domingo, 23 de agosto de 2015

El Cerro de los inmigrantes, el mural del Estadio Tróccoli, el taller de José Gurvich, la esquina del Tito Borjas

Memorias de un Olimpo solidario

"Villa del Cerro" o “El Cerro” son las denominaciones del poblado autónomo diseñado para albergar a miles de inmigrantes que arribaron a Uruguay en sucesivas oleadas hasta mediados del siglo pasado. Desde su fundación fue un símbolo de la industria de la carne, allí se instalaron saladeros y frigoríficos desde los albores del país independiente. En 1913 fue transformado en barrio, por el avance urbanístico de Montevideo, su ubicación definitiva se extiende en las laderas este y norte del Cerro homónimo. En una casa de la rambla, al lado del Parque Vaz Ferreira, vivió y creó uno de los más originales pintores uruguayos, José Gurvich, un tramo de la costa cerrense evoca la presencia del inolvidable inmigrante nacido en Lituania. El Mural del Estadio Luis Tróccoli, del gallego Leopoldo Novoa y el Centro Florencio Sánchez, ex-Apolo, son otros dos signos de identidad cultural. No menos simbólico y relevante es el Club Tito Borjas, un espacio solidario que comparte valores con dos históricas instituciones deportivas: Rampla Juniors y Cerro. Sus campeonatos de fútbol, casín y snookie, un juego que solamente se disputa en invierno. Su cantina que hace más de ocho décadas permanece en la esquina de Bélgica y Gibraltar, pero su mayor emblema es una policlínica popular, modelo de atención primaria, abierta en 1987. 

Sobre la base de Montevideo Manual del Visitante (KoiBooks Editores, 2010, 2011, 2012, 2013), Boliches, corazón del barrio (Ediciones de la Banda Oriental, 2013) y del suplemento desplegable Montevideando (Trocadero Gabinete DDiseño para El País, 2014).
Es muy probable que el primer europeo que divisó el Cerro de Montevideo fuera un tripulante de la embarcación capitaneada por el florentino Américo Vespucio, en 1501, pero no al servicio de España sino del Reino de Portugal que lideraba las mayores expediciones marítimas del Renacimiento. Aunque así fuera, la primera denominación oficial quedó registrada en el diario de viaje de un cartógrafo de la expedición de Hernando de Magallanes. "Martes 10 de dicho enero de 1520 (…) y estábamos en derecho del cabo de Santa María: de allí adelante corre la costa este oeste, y la tierra es arenosa, y en derecho del cabo hay una montaña hecha como un sombrero, al cual le pusimos el nombre de Monte Vidi." 
Desde entonces, casi infinitas son las anécdotas sobre sus nombres más antiguos y originales: Pináculo de la Tentación, Monte de la Detención, Nuestra Señora de la Candelaria, Monte de San Pedro, Santo Vidio, Monte Oviedo, Monte Seredo, Monte VI. Todas las versiones describen a la emblemática elevación de 140 metros de altura, protectora de la bahía y símbolo de Montevideo, la tardía capital sudamericana, la última fundada por los españoles en América del Sur.
El Cerro figura en el cuarto superior derecho del Escudo Nacional de Uruguay como símbolo de fuerza, y punto estratégico para la navegación y el refugio de las embarcaciones en la bahía durante la colonización del Río de la Plata. También ocupa el centro del Escudo de Montevideo, rodeado por la inscripción "Con libertad no ofendo ni temo", una frase histórica del héroe nacional José Artigas.
Luego de la fundación de San Felipe y Santiago de Montem Video, el militar español Bruno Mauricio de Zabala, gobernador de Buenos Aires, ordenó la colocación de una cruz de madera en la cima del Monte para que los marinos que se alejaban de la costa pudieran encontrar el camino de regreso a sus buques. Cerca de allí pasaban los cristalinos arroyos Miguelete y Pantanoso, que aún desembocan en la bahía, y el Quitacalsones llamado así porque hasta fines del siglo XIX era necesario quitarse los "calsones" para cruzarlo. 
A su alrededor entre el 9 de setiembre y 30 de diciembre de 1834 fue fundada la Villa Cosmópolis, destino de miles de inmigrantes de toda Europa, por orden de llegada, de Islas Canarias, Galicia, Asturias, País Vasco, Italia, Lituania, Turquía, Polonia, Rusia, Armenia. Fueron convocados por saladeros y frigoríficos de nombres memorables: La Uruguaya, Montevideo, Swifft, Artigas y el legendario Nacional.
La principal referencia urbana del barrio es la calle Grecia, que articula vías que en su mayoría llevan nombres de países y ciudades extranjeras por decreto firmado el 12 de diciembre de 1867 por el dictador Venancio Flores. El novedoso nomenclátor concebido "para mejor inteligencia" de sus habitantes, nominó 24 arterias de Villa Cosmópolis con los nombres de las regiones de origen de sus pobladores, Italia, Portugal, Egipto, Prusia, Venezuela, Nueva Granada, Norte América y Vizcaya.
En 1913 fue creado el barrio integrado a Montevideo que durante décadas estuvo definido por su profundo carácter autónomo, obrero y solidario. 
El Cerro es un afloramiento de anfibolita, roca metamórfica de gran dureza compuesta por silicato de magnesia, feldespato, mica y cuarzo.

Fortaleza General Artigas 
El primer antecedente de una construcción militar en la cima del Cerro se remonta a 1744, cuando el ingeniero Diego Cardoso señalaba en un plano la necesidad de instalar baterías para la protección de la bahía y el puerto de San Felipe y Santiago de Montem Video. No hubo fuerte, ni siquiera una casilla, solo se colocaron un par de cañones al aire libre.
En 1781 el virrey rioplatense Juan José de Vértiz y Salcedo, en aquel momento se levantó algo parecido  a un rancho de paja conocido como San Miguel, que alojó a un vigía de la Armada Española que enviaba mensajes con banderas a las embarcaciones. En 1801, la choza fue reemplazada por la Casa del Cerro, una estuctura de ladrillos que albergó al centinela y a los obreros que construyeron el faro.
En 1808, luego de las Invasiones Inglesas a Montevideo, comenzó la construcción del Castillo, el más cercano antecedente de la actual Fortaleza General Artigas. Por orden del gobernador Francisco Javier de Elío, tan cuestionado por los criollos montevideanos y porteños, fue reforzado para proteger el faro, como prisión militar y lazareto. El proyecto del ingeniero español José del Pozo, fue ejecutado entre julio de 1809 y mayo de 1811, casualidad o no, el mes de la Batalla de las Piedras.
Desde 1939, allí funciona el Museo General Artigas, una muestra de armamento y uniformes de la etapa colonial e independentista, de documentos y mapas cartográficos. Desde la muralla exterior se observa una vista panorámica de Montevideo y su bahía.

El Faro 
Fue el primero del Río de la Plata, que desde el 4 de abril de 1802 guía el ingreso a la bahía y el puerto de Montevideo. Su primer combustible fue la grasa de potro, sustituido en 1818 por aceite que alimentaba el alumbrado de las candilejas rotativas. El 6 de junio de 1843, plena Guerra Grande, fue destruido por un ataque de Manuel Oribe, líder del Gobierno del Cerrito, blanco y federal. El 16 de julio de 1852 fue recuperado con un novedoso sistema de eje vertical impulsado por un aparato de relojería que completaba un giro de dos minutos. 
En la actualidad es una torre circular de mampostería, con una cúpula e edificaciones al pie, de ocho metros sobre los 140 del Cerro, con un alcance de 19.2 millas náuticas. En 1942 el sistema lumínico fue electrificado, cuando se reemplazaron las lámparas a vapor de querosén por una incandescente de 1500 watts de potencia.  



Altura: 8 metros

Altura focal: 148 metros

Alcance geográfico: 30 millas

Alcance lumínico: 19,2 millas

Intensidad luminosa: 75.530 candelas

Destellos: tres cada 10 segundos.

Descripción: Su torre circular es de mampostería, posee una cúpula y edificaciones blancas al pie, fue la primera que iluminó las aguas del Río de la Plata.


Playa del Cerro 
Es una extensión continua de un kilómetro de arena al oeste de la bahía de Montevideo, recorrida por las ramblas Suiza y Gurvich. Está rodeada por antiguos astilleros, explanadas, viviendas familiares y un frondoso monte de especies diversas, el Parque Vaz Ferreira.

Batalla del Cerro 
El 9 de setiembre de 1806, luego de haber sido expulsada de Buenos Aires, una flota inglesa navegaba en aguas cercanas a Montevideo, mientras se preparaba la Segunda Invasión al Río de la Plata. En aquella fecha hubo un olvidado episodio bélico en la playa del Cerro. En la fase previa a la contraofensiva, el almirante británico Home Riggs Popham colocó barcos en la zona de ingreso a los canales de Ortiz y del Inglés, estratégicos para el puerto de Montevideo. A la espera de refuerzos, sus cañoneras bloqueaban ingresos y salidas a vista y paciencia de la defensa. Por esa misma fecha, trataba de arribar a puerto el bergantín Real Carmen, obligado a varar en la ensenada de Pajas Blancas a menos de media legua del Cerro. Los atacantes pronto intentaron apoderarse una nave emblemática. Popham ordenó que una fragata fondeara cerca, mientras tiraba 118 cañonazos. Frente a una tropa de élite que se preparaba para desembarcar en la playa, se parapetó un mínimo escuadrón de milicianos criollos, mal armados pero decididos a responder. A su frente estaba el teniente Navia, apoyado por no más de 80 infantes y una corta caballería que de poco servía para resistir.
De inmediato, ordenó una maniobra inconcebible, tan ingeniosa como suicida.

Escenario histórico de la Batalla del Cerro.
Apostado entre las dunas más altas, tras unos minutos de fuego inglés, sin respuesta, ordenó a su tropa que simulara estar muerta o postrada. Los invasores desembarcaron en tres chalupas y desparramaron balas, hacia donde podía quedar algún español. De inmediato, bajó una cabecera.
Navia conocía la ventaja de la sorpresa y el valor psicológico de la temeridad extrema. A su señal, se levantaron como resucitados entre los médanos, a la carga de carabina. Los valientes godos enfrentaron el fuego de una fragata, una lancha y dos botes.
Cuando llegaron a la orilla, se arrojaron al mar –sable en mano– dispuestos al abordaje. Con el agua al pecho o a nado, pusieron en fuga al rival, que dejó abandonada la cañonera que sólo había tirado dos cargas de metralla. Capturaron también 63 fusiles, 69 sables, 27 pistolas y municiones.
La heroica escaramuza culminó con la muerte del comandante intruso y de decenas de soldados, además de setenta heridos y un centenar de prisioneros. Un triunfo que dio lugar a una leyenda sobre la virilidad de Navia, mientras su estrategia era evocaba como el triunfo de los "muertos vivientes". Una célebre frase de época, resume tanta admiración: "Su naturaleza merece ser interpretada por el mejor pincel de la corona."

El barrio del Cerro posee una superficie de 3.4 kilómetros cuadrados con límites en las ramblas Suiza y Gurvich, la avenida Carlos María Ramírez, el camino Cibils y las calles Egipto, Vigo, Japón y Doctor Harrectche. Su población según el Censo 2011, es de 35.500 habitantes. 

Centro Cultural Florencio Sánchez 
Está ubicado en la calle Grecia, entre Inglaterra y América del Norte, donde la falda del Cerro baja camino a la rambla. Es un espacio de interpretación y creación de cultura popular fundado en 1996 en el mismo sitio donde a principios del siglo pasado estuvo abierto el histórico Cine Teatro Apolo. En la sala que los vecinos llaman El Florencio, como tributo al admirado dramaturgo uruguayo, se forman actúan grupos experimentales que interactúan con elencos locales y figuras de la escena nacional.

Santa María de la Ayuda
El 13 de octubre de 1857, mientras una epidemia de fiebre amarilla asolaba Montevideo, el presidente Gabriel Pereira autorizó la construcción de la capilla de Santa María del Cerro con donativos de los vecinos que adquirieron el terreno y costearon la obra. Aquella primera ermita ubicada en la esquina de las actuales calles Chile y Perú fue sustituido por otra erigida en Chile entre República Argentina y Francia, conocida como Capilla Vieja, también abandonada.
La piedra fundamental de la Parroquia de Santa Santa María de la Ayuda, ubicada en Bogotá entre Prusia y Juan Viacaba, fue colocada el 17 de diciembre de 1867, en un acto público en el que participó el presidente Venancio Flores, representantes de la Junta Económico-Administrativa, la Comisión Auxiliar de Villa Cosmópolis y autoridades del Arzobispado de Montevideo.

Cruceiro de Porto del Son
Es un monumento gallego tradicional que se ubica en la terraza de la Sociedad Hijos del Ayuntamiento de Puerto del Son, un mirador estratégico en la calle Viacaba, a pasos de la Fortaleza del Cerro, donde se aprecia gran parte de Montevideo y su bahía. Al pie se puede leer una inscripción que dice: “La Xunta de Galicia a los socios fundadores. 1919-1998.” 

Plaza del Inmigrante  
Es un espacio abierto en la calle Viacaba, donde comienza a subir hacia la Fortaleza del Cerro. Allí se eleva el monumento El Inmigrante, obra en bronce de Juan D'Aniello. El escultor italiano representó a un hombre que llegaba al país con un pequeño fardo en su espalda.

Barrio Jardín Antonio Casabó
Fue inaugurado el 18 de julio de 1921, en la falda del Cerro, próximo al Frigorífico La Uruguaya, con la presencia del entonces presidente Baltasar Brum. Poseía un servicio de autobuses que combinaba en la avenida a la Fortaleza con el vistoso vaporcito que recorría la bahía.
 
José Gurvich y Totó Añorga en el Cerro.
Gurvich, su casa, su taller
Yuski, tal su apodo lituano, fue un genio universal, un artista plástico original que se sentía hijo de dos patrias, un agradecido vecino del Cerro, donde compartía su profunda sensibilidad en talleres de cerámica y pintura. A la vivienda de la calle Polonia fue  vivir en la década de 1960, luego de casarse que la mujer que le amó toda la vida y más allá: María Totó Añorga. Un tramo de la rambla, que pasa frente al que fue su taller y al Parque Vaz Ferreira, evoca su memoria.
José Gurvich Galperas nació el 5 de enero invernal de 1927, en la aldea lituana de Jieznas. Sus padres, Jacobo y Jaie, eran campesinos judíos perseguidos por el hambre y la discriminación en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. El matrimonio arribó a Montevideo a fines de 1932, con dos hijos pequeños, él y su hermana Myriam, dos niños inmigrantes que estudiaron en la escuela Chile, símbolo educativo del Barrio Sur. Juvenil aficionado al violín –“para los judíos es un instrumento cultural, como el tamboril para los uruguayos”, decía–, su primer maestro de pintura fue José Cúneo, y en 1945 ingresó al Taller Torres García, al principio como alumno reconocido por el maestro y luego como profesor. En 1954 viajó a Europa con sus amigos Manuel Aguiar y Antonio Pezzino, y así conoció la obra de El Bosco, Pieter Brueghel, Marc Chagall. Con la ilusión de vivir en el Estado de Israel, al año siguiente se radicó en el kibutz Ramot Menasche. Allí fue pastor de ovejas, una tarea que le permitía dibujar y pintar, y que inspiró pequeñas esculturas sobre la vida colectiva en la granja. Retornó al país en 1967, para abrir sus talleres en el Cerro y para participar en la Exposición de la Comisión Nacional de Bellas Artes que le daría un inesperado reconocimiento. Poco después viajó nuevamente a Israel, Europa y a su destino definitivo: Estados Unidos. Falleció el 24 de junio de 1974, por un sorpresivo ataque cardíaco, mientras pintaba una Sucot, la alegre fiesta judía de la cosecha.

Obrero del arte
Jacobo, su padre, ganó prestigio como muy buen peluquero en el Barrio Sur. José comenzó a trabajar, en 1940, en la fábrica Montag, de impermeables y artículos de goma, mientras realizaba esculturas y relieves en yeso con el disgusto de su madre. Gurvich siempre se consideró un “obrero del arte”.
De aquí para allá
Joaquín Torres García lo invitó a incorporarse a su taller en 1945, un hecho decisivo en su vida. Desde ese entonces hasta el cierre oficial del grupo, participó en todas sus actividades: publicaciones, exposiciones, murales, enseñanza. Otro episodio relevante fue la emigración de su hermana Myriam, en 1948, al recién creado Estado de Israel con otros miembros de la Hatzomer Hatzair. Ellos fundaron el kibutz Ramot Menasche, cerca del puerto de Haifa. 

El que mira
En 1954 viajó con Manuel Aguiar y Antonio Pezzino, para encontrarse con otros compañeros del Taller Torres García que visitaban museos de España, Francia e Italia. Al año siguiente realizó un mural para el comedor público del kibutz Ramot Menasche, que lo integró a su vida cotidiana. Su trabajo allí era el de pastor, que en hebreo es roe, “el que mira”.
La familia Gurvich Añorga en
su  casa de la calle Polonia.
En 1956 regresó a Montevideo para participar en exposiciones del Taller Torres García y en actividades de la Escuela del Sur. 

Cerro Abierto
El 18 de agosto de 1960 se casó con Julia Helena Añorga. El cierre del TTG fue anunciado en abril de 1962, en un recordado artículo del diario El País. Al año siguiente nació su hijo Martín, mientras se mudaba a una casa del Cerro donde abrió dos talleres en la calle Polonia: uno de cerámica y otro de pintura.
Cosecharás la siembra
Tras la muerte de su padre, en abril de 1970, viajó a Israel, y de allí a Nueva York, donde se integró al grupo de antiguos alumnos del Taller Torres García y otros autores latinoamericanos. El golpe de la muerte de su madre, en 1972, lo decidió a quedarse en Estados Unidos, para trabajar en el pequeño taller del subsuelo de un apartamento. En un atardecer del 24 de junio de 1974 su vida se extinguió súbitamente, a los 47 años, cuando tenía tantos cuadros sin terminar. Falleció mientras pintaba una Sucot, la alegre fiesta judía de la cosecha.

El Vaporcito al Cerro fue un transporte fluvial que desde principios hasta mediados del siglo XX atravesaba la bahía de Montevideo entre el el Barrio Jardín Antonio Casabó de Villa Cosmópolis y el puerto, en quince minutos.

Parque Vaz Ferreira 
Abarca 112 hectáreas de la ladera sur del Cerro. A su frente se extiende la rambla costera que mira al Río de la Plata, como una postal panorámica de la bahía y el puerto de Montevideo. Fue creado en un proceso de dos años, entre 1956 y 1958, como un espacio de recreación en el que predominan los pinos, acacias, ceibos, cipreses y aloes, a muy pocos metros de un sitio emblemático de la cultura uruguaya: la casa y taller del pintor José Gurvich. 

Memorial de los Detenidos Desaparecidos 
En el extremo sur del Parque Vaz Ferreira, frente a la playa del Cerro, conmueve la presencia de un notable espacio de reflexión cívica. Allí fue construido un monumento original que evoca y homenajea a las víctimas de la última dictadura uruguaya, que se comunica con la rambla Gurvich, por un sendero de hormigón que serpentea dentro del bosque. 
Su construcción fue promovida por un grupo de 33 ciudadanos, Idea Vilariño, Alberto Zumarán, Líber Seregni, Mario Benedetti, Enzo Francescoli, Concepción China Zorrilla, entre otros actores de la vida social uruguaya. Su ubicación fue determinada por la Intendencia de Montevideo, el Municipio local y la Comisión Pro-Memorial, por el significado y simbolismo del Cerro en el Escudo Nacional.
El diseño compartido por los arquitectos Rubén Otero, Marta Kohen, Pablo Frontini y Diego Lopez de Haro, el artista plástico Mario Sagradini y el ingeniero agrónomo Rafael Dodera, ganó el Primer Premio Compartido en la XIII Bienal Panamericana de Quito, organizada por el Colegio de Arquitectos de Ecuador. 
El ascenso al Memorial convoca al recogimiento, hasta llegar a un claro dentro del denso bosque del Parque Vaz Ferreira. El monumento está rodeada por árboles que simbolizan el apoyo de la sociedad a la búsqueda de la verdad. El suelo rocoso descubierto, a su alrededor, representa la verdad hallada e iluminada por la luz solar. Los muros transparentes surgen desde la roca como un signo de vida, de reflexión, respeto, cuidado. La percepción nocturna del monumento varía, por el encendido de luces dentro del vidrio, que realzan los nombres de las víctimas de la represión dictatorial esmerilados en la superficie.
Fue inaugurado el 10 de diciembre de 2001, por el 53° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Monumento a Rosauro Tabárez
En el espacio público de Carlos María Ramírez y Egipto se alza una figura ecuestre en bronce y plata vieja, sobre un pedestal de granito, que evoca al terrateniente y saladerista más influyente de Cerro a fines del siglo XIX. Rosauro Tabárez nació en San Carlos, departamento de Maldonado, pero fue un personaje de Villa Cosmópolis, en 1897 fundó el  saladero Santa Rosa en la márgen oeste del Pantanoso. Cuentan crónicas de aquel tiempo quez basó su éxito en una fórmula creada y patentada por él, que permitía un mayor tiempo de conservación de las cualidades nutritivas del charque que exportaba a Cuba, Haití y Brasil. Fue el mayor saladerista de la Villa Cosmópolis junto con Pablo Ferrés, dueño de un establecimiento en la cercana Punta de Yeguas. El monumento es obra del escultor napolitano Félix Morelli, inaugurado en 1912, es un símbolo de la zona conocida como Curva de Tabárez.

El Memorial de los Detenidos Desaparecidos costó 300.000 dólares, recaudados por donativos populares. 

Club de Golf del Cerro 
Fue fundado en 1905 por ejecutivos estadounidenses de la industria frigorífica que le llamaron Chimont (Chicago-Montevideo). Su vista al Río de la Plata y su elegante club house, de los más antiguos del país, se integran a un link trazado en desniveles con una arboleda que atrae a los golfistas y a los observadores de aves. 

Monumental Estadio Luis Tróccoli
Es un espacio deportivo de elevado valor patrimonial, propiedad del Club Atlético Cerro, reconocible por un mural del pintor gallego Leopoldo Novoa. El segundo escenario futbolístico del país está ubicado en la zona conocida como La Boyada, cercana a la ruta 1, un descampado llano al este de la antigua Villa Cosmópolis. Con una capacidad para 25.000 personas, posee cuatro tribunas: Argentina, Paraguay, Brasil y Chile (en sentido horario). En la Argentina se ubica el palco, confitería y cabinas de transmisión, enfrente se encuentra la Brasil. Las dos cabeceras, Chile y Paraguay, son para público parado.
Fue inaugurado el 22 de agosto de 1964, con un partido amistoso contra River Plate de Argentina que se presentó con todas sus figuras. Aquella tarde memorable se vendieron 15.803 entradas para presenciar la victoria de Cerro por 5 a 2.

Mural del Tróccoli
El retablo adherido a  las paredes exteriores del campo deportivo del Club Atlético Cerro es un ícono del abstracto uruguayo e iberoamericano, un desafío al orden estético dominante a principios y mediados de la década de 1960. Fue realizado por el pintor gallego Leopoldo Novoa, quien vivió casi treinta años en Montevideo. Sus 600 metros cuadrados de relieves geométricos, en hierro y otros metales de desecho, se mantienen en muy buen estado pese a las inclemencias del cielo abierto.

Novoa dixit 
“Aunque no lo parezca está inconcluso, y me dio unos cuántos dolores de cabeza. A fines de la década de 1950, hacía dibujos políticos en el diario Acción, de Luis Batlle Berres. Allí conocí a Luis Tróccoli, que era presidente de Cerro, un personaje uruguayo de aquellos tiempos, pero a quien debo rendir un homenaje es al arquitecto Orozco, un técnico de la Intendencia de Montevideo, nacido en el Cerro, que conocía cada rincón y cada persona de su barrio.
La idea de hacer un mural fue de Tróccoli y me lo ofreció. Al principio iba a ser figurativo, sin ninguna modernidad, ilustrativo de atletas. Yo les ofrecí un abstracto, pero fue una pelea muy grande. Los directivos de Cerro querían lo mejor para su estadio, pero no tenían cultura sobre el arte de la época. Hasta pararon un par de veces el trabajo, porque no les gustaba, porque no lo entendían. Tróccoli tampoco, pero fue decisiva la intervención de Orozco, que me defendió, que puso toda la carne en el asador. Para los directivos de Cerro yo no era un pintor, ni famoso, ni no famoso. Pero Orozco era un profesional muy respetado, y una gran persona. Trabajé allí hasta 1964, y en realidad, ¡nunca lo terminé! Los 600 metros cuadrados del mural (130 de largo por 4.6 metros de altura) están muy expuestos, a campo abierto, sometidos a inclemencias. Tiene muchos relieves y los muchachotes se cuelgan hace casi medio siglo. No hay dudas de que es una construcción sólida, pero está inconclusa, aunque no lo parezca. Lo de inconcluso tiene una explicación. Trabajé dos años y medio con sus lógicas paradas. Por discusiones con los directivos de Cerro, y porque en aquella misma época me encargaron los murales de las termas del Arapey, en el departamento de Salto. Terminé los dos de Arapey y tuve que dejar el de Cerro, porque no había dinero, y después me fui a Europa. Falta terminar el sector derecho y retocarlo, pero no es posible. Hoy no puedo caminar."
—"Es realismo abstracto realizado con materiales de desecho, recogidos y recuperados. Me propuse expresar a mi sociedad y a mi país en aquella época. Era una época tremendamente conflictiva, de tuparamos, de marchas de cañeros, de movimientos obreros, de represión, de crisis social.
La sociedad estaba en decadencia, y su historia fue contada con desechos. Esos materiales inservibles, por sí solos, ya describen una realidad. El artista tiene una idea, y una concepción, que expresa con formas y texturas. Hay una relación íntima entre los materiales empleados y la sociedad descripta en la obra. Basta recordar que el Cerro de la década de 1960 era una villa en crisis, que anunciaba la caída de los frigoríficos y de sus industrias. Aquella sociedad uruguaya ideal, la famosa Suiza de América, había ingresado en la misma descomposición que el resto del mundo. Una descomposición que ha seguido avanzando hasta ahora. Por esa época hice otro mural, que llamé La Cantera, colocado en el Parque Santa Margarita de La Coruña. Fue realizado cuando todavía era un recién retornado, después de más de dos décadas de emigración. En ese trabajo, es muy clara la influencia uruguaya y, además, tiene los mismos materiales utilizados en el Cerro." 
Leopoldo Nóvoa, entrevistado en 2009. 

Estadio Olímpico 
Es la cancha del Rampla Juniors Fútbol Club, con una capacidad para 6.000 espectadores que disfrutan de una magnífica vista a la bahía de Montevideo. Dos de sus tribunas no están habilitadas al público, la cancha limita por un muro  con el Río de la Plata, transformándolo en un estadio particularmente pintoresco. Muchas veces las pelotas impulsadas por los jugadores caen en el agua.
Su primer nombre fue Parque Nelson en homenaje al almirante inglés. El primer partido oficial disputado allí fue el 30 de diciembre de 1923 ante el Charley Football Club. Tras una serie de reformas fue reinaugurado el 6 de agosto de 1966, en un partido entre Rampla y Peñarol. El 24 de abril de 1980 fue inaugurada su actual denominación, en reconocimiento al capitán y armador griego Panagiottis Tsakos, socio honorario de la institución que sugirió el nombre del legendario monte Olimpo de Atenas.


Isla de Ratas
Es un islote de piedras de unos 100 metros por 50 ubicada en la bahía de Montevideo, muy cerca de la costa sureste del Cerro. En 1843 fue llamada isla Libertad, cuando el marino italiano Giuseppe Garibaldi, comandante de la flota naval del gobierno de Montevideo en la Guerra Grande, venció a la escuadra argentina del almirante Guillermo Brown, que apoyaba a Manuel Oribe. En distintas etapas históricas recibió muy diversos nombres: de la Guerrilla, de las Gaviotas, de los Franceses, de los Conejos. En 1931 fueron construidos un hangar y una rampa de hidroaviones para una base aeronaval que funcionó hasta 1950. Desde hace décadas, permanece deshabitada y sin actividad.

Entre el 9 de setiembre y 30 de diciembre de 1834 año fueron firmados los decretos de fundación de la Villa Cosmópolis., destino de miles de inmigrantes, en su mayoría españoles, italianos, rusos, alemanes, armenios, turcos.

Calles y avenidas
Fortaleza del Cerro en 1913, cuando
fue creado el barrio del Cerro.
Carlos María Ramírez
La amplia vía que conecta a los barrios Paso del Molino. Belvedere, La Teja y Cerro evoca al político, universitario, escritor, periodista, hombre de Estado uruguayo, nacido en Río Grande Do Sul (Brasil), donde su familia había emigrado durante la Guerra Grande. Carlos María Ramírez (1848-1898) se inició en el periodismo en el diario El Siglo, con su hermano mayor José Pedro. Fue el primer catedrático uruguayo de Derecho Constitucional y cercano colaborador de José Pedro Varela en la reforma de la educación pública sobre tres principios fundamentales: laicidad, gratuidad, obligatoriedad. Fue un notable polemista, que formó una dupla política memorable con otro de sus hermanos, Gonzalo Ramírez. También fue escritor, con obras señaladas en la literatura uruguaya de su tiempo: La guerra civil y los partidos (1871), Los amores de Marta (1884), Los Palmares (1886). Su trabajo periodístico está recogido en dos libros: Discursos parlamentarios (1914) y Artículos periodísticos (1923).

Estadio Luis Tróccoli, 1964.
Grecia
La principal calle del Cerro es un homenaje a los inmigrantes europeos que poblaron la villa a mediados y fines del siglo XIX. Grecia es una nación milenaria ubicada al sur de la península de los Balcanes. Su historia se remonta al siglo VIII a.C. aunque los primeros “helenos” arribaron a las costas griegas varios siglos antes. Sus ciudadanos le llamaban “Hélade” al Estado que fue cuna de la civilización occidental un honor que compartió con Esparta, Tebas y la mitológica Troya. En su capital, Atenas, vivieron pensadores de la talla de Platón, Aristóteles y Sócrates, entre los siglos V y IV a.C.

Viacaba
El camino en subida que pasa por la Plaza del Inmigrante, rumbo a la Fortaleza, toma el nombre del médico radicado en 1896 en la Villa del Cerro, donde ejerció su profesión entre los inmigrantes y las familias más pobres. Juan Bautista Viacaba (18751936) fue el “Doctor del Pueblo” que nunca dejó de atender a un paciente, sin importarle la hora, cuando lejos debía viajar. Fue miembro del Concejo Auxiliar de la localidad y por su impulso fueron realizadas las principales mejoras sanitarias y urbanísiticas hasta 1913: la prolongación de la línea de tranvías, la instalación de luz eléctrica, de los servicios de aguas corrientes, y el arreglo de vías de tránsito y plazas públicas. Su casa de la calle Grecia es la actual sede del Rampla Juniors Fútbol Club.

Centro Cultural Florencio Sánchez.
Camino Cibils
La extensa vía que es el límite oeste del barrio recuerda al empresario catalán que en 1879 instaló un saladero en el Cerro, en sociedad con otro hombre de negocios de su tiempo: Juan D. Jackson. El establecimiento CibilJackson poseía un muelle para el atraque de buques de mayor calado y un dique de carena que por muchos años el más grande de América. En 1865 fue fundador del Banco Comercial y en 1871 inauguró una sala teatral propia frente a su casa de la Ciudad Vieja, en la calle Ituzaingó casi Piedras. El dique Cibils-Jackson fue adquirido por el Estado y en 1911 pasó a ser Arsenal de Marina y Dique Nacional. El Teatro Cibils fue destruido en 1912 por un incendio.
En 1867 el dictador Venancio Flores firmó el decreto que le dio nombres de países y ciudades extranjeras a las calles del Cerro.


Frigoríficos del Cerro 
"En 1836 el Poder Ejecutivo decretó que los establecimientos que se dedicaran a la salazón de carne tendrían que estar lejos de la ciudad amurallada, las zonas preferiudas por los saladeros fueron la fala del Cerro y en ambas márgenes del Pantanoso. En 1841 se instalaron dos grandes industrias, la de Samuel Lafone, en el margen izquierdo del arroyo, en una parte que hoy corresponde al barrio de La Teja. Su competencia era propiedad de un empresario llamado Hipólito Doinell, ubicada en el otro margen del Pantanoso. 
En 1842, tras una discusión parlamentaria por ser su dueño francés, Doinell incorporó tecnología de avanzada para la época, para industrializar el sebo, obtener estearina y fabricar velas de calidad superior a las que se vendían por entonces. Su iniciativa fue frustrada por el enfrentamiento entre Manuel Oribe y José Garibaldi, durante el Sitio de Montevideo. El militar italiano bombardeó a simpatizantes del fundador del Partido Blanco que se atrincheraron en las instalaciones de Doinell.
La Frigorifica Uruguaya fue inaugurada en 1904, en el extremo oeste de la bahía conocido como Puntas de Sayago, por iniciativa de productores ganaderos y emprendedores uruguayos. En diciembre de aquel año comenzaron las faenas para industrializar la carne con procedimientos de enfriamiento y congelación. La Frigorífica Uruguaya realizó su primera exportación en marzo de 1905, poco después la empresa fue adquirida por la compañía angloargentina Sansinena & Cia.
Frigorífico Montevideo comenzó a funcionar el 10 de octubre de 1912 en Punta de Lobos, por la asociación de inversores nacionales que cuatro años después lo vendieron a la compañía estadounidense Swift, con sede en Chicago. El Swift fue una marca empleadora del país, durante décadas, un símbolo productivo del Cerro.

Frigorífico Artigas inauguró sus faenas en octubre de 1917 administrado por una sociedad anónima de estancieros uruguayos que en la década de 1920 lo vendieron a la empresa frigorífica Armour, también de Chicago. Frigorífico Nacional fue creado en 1928, un año antes del Crack de Wall Street, como ente testigo para controlar la industria cárnica del Uruguay, en las mismas instalaciones de la Uruguaya. En el Cerro los frigoríficos duraron menos que los saladeros. El auge de las primeras dos décadas del siglo XX finalizó con la crisis de 1929 y la firma de los convenios de Ottawa en 1932. Aquellos acuerdos establecieron que Inglaterra le compraría carne a sus antiguas colonias que recién se independizaban, como Nueva Zelanda, uno de los principales competidores de Uruguay hasta la actualidad. 
No fue el fin. Hubo una segunda etapa de auge de los frigoríficos como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, que se extendió hasta principios de la década de 1950, cuando finalizó el conflicto de Corea. En 1958, cuando Uruguay todavía era conocida como Suiza de América, los inversores estadounidenses se retiraron definitivamente, solo quedaron abiertos el Frigorífico Nacional y el Artigas de los Establecimientos Frigoríficos del Cerro (EFCSA). Finalmente, la industria cárnica cerrense desapareció en 1970." 
Rubén Esquerre, director del quincenario Cosmópolis del Cerro. 
 
En las primeras décadas del siglo XX comenzaron a llegar a Uruguay nuevas tecnologías de frío y los antiguos saladeros del Cerro pasaron a ser frigoríficos. 


Tito Borjas Fútbol Club 
Fue fundado el 1 de setiembre de 1932, un año después de la muerte del puntero derecho de Wanderers, campeón olímpico y protagonista de los dos goles uruguayos en la final de Ámsterdam, el segundo, del triunfo contra los argentinos, transformado en una leyenda y un dicho popular del país. 
La emblemática institución cerrense comparte múltiples señas de identidad con el barrio. Su camiseta azul y blanca, sus “galgueadas”, sus campeonatos de fútbol, casín y snookie, un juego que solamente se disputa en invierno.
Su cantina que hace más de ocho décadas permanece en la esquina de Bélgica y Gibraltar, pero su mayor emblema solidario es una policlínica barrial abierta en 1987. ”Todo lo hacemos a pulmón. Cada actividad se organiza y se realiza entre todos, nadie cobra, siempre es a voluntad. Un ejemplo: hicimos un tablado durante nueve años, con la idea de que el carnaval es una gran fiesta popular que debe ser accesible al pueblo”, recuerda Carlos Magallanes, presidente del Tito Borjas.
Es la institución más importante del barrio, mucho más que Cerro o Rampla, por lo que influye en la vida de los vecinos, porque devuelve sensibilidad social a través de la policlínica y de tantas actividades colectivas”, afirma el actor, humorista y conductor televisivo Rafael Cotelo.
Aunque la mayoría de sus socios y parroquianos es partidaria del Club Atlético Cerro, en la cantina conviven todas las aficiones en un clima de opiniones diversas, discusiones y bromas. “El Tito Borjas es una pasión. Me traía mi padre para jugar aquellos tremendos campeonatos. Tenía 14 o 15 años. Participé en unos cuántos hasta que me fichó Rampla, pero sigo viniendo todos los días sin ningún problema, aunque todos saben que soy rojiverde”, cuenta el ex futbolista Marcelo Otero.
Cuando juega Cerro el club nunca cierra antes de las cuatro de la mañana, después del último comentario sobre el partido de esa tarde. “No te digo nada cuando el cuadro gana, a veces hay que quedarse hasta la mañana. Pero ¡ojo! también vamos a ver a Rampla en algún partido importante”, relata Wilson Aberesián, cantinero del Tito Borjas hace más de quince años.
Un personaje del club es Polvorita, encargado de la cocina y responsable de nutrir la olla en cada cacería de liebres. “Me llaman así desde gurisito, cuando jugaba aquellos partidos en los que si no metías pata, la quedabas. Como era muy aguerrido alguien empezó a decirme Polvorita para acá, Polvorita para allá. Que los muchachos me permitan meter la mano en la olla es un honor, porque cualquiera podría hacerlo, pero a mí me hace muy feliz.”
El Tito Borjas es un sitio de reunión y un símbolo del noroeste del Cerro, donde vecinos de toda la vida se juntan alrededor de la figura de un campeón generoso, solidario, que solía servirle goles a sus compañeros”, evoca el ex futbolista y director técnico Danilo Baltierra.
El fútbol, la política, la economía, los hechos diarios, la vida en familia y también la soledad, son temas de charla en la cantina del club. “Aquí para muy buena gente, amigos leales, solidarios con conocidos y extraños. No es solamente un lugar para tomar una copa. Aquí nos entretenemos, charlamos, nos acompañamos, porque muchos vecinos vienen a compartir su soledad”, concluye Oscar Coco Martirena, ex-futbolista de Cerro y apreciado socio del Tito Borjas. 

¡Tuya Héctor! 
La medalla de oro del fútbol olímpico en los Juegos de Ámsterdam 1928, fue definida en dos finales entre Uruguay y Argentina. En la primera empataron 1 a 1, con gol celeste de Pedro Perucho Petrone y del argentino Manuel Nolo Ferreira. En la segunda, disputada el 13 de junio, ganaron los uruguayos 2 a 1, con goles de Roberto Chueco Figueroa y Héctor El Mago Scarone, mientras que para los argentinos convirtió Luis Doble Ancho Monti. El segundo tanto de los bicampeones olímpicos es un patrimonio intangible de la cultura popular del país, retratado en una pared de la cantina del club. Un mural fotográfico describe el final de una jugada memorable en la historia del fútbol uruguayo. Desborde de Figueora por la izquierda, centro a la medialuna del área argentina y la gloriosa peinada de René Tito Borjas a Scarone, al grito de “¡Tuya, Héctor!” 

Tito 
René Borjas nació en Minas, el 23 de diciembre 1897. Debutó como puntero derecho del Uruguay Onward, pero pronto pasó al Montevideo Wanderers Fútbol Club donde realizó toda su carrera. “Fue el mayor símbolo de la institución y un caso único en la historia del fútbol uruguayo porque fue convocado a la selección Celeste por voto popular de los aficionados”, anota el historiador Manuel Paredes. Borjas falleció el 16 de diciembre 1931, a punto de cumplir 34 años. 

La Uruguaya, Montevideo, Swifft, Artigas y el legendario Nacional, se llamaron los mayores frigoríficos del Cerro alrededor de los que se creó la mayor industria cárnica del país. 

Galgos y liebres
Casi todos tenemos galgos. Antes arrancábamos a las tres de la mañana para el monte. Ahora no dejan, te controlan. Si ven un camión con galgos te paran, ni a la ruta llegás. Pero seguimos saliendo a cazar liebres, muy temprano, al mediodía paramos para comer un asado, y de tarde otra vez a cazar. Volvemos de nochecita. En los buenos tiempos éramos 20 cazadores y más de 40 perros." 
Walter Aberesián

Cerro, Rampla, Florencio
Nací en Estados Unidos y Egipto, una zona conocida como Barrio La Humedad. Mi vida recorrió todo el Cerro hasta el Casabó, donde vivían mis abuelos, el Gordo y la Pocha. Mis padres eran docentes que trabajaban todo el día. Mi vínculo paterno era a través de Cerro, que para mí es más que un club de fútbol. Me encontraba con Papá en el Tróccoli o donde jugaba la albiceleste.”
En el barrio hay mucho fanatismo. Conozco hinchas de Cerro que cuando comen un asado, ponen el tomate en un plato y la lechuga en otro, bien lejos, para no mezclar el rojo y el verde. Soy fanático, pero no me gusta ver a los gurises del barrio con camisetas de Nacional o Peñarol. Cuando puedo les digo: si no son de Cerro, sean de Rampla, pero nunca de los cuadros grandes.”

En 1997 tuve mi primera experiencia actoral en el Florencio Sánchez que funciona en el viejo Teatro Apolo dolorosamente cerrado por la dictadura con el pretexto de algunas goteras. La reapertura fue una fiesta del barrio, y me inscribí en los talleres de teatro. Por inquietud cultural, pero también para conseguir una novia. No tenía suerte con las gurisas. Siempre me hacía amigo, todas me adoraban, pero no me daban corte. En el Florencio desarrollé una veta experimental muy interesante, pero me fui cuando conseguí novia.”

Una vez el quincenario El Eco del Cerro publicó una crítica de una de mis actuaciones con una definición lapidaria: 'el talentoso gordito del flequillo.' Desde ese día me peino para adelante. Perdí el talento y el flequillo.” 

Vida de inmigrantes
Al principio para ellos la vida fue difícil. Muchos vecinos les decían 'gringos de m...' porque no comprendían sus costumbres ni sus idiomas. Ellos nos transmitieron el valor del esfuerzo, de la lucha individual y social. Aquellos inmigrantes nos enseñaron a trabajar de verdad, y también que si había necesidades se ponía todo en común. El individualismo estaba muy mal visto. En mis tiempos de jugador de Cerro nadie se quedaba con algo para él solo, y ahora como técnico trato de mantener esos códigos aunque la vida ha cambiado y aquellos valores están en riesgo de perderse.”
 Danilo Baltierra 

Contexto crítico
Mi madre se jubiló de maestra muy joven, en 2012, porque trabajaba en una escuela de contexto crítico. Hace poco me hizo reflexionar con una pregunta: ¿sabés cuál es el mayor problema que tenemos en el Cerro? Ella misma la respondió. Que nuestros niños se crían en una marginalidad absoluta, transmitida de generación en generación por sus padres y sus abuelos. El único universo que conocen es la miseria y la exclusión. Hay familias que sólo han aprendido y enseñado hábitos y procedimientos marginales, para las que el estudio y el trabajo no son valores, porque no los conocen. Vi a mi madre luchar contra ese drama humano, día a día.” 
Rafael Cotelo 

Resistencia
En la época de los frigoríficos del Cerro los vecinos se movían muy poco del barrio. Teníamos todo acá: trabajo, educación salud, tiendas, almacenes, boliches. La mayoría trabajaba en la industria o en algo vinculado. Los sindicatos eran muy fuertes, una huelga era algo sagrado. La dictadura se vivió con mucho sufrimiento, pero siempre hubo resistencia.” 
Sergio Manosera, directivo del Tito Borjas. 

Paralelo 38
El Cerro no es un barrio, no es una ciudad. Es un país con frontera en el arroyo Pantanoso.” 
Juan Carlos Gozé parroquiano del Tito Borjas.

El Paralelo 38 era un límite imaginario, pero también fue un proyecto conservador para separar al Cerro de la ciudad; para ocultar su sufrimiento, para cercar a sus movimientos sociales. El intento no prosperó, pero que lo intentaron, lo intentaron.” 
Rafael Cotelo.

En el Cerro tenemos todo para ser felices: a los amigos, al Tito Borjas y un lindo monte para cazar liebres. Acá siempre mandamos nosotros. Somos libres.”
Polvorita.

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