sábado, 5 de septiembre de 2015

Biblioteca Popular, Biblioteca Nacional

"Sean los orientales tan ilustrados como valientes"

Inaugurada el 26 de mayo de 1816, por iniciativa de Dámaso Antonio Larrañaga, con la aprobación de José Artigas, es la única institución que perdura desde la etapa de la Provincia Oriental histórica. Su acervo supera el milón de ejemplares, libros, folletos, publicaciones periódicas nacionales y extranjeras. Su misión es preservar el patrimonio bibliográfico y el acceso libre y público de todos los ciudadanos, y ser uno de las instituciones que reciben los depósitos legales de todos las publicaciones editadas en el Uruguay. Atesora un valioso fondo documental literario, colecciones de mapas, planos, fotografías, postales y grabados. Como unidad ejecutora del Ministerio de Educación y Cultura, su misión es recopilar, conservar, acrecentar y difundir el patrimonio bibliográfico y documental del país.

El 4 de agosto de 1815 el presbítero Dámaso Antonio Larrañaga envió una carta al Cabildo de Montevideo en la que propuso crear una biblioteca donde pudiesen concurrir los jóvenes y todos aquellos que estuviesen interesados en acceder al saber. "Es necesario suplir con buenos libros, la falta de maestros e instituciones", fue su argumento. También se ofrecía para desempeñar ser el director, y solicitaba un edificio para instalarla. Ocho días después, José Artigas, por entonces en el Campamento de Purificación, capital de la Provincia Oriental independiente,  estuvo de acuerdo con la singular iniciativa: "...yo jamás dejaría de poner el sello de mi aprobación a cualquier obra que en su objetivo llevase esculpido el título de la pública felicidad. Conozco las ventajas de una biblioteca pública y espero que V.S. cooperará con el esfuerzo e influjo a perfeccionarla coadyuvando los heroicos esfuerzos de tan virtuosos ciudadano..."
Primera sede de la Biblioteca Nacional
El 28 de agosto, el Jefe de los Orientales le escribió una carta a Larrañaga, en la que le contaba su convencimiento sobre la utilidad de la Biblioteca Pública: "...y su esperanza de que el Cabildo continuará con cuanto Ud. juzgue necesario para su mejor adorno y pronto arreglo."
El primer aporte bibliográfico fue una donación del presbítero José Manuel Pérez Castellano, fallecido el 5 de setiembre de 1815, quien además legó 1.500 pesos de la época, luego se sumaron los de José Raimundo Guerra, los padres franciscanos y del propio Larrañaga quien poseía una colección única en el Río de la Plata.
Fue abierta el 26 de mayo de 1816, con 5.000 ejemplares ordenados en anaqueles ubicados en los altos del Fuerte del Gobernador de Montevideo, en el ángulo sur de la actual Plaza Zabala, sobre la calle Alzáibar.  Su fundador y primer administrador honorario pronunció en aquella fecha su memorable Oración Inaugural: "Una biblioteca no es otra cosa que un domicilio o ilustre asamblea en que se reúnen, como de asiento, todos los más sublimes ingenios del orbe literario o por mejor decir, el foco en que se reconcentran las luces más brillantes que se han esparcido por los sabios de todos los países y de todos los tiempos. Estas luces son las que el ilustrado y el Gobierno vienen a hacer comunes a sus conciudadanos."
Por resolución de Artigas, cuatro días después los centinelas del Ejército Oriental usaron como santo y seña: "Sean los orientales tan ilustrados como valientes", como adhesión a la revolucionaria institución cultural.

Durante la invasión luso-brasileña (18171828) la colección de la Biblioteca Pública fue saqueada por el ejército ocupante, quedó reducida a menos de dos mil volúmenes.

En 1926 el gobierno uruguayo adquirió el predio del actual edificio de la Biblioteca Nacional, de 18 de Julio 1790 y Tristán Narvaja. La piedra fundamental se colocó el 26 de mayo de 1938, y la nueva sede fue inaugurada en 1964. Una construcción neoclásica de 4.000 metros cuadrados, proyectada por el arequitecto Luis Crespi, con dos monumentos al frente que describen su compromiso con la cultura universal: Sócrates y Cervantes.
Su acervo está constituido por un millón de libros, folletos y publicaciones periódicas nacionales y extranjeras. Atesora, además, un valioso archivo documental literario, colecciones de mapas, planos, fotografías, postales y grabados.
Es una institución ejecutora del Ministerio de Educación y Cultura, cuyos objetivos son recopilar, conservar, acrecentar, procesar y difundir el patrimonio bibliográfico y documental nacional. Su sentido de misión se relaciona con el preservar este patrimonio y hacer posible el acceso de todos los ciudadanos.

Colecciones
La Biblioteca Nacional posee primeras ediciones nacionales, ejemplares únicos, incunables, manuscritos, mapas, fotografías, partituras, acuarelas y grabados. Entre los que se destacan la Oración Inaugural de Larrañaga, 1816; Colección de documentos históricos correspondientes a estos años. Montevideo, Imprenta de Torres, 1822; El Parnaso Oriental o Guirnalda de la República uruguaya. Compilado por Luciano Lira, Montevideo, Imprenta de la Caridad, 1835-37. Así como el archivo documental de José Enrique Rodó, los manuscritos de Juan Carlos Onetti y las colecciones de Julio Herrera y Reissig, Eduardo Acevedo Díaz, Horacio Quiroga, Florencio Sánchez, Francisco Acuña de Figueroa, Javier de Viana, Delmira Agustini, Juan Zorrilla de San Martín, Juana de Ibarbourou, entre otros.

26 de Mayo
Desde 1940, la inauguración de la Biblioteca Pública es evocada como Día Nacional del Libro. El Día Internacional se celebra en todo el mundo el 23 de abril, fecha del fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega.

Revista de la Biblioteca Nacional
Fue publicada por primera vez en 1966, es el principal medio de divulgación del Departamento de Investigaciones y Archivo Literario, la institución también publica los Cuadernos de Historia y Cuadernos de Literatura.

Sala Artigas de la Biblioteca Nacional.
Salas de lectura 
La principal es la General José G. Artigas, donde los lectores tienen acceso a libros, folletos y publicaciones periódicas nacionales y extranjeros.
En la Sala de Diarios se encuentra la prensa nacional y extranjera, actual y retrospectiva. 
La Sala Uruguay atesora todos los libros y folletos impresos en el país, sean o no de autores uruguayos, así como las obras de escritores nacionales publicadas en el extranjero y trabajos sobre Uruguay que se publican fuera del país. Desde 1978 ofrece un área independiente, con una confortable sala de lectura para investigadores nacionales y extranjeros, diseñada para la preservación del acervo. Posee un catálogo cronológico donde se registran, por año de publicación, todos los libros y folletos que ingresan a la BIBNA.
Ficheros históricos.
La  Sala de Materiales Especiales custodia las obras más valiosas que posee la institución: ejemplares raros y únicos, incunables, volúmenes de gran antigüedad, libros iluminados. La colección bibliográfica incluye materiales de Historia, libros de Arte, relatos de viajeros. En esta salamuseo se custodian primeras ediciones americanas, ediciones del siglo xvi y de manuscritos históricos. Se encuentran ejemplares únicos de folletos nacionales y extranjeros; primeros periódicos del país, tales como La Estrella del Sur, periódico británico publicado en 1807, primero en el actual territorio uruguayo. Este sector posee una mapoteca: dibujos, acuarelas, fotografías, postales, partituras musicales, medallas, monedas y material audiovisual. Por su inestimable valor, una recopilación de un material único en Uruguay, el préstamo está restringido a investigadores.
Fachada en 2010 (Archivo BIBNA).
La Hemeroteca posee más de 100.000 ejemplares de todo tipo de revistas uruguayas.
La Sala Francisco Acuña de Figueroafue remodelada para reuniones, seminarios, congresos, encuentros.
La Sala José Pedro Varela es utilizada para realizar exposiciones, actividades artísticas y culturales.
En la Sala Japón se ubica el centro de cómputos donde se puede encontrar un escáner de planos y otro para imágenes hasta tamaño A3, y el equipamiento necesario para la grabación en CD y DVD.

Dámaso Antonio Larrañaga, Francisco Acuña de Figueroa y Alberto Zum Felde, fureron notables directores de la Biblioteca Nacional. En las últimas cuatro décadas fueron sus titulares: Arturo Sergio Visca (19761985), Rafael Gomensoro (19851999), Raúl Vallarino (20002005), Tomás De Mattos (20052010), Carlos Liscano (20102015). En la actualidad es dirigida por la bibliotecóloga Esther Pailos Vázquez.
 
Dámaso Antonio Larrañaga, c. 1815.
Larrañaga, el primer sabio rioplatense 
Fue capellán de la resistencia criolla contra la Invasiones Inglesas, expulsado de Montevideo por su apoyo a los rebeldes orientales triunfadores en la Batalla de Las Piedras. Decisivo en el inicio del proceso revolucionario liderado por José Artigas y uno de los dos diputados electos antes del Congreso de Tres Cruces, fue creador y primer director de la Biblioteca Pública, actual Biblioteca Nacional.
Cuando abandonó al Protector de los Pueblos Libres, hasta la traición, viajó a Río de Janeiro para agradecer la intervención del emperador Juan VI de Portugal, luego fue diputado al Congreso Cisplatino que votó la anexión del territorio oriental al Brasil. En la Cruzada Libertadora se mantuvo leal a la potencia ocupante, pero fue electo senador del recién creado Estado Oriental del Uruguay independiente, con proyectos memorables de restricción de la pena de muerte y abolición de la esclavitud.
Fue un pionero científico y escritor prolífico. Cuando era párroco de la Iglesia Matriz, editó Diario de viaje de Montevideo a Paysandú y reunió elementos para sus ensayos sobre la desaparecida lengua chaná. En Diario de Historia Natural contó sus observaciones sobre fauna, flora y mineralogía, y en Diario de la Chácara describió su vida a orillas del arroyo Miguelete, donde vivió en la Guerra Grande. Aquel era territorio del Gobierno del Cerrito, blancofederal, pero se declaró neutral, con tanto éxito, que a su muerte recibió honores de General de la República, también en la Montevideo coloradounitaria. Fue el primer vicario apostólico del país y primer rector designado de la Universidad de la República, que no asumió por haber fallecido antes de su apertura.

Apuntes
Sacerdote, naturalista, filósofo, escritor, antiesclavista, personalidad política de su tiempo, figura influyente en el proceso revolucionario liderado por José Artigas y en la organización la Provincia Oriental hasta la invasión portuguesa de 1817. Como diplomático tuvo un papel relevante en el nacimiento del Uruguay independiente.

Larrañaga escribió, entre 1813 y 1824, un Diario de Historia Natural, y entre 1818 y 1823 un Diario de la Chácara que describe su vida a orillas del arroyo Miguelete. Publicó un libro de Botánica y otro de Zoología. También se dedicó a la Astronomía mediante el uso del telescopio, y utilizó el microscopio hasta el punto de padecer una grave afección en su vista y quedar ciego.

Clasificó más 646 especies de vegetales y 504 animales de nuestro territorio, entre tantas, 216 variedades de insectos incluyendo 19 tipos de hormigas. Describió un nuevo género de ave, al que denominó Azarina en honor al naturalista español Félix de Azara.

Billete con el rostro de Larrañaga, el de mayor valor.
Frases
Una biblioteca es el foco en que se reconcentran las luces más brillantes, que se han esparcido por los sabios de todos los tiempos.”
Reflexión de Larrañaga en el acto de apertura de la Biblioteca Popular.

Yo siempre gustaba mucho conversar con nuestras gentes porque sé que más descubrimientos se deben a la casualidad, mejor diré, a la práctica, que a los vanos y estériles sistemas de la Filosofía.”
Evocación escrita en la Quinta de Miguelete, c. 1845.

Amante, desde niño, del estudio, comenzó la carrera de medicina, que luego abandonó por la eclesiástica. La primera le familiarizó con la ciencia y sus problemas, dejando en su espíritu una permanente inquietud por descubrir los secretos de la naturaleza; la segunda, lejos de sumergirlo en la vida puramente contemplativa, le permitió cumplir con su deber de patriota. Trabajó con dignidad y humanismo para mejorar las leyes del país. Se debe recordar que le cupo el honor de presentar un proyecto de ley por el cual se abolía la pena de muerte.”
Carlos Alberto Garibaldi, historiador argentino.

"Como escritor, pertenece más a la arqueología literaria que a la verdadera literatura. Sin embargo, el Diario de viaje de Montevideo a Paysandú es un relato de singular interés. Sin pretensiones de hacer obra literaria, Larrañaga logra una descripción veraz de nuestro campo. Aunque le preocupan fundamentalmente las observaciones sobre fauna, flora y mineralogía de esta provincia, lo que se entrevé en el relato es el estado de abandono de la campaña, la absoluta ausencia de industrias, la generalizada pobreza, rayana en la miseria. Tal vez un recurso literario de Larrañaga consista en mostrar las cosas directamente, no en nombrarlas o describirlas. Lo que se advierte a cada trecho es la falta de colonización, la ruinosa presencia del latifundio, el ausentismo del propietario, aun la falta de propietarios. Bien que Larrañaga, a fines de su relato, se anime a decir las cosas por su nombre -discreta, punzantemente- y se refiera al pueblo de Víboras (actual Carmelo) y a su aspiración de trasladarse hasta la costa del río Uruguay y tener allí un puerto. 'Pero se lo impide un individuo poderoso que se ha apropiado de aquellas tierras y las tiene enteramente despobladas, no permitiendo ni que se construya un rancho.' El Uruguay es, en este documento, tierra semi-baldía poblada por cardales y perros cimarrones.”

Larrañaga es extremadamente objetivo. No se permite la menor efusión. Si se emociona es cuando contempla, maravillado, el majestuoso río Uruguay, y piensa que nunca jamás volverá a verlo. De sus compatriotas nos deja retratos que tienen un verismo casi fotográfico. La imagen de Fructuoso Rivera (a quien llama Ribero) difiere mucho de la que nos han proporcionado los románticos, aunque reconozca que el joven vencedor de Guayabos tenía bastante desembarazo y urbanidad. A José Artigas lo muestra sumido en un espartanismo al que mejor habría que llamar pobreza lisa y llana."


"Su obra, más allá de previsibles arideces, tiene lo que hoy día hemos dado en llamar valor testimonial. Como documento debe ser leída, y no como composición literaria. Es un primitivo, en la mejor acepción del vocablo. Larrañaga escribió también una Oración Inaugural con motivo de la apertura de la Biblioteca pública, y Fábulas americanas (1826), donde se denota la influencia de Iriarte y Samaniego."
Tres citas de la obra 100 autores del Uruguay. Alberto Paganini, Alejandro Paternain, Gabriel Saad, edición de Capítulo Oriental.

Para leer
Diario del viaje de Montevideo a Paysandú. Dámaso Antonio Larrañaga, edición del Instituto Nacional del Libro, 1994, con prólogo del historiador José de Torres Wilson.

Página web del Ministerio de Educación y Cultura:
http://www.mec.gub.uy/academiadeletras/DANNOMBRE/Larranaga.htm

BIO
Dámaso Antonio Larrañaga nació el 9 de diciembre de 1771, cuando Montevideo alcanzó su máxima influencia hispánica como Apostadero Naval del Atlántico Sur con jurisdicción desde las Islas Malvinas y la Patagonia argentina hasta las costas africanas de Fernando Poo y Annobón en el golfo de Guinea. Su padre, el vasco Manuel de Larrañaga, miembro del Cabildo colonial, pronto aceptó su vocación religiosa expresada en la Escuela de los Padres Franciscanos donde estudió Latín y Filosofía. Todavía adolescente viajó a Córdoba y Buenos Aires para realizar el Seminario y la Teología, hasta su ordenación sacerdotal en 1799.
A principios de 1804 era teniente cura en la Iglesia Matriz y capellán de las milicias criollas que tres años después lucharon contra las Invasiones Inglesas. Por su apoyo a José Artigas y su bendición a los patriotas sublevados en la Banda Oriental, tras el memorable triunfo en la Batalla de Las Piedras fue expulsado de Montevideo.
A principios de 1813 fue electo diputado a la Asamblea General Constituyente y Soberana convocada por el Segundo Triunvirato que gobernaba las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero nunca asumió el cargo. En el Congreso de Tres Cruces fue sustituido por Tomás García de Zúñiga, luego rechazado por la Asamblea del Año XIII reunida en Buenos Aires. Larrañaga vivía por entonces en la capital argentina, donde permaneció hasta principios de 1815, cuando retornó para sumarse al gobierno de la Provincia Oriental.
Fue colaborador muy cercano de Artigas, y muy probable redactor de muchos de los documentos políticos, económicos y sociales de la Liga Federal, la Patria Grande creada sobre la base de tres ideales: Independencia, República, Federación. Muchas veces fue intermediario entre el Jefe de los Orientales y sus enemigos de Buenos Aires, pero en 1816 se sumó a la corriente antiartiguista.
Cuando los patriotas orientales fueron derrotados por los invasores portugueses aceptó acompañar a Jerónimo Pío Bianqui en una misión humillante: viajaron a Río de Janeiro para agradecerle la intervención al rey Juan VI de Portugal. En 1821 fue diputado al Congreso Cisplatino convocado por el general ocupante Carlos Federico Lecor, en el que se acordó la incorporación de la Banda Oriental al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve. Trató de atenuar la crítica de sus antiguos compañeros de lucha, la mayoría presos, clandestinos o exiliados, con el argumento de que así se había conseguido la calidad de Estado autónomo, con sus fueros y privilegios.
La política era su obligación y la ciencia su pasión, como corresponsal de destacados sabios de su tiempo: Jacques Alexandre Bonpland y Agustín Saint-Hilaire. Por recomendación de ambos fue en la Sociedad de Historia Natural de París, mientras fundaba la Sociedad Lancasteriana, responsable de una escuela que formó a destacados líderes rioplatenses.
En 1824 fue designado Vicario Apostólico de Montevideo, y como tal no participó en la Cruzada Libertadora lidera un año después por Juan Antonio Lavalleja, porque entendió que su investidura lo obligaba a ser respetuoso y fiel a los brasileños.
En 1830, luego de creado el Estado Oriental del Uruguay, fue electo senador por el departamento de Montevideo. Presentó proyectos de ley innovadores para su tiempo: restricción de la pena de muerte a casos especiales, de emancipación de los esclavos y una iniciativa de creación de cátedras universitarias.
Larrañaga vivió los últimos años retirado en su quinta del arroyo Miguelete, sin participar en la Guerra Grande (19391851) que enfrentó a los dos partidos históricos: blancos contra colorados. Por entonces sufría una ceguera casi total pero nunca dejó de trabajar: sus familiares escribían lo que él dictaba.
Como Vicario Apostólico, máxima autoridad eclesiástica del país, fue designado como primer rector de la Universidad de la República. Un cargo merecido, otorgado por el blanco Manuel Oribe, pero que nunca ejerció. La institución fue inaugurada un año después de su muerte, el 6 de febrero de 1848, por un ataque cerebral.
El Gobierno del Cerrito, blanco-federal, le rindió honores póstumos en su entierro en la Capilla de la Sacra Familia. El Gobierno de la Defensa, colorado-unitario, lo despidió con un oficio fúnebre en la Catedral de Montevideo en el que se le rindieron honores de General de la República. El cargo de rector, que tanto anheló, le correspondió a Lorenzo Antonio Fernández, su sucesor eclesiástico.

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