martes, 27 de diciembre de 2011

José Gurvich (1927-1974), pintor, escultor, ceramista, gestor de la cultura judía en Uruguay

Cosecharás la siembra

José Gurvich, c. 1970.
(Fundación Gurvich)
Nacido un 5 de enero invernal, en la aldea lituana de Jieznas, fue hijo de Jacobo Gurvich y Jaie Galperas. Aquella era una familia judía perseguida por el hambre y la discriminación en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Arribado a Montevideo a fines de 1932, él y su hermana Myriam fueron dos niños inmigrantes que estudiaron en la escuela Chile, símbolo educativo del Barrio Sur. De esa época se conservan cuadernos que demuestran una innata capacidad para ilustrar sus trabajos. Juvenil aficionado al violín –“para los judíos es un instrumento cultural, como el tamboril para los uruguayos”, decía–, su primer maestro de pintura fue José Cúneo, y en 1945 ingresó al Taller Torres García, al principio como alumno reconocido por el maestro y luego como profesor. En 1954 se fue a Europa con sus amigos Manuel Aguiar y Antonio Pezzino, y así conoció la obra de El Bosco, Pieter Brueghel, Marc Chagall. Con la ilusión de vivir en el Estado de Israel, al año siguiente se radicó en el kibutz Ramot Menasche. Allí fue pastor de ovejas, una tarea que le permitía dibujar y pintar, y que inspiró pequeñas esculturas sobre la vida colectiva en la granja. Retornó al país en 1967, para participar en la Exposición de la Comisión Nacional de Bellas Artes, que le daría un inesperado reconocimiento. Poco después viajó nuevamente a Israel, Europa y a su destino definitivo: Estados Unidos. Falleció el 24 de junio de 1974, por un sorpresivo ataque cardíaco, mientras pintaba una Sucot, la alegre fiesta judía de la cosecha.

Sobre la base del fascículo Nº 1 de la serie Paseos que enseñan (El País, junio de 2008) realizado por Trocadero Gabinete DDiseño. Concepto visual y diseño: Alejandro Sequeira. Imágenes: Museo Gurvich. Contenido actualizado en noviembre de 2015.

Yusky montando un juguete
constructivo y universal,
todavía en Jieznas.
(Fundación Gurvich)
Josesito, Yuski
–¿Cómo se llama su hijo, señor? –preguntó la maestra de la escuela Chile al padre del niño de seis años recién cumplidos, a principios de 1933.
–Zusmanas Gurvicius –respondió el lituano que vivía con su familia en un estudio de dos piezas, en Julio Herrera y Obes e Isla de Flores.
–¿Y usted cómo se llama? –solicitó poco después la docente que recibía la inscripción del escolar.
–Jacobo Gurvich –aclaró el inmigrante de profesión peluquero.
–Entonces, señor, su hijo también es Gurvich, porque aquí, en Uruguay, padres e hijos llevan el mismo apellido –dijo la maestra, de profunda convicción vareliana, con tono respetuoso y didáctico.
Este diálogo recrea una experiencia inolvidable para el pequeño que se sintió igual a sus compañeros, muchos de ellos sus amigos por siempre. Desde ese momento fue José Gurvich, o Yuski, que quiere decir Josecito en lituano.
Una anécdota que el genial artista contaba con emoción, cuando explicaba por qué se sentía un uruguayo nacido en Lituania.

José Gurvich en el Taller Torres García,
parado detrás del maestro, c. 1948.

(Fundación Gurvich). 

De Joaquín Torres García a José Gurvich
Por la calle Sarandí
La corta distancia, de apenas seis cuadras, que une los museos que preservan sus vidas y sus obras es infinita comparada con su entrañable relación. 
Es imaginable verlos juntos por la hoy peatonal, yendo hasta la calle Ituzaingó, frente a la Plaza Matriz, para quedarse allí o para seguir a otros sitios de la Ciudad Vieja, en busca de inspiración ciudadana. Sin sospechar que en ese espacio vital, tan querido por ellos, hoy se prolongan sus memorias. Un recorrido entre el Museo Torres  García y el Museo Gurvich es una experiencia que permite conocer dos estilos de pintura muy ligados entre sí pero también muy distintos. El Universalismo Constructivo está presente en toda la obra del alumno.
(Fundación Gurvich)
Torres García fue decisivo para Gurvich, como líder del arte uruguayo y latinoamericano de la segunda mitad del siglo pasado. Y lo sigue siendo. Su energía avasallante, sus formas contagiosas y sus colores primarios, apasionaban a quienes lo adoraban, pero también a quienes lo resistían. El maestro creó una línea divisoria fundamental en el arte nacional: hay un antes y un después de él. Los barrios, los rincones montevideanos, las fábricas, los edificios, los barcos, están presentes en su obra, que se define como universal pero que es netamente uruguaya. Fue un pintor de Montevideo. Obras como el Monumento Cósmico o los murales del hospital Saint Bois dan cuenta de ello. También fue un maestro memorable.
Desde la creación de su Taller Torres García, en 1942, narró, explicó y enseñó. Contagió su entusiasmo a miles de jóvenes, fueran artistas plásticos o no. Como dijo Alfredo Testoni, fotógrafo del TTG: “No solo enseñaba a pintar, también formaba a hombres integrales, austeros, con mística; yo diría, con actitud religiosa frente a la obra”.
Hombre astral, 1966.
(Fundación Gurvich)
Torres García murió en agosto de 1949, pero el taller continuó funcionando gracias a la dedicación de sus alumnos. Sus discípulos lo siguieron con una admiración que está reflejada en cada tela, en cada mural, en cada escultura: Augusto y Horacio, sus hijos; Julio Alpuy, Edgardo Ribeiro, Francisco Matto Vilaró, Dumas Oroño, Jorge Damiani, Elsa Andrada, Andrés Moscovich, Antonio Pezzino, Gonzalo Fonseca, entre otros. Y José Gurvich.

De Ituzaingó a Saran
Fueron dos de las calles de su vida y de su memoria. A una casona de la Ciudad Vieja se mudó la familia desde el Barrio Sur, cuando él todavía era adolescente. La vivienda y comercio, donde atendía el peluquero Jacobo, su padre, queda en Ituzaingó y 25 de Mayo. Viviendo allí recibió la primera influencia técnica de Torres García, pero, más que ello, sus creencias artísticas, profundamente inmateriales. José Gurvich se interesó por los edificios montevideanos y su cartelería: El Diario, El Día, jabón Bao, gloriosos nombres de otra época, que se transformaron en protagonistas de sus obras.
Homenaje al Kibutz
Ramot Menashce, 1970.
En Europa conoció la obra de tres artistas que cambiarían su concepto estético por segunda vez: El Bosco, Pieter Brueghel y Marc Chagall. En 1955 Gurvich viajó a Israel. Allí vivió en el kibutz Ramot Menasche. Fue pastor, una tarea que le permitía dibujar y pintar y que inspiró pequeñas esculturas sobre lo cotidiano en esa granja colectiva. En sus cuadros se ven muchas ovejas y burritos, con los que trabajó en la experiencia comunitaria. Los burritos siempre llevan alforjas, porque servían para recuperar las ovejas perdidas. Hay temas bíblicos, las doce tribus de Israel, la persecución en Egipto, la diáspora, el Shabat, la maestra con cara de gallina, pero también hay signos católicos, la cruz cerca de la estrella de David, el yin y el yan chino. Porque era un judío multicultural. Era parte de su experiencia, tanto que el pastor representado es él mismo, aunque fuera del otro lado del mundo.

"Mi padre fue un gran divulgador de su Universalismo Constructivo de Torres García, para luego llegar a una madurez plástica en la que construyó su propio lenguaje."
Martín Gurvich.

Figurativo, casi siempre
"Abstracto por breves períodos, ligado a la religión judía en la persistencia de símbolos religiosos que alternan y se confunden o intercambian con los símbolos de artistas que admiró y perduraron en una suerte de sincretismo estético. Porque para Gurvich remontarse hacia el pasado no significó anclar en el arte precolombino como la mayoría de sus colegas del taller torresgarciano, aunque quedaron los temas (el puerto, los cafés, las naturalezas muertas, la pareja universal) sino una inmersión en la religión judía enhebrada con la experiencia vital de la infancia en su país natal y de las repetidas estadías en Israel.
(Fundación Gurvich)
Se apartó del sistema ortogonal del constructivismo para introducir la espiral en la composición, estableciendo un curioso diálogo de formas abstractas y orgánicas con representaciones figurativas no naturalistas, hasta internarse en una narrativa de corte onírico, poblada de sueños y ansiedades, incursionado con espontaneidad en los meandros del arte tribal primitivo y contagiándose de las propuestas de las vanguardias que rodeaban en Nueva York, hasta zafarse de todo lo experimental y encontrar, al fin, en el erotismo liberador, la casa del ser, como diría Heidegger, puesta de manifiesto en las magníficas cerámicas últimas y los monumentos de plaza. La muerte truncó esa voluntad heroica de encontrase a sí mismo.”
Nelson Di Maggio, "Dos enfoques disímiles sobre Gurvich", artículo publicado en el diario La República, 17 de mayo de 2010. 

¡Siga por ahí!
José Gurvich está ubicado en la
tercera fila, detrás de Torres García
(Gentileza de Joaquín Ragni)
.
Su entrañable relación con Torres García estuvo marcada por la cordialidad del maestro y el respeto del alumno. Cuentan que Gurvich le mostró sus primeros cuadros con mucha vergüenza. Pero Torres lo alentaba.
–Amigo, ¡en arte no hay que tener vergüenza!, ¡en arte hay que mostrar todo! –le aconsejó una tarde al joven artista que se mantuvo en respetuoso silencio.
–¡A ver, a ver ese cuadrito que está escondiendo! ¿Sabe que es interesante? ¡Siga por ahí, siga por ahí! –al maestro le gustaba su trabajo y jamás lo disimulaba.
–¿Qué es eso de ir por ahí? –solía preguntarse Gurvich, de regreso en su casa. “Por ahí fue y este es el resultado, lo que estamos viendo”, aseguraba Totó Añorga, viuda del artista, en 2003 al periodista Daniel Rovira Alhers, rodeada del invalorable legado del artista.

Lituania querida
Nació una noche que para nosotros es la víspera de los Reyes Magos, en medio de una tormenta de nieve, en la aldea lituana de Jieznas, Yezna o Yezne en yiddish. Sus padres vivían humildemente en ese pequeño país del noreste de Europa en plena crisis económica, social y política. Gurvich registró sus recuerdos originales en Escritos, y pintó cuadros basados en fotos de la familia en Lituania.

(Fundación Gurvich)
Obrero del arte
Jacobo, su padre, emigró a Uruguay en 1932, como la mayoría de sus paisanos, huyendo de la miseria y la persecución. A fines de ese año trajo a su esposa e hijos a vivir al Barrio Sur, donde ganó prestigio como muy buen peluquero. José comenzó a trabajar, en 1940, en la fábrica Montag, de impermeables y artículos de goma, mientras hace esculturas y relieves en yeso, con el disgusto de su madre. Gurvich siempre se consideró un “obrero del arte”.

De aquí para allá
Joaquín Torres García lo invitó a incorporarse a su taller en 1945, un hecho decisivo en su vida. Desde ese entonces hasta el cierre oficial del grupo, participó en todas sus actividades: publicaciones, exposiciones, murales, enseñanza. Otro episodio relevante fue la emigración de su hermana Myriam, en 1948, al recién creado Estado de Israel con otros miembros de la Hatzomer Hatzair. Ellos fundaron el kibutz Ramot Menasche, cerca del puerto de Haifa.

La Creación.
(Fundación Gurvich)
El que mira
En 1954 viajó con Manuel Aguiar y Antonio Pezzino, para encontrarse con otros compañeros del Taller Torres García que visitaban museos de España, Francia e Italia. Al año siguiente realizó un mural para el comedor público del kibutz Ramot Menasche, que lo integró a su vida cotidiana. Su trabajo allí era el de pastor, que en hebreo es roe, “el que mira”.

Cerro abierto
Yuski y Totó en su espacio familiar
y creativo de la rambla del Cerro.
(Fundación Gurvich)
En 1956 regresó a Montevideo para participar en exposiciones del Taller Torres García y en actividades de la Escuela del Sur. El 18 de agosto de 1960 se casó con Julia Helena Añorga. El cierre del TTG fue anunciado en abril de 1962, en un recordado artículo del diario El País. Al año siguiente nació su hijo Martín, mientras se mudaba a una casa del Cerro donde abrió dos talleres en la calle Polonia: uno de cerámicas y otro de pintura.

Hombre Universal
cerámica, 
42 x 6,5 x 16

centímetros, 1967.
(Fundación Gurvich)
Cosecharás la siembra
Tras la muerte de su padre, en abril de 1970, viajó a Israel, y de allí a Nueva York, donde se integró al grupo del TTG y otros autores latinoamericanos. El golpe de la muerte de su madre, en 1972, lo decidió a quedarse en Estados Unidos, para trabajar en el pequeño taller del subsuelo de un apartamento. En un atardecer del 24 de junio de 1974 su vida se extinguió súbitamente, a los 47 años, cuando tenía tantos cuadros sin terminar. Falleció mientras pintaba una Sucot, la alegre fiesta judía de la cosecha.

Pequeñas imágenes para disfrutar en familia
Cerámicas vivas
Abejita en rayas, cerámica,
19 x 1 x 13,5 cmts, 1968.
(Fundación Gurvich)
Cuando José Gurvich vivía en el Cerro, pintaba, creaba, daba clases. Muchas veces recibía como pago baldes de barro que sus discípulos recogían en la orilla del arroyo Pantanoso. Con aquella materia prima en apariencia pobre realizaba sus cerámicas. Eran pequeñas esculturas para su disfrute personal, para su familia y sus amigos. Más que una expresión artística era una forma de relacionarse en su casa, aunque alguna vez vendió en Italia su producción de jueguitos de café, pintados con pequeños pinceles de pelo de marta. La preservación de buena parte de su cerámica se debe a la iniciativa de sus alumnos, que  hornearon 200 piezas que había dejado moldeadas cuando viajó a Nueva York. El Hombre Universal, la cultura judía, el mundo cósmico, son algunos temas que disfrutaba transformando la arcilla. “El barro es el primer material creado por la inteligencia humana por el dominio sobre los cuatro elementos: aire, tierra, agua y fuego”,  afirmaba el filósofo alemán Oswald Spengler  al describir el valor cultural del ladrillo. “Si José solo hubiese hecho cerámica, también sería una obra notable”, opina Silvia Listur, ex-directora ejecutiva del Museo Gurvich.

“Gurvich arma una base y empieza a agregarle cositas y cositas; construye un universo. Me lo imagino viviendo lo que hacía [...]”
Julia Totó Añorga

El mural que resistió a la dictadura
En la década de 1960 el pintor se propuso “invadir” los muros de Montevideo con sus murales, uno muy original fue colocado en la sucursal del Cerro de la Caja de Pensiones de la Industria Frigorífica, un lugar frecuentado por vecinos del barrio, en su mayoría obreros. El retablo de casi 20 metros de largo, realizado con paneles de madera de 2,90 por 1,60 cada uno, narra historias de trabajadores solidarios, con el lenguaje y el estilo de Gurvich.
(Fundación Gurvich)
En la década de 1970 un coronel de la dictadura dio la orden de destruirlo, por tratarse de arte "subversivo, pero el subalterno encargado, un capitán que no realizó la tarea. En 1985, tras el retorno de la democracia, el mural que se salvó de la eliminación fue encontrado en un depósito del Banco de Previsión Social. Recuperado por iniciativa del director Rodolfo Saldain, fue ubicado en el hall central del edificio de ATYR, en la peatonal Sarandí casi Ituzaingó, frente a la Plaza Matriz.
En la sesión del 9 de mayo de 2013, el directorio del BPS resolvió cederlo al Museo Gurvich. “Esta obra, patrimonio de nuestra institución, donado por el artista a trabajadores del Cerro, hallará en el museo un lugar de mejor y mayor exhibición, contribución que nos enorgullece”, dice la resolución del BPS.
 
 Hombre constructivo, 1968.
(Fundación Gurvich)
¡Esto es un pintor!
José Gurvich era un violinista aficionado que en 1944 tomaba clases con el prestigioso maestro David Julber. Allí conoció a Horacio Torres Piña, hijo menor de Joaquín Torres García, que quedó encantado con su talento musical y con sus pinturas. Al año siguiente ingresaba al Taller donde recibió las primeras lecciones de Universalismo Constructivo. Torres García acostumbraba ordenar diez o quince días de trabajo, para que los alumnos pintaran sobre cartones que luego debían mostrar a sus compañeros. Cuando Gurvich expuso sus pinturas, el maestro las contempló un buen rato, llamó a su segundo hijo, Augusto, y le comentó: “Esto es un pintor”.        

“Las imágenes que pinto son representadas de adentro hacia afuera, contemplándolas,  identificándome, viviéndolas.”
José Gurvich

MÁS LECTURA
Gurvich, viaje por los tiempos judíos. Alicia Haber, Fundación José Gurvich, 2011.
José Gurvich: Murales, esculturas y objetos. José Gurvich: Un canto a la vida. José Gurvich: El mundo íntimo del artista. Gurvich escultor. Alicia Haber, Fundación José Gurvich, Fundación Buquebús del Uruguay y Centro Borges de Buenos Aires.
Yuski con Totó Añorga y su hijo Martín.
Julia falleció el 23 de julio de 2011.
(Fundación Gurvich)
Gurvich. Murales, esculturas y objetos. Fundación José Gurvich, 2003.
Proximidades, testimonios sobre José Gurvich. Daniel Rovira Alhers, Fundación Gurvich, 2003.
Historia de la Pintura Uruguaya. Tomo II. Gabriel Peluffo Linari. Banda Oriental, 1999.
Artes Visuales del Uruguay. De la piedra a la computadora. Ángel Kalemberg, Testoni Studio Ediciones, 2001.

GALERÍA Museo Virtual de Artes El País (MUVA)
Sala 4 del Museo Gurvich
http://muva.elpais.com.uy/esp/planta_baja/sala4/index.html
Sala 5 del Museo Gurvich
http://muva.elpais.com.uy/esp/planta_baja/sala5/index.html

“La vida de José Gurvich tiene tantos colores como su maravillosa paleta.”
Gerardo Caetano

(Fundación Gurvich)







Cuero constructivo
Además del tradicional lienzo o cartón, el artista plasmó su imaginación sobre materiales inusuales como maderas, yesos y huesos. El artista inmortalizó, también, el cuero de oveja que reproducimos en esta página, que se encuentra en el Museo Gurvich.

"Aquí yace un judío común, podría haber sido un epitafio para José Gurvich, igual al que eligió el escritor Scholem Aleijem para el suyo."
Julio Sapolinik, en la presentación del libro Gurvich. Viajes por el tiempo judío.

Museo Gurvich
Fue creado en 2005, por iniciativa de Julia Totó Añorga, viuda del artista, en colaboración con su hijo Martín, presidente de la Fundación Gurvich. Su objetivo es preservar, difundir y compartir con la comunidad, la vida y la obra del artista uruguayo de origen lituano. El 25 de noviembre de 2015 fueá inaugurada oficialmente su nueva sede, en la peatonal Sarandí 522-524, entre Ituzaingó y Treinta y Tres. Su anterior domicilio estuvo en el Edificio Constitución, en la calle Ituzaingó, al lado de la Catedral de Montevideo.
El Museo Gurvich cuenta con Archivo, Biblioteca, Sala de Exposición, también allí funciona la Fundación Gurvich, creada en 2003 como una organización no gubernamental de interés público, patrocinada por el Ministerio de Educación y Cultura.
La exposición permanente se basa en la obra y documentación conservadas por Totó Añorga y en una investigación de la crítica Alicia Haber, sobre cinco líneas de trabajo: cerámicas, óleos, murales, objetos, dibujos en papel. Ente las 350 obras expuestas sobresale un retrato de Mozart que realizó a los trece años. En la sala que narra el "mundo íntimo del artista", se observan dibujos y bocetos de París, las tapas de la revista Removedor, medio escrito del Taller Torres García y cerca de allí, una reconstrucción del atelier de Gurvich con su caballete y sus pinceles. 
La Tienda del Museo, ubicada en un entrepiso frente a la Peatonal Sarandí, ofrece publicaciones, catálogos y libros sobre arte, artesanías de calidad, rompecabezas con reproducciones de obras importados de Europa y merchandising.

Visitas: lunes a viernes de 10 a 18 horas y los sábados de 11 a 15 horas. La entrada es gratuita para menores de 12 años. Los martes el ingreso es libre. Las visitas escolares ofrecen talleres de plástica, música y narración oral.

Mural pintado en 1963 para la sucursal Cerro de la Caja de Pensiones de la Industria Frigorífica, ahora ubicado en la
planta baja del Museo Gurvich.
Lorente y Giordano
El Museo Gurvich funciona en un edificio de la peatonal Sarandí cuyos valores arquitectónicos por décadas permanecieron ocultados por reformas de interés comercial. El proyecto que delineó el renovado espacio cultural fue compartido por Rafael Lorente Mourelle y Fernando Giordano. El primero es hijo de otro arquitecto, Rafael Lorente Escudero, discípulo de Joaquín Torres García, y él fue alumno de Jose Gurvich. “Nosotros aquí hicimos antropología constructiva. Descubrimos en esta casa datos que nos remontan a 1840. La propuesta nació de adentro y se hizo arquitectura desde la historia del local”, explica Lorente Escudero al artista plástico Linng Cardozo en el blog Retazo de los Cielos.
La puesta en valor del padrón de ocho metros de frente por 25 metros de fondo, permitió redescubrir sus cualidades originales: vigas, techos, paredes de ladrillos de 40 centímetros. En la planta baja sobresale el mural de la sucursal del Cerro de la Caja de Pensiones de la Industria Frigorífica. También ofrece cuatro niveles altos, dos de exhibición permanente y los dos superiores para exposiciones temporarias. El museo presenta dos puntos de luz que traviesan verticalmente su implantación, en el nivel superior se ubica un balcón que dialoga con la Peatonal Sarandí. En la recuperación de la nueva sede del Museo Gurvich fue invertido más de un millón de dolares, en poco más de un año de obras.


Espejo homenaje a Machado, 1958.
(Fundación Gurvich)
Museo Gurvich
Barrio: Ciudad Vieja
Calle: Peatonal Sarandí 522-524
Ciudad: Montevideo
Teléfono: 2915 7826
Email: museo@museogurvich.org
Fundadora: Julia Añorga de Gurvich
Director: Martín Gurvich (direccion@museogurvich.org)
Subdirector: Joaquín Ragni
(subdireccion@museogurvich.org)
Consejo de Administración
Martin Gurvich, Joaquín Ragni, Rafael Lorente, Mariano Arana.
Directora Financiera: Sylvia Barriola (direcfin@museogurvich.org)
Asistente Dirección / Tienda / Prensa:
María Noel Camacho (asis.direccion@museogurvich.org)
Administración: Marcel Loustau (administracion@museogurvich.org)
Biblioteca: Lila Verga Ipar (biblioteca@museogurvich.org)
Consejo Asesor: Wilfredo Penco, Mercedes Jauregui de Gattás, Alegre Sassón,. Julio María  Sanguinetti, Martín Cerruti, Enrique Cadenas, Jorge Stainfeld.

1 comentario:

Laura Lozano dijo...

Me encantó este blog y la información es fantástica. Me fue de mucha ayuda para realizar un trabajo con mi sobrino. MUCHAS GRACIAS!!!