lunes, 16 de julio de 2012

Ruben El Tiza Morán, hijo de gijoneses, olvidado puntero izquierdo uruguayo en Maracaná

El gol del siglo



Juan Alberto Schiaffino y Ruben Morán,
el "ala izquierda" uruguaya
en la "final" de Maracaná.
(Archivo Testoni)
16 de julio de 1950. Son las 4.27 de la tarde de un soleado domingo de calor, en Río de Janeiro. La misma hora en Montevideo, pero de crudo frío invernal. En la casa de los Morán, la General Electric, potente radio a válvulas, está puesta a todo volumen. Muchos vecinos del Cerrito de la Victoria se acercaron para acompañar a la entrañable familia de asturianos y criollos. En la cancha está El Tiza Ruben. Un tímido y delgado puntero izquierdo de diecinueve años, que, por casualidad, juega el último partido del IV Campeonato del Mundo, por lesión del titular, Ernesto Patrullero Vidal.
Son las 4.29. Uruguay pierde 1 a 0, con gol de Friaça. Más de 200 mil espectadores festejan, mientras sir Stanley Rouss –presidente de la FIFA– memoriza un discurso en portugués, en honor a los seguros campeones. A Brasil le alcanza con el empate, pero va ganando. La mirada del añoso Gallego Morán queda fija en la nada, en resignado silencio. El dial está en la Radio Sarandí, con el relato del incomparable Carlos Solé:
“Quita Míguez para apoyar a Schiaffino; frente a él se defiende Bigode. La resta al centro de la cancha donde va a tomar Gambetta. Cruza la pelota en dirección a Julio Pérez. Julio Pérez arremete frente a Danilo. Lleva la pelota Pérez. Le traba la pelota Danilo. Con todo la vuelve a tomar Pérez. Se repliega. Elude a Bauer. Apoya a Obdulio Varela. Varela al puntero Ghiggia, perseguido por Bigode. Se corre al arco. Coloca el centro. Toma Schiaffino. Goool, goool uruguayo. Gol de Schiaffino, a los 21 minutos. Se le escapó Ghiggia al jugador Bigode. Colocó el centro y el jugador Juan Alberto Schiaffino la tomó de media vuelta. Colocó un violento remate alto, dejando sin chance a Barbosa. Schiaffino autor del tanto. Uruguay 1, Brasil 1.” 
–Uruguay nomá –es grito de guerra en el Cerrito. Está ocurriendo lo que pocos imaginaron. Los Celestes empatan con el local, favorito y goleador. Ruben sigue en la cancha, por la punta izquierda. Pero las principales jugadas ocurren por la derecha. Por el ala de Schubert Mono Gambetta, Julio Pata Loca Pérez y Alcides Ñato Ghiggia. “¡Empatamos nomá. Uruguay que no, ni no!” Una ilusión ilógica, pero posible. Todavía faltan 24 minutos.
Selección uruguaya del memorable partido
contra Brasil, del 16 de julio de 1950.
De pie: Obdulio Varela (capitán), Juan López
(DT), Eusebio Tejera, Shubert Gambetta,
Matías González, Roque Máspoli, Víctor
Rodríguez Andrada. Agachados:
Alcides Ghiggia, Julio Pérez, Oscar Míguez,
Juan Schiaffino y Ruben Morán.


4.41 de la tarde. En Montevideo y Río de Janeiro, es la misma hora, pero muy distintas las temperaturas. Aquí, el calor enciende. Allá, el frío paraliza. “La para Míguez y apoya a Julio Pérez. Se va adelante Julio Pérez con la pelota, esperando que se cruce Ghiggia. Julio Pérez atacando. Pérez a Ghiggia. Ghiggia a Pérez. Pérez avanza, le cruza la pelota a Ghiggia. Ghiggia se le escapa a Bigode. Avanza el veloz puntero uruguayo. Va a tirar[...]” 
Las agujas bordean las 4.42. La radio se tranca, por un instante. Justo cuando el speaker está a punto de describir una hazaña irrepetible. El aparato recibe un suave golpe, que le devuelve una voz conmovida. “Gol, gool, goool uruguayo. Ghiggia  tiró violentamente y la pelota escapó al contralor de Barbosa. A los 34 minutos, anotando el segundo tanto para el equipo uruguayo. Ya decíamos que el gran puntero derecho del conjunto oriental, estaba resultando la mejor figura de los celestes. Tiró en acción violenta. La pelota rasante al poste escapó al contralor de Barbosa y anotó a los 34 minutos Ghiggia el segundo tanto para Uruguay. Uruguay 2, Brasil 1. Autor del tanto Ghiggia, a los 34 minutos.”
La conquista es defendida con temple, durante once eternos minutos. Enseguida, se desata la emoción contenida. “¡Somos campeones. Vamo’ arriba la celeste! ¡El Tiza nomá!”. Fue el gozoso clamor de los Morán y sus vecinos. Como en un mito fundacional, un puñado acababa de derrotar a una multitud.
Muy lejos de Rubén pasó la soñada combinación, que cambió la historia del fútbol e inflamó el sentimiento colectivo oriental. Fue por la derecha, otra vez. Su actuación no resultó destacada, según los recordados comentaristas: Osvaldo Heber Lorenzo y César L. Gallardo. Jugó todo el partido, solo, porque el reglamento no permitía cambios. Pero, la gente del barrio, ni se enteró. Fue recibido como un héroe.
Nadie podrá descolgar al Tiza
del cuadro de Maracaná.
(Archivo Testoni)
Hasta 1958 fue el más joven ganador de una final de Campeonato del Mundo. En Suecia también lo consiguió Pelé, con diecisiete años. El Tiza Morán vistió la camiseta del pequeño Cerrito, la del aguerrido Cerro y la violeta del “viejo” Defensor. Abandonó el fútbol muy temprano, desilusionado con la falta de oportunidades profesionales. A pesar de su envidiable palmarés, jugó apenas cinco partidos internacionales; curiosamente, ninguno en Montevideo.
Fue un olvidado titular de Maracaná, que murió en la extrema pobreza, a los 48 años, víctima de depresión. Nadie, nunca, podrá sacarlo de la más memorable foto de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Fue el orgullo de los Morán. Aunque, jamás, pudo cumplir con el viejo sueño de los esforzados inmigrantes gijoneses. Ellos desearon, siempre habían anhelado, con fervor, que El Tiza jugara, aunque fuera una sola vez, en el Sporting de Gijón de sus amores.

IV Copa Mundial de Fútbol 
Se disputó en Brasil, entre el 16 de junio y el 16 de julio de 1950, después de haber sido suspendida en 1942 y 1946, con la participación de 13 equipos, entre los que quedaron semifinalistas: Brasil, España, Suecia y Uruguay. 
El último partido fue entre Brasil y Uruguay, ya que no hubo un partido final oficial, en el cual Uruguay gana por 2 a 1, quedándose por 2ª vez con la copa. 
Fue un espectáculo a estadio repleto, presenciado por más de 200.000 personas, en el estadio conocido como Maracaná. Brasil era el favorito en todos los aspectos, pero Uruguay, con un coraje y un temple irrepetibles, ante situaciones adversas, logró dar vuelta un resultado y entrar en la historia por una hazaña insólita.

Crónicas del 50

”Siete países americanos y seis naciones europeas, recién resurgidas de los escombros, participaron en el torneo brasileño. La FIFA prohibió que jugara Alemania. Por primera vez, Inglaterra se hizo presente en el campeonato mundial. Brasil y Uruguay disputaron la final en el Estadio Mario Filho de Río de Janeiro, el más grande del mundo, ubicado en el barrio de Maracaná.
Brasil era una fija, la final era una fiesta. Los jugadores brasileños, que venían aplastando a todos sus rivales de goleada en goleada, recibieron en la víspera, relojes de oro que al dorso decían: Para los campeones del mundo. Las primeras páginas de los diarios se habían impreso por anticipado, ya estaba armado el inmenso carruaje de carnaval que iba a encabezar los festejos, ya se había vendido medio millón de camisetas con grandes letreros que celebraban la victoria inevitable.
Cuando el brasileño Friaça convirtió el primer gol, un trueno de doscientos mil gritos y muchos cohetes sacudió al monumental estadio. Pero después Schiaffino clavó el gol del empate y un tiro cruzado de Ghiggia otorgó el campeonato a Uruguay, que acabó ganando 2 a 1. Cuando llegó el gol de Ghiggia, estalló el silencio en Maracaná, el más estrepitoso silencio de la historia del fútbol, y Ary Barroso, el músico autor de Aquarela do Brasil, que estaba transmitiendo el partido a todo el país, decidió abandonar para siempre el oficio de relator de fútbol.
Después del pitazo final, los comentaristas brasileños definieron la derrota como la peor tragedia de la historia de Brasil. Jules Rimet deambulaba por el campo, perdido, abrazado a la copa que llevaba su nombre. "Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. Terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y se la entregué casi a escondidas. Le estreché la mano sin decir ni una palabra", solía evocar el histórico presidente de FIFA, unas cuantas décadas después.
En el bolsillo, Rimet tenía el discurso que había escrito en homenaje al campeón brasileño.
Uruguay se había impuesto limpiamente: la selección uruguaya cometió once faltas y la brasileña, 21.
El tercer puesto fue para Suecia. El cuarto, para España. El brasileño Ademir encabezó la tabla de goleadores, con nueve tantos, seguido por el uruguayo Schiaffino, con seis, y el español Zarra, con cinco.”
Eduardo Galeano, escritor uruguayo, en su libro El fútbol a sol y sombra, Siglo XXI Editores, Editorial Catálogos, Buenos Aires, 1995.

3 comentarios:

gato volador dijo...

Puede que alla sido olvidado el puntero Moran, pero en la foto esta el testimonio vivo del glorioso campeon mundial del 50, permanesera para siempre.

Enrique Alzugaray dijo...

Muy curioso lo de Morán, un campeón del 50 (nada menos) a quien nadie recuerda. Debutó con la celeste aquella tarde del 16 de julio para ser campeón del mundo. Tres años después integró la selección de Uruguay que participó en el Sudamericano de Lima (tercer puesto, campeón Paraguay). No fue tenido en cuenta para el Mundial de 1954, (había muchos nenes para ese trompo) y se retiró del fútbol con apenas 23 años. Siendo el más joven de los campeones de Maracaná, fue el primero en dejar este mundo: murió a los 48 años, en una situación económica llena de privaciones como casi todos aquellos campeones que nunca fueron retribuidos como debieron serlo. De cualquier manera, allí está la foto de Maracaná, con el humilde muchacho del Cerrito de la Victoria, Ruben Morán, en la punta izquierda. Me alegro que haya sido recordado en este blog. Un saludo.

gato volador dijo...

muy bueno el articulo, muy rica la informacion, Moràn lastima que el destino no lo acompaño en su carrera deportiva, se le hizo esquiva la suerte, influyo negativamente en su vida. De todas manera sera recordado como un gran campeòn.