático. Todo estaba destruido: redacción, administración, sala de rotativas. Allí estaban las señas de una ocupación militar: destrozos, inundación, incendios. La recuperación se realizó en dos meses, por el trabajo solidario de compañeros de UTE, OSE, ANCAP, de la construcción, de muchos sindicatos y muchos voluntarios. Reabrimos el 12 de julio.

Aurelio frente al Palacio Lapido, 2009.
Aurelio boca a boca
En la mañana del 28 de junio me citaron como redactor responsable de El Popular para una reunión con el coronel Néstor Bolentini, primer ministro de Interior del régimen. Nos informó sobre el decreto que prohibía atribuirle intenciones dictatoriales al golpe, sobre el que genialmente ironizó Marcha con aquel título: “No es dictadura.” Conmigo estaba Daniel Rodríguez Larreta, de El País, a quien también le informaron que tampoco se podía nombrar la huelga general. Nuestro diario no salió en esos doce días, pero tuvimos al más eficiente informador boca a boca: Aurelio González. Ni bien comenzó la huelga se nos ocurrió con El Gallego, que había que recorrer las ocupaciones. Nadie mejor que él, que era conocido en todos los sindicatos. No lo pudimos publicar las fotos, pero quedó un archivo memorable, y a partir de la presencia de Aurelio se armó la información ‘boca a boca’. El primer sitio que visitó fue una fábrica de vidrio de La Teja. Su frase de introducción con los trabajadores merece el mejor recuerdo: “Venimos a solidarizarnos y a saber cómo están, para contarlo en cada una de las ocupaciones, porque no lo podemos publicar.” Me acuerdo de una reunión en la Facultad de Medicina, cuando Aurelio dio la noticia más impactante de aquellas dos semanas: “La llama de la refinería de La Teja fue apagada. Pasen por allí, si quieren ver trabajadores comprometidos con la democracia y la libertad.”. Nunca más se repitió un acontecimiento similar. Conozco al militante que dirigió el operativo, utilizando cadenas de hierro para apagar una llama siempre presente Fue un episodio conmovedor, y un símbolo de respeto por una democracia que se había apagado.

Censura
–En su primera etapa la dictadura utilizaba mecanismos represivos similares a los utilizados en los regímenes de Terra y el Pachecato. Antes de la salida del diario iban a buscar muestras de la edición para llevarlas a la Jefatura. Te devolvían el ejemplar tachado, y sin mucho tiempo para cambios. Así salían pedazos enteros en blanco. En aquel momento todavía no era usual la censura al pie de imprenta, como la que sufrieron los semanarios en la década de 1980, pero tenían una forma muy eficiente de perjudicarnos: retrasar la devolución de las muestras censuradas para que perdiéramos el interior. El Popular tiraba 12.000 ejemplares y tenía muchos lectores fuera de Montevideo. Los ejemplares eran enviados en la ONDA que salía a las 3.30, pero en ese período nunca llegamos. Éramos los últimos en recibir la autorización para imprimir. A fines de agosto resolvimos hablar en Jefatura para que la censura fuera más ágil. Me designaron a mí, como subdirector. Cuando fui a ver al responsable, me llevaron a una celda oscura en un piso alto, donde me dejaron aislado por horas. De esa noche recuerdo una escena emocionante. Al lado de mi pieza estaban interrogando a dos jovencitos. En eso un policía que me vigilaba, me dijo: “¡Escuche, escuche!” Se escuchaba al interrogador diciéndole a los detenidos: “Los agarramos con pinceles y tachos de pintura en la mano, y me dicen que no fueron ustedes los de las pintadas.’”¡Los gurises se portaron bárbaro! Finalmente me soltaron luego de una gestión de la Asociación de la Prensa, pero la dirección del diario entendió que debía irme del país.

-----

De golpe en golpe
En la madrugada del 27 de junio de 1973 estaba en el Palacio Legislativo, como cronista legislativo acreditado. Me quedé un buen rato en el despacho del Nato (Enrique) Rodríguez, en la Cámara de Senadores, escuchando una conversación con Eduardo Víctor Haedo que hubiese merecido quedar en la historia. Cuando Haedo se fue, llegó Luis Hierro Gambardella, otra personalidad riquísima que merece mi recuerdo respetuoso, personal, político, intelectual. Batllista, batllista, ¡de verdad! Don Luis nos contó la mala noticia: “Bordaberry firmó el decreto de disolución del Parlamento.” Enseguida comenzó la famosa sesión final, presidida por Lalo (Eduardo) Paz Aguirre. Sobre los discursos se habló mucho, pero por afinidad política  y personal me quedo con una frase del Ñato Rodríguez: “Compatriotas, ¡es verdad!, estamos en dictadura.” La sesión terminó a las cuatro de la mañana, dos horas antes de la ocupación militar del Parlamento.
–El 5 de setiembre de 1973 llegué a Santiago de Chile, como corresponsal de El Popular ante el gobierno de Salvador Allende. Mi tarea era contar todo lo que pasaba en ese momento previo al golpe militar. Por entonces, la censura uruguaya no se ocupaba de las páginas internacionales. En la noche del 10 escribí un artículo para el diario comunista El Siglo, que comenzaba así: “El golpe de Estado pende sobre la cabeza de los chilenos como una espada que cuelga de un hilo finísimo. Es posible que cuando salgan estas líneas, el hilo se haya cortado.”  Nunca fue publicado. En la madrugada del 11 comenzó a sonar una marcha militar en la radio de la redacción. Lo vimos todo desde allí, porque el periódico quedaba en la calle Lord Cocker, muy cerca del Palacio de La Moneda. A la mañana siguiente me fui a Buenos Aires. Mis amigos siempre dicen que yo iba llevando los golpes a cada país donde me exiliaba. El Popular fue clausurado por 60 días a fines de setiembre, justamente, por un informe sobre la dictadura de Pinochet, cuando la censura llegó también a la sección internacionales. Luego de la última reapertura, el diario sólo duró ocho números. Fue cerrado definitivamente el 16 de noviembre de 1973.

-----

Informaciones Uruguayas
En diciembre de 1973 creamos la Asociación de Uruguayos en Argentina. Al principio éramos todos frenteamplistas, Zelmar (Michelini), Reynaldo Gargajo, José Díaz, Alberto Pérez Pérez, Oscar Maggiolo, Julio D’Elía sobrino de Pepe. pero enseguida se sumó el Toba (Héctor) Gutiérrez Ruíz y exiliados de todos los pelos. En nuestras primeras reuniones, realizadas en un apartamento de Maggiolo, en el centro de Buenos Aires, decidimos sacar un boletín que llamamos Informaciones Uruguayas. Allí proponíamos los temas y luego me reunía con el Toba, que era el otro coordinador de la publicación, en una confitería de Lavalle y 9 de Julio. Nos veíamos una vez a la semana, muy temprano, a las 7 de la mañana. En la reunión grande me daban los artículos, que luego leíamos y editábamos con el Toba, para darle formato periodístico, si era necesario. Luego me iba a la Casa del Partido Comunista, que quedaba en Entre Ríos 1032, donde nos picaban las matrices. Cuando quedaban prontas, se las llevaba a José Díaz, que era abogad de varios sindicatos argentinos. Así consiguió que los tabacaleros nos imprimieran el boletín en un local que tenían en las afueras de Buenos Aires. Con el Toba también nos encargábamos de la distribución, que estaba organizada por sectores políticos, sociales y gremiales, y por destinos. El Toba era nuestro canilludo, el jefe de los distribuidores, que tenía su centro de distribución en su verdulería.

-----

El Popular
Fue un nombre decidido en referéndum interno que organizó el Ñato (Enrique Rodríguez) para un hijo directo y legítimo del XVI Congreso del PCU realizado en 1955. En aquel momento se resolvió crear un diario completo, lo más profesionalizado posible, no limitado a lo político, sindical y cultural. Fue interesante, para nosotros novedosa,  la incorporación de una página deportiva, encargada a Carlos Reyes Daglio, con pronósticos de turf de Davino, un burrero casi infalible que además era corrector.
–Fui secretario de la primera redacción de El Popular, dirigida por Eduardo Viera y Enrique Rodríguez, luego estuvo Tito Martínez, con jefes de página de mucho peso: Máximo Jablonka, Ismael Weinberger, Anelo Hernández. Funcionaba en Uruguay 1763, donde también fueron editados, el semanario Justicia coordinado por Alberto Suárez y Rosita Dubinlki, que luego fue Justicia Diaria que salía todos los días menos los viernes. Ambos se imprimieron en una máquina plana de la imprenta de Lucio Callero  en Paysandú 1236.
El primer número de El Popular salió el 1 de febrero de 1957, pero la fecha prevista era el 25 de enero. Habíamos acondicionado un local de Justicia 1982, entre Miguelete y Martín García, a la vuelta de la cárcel, para instalar una rotativa comprada al diario Acción de Luis Batlle Berres que se portó muy bien. El responsable de la impresión era Guillermo Israel, que la madrugada del 25 apretó el botón de la máquina, ¡pero no funcionó! En medio de un clima de tragedia, se envió un comunicado a todos los medios de prensa que anunciaba una nueva fecha de salida.
A la tarde siguiente hubo una reunión en lo de Jesualdo (Sosa), un apartamento en la calle Miguel Barreiro, a una cuadra y media de la rambla. Lo recuerdo dándonos ánimo y tratando de organizar las discusiones, con su esposa María del Carmen. La dirección del Partido, con (Rodney) Arismendi  la cabeza, presionaba para que se cumpliera la fecha anunciada. Hubo que aceptar la orden, pese a los riesgos. Jesualdo transformó un clima de tensión en risas y carcajadas, ¡así como era él!
–Aquel 31 de enero inolvidable, previo al debut, hubo mucha gente en la redacción, todos daban instrucciones, ¡un caos! Se armó el plomo, se hicieron las páginas y nos fuimos a la imprenta. Cuando Israel apretó el botón, hubo segundos de temores y emociones, ¡pero anduvo! Se utilizaron muchos artículos que habían quedado del ejemplar que nunca salió y se editaron nuevos, hasta una columna de Jesualdo narrando nuestra peripecia. ¡Fue desopilante!

-----

La cogida y la muerte
Ruben Castillo con Carlos Solé. 
Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, herido en la arena de Manzanarez en 1934
Federico García Lorca

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde. 
Un niño trajo la blanca sábana 
a las cinco de la tarde. 
Una espuerta de cal ya prevenida 
a las cinco de la tarde. 
Lo demás era muerte y sólo muerte 
a las cinco de la tarde. 


El viento se llevó los algodones 
a las cinco de la tarde. 
Y el óxido sembró cristal y níquel 
a las cinco de la tarde. 
Ya luchan la paloma y el leopardo 
a las cinco de la tarde. 
Y un muslo con un asta desolada 
a las cinco de la tarde. 
Comenzaron los sones de bordón 
a las cinco de la tarde. 
Las campanas de arsénico y el humo 
a las cinco de la tarde. 
En las esquinas grupos de silencio 
a las cinco de la tarde. 
¡Y el toro solo corazón arriba! 
a las cinco de la tarde. 
Cuando el sudor de nieve fue llegando 
a las cinco de la tarde 
cuando la plaza se cubrió de yodo 
a las cinco de la tarde, 
la muerte puso huevos en la herida 
a las cinco de la tarde. 
A las cinco de la tarde. 
A las cinco en Punto de la tarde. 

Un ataúd con ruedas es la cama 
a las cinco de la tarde. 
Huesos y flautas suenan en su oído 
a las cinco de la tarde. 
El toro ya mugía por su frente 
a las cinco de la tarde. 
El cuarto se irisaba de agonía 
a las cinco de la tarde. 
A lo lejos ya viene la gangrena 
a las cinco de la tarde. 
Trompa de lirio por las verdes ingles 
a las cinco de la tarde. 
Las heridas quemaban como soles 
a las cinco de la tarde, 
y el gentío rompía las ventanas 
a las cinco de la tarde. 
A las cinco de la tarde. 
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde! 
¡Eran las cinco en todos los relojes! 

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

-----

Niko
Su nombre es Salomón Schvarz, nacido el 16 de mayo de 1927, en Río de Janeiro, hijo de inmigrantes judíos que al año siguiente se radicaron en Montevideo: Berta, una modista natural de Odessa, y León, un rumano de profesión encuadernador. Fue subdirector y redactor responsable de El Popular, columnista de Marcha (“por pedido de Carlos Quijano a Rodney Arismendi”), redactor de Informaciones Uruguayas, Revista Internacional de Praga, El Día de México, corresponsal del diario Rebelión y la agencia Prensa Latina, ambos cubanos, y de regreso del exilio, en 1985, columnista del semanario Brecha, redactor de los matutinos La Hora Popular y La República donde todavía colabora. Es autor y coautor de cuatro libros: América Latina y el retoñar de la utopía, y Mariátegui y Arismendi, dos cumbres del marxismo en América Latina, ambos editados por la Fundación Rodney Arismendi, El águila imperial perdió muchas plumas en San Rafael. (con Hernán Píriz), 150 años del Manifiesto Comunista (con Juan Grompone y Daniel Olesker).

sábado, 10 de marzo de 2018

Carlos Ángel Carmona e Isidoro Damonte, los fotógrafos montevideanos que construyeron un Monumento Histórico

¡Increíble, pero cierto!

Carlos Ángel Carmona, el primer fotógrafo
municipal montevideano, es evocado por el
personaje "Carlos Ángel" interpretado por
el actor Pablo Tate en cada Fotoviaje,
visita didáctica para escolares al CDF.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Ambos fueron contratados en 1916 por la Intendencia de Montevideo para recuperar antiguas imágenes del siglo XIX, pese a la opinión de altos funcionarios que las consideraban desechables, sin valor, ni utilidad. Fueron los primeros fotógrafos de la memorable Oficina Municipal de Propaganda e Informaciones que registró una ciudad en plena expansión, repleta de esplendor europeo, admirada en el continente por sus edificios, sus monumentos, sus avenidas y calles, sus transportes, sus espacios diseñados por artistas que concibieron una París Sudamericana. Hasta mediados de la década de 1930 fueron los líderes de un equipo de expertos retratistas que caminaban por los barrios con sus pesadas cámaras de gran formato. Carlos Ángel Carmona, Isidoro Damonte, y sus continuadores, fueron pioneros de un emprendimiento cultural único en Uruguay. Ellos crearon el primer Archivo Fotográfico de Montevideo con sus Series Históricas, transformado en un Fondo Histórico que posee más de 30.000 imágenes que documentan la evolución urbanística de la ciudad entre 1865 y 1990, en la actualidad custodiado por el Centro de Fotografía de Montevideo. El antiguo conjunto de negativos en gelatina y plata sobre vidrio y plástico, y copias en papel monocromáticas y en diversos formatos, y sus modernas versiones posterioresel 25 de julio de 2017 fue declarado Monumento Histórico Nacional. En cifras, el fondo reconocido por la Comisión del Patrimonio representa casi la tercera parte de las 100.000 fotografías que gestiona el CDF.

Sobre la base del fascículo Centro de Fotografía de Montevideo, serie Paseos que Enseñan, Trocadero Gabinete DDiseño para el diario El País (N° 19, Octubre 2008) y el libro Montevideo. Manual del Visitante (ediciones 2011—2012—2013—2014). Artículo actualizado en 2017.

Una imagen emblemática del CDF:
boxeo entre un hombre y un canguro
en espectáculo de circo en el
field de Pocitos, c. 1910.
Carlos Ángel Carmona fue el primer fotógrafo profesional contratado en 1916 por la Comisión Municipal de Fiestas, luego se sumó Isidoro Damonte con quien formó una dupla histórica que en 1919 fue presupuestada para trabajar en la Oficina de Propaganda e Informaciones de la Intendencia de Montevideo.
Ellos crearon el Archivo Fotográfico de Montevideo y el Grupo Series Históricas, inspiradores y parte fundamental del Fondo Histórico en custodia del Centro de Fotografía de Montevideo. El conjunto declarado Monumento Histórico Nacional posee imágenes legadas por Carmona, Damonte y sus colaboradores: testimonios gráficos del siglo XIX recuperados por ellos, y de acontecimientos registrados por la Oficina de Propaganda e Informaciones entre mediados de las décadas de 1910 y 1930. En este grupo sobresalen la construcción de la Rambla Sur, del Palacio Salvo, del Estadio Centenario, además de recreos en las playas, el carnaval y la Criolla del Prado captados por fotógrafos ambulantes contratados por la comuna montevideana.
El Fondo Histórico preserva un tal de 30.000 imágenes registradas entre 1865 y 1990, negativos en gelatina y plata sobre placas de vidrio que datan de la década de 1880, positivos en diversos soportes, en formato medio, películas flexibles de 35 milímetros, copias monocromáticas en papel y diapositivas.
Al grupo original se suman 58.000 imágenes del desaparecido diario El Popular y otras donaciones como la de la agencia Camaratres, más de 8.000 fotos que registran los últimos años de negociación para el retorno a la democracia (1983—1985), y parte de la colección del fotógrafo, historiador y escritor Juan Antonio Varese donada entre 2002 (50 negativos de gelatina y plata sobre vidrio) y en 2016: cinco daguerrotipos, cinco ambrotipos y un álbum con 163 fotografías en papel albuminado.
Construcción del Palacio Salvo, 1928.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Un daguerrotipo fechado en 1858 es la imagen más antigua del CDF. Un retrato de Armand Monfort y su familia, tomado en Buenos Aires un año antes de radicarse en Fray Bentos, capital del departamento de Río Negro. La pieza de “placa entera” (18,5 x 13.7 centímetros), además de una rareza era una de las de mayor tamaño y más costosa en su tiempo.
Aunque no está comprobado con certeza, los investigadores del CDF sospechan que Carmona y Damonte donaron a la Intendencia fotografías antiguas que habían recuperado antes de ser contratados por la Oficina de Propaganda e Informaciones. Entre estas imágenes de elevado valor histórico sobresalen ejemplares de la década de 1840 (Cabildo, Plaza Matriz, 18 de Julio antes de la construcción de la Plaza de Cagancha), y de la década de 1860
El Fondo Contemporáneo del CDF posee 58.000 imágenes en color producidas en la década de 1990, en papel, diapositivas e imágenes digitales.

—“Carmona y Damonte presentían el valor de la preservación y hacían reproducciones de muy buena calidad de fotografías en papel albuminado, usando las placas de vidrio, que se convirtieron así en un negativo de segunda generación.” 
Gabriel García, coordinador del Centro de Fotografía de Montevideo

MINIBIO
Carlos Ángel Carmona, c. 1910.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Carlos Ángel Carmona (1865—1932)
—Nacido en Montevideo, fue el primer fotógrafo municipal, contratado en 1916 para retratar actividades festivas, inauguraciones de obra, edificios y monumentos de la Ciudad Vieja, Centro, Prado, La Comercial, la rambla de Pocitos, Malvín, Carrasco.
—Durante más de tres décadas registró el crecimiento de una ciudad en expansión, en tiempos que era la capital de una Suiza de América impulsada por el fervor del Batllismo que recibía inmigrantes de todo el mundo. “Era un hombre muy prolijo, muy detallista y tenía un gran amor por su trabajo; lo demuestra como dejó fijado cada fotograma y como organizó su archivo”, afirma Daniel Sosa, director del Centro de Fotografía de Montevideo.
—Con su colega y compañero de tareas, Isidoro Damonte, realizó una minuciosa recolección y duplicación de fotos antiguas sacadas desde 1865. “Sin ese trabajo no tendríamos nuestro actual acervo histórico; que juntos identificaron y clasificaron a mano”, asegura.
—Muchas de las fotografías históricas custodiadas por el CDF formaron parte del archivo profesional de Carmona, donado por su familia como una contribución a la cultura y la memoria montevideana. “Tenía un talento y una visión increíble, fuera de lo común, con una visión moderna de la fotografía y de su preservación patrimonial”, concluye Sosa.

—Isidoro Damonte fue compañero de Carlos Ángel Carmona en la Comisión de Fiestas de la Intendencia de Montevideo, desde 1916, y colaboró con él en la creación del Archivo Fotográfico de Montevideo y el Grupo Series Históricas inspiradores y partes fundamentales del Fondo Histórico declarado Monumento Histórico Nacional en 2017.

Fotoviaje: una visita al Centro de Fotografía de Montevideo 
¡Increíble, pero cierto!
Calos Ángel interpretado por el actor
Pablo Tate, en el sitio donde comienza
su narración: la Puerta de la Ciudadela.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Cuando Carlos Ángel aparece en escena, luego de un extenso viaje de casi un siglo desde la cercana Playa Ramírez, desde la Puerta de la Ciudadela o el Teatro Solis, suele haber un profundo silencio entre los invitados, casi siempre escolares de tercer año. Les da la bienvenida, aunque siempre llega tarde, mientras se arregla el gacho tanguero y se saca de los zapatos un montón de arena.
Es un personaje de otro tiempo, que todavía disfruta contando las historias de dice haber fotografiado: la memorable inauguración del Palacio Legislativo en 1925, la asombrosa construcción del Palacio Salvo en 1928, o la gloriosa final de 1930, que habría presenciado en un repleto estadio Centenario, en una tribuna América todavía fresca y con los andamios aún sin desarmar.
Carlos Ángel es el guía de las visitadas didácticas del Centro de Fotografía. Un personaje de ficción, pero muy real, porque así se llamó el primer fotógrafo municipal y creador del Archivo Fotográfico de Montevideo con su compañero Isidoro Damonte.
¡Mentiroso, no se puede viajar desde el pasado! la mayoría de los visitantes casi todos de ocho años, suelen creer su historia, aunque siempre hay alguno que la pone en duda.
Jovencito soy un hombre de honor, y no miento. ¡Increíble, pero cierto! responde Carlos Ángel, con profunda sinceridad. Tanta, que convence a los incrédulos.
—Carlos Ángel es un divertido fotógrafo de todos los tiempos que propone una aventura didáctica, repleta de imágenes, para que los alumnos de tercero de escuela vean cambios y permanencias de una ciudad y de un país.
—El Cabildo y la Iglesia Matriz, la Puerta de la Ciudadela y las plazas Independencia y Cagancha, la avenida 18 de Julio, sus edificios y su transporte, el Palacio Legislativo, el Estadio Centenario, el Parque Rodó, la rambla, la playa Pocitos. Son algunas de las fotografías que recorren un siglo y medio de historia, explicadas por un extraño guía que dice haberlas sacado todas: Carlos Ángel.
Disculpen la demora, pero vine en cachila y el tráfico de la ciudad está cada vez peor se excusa, mientras saca arena de la cercana playa Ramírez de sus zapatos.
El Fotoviaje del CDF cumplió 5.000 visitas.
¿Dé dónde venís? –le preguntan, con cara de duda.
¡De 1920! ¿No se nota en la ropa? responde con seguridad, al tiempo que se arregla el gacho, típico sombrero de su tiempo.
¡Pá, pero estás espectacular! No parecés tan viejo elogia un curioso de unos ocho años, vestido de túnica, que no duda de su palabra.
Así transcurren los 50 minutos de visita al CDF, entre historias montevideanas, reales, repletas de humanidad, nacidas de fotos que cuentan sobre cambios y permanencias; que se mezclan con anécdotas inverosímiles que cuestionan las verdades más absolutas.
A ver quién sabe, ¿para qué sirve una foto? interroga Carlos Ángel, casi al final de la visita, con tono tierno y desafiante. Así surgen decenas de buenas utilidades: para mirar, para compartir, para informar, para guardar, para disfrutar.
Para recordar contesta alguien desde el fondo, que casi no se ve de tan tímida y menudita. Por un instante, el ocurrente guía queda en silencio, se pone serio, se saca el sombrero.
¡Tenés razón! asiente con una reverencia. Una foto es para recordar, porque recordar viene de “recordis”, que significa volver al corazón. Y una foto es eso: regalarle imágenes a nuestro corazón.
Antes de la despedida, hay que retratarse con Carlos Ángel, una oportunidad única para salir con un personaje único, insólito, irrepetible.
Pero vamos a cambiar la palabrita, porque eso de whisky no es de mi tiempo. ¡Se oyen ofertas! propone el anfitrión, apurado porque había dejado mal estacionada la cachila que debía a devolverlo a 1920.
Los alumnos de la escuela 85, República de la India, salieron en la foto que recuerda su visita al CDF, diciendo: “chinchulín”.

—En doce años el Fotoviaje recibió 5.000 visitas. Por el éxito de la propuesta se sumó otro actor, Darío Campalans, que interpreta al otro pionero de la fotografía municipal montevideana: Isidoro Damonte.

Cámara minutera de Máximo Alé, el último
fotógrafo de la Plaza Independencia que
realizó retratos hasta la década de 1990.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
De fuelle y minutera
El CDF posee un par de cámaras antiguas de elevado valor histórico y patrimonial, una utilizada entre fines del siglo XIX y principios del XX y la otra hasta mediados de la década de 1990. Una de madera con fuelle, de gran formato, con la que los fotógrafos municipales registraron la mayoría de sus 30.000 placas de vidrio. La otra es una minutera, clásico ejemplar de madera que tenía incorporado en su interior el laboratorio de revelado.
La denominación de esta cámara, en apariencia extraña, tenía una lógica física: el corto tiempo en el que se revelaba la foto en el laboratorio interno, para que los clientes se la llevaran pagando unas monedas.
Hasta fines de la década de 1960 las minuteras fueron muy populares en los espacios públicos de Montevideo, por entonces formaban parte del paisaje en las plazas del Centro (Independencia, del Entrevero, de Cagancha) y en muchas ciudades del interior del país.
Por entonces en los parques convivían hasta diez fotógrafos: rusos, polacos, armenios o lituanos en su mayoría, pero ninguno gozó de la fama y la permanencia de Máximo Alé (1921—2007), el último minutero que hasta la década de 1990 realizaba retratos en la Plaza Independencia.
Cámara de madera con fuelle utilizada por
los fotógrafos municipales para registrar la
lmayoria de las placas que posee el CDF.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
De él era la cámara de madera que conserva el CDF. Alé había nacido en Colonia del Sacramento, descendiente de armenios, en 1956 se radicó en Montevideo luego que consiguió un trabajo nocturno en el Aeropuerto de Carrasco. De día se dedicaba a la fotografía con una pasión y un saber irrepetibles. Al principio se instaló en la Plaza Cagancha, después se mudó a la Puerta de la Ciudadela y finalmente se quedó cerca del monumento a José Artigas.
Allí pasaba horas de lunes a domingo, sin faltar una sola jornada, con su trípode y su cámara roja de madera. Así complementaba sus ingresos del aeropuerto, aunque solía decir que ganaba más con las 30 fotos que sacaba por día que con los aviones.  

"Una foto es considerada patrimonio documental cuando ofrece datos históricos y responde las cinco preguntas clásicas de la investigación: ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué? y una sexta que suele ser fundamental, ¿quién la sacó? No es fácil que una imagen tenga todas las respuestas, por lo tanto también puede ser patrimonio si no se conocen algunos y a veces todos sus datos. La foto histórica es distinta a la artística. La histórica siempre debe informar. A veces la foto forma parte de un reportaje y eso le da valor testimonial." 
Daniel Sosa 

Edificio del arquitecto José Mazzara, actual Museo
Oceanográfico, Rambla República de Chile, c. 1930,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Una ciudad en crecimiento
Así se denominó la muestra de fotografías históricas del Municipio CH de Montevideo, que alberga a los barrios Tres Cruces, La Blanqueada, Parque Batlle, Villa Dolores, Buceo, Pocitos y Punta Carretas. Entre el 5 y el 26 de enero de 2017 fue expuesta al público una selección de imágenes patrimoniales en la Plaza Daniel Muñoz, de Trouville.
—“En la primera mitad del siglo XX el gobierno municipal tuvo mayor necesidad de consolidar una imagen acorde a su política de crecimiento urbano. De aquel período abundan las imágenes del proceso de urbanización en los barrios Parque Rodó, Carrasco, Pocitos y Prado. Muy poca atención merecieron las zonas del norte y el noroeste de la ciudad, salvo el Prado.”
—“Si en la primera mitad del siglo XX el desarrollo de la ciudad captó la mirada de los fotógrafos de la Intendencia, en la segunda, el acontecer político fue un tema principal.”
Vista aérea de la Playa Pocitos, al centro el
Hotel nuevo, abajo la Plaza Gomensoro, c. 1935,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—“En las primeras décadas del siglo XX Montevideo era una ciudad en expansión. Edificios, construcciones y espacios públicos que hoy resultan característicos y emblemáticos fueron erigidos, remodelados o habilitados en ese período. Las políticas públicas del primer batllismo habían promovido y favorecido ese desarrollo modernizador. Se apostaba a un país atractivo para el turismo y las inversiones externas, así como inclusivo socialmente, generando ámbitos donde las distintas clases sociales pudieran coincidir y disfrutar de su tiempo libre.”
Las playas, parques y edificios de los barrios Pocitos, Punta Carretas, Parque Batlle, Buceo y Tres Cruces representaban una ciudad pujante y en crecimiento de la cual se quería anunciar dentro y fuera de fronteras. Por esa razón, esta zona de la ciudad resulta sobre representada por los fotógrafos municipales.”
Resumen del catálogo de la muestra Una ciudad en crecimiento

—"Lo primero que un investigador mira en una foto para documentarla, es si hay personas, los gestos, quizá para saber que sentían en ese momento. Si se trata de un paisaje, es interesante compararlo con la actualidad. Parece lógico pensar que una foto es distinta a una pintura, porque se saca con una máquina, pero eso no quiere decir que no sea subjetiva; al contrario, un buen fotógrafo siempre pone mucho de si sentir y su pensar en una foto."
Gabriel García 

Hospital de Clínicas, c. Año 1949,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Monumento Histórico
Es la declaración otorgada por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación al Fondo Histórico de 30.000 imágenes gestionado por el Centro de Fotografía Montevideo que documenta los principales cambios edilicios y urbanísticos de la capital uruguaya entre 1865 y 1990.
El acervo contiene registros del siglo XIX, recuperados por los fotógrafos municipales Carlos Ángel Carmona e Isidoro Damonte, los retratos y paisajes que ellos tomaron entre mediados de las décadas de 1910 y 1930 y la obra de sus continuadores hasta la penúltima década del siglo XX.
El notable conjunto denominado Series Históricas fue donado por Carmona, Damonte y sus continuadores, por fotógrafos ambulantes que trabajaron para la Intendencia de Montevideo entre las décadas de 1920 y 1950, cedidas por familiares de los artistas, por instituciones, medios de prensa y coleccionistas y adquiridos a particulares.
Faro de Punta Carretas, c. 1929,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
La ceremonia realizada en la Sala de Acuerdos de la Intendencia de Montevideo fue también el lanzamiento del Mes de la Fotografía que en agosto se celebrará con la apertura de exposiciones en fotogalerías públicas de los barrios Parque Rodó, Prado, Ciudad Vieja, Villa Dolores y Peñarol.

—“El homenaje debe extenderse a los fotógrafos que por más de cien años documentaron el paso del tiempo, como lo pide la UNESCO, en salvaguarda del patrimonio, de un pasado histórico que ahora está abierto no solamente a todos los uruguayos, sino a los visitantes del planeta.” 
Nelson Inda, presidente de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación

Daniel Sosa, director del Centro de Fotografía de Montevideo 
La huella del tiempo también es información”
Daniel Sosa, director del CDF.
(Producción Nacional)
—“En el Centro hacemos dos trabajos con una foto que se deterioró por el paso del tiempo o por las condiciones como fue guardada. Para ser entregada al público, la recuperamos hasta que se parezca lo más posible a como era el original. Para el archivo histórico se conserva el deterioro, porque la huella del tiempo también es información.” 
—“La era digital democratizó el acceso a fotografiar y a ser fotografiado. Casi todos los celulares tienen una cámara; la fotos se envían por internet, se trasmiten al instante. Pero no mejoró la calidad del rollo revelado con emulsiones y empeoró la preservación de los documentos fotográficos."
—"Hasta ahora, una familia de cualquier pueblito revuelve un cajón y encuentra fotos. En el futuro nos será así; ahora se guardan en la computadora o en el CD, y muy pocas se imprimen. En el futuro habrá pocas cajas de esas que disfrutamos en familia o que vamos a buscar los archivos fotográficos.”
Logo del CDF.
Fotografía
Es el proceso de capturar imágenes y almacenarlas en un material sensible a la luz. Se basa en el principio de la cámara oscura que consigue proyectar una imagen captada por un pequeño agujero. Las cámaras fotográficas utilizaban hasta hace algunos años exclusivamente la película sensible, mientras que en la actualidad se emplean, casi siempre, sensores y memorias: es la nueva era digital. 

El término procede del griego phos (luz), y grafis (escribir), que en su conjunto significa "escribir con la luz". 

A imagen y semejanza de la Iglesia Matriz
La iglesia Matriz por Louis Compte, 1840.
(UdelaR)

Compte, el abate fotógrafo
A fines de febrero de 1840 arribaba a puerto la nave escuela L’Orientale, con una tripulación experta y jóvenes pasajeros, estudiantes franceses y belgas que daban la vuelta al mundo. Por lo menos dos pasajeros poseían daguerrotipos para registrar las ciudades que iban conociendo en su aventura: el profesor belga Luís Antonio Vendel y el abate Louis Compte que había conocido a Louis Daguerre en París. 
En diciembre del año anterior, la corbeta había recalado en Bahía y en enero pasaba por Río de Janeiro. Por entonces el abate Compte era una celebridad luego de haber sacado varias tomas del Palacio Imperial y del puerto carioca. Tan famoso, que la prensa montevideana lo aguardaba con ansiedad, para conocer de qué se trataba aquella máquina increíble. 
El 29 de febrero, luego de algunas exhibiciones en casas particulares, hubo una sesión pública en la Casa de Representantes del Cabildo; desde allí fue captado el frente de la Iglesia Matriz. Una imagen histórica, irrepetible, que obsequió al eminente médico Teodoro Vilardebó, y que forma parte de la memoria de Montevideo y de los montevideanos.
Es el más antiguo daguerrotipo documentado del Río de la Plata, reproducido el 4 de marzo de 1840 en el periódico El Talismán. Esa misma tarde se realizaron nuevas sesiones fotográficas en la casa de una personalidad de la época, Santiago Vázquez, el ministro de Relaciones Exteriores Santiago Vázquez que vivía en la calle Sarandí, donde actualmente está el Club Uruguay. Desde allí el abate Compte sacó la fachada del Cabildo. 
El registro más antiguo del Fondo Histórico CDF
la Iglesia de Paysandú atacada en el sitio de 1865.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
La corbeta L’Orientale siguió viaje, sin recalar en el puerto de Buenos Aires, bloqueado por la flota francesa: eran tiempos difíciles de la Guerra Grande rioplatense. En mayo arribó a la bahía chilena de Valparaíso, desde donde salió un mes después rumbo a Lima. Un destino que jamás alcanzó porque quedó encallado en un sitio peligroso del océano Pacífico, conocido como la Roca del Buey. Los sesenta pasajeros resultaron ilesos y pudieron rescatar el valioso daguerrotipo del profesor Vendel. 
El abate Compte no estuvo entre los accidentados. En la travesía atlántica había empeorado una enfermedad que le perseguía desde París: se quedó en Montevideo un tiempo, alojado en la calle 25 de Mayo.
En octubre de 1840 anunció a través de la prensa que había recibido un nuevo daguerrotipo más simplificado y ofreció enseñar a los interesados sobre su manejo. El primer fotógrafo que trabajó en territorio uruguayo regresó a París en 1847. 

La foto más antigua del Fondo Histórico CDF data de 1865, fue reconocida por su tema (los ataques a la iglesia de Paysandú en el sitio de ese año), y porque fue sacada en placas de gelatina que se usaban por entonces. 

Louis Daguerre, en la década de 1870.
De Daguerrre a las "selfies"
Una historia de imágenes sensibles 
—En 1816 el francés Joseph—Nicéphore Niépce obtuvo la primera fotografía sobre papel con una cámara oscura y diez años después realizó su primera heliografía, partiendo del químico betún de Judea.
El daguerrotipo fue creado en 1839, por Louis—Jacques—Mandé Daguerre, conocido también como Louis Daguerre, tras perfeccionar una técnica que tenía utilidad científica, técnica, médica, astronómica, judicial, etnológica y que podía ser usada como documento. Ese mismo año fue presentado como la mayor innovación tecnológica de su tiempo: Daguerre realizaba una copia única hecha sobre emulsión o soporte de cobre.
—En 1840 el británico William Henry Fox Talbot inventó el calotipo: un negativo de papel copiado sobre otra hoja, que por contacto creaba un positivo. Supuso, además, el invento de la copia fotográfica, ya que un único negativo podía dar lugar a varios positivos y su tiempo de exposición era mucho menor, de uno a siete minutos.
—Tres años después el químico británico John Frederick William Herschel fue el primero en aplicar los términos "positivo" y "negativo" a las imágenes fotográficas. En 1880, el francés León Favre solicitó patente para su nuevo sistema de color, y en 1888, George Eastman lanzó la cámara Kodak. Su gran éxito comercial fue la introducción del rollo de papel fotográfico, que sustituyó las placas de cristal; posteriormente lanzó el celuloide.
—En 1931 se descubrió el flash electrónico, que se utiliza sobre todo cuando la luz existente no es suficiente. En 1948 nació la fotografía instantánea de Polaroid: una cámara que revelaba y positivaba la imagen en tan solo un minuto.
—En la década de 1990 se inició la digitalización: las imágenes son capturadas por un sensor electrónico con unidades fotosensibles que puede almacenarlas en una memoria.
En el siglo XXI el celular es el dispositivo más utilizado en el mundo para tomar una fotografía, en tanto la "selfie" (autofoto) es una tendencia consolidada y en aumento, estimulada por redes sociales como Facebook o Instagram.

Antes de que el término Fotografía se utilizara para identificar la técnica de impresión química de imágenes fue conocida popularmente como Daguerrotipia.

Fachada del Centro de Fotografía de Montevideo,
ex Bazar Mitre, 18 de Julio entre Río Branco y Convención.
(CDF)
Veo, veo
El Centro de Fotografía de Montevideo (CDF) fue creado en 2002 para investigar, preservar, promover, el patrimonio fotográfico de la ciudad y el país. Como custodia de bienes históricos realiza la conservación preventiva de originales, su digitalización y descripción documental.
Como difusor de la fotografía entre públicos diversos, organiza visitas didácticas, tertulias, charlas, talleres y seminarios, jornadas anuales, que abren espacios para el debate y el libre intercambio de ideas. Su Sala de Exposiciones, emblema de la divulgación del trabajo fotográfico contemporáneo, fue inaugurada en marzo de 2005. 
—La institución es gestionada sobre cinco líneas de trabajo: acervo histórico, foto contemporánea, sala de exposiciones, difusión educativa, Ediciones CDF. —Como custodia la producción fotográfica de la Intendencia de Montevideo, y reúne archivos incorporados a través de acuerdos con instituciones públicas y privadas, y por donaciones familiares e individuales.
Sus paseos educativos están concebidos para escolares del tercer año, que en sus planes de estudios aprenden sobre la identidad cultural de los barrios y su papel en la sociedad.
Sector femenino, playa de Pocitos, c. 1900,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Su Sala de Exposición permanente, la primera destinada exclusivamente a la fotografía, difunde el acervo propio y la obra de autores contemporáneos, uruguayos y extranjeros, seleccionada en convocatorias libres y abiertas.

Para conocer el estado de una fotografía se utiliza un espectrofotómetro: un instrumento de óptica que mide la presencia de sustancias y microrganismos.

Cuatro pasos
Una foto documentada por el CDF pasa por cuatro etapas:
Recepción, identificación y reconocimiento de su valor patrimonial.
Conservación preventiva del material: se coloca en cajas de conservación a temperatura controlada, se limpian y se guardan en sobres especiales libres de ácido.
Investigación de su información y descripción histórica.
Digitalización, archivo y puesta a disposición del público. 

Vista aérea del Hotel de los Pocitos, 1930,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Ex Bazar Mitre
Desde 2014 es la sede del Centro de Fotografía de Montevideo, donde funciona un Laboratorio Integral de Conservación de Imágenes Fotográficas. En el histórico edificio de 18 de Julio 885, Río Branco y Convención, fue creado un centro de formación regional del trabajo con y a partir de las fotografías.
“Los visitantes que vienen en busca de retratos o paisajes de nuestro archivo histórico, toman contacto con autores contemporáneos que aportan otras formas, otros colores, otras sensibilidades”, explica Daniel Sosa, director del CDF.

Puerta de la Cárcel de Punta Carretas, 1918,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
El Centro de Fotografía de Montevideo posee un sitio web (http://cdf.montevideo.gub.uy/) con información sobre su actividad, acervo y proyectos fotográficos.


Red de archivos fotográficos
SODRE
 
El Archivo Nacional de la Imagen posee un acervo de 100.000 negativos fotográficos, 80% en soporte vidrio y el resto acetatos, desde 1870 hasta la actualidad. Posee 5.000 películas cinematográficas 2.000 videos, un Centro de Documentación y un museo de aparatos de cine. Está abierto de lunes a viernes, de 10.15 a 15.30 horas, en Sarandi 430, Piso 1, Montevideo.
Teléfono: 29155493.
Web: http://www.sodre.gub.uy
Correo electrónico: ani@sodre.gub.uy

Excavaciones para construcción del Estadio Centenario,
1929
1930, Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Arquitectura 
El Archivo del Servicio de Medios Audiovisuales de la Facultad de Arquitectura tiene un acervo de imagen fija, videocasetes y CD ROM: fotografía digital y producciones multimedia de obras arquitectónicas, espacios urbanos, arte, y costumbres en Uruguay y en el mundo.
Preserva 52.000 diapositivas sacadas de entre 1940 y 2002, 15.000 digitalizadas y 3.600 imágenes que datan desde 2000. Está abierto de lunes a viernes de 15 a 18 horas, en el edificio de la Facultad de Arquitectura: Bulevar Artigas 1031.
Teléfono: 24001106 al 08, interno 134.
Web: http://www.farq.edu.uy/sma.
Correo electrónico: sma@farq.edu.uy

Biblioteca Nacional
Dirección: 18 de julio 1790, Montevideo.
Teléfono: 24096014
Sitio web: http://www.bibna.gub.uy
Correo electrónico: bibna@adinet.com.uy

Entrada del Cementerio del Buceo, década de 1920,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Fuerza Aérea Uruguaya
Dirección: Ruta 101 Km. 19500, Canelones.
Teléfono: 26040021
Sitio web: http://www.ssra.gub.uy
Correo electrónico: info@ssra.gub.uy

Archivo General de la Nación
Dirección: Convención 1474, Montevideo.
Teléfono: 29007232
Correo electrónico: direccionagn1474@adinet.com.uy

Museo Histórico Nacional
 
La Casa de Juan Francisco Giró posee un amplio acervo fotográfico en su sede de Cerrito 586, Montevideo.
Teléfono: 29157003
Web: http://www.mec.gub.uy/museo/mus_hist
Correo electrónico: mhistoricnac@mixmail.com