martes, 23 de diciembre de 2014

Bar Iberia, crónicas de patrimonio e inmigración en la Ciudad Vieja de Montevideo

"Me saco el sombrero"

Historias contadas en un espectáculo musicalnarrativo, en francés, español y lengua de señas, y una exposición de sombreros que cuentan historias del boliche anfitrión, de sus parroquianos, sus objetos y de los oficios de quienes construyeron espacios democráticos de diálogo social, cultural, artístico. También es un homenaje a los inmigrantes que arribaron al país desde que fue inaugurado el boliche. 

Grupo Quartier Latino: Anne Vieu, voz y flauta dulce, Carlos de Arteaga, voz y guitarra
—Nicolás Mora: bandoneón.
—Armando Olveira Ramos: narración oral
—Alicia Brassesco: narración visual
—Mariana Corbo: narración en lengua de señas

Primera narración
El primer boliche de Montevideo nació antes que la ciudad. Sus propietarios originales: el marino criollo Pedro Gronardo, marino práctico de Río de la Plata, nacido en Buenos Aires, y el comerciante francés Jerónimo Jauretche, más conocido como Pistolete.
En la década de 1720 el capitán Gronardo cruzaba solo el estuario rioplatense que conocía como nadie. Su destino: la desembocadura del río Santa Lucía. Su trabajo: buscaba ganado silvestre que él mismo faenaba y transformaba en cuero que vendía a exportadores porteños que le pagaban muy bien sus servicios.
Una mañana de marzo de 1725, muy temprano, la cacería de ganado lo condujo hasta la desértica bahía que hoy llamamos Montevideo. Cuando iba a echar anclas cerca de la actual costa de Capurro vio hombres acampados, y sobre un rincón oculto, un par de barcos con las velas arriadas. Desde lejos reconoció que eran ¡portugueses! Seguramente, con las mismas malas intenciones de quienes en 1680 habían fundado aquel dolor de cabeza español llamado Colonia del Sacramento.
Gronardo no lo dudó, emprendió regreso urgente a Buenos Aires. Apurado le contó la mala noticia al gobernador Bruno Mauricio de Zabala, que de inmediato envió una flota que desalojó a los intrusos sin disparar tiros, y ¡fundó Montevideo!
Zabala solía ser muy generoso con quienes le demostraban lealtad, por supuesto, no era generoso con sus bienes, sino con los de la corona. A Gronardo le cedió el primer permiso comercial para atender a los soldados del nuevo fuerte que algunos llamaban “Montem Video”. El marino porteño se asoció con el francés Pistolete, que tenía cierta fama de habilidad “bolichera”; juntos instalaron una pulpería, a mediados de 1725, ubicada en el mismo espacio donde hoy se encuentra la Plaza Zabala.
Gronardo y Pistolete se enriquecieron vendiendo alcohol, alimentos y todo lo imaginable en una pulpería colonial, con clientes ávidos y un deudor que siempre pagaba: la corona española a través del gobernador Zabala. Fueron los primeros “bolicheros” de Montevideo.
Me saco el sombrero es un espectáculo musical y narrativo, en francés, español y lengua de señas, y una exposición de sombreros que cuentan historias del Bar Iberia, de sus emprendedores, sus parroquianos, sus objetos y de los oficios de quienes construyeron espacios democráticos de diálogo social, cultural, artístico. También es un homenaje a la Ciudad Vieja fundacional y a los inmigrantes que arribaron a este barrio histórico.


Quartier Latino es un dúo de música intercultural. Anne Vieu es francesa, Carlos Arteaga es uruguayo, emprendedores artísticos dedicados a los ritmos étnicos y a interpretar temas que evocan a la emigración como patrimonio compartido por todos nosotros.
Anne nació en París, Carlos en la duraznense Sarandí del Yí. Se conocieron durante el exilio de él y desde entonces siguen juntos, cada vez más juntos, en su linda casa de la rambla del arroyo Pando, en el Remanso de Neptunia. Anne es la voz del grupo e íntérprete de flauta dulce. Carlos es la segunda voz, mientras disfruta tocando instrumentos de cuerdas y percusión.
Nico Mora es compositor, guitarrista y bandoneonista, perdón, ¡qué bandoneonista! Nació en Montevideo, pero también vive en el Remanso de Neptunia. Para comprender de qué se trata su talento, basta mencionar que su trío instrumental (Mora—Etchenique—Ibarburu compartió escenario con Hugo Fattorusso ¡nada más! Voy a contarles algo que va contra mi trabajo: cuando Nico abraza su bandoneón, las palabras sobran.

Mariana Corbo narra nuestras historias en señas, una lengua universal, inclusiva, académica, que requiere estudio, ¡mucho estudio! conocimiento, compromiso con la diversidad, la igualdad y la accesibilidad a los bienes culturales, porque la cultura es un derecho humano.
Alicia Brassesco es museóloga, gestora cultural, curadora de arte, creadora de espacios patrimoniales, responsable del Museo del Gaucho ubicado en el Palacio Heber Jackson, de 18 de Julio y Julio Herrera Obes, uno de los más visitados y apreciados de nuestra ciudad. Ella diseñó la exposición de sombreros con percheros y espejos repletos de infinitas historias, que están allí para ser probados todas las veces que deseen, porque vamos a cantar, contar y jugar.
Me saco el sombrero es un homenaje a los boliches montevideanos, que resumimos en nuestros anfitriones: Babila Parcero, propietaria del Bar Iberia, gallega de La Coruña, que siempre tiene alguna historia de amor para contar sobre su esposo, el asturiano Antonio Alonso, notables emprendedor comercial que nos legó este espacio de auténtica democracia social.

También cuenta sobre quienes les continúan: Rosario, contadora de profesión, experta en finanzas del Banco Central, apasionada por el bar de sus padres; José Antonio, el hermano menor, que le dedica su vida al Iberia, y sobre un personaje increíble: Elisa Saad, la querida Chola, quien todavía sueña con ser escritora en su altillitto de la planta alta.
Me saco el sombrero se inicia con dos temas que tienen mucho que ver con el Iberia y con el compromiso de su gente: mantenerlo muy vivo.
—“Le Phoenix”, de Anne Vieu y Carlos Arteaga, interpretado en francés, y “Sólo se trata de vivir”, de Lito Nebbia, en español… porque para Babila, sus hijos, y los parroquianos, el Iberia es un sitio repleto de vida, donde la memoria renace cada día.
Allez la chanson! ¡Vamos a cantar!

Segunda narración
Medio siglo atrás el Iberia era una babel de lenguas, historias y costumbres. Los marinos rusos, polacos, griegos, portugueses, españoles que regresaban de pescar calamar y pez luna en el Atlántico Sur subían por la calle Florida hasta Uruguay y dejaban en este espacio sus anécdotas incomprensibles, sus melancolías y su sed insondable.
Aquí los recibían Antonio Alonso, su primo Ramón, ambos asturianos de Villarmarzo, un pueblo ubicado tan al oeste del Principado que casi se cae en la vecina Galicia. Tampoco faltaba el alma de este boliche histórico, la gallega Babila Parcero, esposa de Antonio y el inolvidable mozo Abel, leal empleado por décadas.
Entre 1980 y 1990 el Iberia fue el bar donde más se consumía cerveza en Montevideo. Los repartidores se lo decían cada vez que pasaban por el boliche.
A las siete de la mañana Babila ya estaba en su negocio, esperando al distribuidor llegaba con el camión cargado y se iba vacío.
¡Señora Alonso, arriba, que usted es la que vende más cerveza en Montevideo! —le decía el distribuidor.
Babila era una excelente cocinera. Hacía todo tipo de comidas para servir a sus clientes al mediodía, casi todas de olla, guisos, busecas, cazuelas de mariscos y muchas minutas. El bar estaba especializado en crear los mejores refuerzos de jamón y queso, de salame y queso, medialunas anchas y largas, con mucho fiambre, ni que hablar de los cortados sabrosos, impregnados de aroma a café recién molido y muy abundantes.

Tercera narración
El Bar Iberia fue abierto en la década de 1930 por el andaluz Manuel Garrido, hasta que en 1954 se lo adquirió Alonso con su primo Ramón Fernández y su paisano astur Avelino Villamil.
Hasta la década de 1990 el Iberia era el “Bar del Puerto”
En sus mesas se contaron infinitas historias y parroquianos de los más diversos orígenes. A su alrededor convivían: el SODRE, Teatro Odeón, BCU, Clearing de Informes, Cineclub Uruguayo, Cinemateca de Walter Dassori, Cinemateca de Marcha, Sastrería Valiante, casimires muy finos, y el Puerto de Montevideo.
Mesa 1: La Negra Johnson y Rosa Luna, con José Antonio en la Falda. La Señora del Carnaval y la Diosa de Ébano eran rivales en las tablas e íntimas en el Iberia. Rosa Luna vivía a la vuelta, en Paysandú y Florida.
Mesa 2: Joselito y el Niño de Utrera, cantantes flamencos que actuaban en el Teatro Odeón, celebridades de la música popular española.
Mesa 3: Walter Dassori, Manuel Martínez Carril, cuando Cinemateca Uruguaya quedaba en la calle Ciudadela. Se sumaba el crítico Juan Ángel Arteaga, Homero Alsina Thevenet.
Mesa 4: Adela Reta y Hugo Balzo, amigo personal de Antonio Alonso, con quien se queda horas charlando.
También estuvo varias veces Enrique Iglesias, luego que se inauguró el edificio del Banco Central en 1971. Iglesias es pariente de los Alonso, vecino de Arancedo, El Franco, el mismo pueblo de la célebre Corín Tellado.
Mesa 5: Carlos Quijano, Julio César Castro, Juan Carlos Onetti, y buena parte de la generación del 45, cuando un joven Hugo Alfaro era administrador y crítico de cine en Marcha. Hugo continuó la tradición cuando se abrió Brecha en 1985, aquí enfrente, en Uruguay y Andes. A él y a Samuel Blixen les encantaban los sándwiches de de jamón y queso con un buen cortado de la casa, exquisito y generoso.
Mesa 6: Hugo del Carril, que actuó varias veces en el Odeón.
Un parroquiano inolvidable fue José Antonio Rezzano, un emblemático ciudadano de la Ciudad Vieja: Fosforito, el Chaplín uruguayo. Casi todas las mañana pasaba por el Iberia, miraba para adentro y si veía a las hijas de Babila y Antonio, jugaba con sus castañuelas para ellas. A cambio del espectáculo, Antonio le servía un vaso de vino que tomaba en el mostrador, y seguía camino entre dos carteles publicitarios.
Hoy vienen a desayunar muchos bailarines del SODRE, contadores del BCU, para quienes el capuchino o el cortado del Iberia es casi adictivo.

Cuarta narración
La mañana del Viernes Santo de 1958, Babi estaba en su pequeño apartamento de Ramón Anador, planchando la ropita de su primera hija, María del Carmen, que todavía era una bebé. Antonio se había ido al Iberia, porque iba a abrir un poco más tarde aprovechando el feriado.
Tenía la radio prendida, con el informativo de Carve, que le dio la más triste noticia de su vida en forma de titular catastrófico: ¡Incendio en un bar de Uruguay y Paysandú!
Fue hasta lo de una vecina, la única que tenía teléfono en el edificio, llamó al Iberia, que no respondía. Dejó a María del Carmen con la vecina, se tomó un taxi y allá se fue con el corazón en la boca.
Se imaginó miles de calamidades, pero la realidad era peor. El Iberia quedó totalmente destruido por las llamas, mientras corría un río por Florida para abajo, por toda el agua que habían utilizado tres carros completos de bomberos. Sólo quedaron en pie las paredes, las columnas, el mostrador y la heladera.
Babi vio a su esposo desolado, con las manos apretándose el rostro, ella también lo sintió en el alma, pero como buena gallega, en lugar de lamentarse, le prometió a su esposo: ¡de esta vamos a salir juntos! Desde ese día, ella fue casi todos los días a trabajar al bar.
Antonio Alonso murió en 1978, cuando el Iberia era un referente comercial de la Ciudadela. Babila tomó las riendas de su parte y en 1982 le compró la otra mitad a Ramón Fernández.
Babila adquirió el edificio, que hasta ese momento era alquilado e impulsó aún más el negocio.

Quinta narración
Toda historia necesita un encuentro de amor, para que no sea solamente una anécdota. La de Babila y Antonio es una historia de trabajo, perseverancia y amor.
Ella nació en Santiago de Compostela, hija de labradores. En la escuela, la maestra le vio tan buenas condiciones para el estudio que quiso llevársela a la ciudad, pero su padre no quiso porque debía trabajar la tierra y cuidar animales.
Llegó a Montevideo en 1924, porque deseaba conocer el mundo. La pasó mal al principio, hasta que consiguió un trabajo como cocinera en la familia Soler.
Antonio era asturiano de Villarmarzo, desde joven fue muy buen carpintero y albañil, pero su padre que lo empleaba, le pagaba muy poco.
Una tarde de 1949, trabajando en Navia, tuvo que hacer un hueco en una pared y para su sorpresa, encontró una bolsa de monedas de oro, escondida.
A nadie le dijo, menos a su padre y con ese dinero se vino a Uruguay en 1950.
Vino a trabajar con su tío, al Bar Mercantil de 18 de Julio y Martín C. Martínez y en 1954 se asoció con Fernández y Villamil para comprar los bares España e Iberia.
—“El amor es ciego”, dice Babila cuando recuerda a su Antonio, con quien tuvo una vida en común y tres hijos: María del Carmen, Rosario y José Antonio.
Se conocieron en 1955, cuando ella venía a ver a su amiga Manuela, que vivía en una casa inquilinato que quedada allí en frente, donde hoy está el Banco Central.
Al principio no quería nada, hasta que él, sintiéndose enamorado de ella, le suplicó a Manuela que intercediera. “Era tan simpático, tan encantador y tan cariñoso que luego de hablar con é fue imposible no enamorarme”, confiesa Babi.

Sexta narración
Elisa Saad, Chola, tiene 82 años, y es un tesoro viviente del Bar Iberia. Nació en Tacuarembó, su sueño era ser periodista. En su ciudad trabajó en La Voz del Pueblo, hasta que en 1962 se vino a la capital para tentar suerte en su pasión.
Aquí trabajó en Antares Auditores, de Ituazaingó y Buenos Aires, y de tanto andar por la zona se hizo parroquiana del Iberia.
Babi, Antonio y sus hijos son los únicos amigos de mi vida. Antonio era un hermano para mí.


Me gustaría morir en Tacuarembó, pero esta es mi casa, porque vivo aquí arriba”, cuenta Chola.
Ella cuenta la historia del Ruso Abelenda, patrón de barco, que vivía en el Reducto, pero que cada vez que baja a puerto se iba al Iberia, donde se emborrachaba con whisky.

El ruso era muy buena persona, pero vivía borracho. Lo que es el destino, el Ruso murió sentado en el comedor de su casa, tomando un vaso de leche”, cuenta Chola Saad.


Repertorio Musical
1. Le Fenix (Anne Vieu y Carlos Artega).
2. Sólo se trata de vivir (Lito Nebbia).
3. El tiempo del tango (Leo Ferré).
4. Volver (Carlos Gardel y Alfredo Lepera).
5. Mister Giorgina (Leo Ferré).
6. Las pequeñas cosas (Joan Manoel Serrat).
7. Lola (Leo Ferré).
8. La Foule (La Multitud, Edith Piaf).
9. Fragilidad (Sting).
10. Tango Che (Astor Piazzolla).
11. Nostalgias (Juan Carlos Cobian y Alfredo Cadícamo, cantado por Hugo del Carril).
12. La vida en rosa (Edith Piaff, película de 2007).
13. Gracias a la vida.

Leo Ferré
Fue un autor, compositor, intérprete, pianista y poeta francés que compuso más de cuarenta álbumes originales en un período de 46 años. Es el cantautor más prolífico de la lengua francesa. Se definió a sí mismo como anarquista, una idea que inspiró grandemente su obra. Junto con el belga Jacques Brel y Georges Brassens fue un emblema de la chanson.

Édith Piaf
El gorrión de París” en realidad se llamaba Édith Giovanna Gassion, fue una de las cantantes francesas más célebres del siglo XX. A ella se le deben canciones como: La vie en rose, Non, je ne regrette rien, Hymne à l'amour, Mon légionnaire, La Foule o Milord, conocidas mundialmente. También destacó como actriz de cine y teatro, participó en numerosos films y obras de teatro a lo largo de su carrera artística.


lunes, 17 de noviembre de 2014

Los tres Malvin(es) y el Volcán

¡Vieja memoria sin fin!

Su zona histórica es el "Malvín Viejo" que cumple 118 años, entre Buceo y Punta Gorda. Su bicentenaria denominación está inspirada en un eje natural, el arroyo cuyo tramo final hace décadas fue cubierto por el avance urbanístico. Malvín posee una poética sonoridad, por la deformación del segundo nombre de un legendario vecino colonial. Es un barrio original, con dos territorios vecinos que replican su nombre. "Nuevo" se llama el situado al oeste, donde las viviendas reflejan su joven edad, y "Norte", donde la corriente fluvial queda al descubierto más allá del antiguo camino "Al Maldonado" hasta su nacimiento en la calle Isla de Gaspar. Entre tanta memoria tiene un lugar el Almacén y Bar El Volcán, que hace más de seis décadas abre sus puertas cada mañana en la proa sureste de la avenida Italia y Santander.

Malvín celebra sus 118 años con una exposición de fotografías en el Molino de Pérez, abierta hasta el sábado 22 de noviembre,  y la presentación del libro Malvín. Un barrio con patrimonio nacional, resultado de una compilación de testimonios gráficos, escritos y orales, editado por el sociólogo Esteban Perroni.

Los historiadores Aníbal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie están de acuerdo con las fuentes orales que vinculan el nombre del barrio con una deformación del segundo nombre de Juan Balbín González Vallejo (1747-1820), pulpero y saladerista español que integró el Cabildo de Montevideo hasta 1779, héroe de la resistencia criolla contra la Invasiones Inglesas y miembro influyente de la Junta Gubernativa autónoma creada el 21 de setiembre de 1808. En los albores del siglo XIX el saladero de Balbín estaba ubicado entre las actuales avenidas Italia, Veracierto y 18 de Diciembre.
En 1896 fue delineada su primera trama urbana, cuando Francisco Piria ofreció terrenos en el paraje que llamó "Lavaderos del Este". Allí se establecieron las lavanderas desplazadas del arroyo de los Pocitos, entre dunas desiertas de hasta veinte metros de altura, cercanas al Río de la Plata. El suburbio fue diseñado por el ingeniero italiano Aquiles Monzani sobre la base de lotes a precio accesible con un atractivo complementario: los compradores tenían derecho a lavar gratis su ropa en la laguna Malvín, en la actualidad tapada por el pavimento.
Con el paso del tiempo fue la pista preferida por los entrenadores del Hipódromo de Maroñas, que legaban desde Pueblo Ituzaingó para poner a punto sus “pura sangre”. Los lunes y martes se veían las siluetas de elegantes caballos de carrera trotando por la orilla de la playa, porque en aquel tiempo se decía que el agua del Río de la Plata era la mejor para masajearles las patas.

En la esquina de la rambla y la actual calle Estrázulas, en 1911, el médico Arturo Lussich fundó un "sanatorio para enfermos tuberculosos a edad temprana". Con el arribo de los primeros veraneantes célebres, Carlos Gardel, Irineo Leguisamo, Francisco Canaro, entre tantos, el edificio sanitario fue convertido en el Hotel Las Brisas en la década de 1920.
"Durante años, las fronteras naturales se vieron reforzadas por las pocas vías de acceso al barrio. Hasta 1917 para entrar a Malvín sólo había un tranvía que llegaba hasta camino Aldea (actual Estanislao López) y se frenaba ante el arroyo. La mayoría de los terrenos, vendidos a 'precios accesibles para el público humilde', como relata Ricardo Goldaracena en Los barrios de Montevideo, fueron adquiridos por familias de pescadores y lavanderas, que en los meses de verano se mezclaban con los turistas que llegaban de otros barrios, pero también de Buenos Aires. Entre los primeros clanes se recuerdan "los Visconti", "los Bañasco" y "los Torterolo", muchos de los cuales permanecieron arraigados", escribió Daniela Buth, en su artículo Malvín, el balneario de asfalto, publicado el domingo 16 de noviembre de 2014, en el diario El País.
El  Chalet Villa Yerúa es un heroico sobreviviente de una etapa histórica de Malvín, la transición entre el balneario y el barrio, que todavía lucha contra el paso del tiempo, el olvido y el descuido. Un sitio con valores patrimoniales únicos en Montevideo, que permanece en la misma esquina de la calle Rimac y la rambla O'Higgins, que en su época dorada era preferido por El Mago para veranear. La casona de elegantes techos a dos aguas, de tejas rojas, sobresalía frente a los ranchos de madera vecinos donde se reunían pescadores, peones y jockeys. El dueño de casa era el entrenador hípico Francisco Maschio, amigo íntimo y colega del Zorzal Criollo que una noche lo convenció para que cantara en el cercano Hotel Las Brisas. Un pequeño escenario que también recibió a Francisco Canaro y al gran cantor argentino Carlos José Pérez de la Riestra, famoso por su seudónimo artístico, Charlo, que permaneció abierto hasta la década de 1950.
Entre las rocas y las arenas aún perdura un recóndito símbolo de la memoria malvinense, la rampa de acceso desde el Hotel Las Brisas hasta el agua donde eran llevados los bañistas en un riguroso regimen de separación de géneros, señoritas por un lado, jovencitos por el otro. Más de cien años después, es la zona donde bajan a la playa los conocedores de la historia de Malvín. 
La presencia de Carlos Gardel, unido al mundo de los caballos de carrera, las grandes comilonas en los 'ranchos' y las tertulias intelectuales hasta altas horas de la madrugada también forman parte de la identidad de Malvín. El Mago llegó a la zona atraído por los médanos donde podía descansar y entrenar a Lunático, el caballo con el que ganó varias veces en Maroñas. Pero la bohemia de la zona lo atrapó, y pasó varios veranos en el hotel Las Brisas y también en Villa Yeruá, su destino predilecto y que al influjo de su presencia cobró rápidamente un halo mágico y de algún modo se constituyó en un paradigma del lirismo malvinense", cuenta el sociólogo Esteban Perroni, en su libro Malvín. Un barrio con patrimonio nacional.

Francisco Piria 
El notable empresario uruguayo, fundador de Piriápolis, dividió poco más de 20 hectáreas de terrenos costeros “al este de la playa del Buceo”, para fundar allí un nuevo balneario que llamó “Lavaderos del Este” porque lo consideraba un sitio ideal para las lavanderas. Ellas utilizaban las aguas de la laguna de Malvín, hoy cubierta por el avance de la urbanización. Por entonces la arena dominaba el paisaje de la costa, por décadas cubiertos por ropas de los primeros vecinos de la zona. 

Malvín, Malvinas
Esteban Perroni aporta una nueva hipótesis sobre el origen del nombre del barrio. En su libro narra una leyenda transmitida por antiguos vecinos, según la cual en la playa permaneció enterrada una ballena que habría llegado desde las Islas Malvinas, antes de 1776, el año cuando fue creado el Apostadero Naval del Atlántico Sur con sede en Montevideo.

Rambla O'Higgins
Malvín, Brava, Honda son las playas que se extienden en la avenida marítima que recorre tres kilómetros de la costa montevideana del Río de la Plata, desde el final de la rambla República de Chile, en el límite con el Buceo, hasta desembocar en la calle Coimbra, donde nace la Punta GordaLa rambla de Malvín se llama Bernardo O'Higgins, una evocación al militar nacido en Chillán, centro sur de Chile (1871-1932) prócer de la independencia sudamericana, que en 1820 se unió al general argentino José San Martín en la expedición libertadora del Perú. 

Molino de Pérez
Narra una rica historia en los bajos de la barranca de la Playa Honda, tan al este de la rambla O'Higgins, que casi, casi toca la Punta Gorda. Construido hacia 1790 por religiosos franciscanos del Convento de San Bernardino de Montevideo que utilizaron piedra asentada en morteros de cal y arena, en 1836 fue adquirido por el constituyente, comerciante e industrial Juan María Pérez, el ciudadano más rico en los primeros años del Uruguay independiente, que lo transformó en un molino hidráulico. Desde 1887 hasta 1895, el establecimiento trabajó hasta a cargo de José Accosano. Cuando no hubo más agua pasó a servir de lugar de descanso a personajes de la época. En 1958, el arqueólogo Horacio Arredondo dirigió la restauración de uno de los edificios más antiguos de Montevideo, donde se instaló la biblioteca pública Julio Herrera y Reissig.

En 1961 fue inaugurado allí el Museo Pedro Figari que reunía gran parte de la obra del pintor uruguayo. Declarado Monumento Histórico Nacional, estuvo abandonado por décadas hasta que entre 1998 y 1999 se realizó una nueva restauración. El edificio pertenece a la Intendencia de Montevideo que lo cedió a la Fundación de Amigos del Patrimonio Cultural del Uruguay. En la planta baja hay un restaurante y en la planta alta funciona la Asociación de Pintores y Escultores del Uruguay.


Parque Lineal Eugenio Barofio
Es un espacio natural, un acervo ornitológico, repleto de valores orográficos, culturales e históricos, que se alza frente a la rambla O’Higgins, en el límite entre Malvín y Punta Gorda. Diseñado por Juan Scasso, fue inaugurado en 1956 por decreto del Consejo Departamental de Montevideo.

Aerocarril
Los veteranos todavía recuerdan las robustas columnas que por casi tres décadas permanecieron inertes en la playa  Brava de Malvín. Eran los pilares de un aerocarril inconcluso que nunca llegó a conectar la costa y la Isla de las GaviotasLa iniciativa, gestada en 1949, durante la intendencia de Germán Barbato, incluía la construcción de restaurantes y jardines. En el invierno de 1977, el ejército dinamitó las enormes moles de cemento armado que iban a sostener uno de los proyectos comerciales y turísticos más ambiciosos de la costa montevideana.


Escuela Experimental
Fue fundada en 1925, en un pequeño local donde la maestra Olympia Fernández enseñaba de acuerdo al Método Experimental del médico, psicólogo y pedagogo belga Ovide Decroly, a quien conoció en una estadía formativa en la Universidad de Bruselas. Cinco fueron los primeros alumnos de la institución que dos años después se mudaba a su edificio actual, construido según proyecto del arquitecto Juan Antonio Scasso, que no cobró honorarios, y que concibió una inusitada forma triangular en la manzana delimitada por las calles Michigan, Decroly y Enrique Estrázulas. Su única exigencia, antes de iniciar la obra, fue conocer en persona a la inolvidable maestra malvinense que afirmaba que la primera enseñanza escolar es "amar la naturaleza".
El 11 de junio de 1927 fue inaugurado el original espacio educativo, con aulas iluminadas, salas de juegos didácticos y teatro, y un patio muy amplio con áreas especiales para huerta, deportes, entre grandes arboledas, al que los niños bajaban en dos grandes toboganes. En la actualidad allí funcionan dos escuelas, en el turno matutino se llama Olympia Fernández, N°219, en honor a su primera directora, y de tarde funciona la Escuela  N° 274, Lorenzo Ríos.

Malvín tiene 28.634 habitantes, y del total 15% son menores de 14 años, según el Censo Nacional de Población 2011. 


Cine Auditorio Malvin
En Malvín hubo un espacio abierto de exhibición cinematográfica con gradas de cemento dispuestas a pocos metros de la orilla del sector conocido como playa Brava. Inaugurado en 1927 para no más de 300 espectadores, restaurado entre 1944 y 1947, su capacidad fue ampliada a 600 posiciones. Las funciones se realizaban cuando el sol se ocultaba, avanzada la tarde, y durante la noche. También se presentaban orquestas que animaban bailes populares y espectáculos de carnaval en los que se recaudaban fondos para la Escuela Experimental de Malvín. Fue cerrado a mediados de la década de 1990.

Maracaná
Fundado el mismo año de la hazaña futbolística de 1950, fue un legendario cine malvinense que marcó la historia del barrio. Los vecinos más veteranos aún recuerdan las largas matinés de sábado y domingo, cuando se llenaba la sala de 960 butacas ubicada en la  calle ex Veracierto, actual Hipólito Irigoyen, entre la rambla O'Higgins y la calle Almería. Hasta su cierre, en 1982, era el complemento ideal de otro sitio donde se realizaban proyecciones cinematográficas memorables en otoño e invierno: la sala de actos de la Escuela Experimental.
Colonia Marítima de Vacaciones  N° 261
El notorio edificio fue inaugurado en 1936 en los altos de la rambla República de Chile entre Ámsterdam y Colombes, según diseño del arquitecto Alberto Muñoz del Campo. La Colonia es visitada todos los años por escolares que llegan desde diferentes partes del país. Según el Consejo de Educación Inicial y Primaria es un "punto de referencia en el que grandes y chicos pueden aprender cada uno de los enclaves cercanos de su franja costera[...] y, además, la visión permite reconocer la entrada al Puerto de Montevideo, la Farola, la cercana Isla de Las Gaviotas y un poco más lejos, la Isla de Flores”.


El Liceo N° 31 (antes N° 10) es un símbolo educativo de Malvín, ubicado en la avenida 18 de Diciembre, entre Piedras de Afilar y Decroly.


Primera sede del Club Malvín, en Río de
la Plata, entre Orinoco y Mal Abrigo.
(Archivo Club Malvín)
Club Malvín
Fundado el 28 de enero de 1938, su primera sede funcionó en uno de los típicos “ranchos” de madera y zinc de la calle Río de la Plata, entre Orinoco y Mal Abrigo. En 1947 se colocó la piedra fundamental del estadio inaugurado cinco años después en un amplio predio, entre las avenidas Enrique Legrand y Rivera, Durante la presidencia de Juan Francisco Canil (1975-980), el equipo de básquetbol ascendió de amateur a profesional, y en 1942, primera vez fue vicecampeón del Torneo de Invierno de 1ª División. El Azul de la Playa es tres veces campeón de la Liga Uruguaya, la última en la temporada 2013-2014.



Unión Atlética
No nació en Malvín, pero sus colores, azul y rojo, forman parte de la pasión deportiva del barrio elevada al sentimiento de un clásico. Fundado el 29 de julio de 1921 en la esquina de las calles Cerrito y Misiones, Ciudad Vieja, tuvo su primera cancha de básquetbol en el mismo terreno del recordado Teatro Cibils. En 1943 se mudó al barrio Nuevo Malvin, luego de la fusión con el Club Buceo y el Club Deportivo Nuevo Malvín de Hockey. Su camiseta mantiene los colores azul y rojo del Unión Atlética original, las letras amarillas del escudo en forma de estrella, del Nuevo Malvín, y el arete simbólico del Museo Oceanográfico que lo aportó el Club Buceo. En 1925 obtuvo su único título en la primera división del básquetbol uruguayo.

Nuestra Señora de Lourdes
Al principio fue un sueño original, gestado en la década de 1920, cuando Malvín todavía era un balneario. En aquel momento las misas se realizaban en una carpa, mientras se planificaba la construcción del tempo inaugurado en 1932, en la misma esquina de Rivera y Michigan. En la década de 1960, el ingeniero Eladio Dieste diseñó una iglesia mayor, de acuerdo a su técnica de la cerámica armada, pero sólo fue construido el ábside de ladrillos. Aunque inconcluso, el conjunto es un emblema religioso, educativo y cultural. que convoca al corazón del barrio.

Teatro de Verano
Fue inaugurado en 1944 por iniciativa del emprendedor cultural Alfredo Moreno, en la esquina de Aconcagua y Amazonas. Por entonces no tenía paredes y los vecinos tenían que llevar su silla para disfrutar los mejores espectáculos que ofrecía el Montevideo de mediados del siglo pasado. Por su escenario pasaron figuras nacionales e internacionales: Francisco Canaro, Juan D'Arienzo, Alberto Castillo, Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, Edmundo Rivero, entre tantos otros. Para ingresar era necesario poseer un carné de socio que Moreno y sus continuadores jamás exigieron mostrar.
En 2000 el teatro fue transformado en centro cultural por un convenio entre la Intendencia de Montevideo y la comparsa La Gozadera, que lo utiliza como "espacio integrador" donde se comparten talleres de candombe, tango, coro y tapiz, y desde donde parten sus "toques" barriales.

La Gozadera
Creada en 2000, por Roberto Righi, desde entonces sus tambores resuenan todos los miércoles y domingos en un recorrido fraterno que se inicia en la calle Orinoco. La Gozadera se presentó en 2001, por primera vez, al Concurso de Llamadas, cuando ganó el primer premio en la Categoría B. En el barrio también suenan otras dos comparsas: La Figari y La Dominó.

En Malvín existen cinco instituciones ligadas con el barrio su cultura y su memoria: Centro y Teatro de La Experimental, CC Delmira Agustini, el ex Club Misterio, Centro Cultural Carlos Martínez Moreno en la Plaza de los Olímpicos, y el Teatro de Verano Alfredo Moreno que gestiona La Gozadera.

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Era el número de la línea de Tranvías del Este con destino Malvín, inaugurada el mismo año que su similar de Pocitos. La popular estación malvinense estaba ubicada sobre la costa, a la altura de otro símbolo del barrio: el histórico parador Rodelú.

Isla de las Gaviotas
Es un pequeño enclave insular del Río de la Plata, ubicado a 400 metros de la playa Malvín, que se formó por la acumulación de rocas y otros cuerpos marinos. Tiene una superficie de media hectárea de tierra firme, arbolada con palmeras, cañaverales, tamarices, transparentes, arbustos y más de 200 especies herbáceas. Un entorno muy particular, donde procrean y nidifican las gaviotas y encuentran su hábitat de paso por lo menos 25 especies de aves. Es un espacio de investigación y divulgación que siempre ha interesado a oceanógrafos, ornitólogos y biólogos marinos.
Según se cuenta, en 1893 el marino Sebastián Masaferro naufragó en las rocas durante una violenta tempestad, permaneció varado en la isla hasta que fue rescatado por vecinos malvinenses al cuarto día. Para agradecer el salvataje plantó las primeras palmeras en el territorio insular.
En 1963 comenzó la construcción de un aerocarril desde la costa para la explotación turística del enclave, pero el proyecto nunca se transformó en realidad. "Un fracaso positivo para el ambiente", opinaba el capitán Omar Medina, creador del Museo Marítimo de Malvín, quien desde la década de 1980 hasta el último día de su vida se dedicó al cuidado de su flora y fauna marítima de la isla.
No se permite el acceso público irrestricto a la reserva ecológica de fauna y flora marina. Posee un muelle para botes, pero de octubre a diciembre el desembarco está prohibido. La institución ambientalista Profauma se encarga de la limpieza semanal y de la recuperación de las aves enfermas.
El biólogo Alfredo Le Bass afirma que “si hay aves en Montevideo es por las islas de Flores y de las Gaviotas, y dos o tres lugares más al oeste. Si no fuera por esos espacios aislados, no habría gaviotas en la costa."

Alfredo Zitarrosa se fue a vivir a Malvín en 1984, cuando regresó del exilio, hasta su muerte en 1989. También fueron vecinos del barrio los músicos: Horacio Buscaglia, Eduardo Mateo, Cacho Labandera, Numa Moraes.

Caminos malvinenses
18 de Diciembre
Estratégica avenida malvinense que evoca la fecha de 1828 cuando las tropas del Imperio de Brasil abandonaron la Provincia Oriental, según lo acordado en la Convención Preliminar de Paz del 27 de agosto de aquel año.Un episodio histórico que marcó el fin de la dominación brasileña.

Aconcagua
Es la segunda calle que corre paralela a la rambla O'Higgins, a la altura de la Punta del Descanso, que alude al pico montañoso más alto del mundo fuera de las cumbres del HimalayaCon casi 7.000 metros de altura sobre el nivel del mar, está ubicado en territorio de la provincia argentina de Mendoza, dentro de la cordillera de los Andes que recorre la región oeste de América del Sur. El gigante montañoso domina el paisaje del Parque Protegido Provincial Aconcagua

Enrique Legrand
Matemático y astrónomo (1861-1936), primer catedrático de Cosmografía en la ex Sección de Enseñanza Secundaria de la Universidad de la República; autor de 22 trabajos y publicaciones científicas. Nacido en Montevideo, educado en Francia, por motivos familiares debió regresar al país sin finalizar sus estudios, pero en aquellos años adquirió un amplio conocimiento en Astronomía. Formó parte de la clase intelectual del 1900, y fue un pensador cercano a la corriente filosófica de su amigo Carlos Vaz Ferreira. Científico no profesional, poseedor de una vasta cultura que abarcaba desde Matemática, Física, Cosmografía, hasta Historia, Filosofía y Literatura. Fue pionero de la astronomía uruguaya, y en su tiempo alcanzó fama internacional cuando creó los prismas reiteradores que modificaron el sextante convencional, un instrumento de medición marítima y astronómica. Entre sus descubrimientos sobresale una descripción del cómputo de la órbita del Gran Cometa “1901-P”, primero realizado en Uruguay.

Ovidio Decroly
Pedagogo y médico belga (1871-1932) fundador de la “Escuela para la vida, por la vida”, creador de un método de enseñanza conocido en todo el mundo como “Decroly”. La maestra uruguaya Olympia Fernández fue la gran impulsora de su estrategia educativa cuando en 1927 fue la primera directora de la Escuela Experimental de Malvín.


Malvín y Punta Gorda
Durante muchos años la zona de la costa entre la Punta Gomensoro –un roquedal en el lado este de la Playa Buceo– y la Punta Gorda fue conocida como Malvín. Con el paso del tiempo, la población del paraje fuefianzando su identidad hasta constituir un barrio nuevo cuyo límite está marcado por la calle Dr. Alejandro Gallinal. Del mismo modo, el límite oeste del actual Malvín —que lo separa de su vecino Buceo— para algunos vecinos es la calle Arrascaeta, mientras que para otros es la calle Ambrosio Velazco.

Recuerdos malvinenses
Malvín era un barrio de clase media, donde no se notaban las diferencias económicas ni sociales. No había uniformes de colegios privados, todos éramos iguales, con túnica y moña.”
Julia Moller, comunicadora, antigua vecina de avenida Italia y Santander.

Avenida Italia era un camino solitario, por donde pasaban el 8 y el 24, Nos criamos en una zona de canteras, nos bañábamos en el arroyo Malvín que luego se canalizó y se tapó.”
Diógenes de León, antiguo vecino de la zona.

En Malvín Nuevo, más que vecinos había familias amigas. A todos nos interesaba lo que le pasaba en la cuadra. Ahora cada uno hace su vida y Dios la de todos.”
Daría Vilariño, propietaria y encargada del almacén El Volcán.

Arturo Lussich, Carlos Vaz Ferreira, Pedro Figari, a veces Juan Carlos Onetti, fueron "vecinos ilustres" de Malvín, como ahora lo son: Eduardo Galeano, los periodistas y editores César Di Candia y Antonio Dabezies, el Maestro Oscar Tabárez

Malvín Norte
El barrio que hasta comienzo de la década de 1970 era una zona de quintas, en la actualidad se caracteriza por la presencia de muchos complejos habitacionales, cooperativas de viviendas, asentamientos precarios, zonas de casas bajas y enjardinadas. Malvín Alto es un símbolo histórico del territorio y en Euskal Erría viven casi 4.000 familias.
Un referente geográfico de la zona es el arroyo Malvín que nace en Isla de Gaspar y hasta Estanislao López corre a cielo abierto, continúa su recorrido entubado por Concepción del Uruguay hasta el colector en playa Malvín. Una presencia importante en Malvín Norte, es la Facultad de Ciencias, el Centro de Investigaciones Nucleares y el Instituto Pasteur.

Malvín Nuevo
Surgió por la expansión territorial desde la zona más antigua del barrio hacia el oeste, hasta quedar integrado por características identitarias tanto de Buceo como de Malvín. Está delimitado por el bulevar José Batlle y Ordoñez, avenida Italia, las ramblas Concepción del Uruguay y República de Chile. Allí encontramos centros culturales de referencia como el Club Misterio, el Centro Cultural Carlos Martínez Moreno, en Plaza de los Olímpicos, y el Centro Cultural y Biblioteca Delmira Agustini, también espacios públicos diversos que convocan a vecinos y vecinas de todas las edades.

Plazas
De los Olímpicos
Delimitada por las calles Colombes, Verdi, 9 de Junio y Ámsterdam, fue inaugurada el 17 de setiembres de 1928 como un homenaje "en vida" a las selecciones uruguayas ganadores de los campeonatos de fútbol disputados en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928.  La plaza es un "pulmón sociocultural" del barrio, donde se reúnen los vecinos de todas las edades convocados por las más diversas actividades. 

Eduardo Fabini
Ubicada entre las calles Candelaria, Verdi, Velsen, Yacó y Aceguá , evoca al músico y compositor uruguayo nacido en Solís de Mataojo, departamento de Lavalleja. Fue muy amplia la obra de Eduardo Fabini (1882-1950), su poema sinfónico Campo, ejecutado por primera vez en Montevideo en 1922, es una de las composiciones clásicas más destacadas de la música nacional.

Federico Chopin
La plaza ubicada frente al Club Malvín, entre las avenidas Enrique Legrand y Rivera, homenajea al pianista polaco, uno de los más importantes compositores en la historia de la música clásica. Federico Chopin (1810-1849) compuso sonatas, mazurcas, polonesas y rondós, representativas del romanticismo, están inspiradas en la música popular de su país. 

Carlos Martínez Moreno 
El 29 de agosto de 2009 fue inaugurado el Centro Cultural Carlos Martínez Moreno, por iniciativa de vecinos malvinenses que en 2007 participaron en las elecciones del Presupuesto Participativo. La antigua estación de la empresa de transporte AMDET (Administración Municipal de Tranvías) se convirtió en un espacio cultural, llamado así en honor a una destacada figura de la Generación del 45 que vivió en la zona. Carlos Martínez Moreno fue escritor, periodista, abogado penalista.

Misterio cultural
Otro centro cultural de Malvín fue creado en el espacio que ocupó el legendario club barrial de fútbol hasta la década de 1980. ,  En la antigua sede del Club Misterio, recuperada por la Intendencia de Montevideo en acuerdo y con gestión compartida, funcionan grupos y organizaciones sociales: Centro Juvenil El Propio, APASU (Asociación de Padres y Amigos de Sordos del Uruguay), grupos de la tercera edad, coros, talleres de tango, salsa y otros ritmos.

Los Cuatro Vientos es una esquina particular de Malvín, ubicada entre las avenidas Enrique Legrand y Estanislao López y la calle Rimac, donde las corrientes de aire recorren todas las direcciones dando la sensación de que se cruzan.


Almacén y Bar El Volcán
El coruñés Manuel Ribeiro, dedicado hijo de Lavaña, tiene un récord difícil de igualar. Durante más de medio siglo, cada mañana, muy temprano, abrió su negocio, sin haber faltado un solo día. “Es mi vida, mi felicidad, que comparto con mi esposa, que ha faltado alguna vez, pero se le perdona: fue para parir a nuestros hijos”, aclara risueño.
Hace más de seis décadas que sus puertas se abren cada mañana, sin faltas, en la proa sureste de la avenida Italia y Santander. Es un símbolo de Malvín, estratégica zona de tránsito hacia los balnearios del Río de la Plata y el Atlántico, que a mediados del siglo pasado era un espacio de quintas perales y carpas gitanas, parada de camioneros, vendedores de hielo y contrabandistas que venían desde Brasil.
Manuel Ribeiro presume que su negocio, inaugurado en 1947, se llama así por la inolvidable erupción del volcán Villarrica, en los Andes chilenos, que envió su ceniza a Uruguay; tanta, que la gente la recogía del piso para utilizarla como pulidor.
Tras su bautismo de polvos y piedras, pasaron cuatro propietarios, el primero, el compostelano Francisco Pazos. “Fue construido con los mejores materiales: carpintería, mármoles, muebles, maquinaria. En el barrio no había otro negocio, no existían los supermercados”, evoca Elsa, hija del fundador. Ribeiro era el empelado de confianza, que lo adquirió en 1957. Desde entonces comparte su esfuerzo con Daría Vilariño, también de coruñesa, de Santa Comba, encargada del almacén, pero que jamás sirvió una copa. La habilitación municipal del bar, todavía vigente, permite sólo el ingreso de hombres, con entrada prohibida a la mujeres.
En El Volcán todo está igual que el primer día. Nada es nuevo, todo es viejo pero cuidado con cariño y dignidad”, aclara Ribeiro, mientras muestra una pandereta, el dulce instrumento que aprendió a tocar en su aldea gallega. A su manera, es un gestor cultural, que organiza veladas musicales, sin desatender un comercio al que le imprime carácter familiar, de serena cordialidad. Manolo es un amigo, un confesor, a quien muchos, después que se toman unas copas, le cuentan todo, hasta lo que no le dirían a nadie. Como si fuera un cura, él mantiene los secretos que escucha, para siempre”, afirma Diógenes de León, fiel parroquiano diario.
Ribeiro es un trabajador empedernido, pero también un amante de la pandereta, el dulce instrumento que aprendió a tocar en su aldea. A su manera, es un gestor cultural, que organiza veladas musicales, siempre, sin desatender el negocio. También fundó un equipo de fútbol. El Club Social y Deportivo El Volcán contaba con apoyo económico del bar, pero era dirigido por los parroquianos, que le consiguieron personería jurídica y una infaltable camiseta gris, alusiva a las históricas cenizas del Villarrica. Manuel y Daría sólo fueron a ver algún partido, una pocas veces que se pueden contar con los dedos de una mano.


Guerra Civil
Fue la peor del mundo, porque luchaban entre hermanos. Mataban a los padres, a los hijos, a los novios, a los maridos. Mi padre murió a las 36 años, mi suegro a la misma edad. Cuando mi suegra lo enterró, en el cementerio se dio cuenta que estaba embarazada del sexto hijo.
No fue fácil venir. Le pedíamos plata a un prestamista, que bien se la cobraba, y para salir de España había que tener permiso del cura del pueblo. Si estabas mal con él, no viajabas. Alguien debía reclamarnos en Uruguay, pero nada era seguro. Se arriesgaba todo lo que tenías y los papales tardaban dos años.”


De sol a sol
Vine en un barco francés que arribó a Montevideo el 1 de noviembre de 1958, al mediodía. Mi hermana embarazada tuvo que subir a buscarme porque no me dejaban desembarcar. Así de duros eran los controles, y para peor tenia menos de 18 años. Llegué el primero y el dos comencé a trabajar. No creo que haya un pueblo en el mundo con tanta capacidad de esfuerzo como el gallego. Nos mandan al campo ni bien comenzamos a caminar. Lo veo ahora, y me parece inhumano. No se lo deseo, a nadie. Con Manuel estamos casados hace 48 años, siempre trabajando de sol a sol.”
Daría Vilariño.

Papel de estraza
Los vecinos mayores contaban que la apertura de El Volcán fue una revolución en el barrio, y para las chicas también, porque habían llegado unos españoles muy jóvenes, de ojos claros. Mis recuerdos me llevan a los ocho años, cuando ni a mi, ni a mi hermana de cinco nos dejaban cruzar solas avenida Italia. En aquella época los comercios trabajan de otra forma. No se vendía en paquetes, todo estaba suelto, se ofrecía al peso o por unidades y se envolvía en papel de estraza.”
Julia Moller.

Lolita
Tenía dos meses cuando nos mudamos al edificio de arriba del almacén. Una ubicación privilegiada para los mandados, con una gran ventaja: Daría y Manolo me dejaban elegir la yapa en una torre de latas de galletitas. ¡Me encantaban los barquillos!
Mis padres también me dejaban bajar cuando me aburría. Me pasaba rato charlando y viendo trabajar a Daría, como si fuera un juego o un paseo. Aprendí a leer los chistes de El Diario de la noche que me prestaba Manolo, pero siempre de aquel lado del mostrador, sin cruzar a donde estaban las mesas de los hombres. Como me gustaba una tira de tapa que se llamaba Lolita, mis dos gallegos queridos todavía me dicen Lolita.
María Inés Obaldía, docente, comunicadora, vecina del Volcán.

En el Volcán me encuentro con mis amigos, con los que comparto mi vida y soy feliz. Es un sitio de solidaridad, donde aprendemos y enseñamos. Todos hablamos, todos escuchamos con respeto, porque aquí Manolo no permite gente mala.”
Roque Tito Cerulo, ex árbitro de fútbol, habitué del bar.

El Volcán es una catarsis, porque me tomo una o dos copas y me voy a dormir tranquilo luego del estrés del trabajo. Aquí se comparte mucho. Un día le dije a Manolo que no tenía plata, pero igual me sirvió con toda confianza. ¡Sólo aquí!”
Daniel de Freitas, contador público.

El Volcan sigue siendo un buen lugar para pasar un rato de buen ocio. Cuando éramos botijas podíamos entrar al boliche con nuestros padres; había que tener permiso y portarse bien. Lo quiero tanto que vengo cada vez que regreso al país. Nuestro bar seguirá abierto mientras estemos nosotros para mantenerlo vivo.”
Rafael Scarzano, bombero de Nueva Jersey, parroquiano del bar.

Al bar se le decía 'café' y estaba prohibido para damas, señoritas y niñas. Sólo entraban los hombres, y sus esposas apenas llegaban hasta la puerta o una ventana para avisarles que estaba el almuerzo o la cena. Aunque era un espacio absolutamente masculino, nunca se metieron con nosotras. En el Volcán no era necesario cuidarse.”
Julia Moller.


Educación
Fui muy feliz en El Volcán. Daría y Manolo siempre fueron muy buenos conmigo. Con ellos tengo una deuda de gratitud porque me dieron una educación no formal muy profunda, repleta de valores humanos. Avenida Italia y Santander es mi esquina en el mundo y El Volcán es mi boliche.”
María Inés Obaldía.

Superviviente
El Volcán es un ejemplo tardío de un tipo de construcción que tuvo gran difusión en las décadas de 1930 y 1940: una edificio en padrón esquina que alberga un conjunto de almacén y bar, más la vivienda de los dueños y una construcción anexa. Superviviente de esos tiempos, el comercio ha debido enfrentar el desafío de profundos cambios en su entorno y ha tratado de adaptarse sin renegar de una herencia que es justo motivo de orgullo para los Ribeiro y para el barrio Malvín.” Nery González, arquitecto, docente, investigador del patrimonio comercial montevideano.