domingo, 25 de diciembre de 2011

Raúl Barbero, pionero de la radiofonía y la televisión uruguaya, escritor, publicista, cronista de dos siglos


Noches de radio, días de sueños

Raúl Barbero disfruta
contando historias al
lado de su biblioteca.
(Ignacio Naón, 2008)
Su magnífica biblioteca, con vista al bulevar Artigas, para él era un espacio íntimo, repleto de recuerdos viajeros, pequeñas esculturas y grandes reconocimientos al publicitario, periodista, locutor radial, libretista, que también es biógrafo y un charlista de nota. Entre libros ordenados por temas, prolijamente ubicados, solía contar un sinfín de anécdotas, algunas increíbles, que describen una vida señalada por la inteligencia, la creatividad y la innovación cultural. Nacido el 7 de noviembre de 1917, a los catorce años comenzó en la radiotelefonía con una audición infantil. En ese mismo programa cantó su primer tango: Confesión, de Armando Santos Discépolo y no tardó en ser admirado como Le Chansonnier Raúl.  Poco después, con la revista El circo aéreo, un gran suceso del momento, fue aclamado como "galáncantor". Con Julio Néstor Olivera escribió episodios y guiones para programas memorables: Crónicas de MontevideoEl Mariachi 45Curiosidades féminasSucedió una vezQuién es quién, entre tantos otros. También fue libretista de El teatro del sábadoEl viejito de la bolsa,  y de artistas de relieve internacional como Los Lecuona Cuban Boys o Jorge Negrete. Raúl Barbero fue comentarista de básquetbol, analista de fútbol para la BBC de Londres, y por décadas, columnista del diario El País con los seudónimos Pepe Vinacho Rebar. En 1952 inició su trabajo en Cruz Propaganda, donde fue organizador del Departamento de Radio. Tres años después fundaba Ímpetu Publicidad, con su entrañable compañero y amigo de todas las horas: Luis Caponi. Raúl Barbero falleció el 1 de diciembre de 2014.

Sobre la base de entrevistas realizadas para el libro Buen Alimento, Buena Vida, 30 años de Nestlé en Uruguay (Naón & Olveira, 2009), y con Alexis Jano Ros para el libro Publicistas, Historias y Memorias (Ediciones del Aprendiz, Montevideo, 2010).

Luis Caponi, cofundador de
Ímpetu Publicidad y amigo
entrañable de Barbero.
(Ignacio Naón, 2008)
Nací en la sede del Club de Toreros, de la calle Daymán, hoy Julio Herrera y Obes, entre Paysandú y Cerro Largo, que en realidad era la casa de mi abuelo, de profesión picador de toros. Se llamaba Club Guerrita en homenaje al famoso matador español. Tengo un recuerdo muy infantil del triunfo del fútbol olímpico de Colombes, en 1924. Cuatro años después escuché por radio aquel gol de Scarone, el Tuya Héctor; fue en la Casa Güelfi, donde vivimos la alegría del triunfo de Ámsterdam. Por entonces ya estaba Radio ParadizábalGeneral Electric y la Westinghouse que después fue Oriental. La información se transmitía por los altoparlantes de los diarios, El ImparcialEl PlataEl Día, que recibían noticias por vía telegráfica y que enseguida las daban al público que se agolpaba en las aceras.”
Mi abuelo se llamaba Manuel Curiel y Cortada, un inmigrante de Salamanca que vino al Uruguay alrededor de 1860. Fue un exitoso empresario de toros, que trajo cuadrillas muy importantes, de quien escuché una anécdota de Punterét, un famoso torero valenciano, que al parecer salió al ruedo con una gran depresión, por un desengaño amoroso, y en el intento de hacer algo impactante para el público, se arriesgó a una prueba suicida, que llamó La suerte de la silla. El hombre esperó al toro sentado y en el momento de levantarse se fue para atrás y el toro lo mató. Por ese incidente fue aprobada una ley que ordenaba la colocación de un émbolo de acero en las astas, para evitarle heridas al torero.  Mi abuelo estaba en las corridas de toros de la Unión, pero también en el Cerro hubo una plaza muy popular.  Después nos mudamos a Justicia 2010, en La Comercial, donde inicié una de las amistades más lindas de mi vida, con el querido Hugo Alfaro.”

Hugo Alfaro, amigo de la
infa
ncia y compañero
radial en el Mundial 1930.
Los niños relatores
El Mundial de Fútbol de 1930 fue trasmitido por CX6, la primera radio del SODRE, con la cobertura de Ignacio Rodríguez Riera y Emilio Elena, ambos presentes en los diez partidos disputados en el Estadio Centenario. Pero no fueron los únicos. En la memorable final ganada por los uruguayos a los argentinos, un frío 30 de julio, los afamados periodistas tuvieron una competencia de la que, quizá, nunca se enteraron. Dos jovencitos de trece años, que compartían una entrañable amistad y una pasión por el fútbol, realizaron una trasmisión que solo escucharon ellos y sus eventuales vecinos de la tribuna Olímpica. Uno era el relator, otro el comentarista, ambos con sus micrófonos imaginarios. Luego del partido, los precoces cronistas volvieron a La Comercial, su barrio, de la mano de sus padres. Aquellos pequeños soñadores, que jugaron a ser narradores de la gloria, luego fueron grandes hombres de la comunicación uruguaya. Hugo Alfaro y Raúl Barbero.

A los dos nos gustaba locamente el periodismo. Mire lo que son las cosas. Mi casa quedaba enfrente al Juzgado de Paz de la 19ª sección, en donde trabajaba Don Agustín Ciriaco Alfaro, el padre de Hugo. Íbamos juntos a las matiné del cine Concert, que quedaba al lado de mi escuela, la Perú, de 18’ y Joaquín Requena. Yo tenía una casa con un fondo amplio, y en un cuartito habíamos instalado nuestro estudio con un “micrófono” (se ríe). Hacíamos comentarios de fútbol, y además Hugo comentaba sobre jazz y yo sobre tango; pero en octubre de 1931 yo estaba pasando un momento de depresión, porque había fallecido mi madre hacía unos meses y me vi en la necesidad de trabajar y dejé la escuela en sexto año. Un día mi padre, que era funcionario de la Dirección de Impuestos Internos me contó que un compañero tenía una audición en El Espectador. Era un gran cantante aficionado Guillermo Millotconocido como El Mirlo, que quería incorporar un espacio infantil. Me lo propuso a mí, que tenía catorce años: debía contar cuentos, fábulas, poemas.”

Mi primer nombre radial fue El Pibe Raúl. Comencé con la audición un domingo, acompañado por los pianistas Teddy Lazcano y Pirulo Barthe, nombres que hoy nada dicen; pero Barthe fue letrista de Gacho Gris (tararea el tango mientras marca cada estrofa con la mano)."

  Gacho gris arrabalero
  Vos triunfaste como el tango
  Y escalaste desde el fango
  Toda la escala social…

"Todas las radios tenían por lo menos un pianista. Nosotros teníamos dos de primer nivel y El Mirlo cantaba con ellos algunas arias de ópera; pero la moda era la canción mexicana, por ejemplo el repertorio de José Mojica que fue previo al bolero: Quiéreme muchoTu sonrisa de cristalOh dulce misterio de la vida.  Con ellos estuve dos años, hasta que llegó la oportunidad de  El Circo Aéreo, un programa muy popular dirigido por el Capitán Acreimlan. Fue la primera revista musical que se hizo en radio, que me llevó a ser lo que en esa época se llamaba galán-cantor: Chansonnier Raúl (se ríe). Fueron ocho años, con presentaciones en el Teatro Solís y salas del interior; hasta que hice un paréntesis en 1940."
—"Mi actuación radial no se interrumpió, porque estaba conectado con la gente de la radio Águila, CX32, que estaba donde ahora queda el Hotel Lancaster. ¡Qué personalidades! Juan Carlos Patrón, Edmundo Bianchi, un gran poeta, y Pintín Castellanos, que hacía la dirección musical. Conseguí mi propio espacio con un canje. Necesitaba un sobretodo y un día aparecí con un negocio con Goes Palace: “la sastrería que a todos complace”. Un slogan que no era mío, pero que utilizaba porque tenía que hacer de todo; libretar, crear los avisos y hasta cantar. Me acompañaba Adolfo Mondino, un gran compositor de tangos muy famosos: Maula, Mía, El Foxtro, Parisina, entre muchas piezas más que le grabó Julio De Caro, con letra de Víctor Soliño."

  Parisina color de champagne
  Con tu risa feliz de mujer
  Se refleja en forma fiel
  la alegría y el placer
  Cuando pasas por el Boulevard
  con tu andar de emperatriz
  me parece que llevás en ti
  Todo el chick y sprit de París...”

Hugo
Diré modestamente, que los más creativos éramos el Cocho (Raúl Barbero) y yo. En el ´30 sacamos la revista Centenario Sport, el único periódico del mundo cuyo tiraje no pasaba de un ejemplar. Se explica: era manuscrita. El Cocho tenía una letra impecable, y hacía las cuatro carillas de cuaderno. Éramos un mini-tabloide, en parejos caracteres de imprenta y ningún borrón. Leíamos las crónicas que aparecían en El Día sobre los partidos de la Primera División y las reescribíamos sin que la palabra plagio nos rozara. También publicábamos avisos, sin conocimiento de los avisadores: la contratapa, por ejemplo, estaba generalmente destinada al de Untisal. Un señor en camisón, interrumpido el sueño a medianoche, se pasea de mala gana con un crío en brazos que no deja de llorar; al pie el texto tranquilizador: Untisal al pecho, remedio hecho. Yo lo había calcado de un diario. Pero ahí sí, el Cocho se opuso aduciendo razones de ética periodística. Tomó el original como modelo y lo hizo idéntico. Quedamos los dos con la conciencia en paz.”
Hugo Alfaro en Mi Mundo tal cual es, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1984.

En 1936 ingresé a la Universidad de la República, primero como mensajero y luego como administrativo. Dos años después asumía como rector Carlos Vaz Ferreira, que me propuso para la  secretaría del Instituto Cultural Uruguayo-Argentino, que se estaba por fundar. ¡Qué Universidad aquella! Don Raúl Montero Bustamante  era vicepresidente de Artes y Letras;  Clemente Estable, de Ciencias;  Alberto Zum Felde, estaba en la Secretaría de Interior; José Mora Otero era responsable de Exterior, antes de ser un destacado secretario general de la OEA. Con ellos estaban: Fernando Silva Valdez, Emilio Oribe, Roberto Levillier, que era el embajador argentino y presidente de honor; yo estaba muy cerca de Vaz Ferreira, que era el presidente ejecutivo."
—"Mis días eran muy movidos. De  mañana y de tarde, en la Universidad y de noche, en El Circo Aéreo, en la radio General Electric. En algún momento me di cuenta que a la gente de la Universidad le rechinaba un poco que yo cantara en radio. Un día me habló el secretario, Eduardo López Labandera y me sugirió que tenía una buena carrera y que el canto y la radio no eran tan compatibles. Y lo entendí. Me fui de la Universidad en el año 1956 siendo jefe de secretaría y secretario de actas del Consejo Universitario. Eran tiempos en que no había taquígrafos, ni grabaciones; se sudaba haciendo las actas.”

A fines de 1941 me enteré que iba a salir una nueva estación, ¡y no me aguanté! Era la Monumental, con la característica de CX44; una onda concedida a Don Julio Abassa, dueño de CX42 Fénix, que la arrendó a Alberto Rossello y José Parducci. Ellos me propusieron la Secretaría de Difusión y me metieron en una patriada. Era una radio juvenil que hizo así,  así (gira la mano mostrando la palma y lo repite). Venía gente de Argentina y el éxito de ese verano fueron Los Lecuona Cuban Boys. En la Monumental debutó la folklorista Diana Moreno, y pasaron, Washington Oreiro, Elida Acosta, Floreal Cavalleri y muchos otros que llenaban teatros; pero fue difícil mantener ese ritmo, y la radio se fue desflecando de a poco. Por entonces tenía una gran amistad con Julio Néstor Olivera, con quien escribíamos libretos para radio, y con Julio César Teysera, que hizo historia en CX36 Radio Centenario con su ciclo Estos son otros López; un exitoso programa sobre la vida cotidiana de una familia.”

Luis
Con Caponi teníamos una complementación muy grande. A él había que pararlo porque tenía una fuerza arrolladora. Esos perfiles tan diferentes nos daban mucha fuerza. Había anunciadores reposados, tranquilos que me decían: “no me venga con Caponi porque me vuelve loco” (se ríe a carcajadas). También había  clientes que le decían a Caponi: “no traigas a Barbero que le da mil vueltas a todos los temas, si será efectivo, si no será”. Teníamos dos hinchadas. Mi relación con Caponi fue mucho más que una sociedad. Es una relación de hermandad.”

Comencé en la publicidad por un trabajo pensado para  Horacio Torrendel, un cliente de Cruz Propaganda, que me propuso para más armar el Departamento de Radio de esa agencia. Poco después hubo un hecho que me cambió la vida. Fue en una cena del restaurante Plaza, ubicado donde ahora se encuentra ahora el edificio Ciudadela, con motivo de una conferencia de José Grosero, sobre la producción de avisos para radio, dirigida a socios de la Asociación de Productores Publicitarios del Uruguay. En esa cena tomé contacto con Raúl Fontaina y Juan Enrique De Feo. A los pocos días Fontaina me pidió que escribiera un programa para CX16 Carve, producido por la agencia Massa y Cía. Se llamó Crónicas de Montevideo, e iba a las 20.15, tres veces por semana, con el elenco de Juan Casanovas, Violeta Ortiz, Luís Vega, Margot Vera y otros."
—"Aquellos eran elencos brutales, que hicieron historia. Los relatores eran Julio Cabot, Américo Torres y Washington Belhot. Eran crónicas sin tiempo: desde las invasiones inglesas al asalto del Cambio Messina. El primer libreto que escribí contaba la apertura de una confitería en 1836, donde está hoy el Club Uruguay. El auspiciante era Academias Pitman. Hasta 1959, participé en el Teatro del Sábado, un lindo éxito auspiciado por las tiendas Introzzi. Llegué a escribir más de 200 libretos, sumados a lo hecho en otras audiciones: El viejito de la bolsa, ¿Quién es, quién es?Sucedió una vez.

Fue impresionante la influencia de aquella radio tan popular, en la publicidad. Hubo publicitarios que se volcaron a la radio de inmediato. Solo como ejemplo: la agencia Orbe, antecedente de Publicitaria Gallardo compró menciones y vendió a sus clientes. Así fue creciendo la relación. Había audiciones como el propio Circo Aéreo, Eduardo de Pauli y sus éxitos, como Caramelos surtidosMañanitas del campo, de Pucciano, con un éxito bárbaro, o Brochazos camperos, de Tito Serrano, que fue un éxito fenomenal."
—"El Circo Aéreo fue el principio histórico de los programas en episodios. Malmierca hizo una vez una obra que se llamó Quién mató a Charles Smith, en formato seriado, y luego comenzaron las compañías de radioteatro. Una de las primeras fue la de Concepción Olona, en CX20 Montecarlo: se reunían al lado del atril y parecían pulpos leyendo todos de un mismo libreto. Después se evolucionó al radioteatro con libretistas. ¡Ahí sí fue una explosión!"
—"Fue cuando surgieron los elencos de fines de la década de 1930 y principios de 1940, como Acosta Cavalleri que estaba en CX30 y la llevamos radio Monumental. En 1942 estaba Blanca Bargueño, Chiquita Francis y un sinfín de elencos de episodios. Solo en Carve había 22 libretistas entre los que escribían guiones y continuidades: Wimpi, Silvia Guerrico, Tomás Valenzuela, Fulvio Nelson Magdalena, Ramiro Lacaste, Julio N. Olivera y yo, pero hubo muchos otros. La radio tenía programación limitada desde las diez de la mañana hasta la noche, con compañías dirigidas por Santiago Arrieta, con Josefina Díaz, Juan Casanovas y Violeta Ortiz, y otros elencos con Luís Vega, Margot Vera, Nischa Orajan, Angélica Femira. Nombres muy grandes de otra época, que hoy dicen muy poco. Tenían el arrastre que hoy tiene un personaje de teleteatro.”

La radio
Era muy vendedora, por su alcance y su convocatoria masiva. Los slogans y los versitos eran repetidos por la gente constantemente: ¿Qué Hago? Me voy al Mago” es todavía recordado. Había otros: “No gracias… Fumo Buffs/Virginia Puro” fue un éxito en su momento. Recuerdo que Agencia Americana había realizado un versito muy recordado que decía:
Pregúntele a su vecina
con qué cocina cocina
A que le dice Volcán.”

La cajita sonora tiene ese poder coloquial que la televisión nunca ha conseguido. En aquel momento, la mujer se hacía la ilusión de que el galán que escuchaba era así, que la actriz era de tal forma. Era el peso de la imaginación. Había publicidad realmente buena. En los éxitos de De Pauli había una avena que se llamaba Ica, que hizo una convocatoria que llenó un estadio. Recuerdo un anunciador de Circo Aéreo que era Julio Bucito, propietario de la farmacia Rey, en 25 de Mayo, frente al Palacio Taranco; que vendía los productos Coeur de fleursEstaban los Bailables Geniol, un programa argentino con las orquestas típicas de Fresedo y Canaro, con Don Dean y sus Estudiantes de Hollywood. El baile comenzaba en Buenos Aires, a las diez de la noche, y venía en directo por Carve. Entre pieza y pieza, un locutor decía: “Geniol…Solo eso…Solo eso Geniol”. En un momento la cuenta estuvo en la agencia Dial Press, de Julio Barreiro. Yo le hice un programa que escribía para Radio Nacional: Una tableta basta.

Geniol
Era una empresa que tenía desarrollos creativos formidables; uno que tengo muy presente:
Venga del aire o del sol
del vino o de la cerveza
cualquier dolor de cabeza
lo quita con un Geniol.”

En Cruz Propaganda permanecí tres años, hasta  que me retiré porque estaba desconforme con mi remuneración. El director de la agencia era Raúl Aguerreberry, que lo podría definir como un bohemio, talentoso, pero muy desordenado. Allí conocí a Luis Caponi, que era contacto de cuenta de Bazar Mitre y Angenscheidt y enseguida nos llevamos muy bien. Cuando Luis supo de mi renuncia, me propuso poner una agencia, pero, realmente, yo no estaba demasiado convencido. Fui a hablar con Fontaina, que me alentó y nos salió de garantía ante la Asociación de Diarios. Hubo gente que nos apoyó como Lito Imperio o Juan Gallardo. Pero también hubo colegas que intentaron bloquearnos, diciendo que Fontaina era socio nuestro. El objetivo era perjudicarnos, pero nosotros aprovechamos ese rumor y lo dejamos correr. Era obvio que iba a nuestro favor (se ríe)."

Yerba buena
"Hay una cosa que casi nadie sabe y es que Raúl Montero Bustamante, un gran historiador, fue el autor de un viejo versito publicitario, en la década de 1930:
Cuando la mañana aclara
y encendemos el fogón
Qué rico es el cimarrón
cebado con Yerba Sara."

"Me encanta contar como surgió el nombre Ímpetu. Yo vivía en la calle Acevedo Díaz y trabajaba en un altillo en donde escribía los libretos, y Caponi me había pedido que buscara un nombre y tenía como veinte posibilidades para verlas con él.  Llegó a casa y vio que yo tenía arriba de mi escritorio una revista argentina de publicidad que se llamaba ímpetu y no me dejó ni hablar: ese es el nombre, ese es el nombre."
En aquel 1955, el gran diferencial de la agencia fue que pasó del aviso suelto a la planificación. Los colegas iban a ver al anunciador y le vendían el “avisito”, el “reclame”. Algo puntual, no estructurado en un plan concreto."
A quien primero le hablamos de una estrategia fue a José Mutio, de Bodegas Santa Rosa. Le presentamos una batería de trabajos y planificación y tuvo un impacto brutal. Era un plan trimestral completo: gráfica, cine, estadio. No lo podía creer. Teníamos un muy buen equipo: Washington Guadalupe como director de Arte; Aníbal Mainardi, que luego estuvo  con Amarelle; Sergio Patalagoity,  que con dieciocho años estaba comenzando en arte; y como directores Luís Caponi y yo.”

En el año cuando Ímpetu nació, cada fin de semana salían 100 mil personas y solo en Montevideo había 80 cines. Era otro país.”   

Fuimos al mercado a competir, a participar en concursos y ganar cuentas. Nosotros hacíamos de todo. Un día le dije a Alfredo Guiria que yo había sido creativo, por muchos años, sin saber que era creativo. Redactaba avisos de prensa, hacía la fundamentación; hacía guiones para radio y luego trabajé también para la televisión. La agencia creció con intuición y ordenamiento, pero no sabíamos qué iba a pasar. Nos fijábamos objetivos de facturación y comenzábamos a sistematizar nuestro trabajo. Enseguida tuvimos a Caubarrere que era muy importante. Nuestra primera recomendación fue que compraran el slogan de ‘18 y Caubarrere’, que pertenecía a Rey Kelly. Creo que le pagaron como 2.000 pesos de aquella época que era mucho dinero…”

Los publicistas de hoy tienen una formación fascinante, globalizada. Nosotros, de vez en cuando comprábamos un New York Times del domingo, para seguir de cerca la evolución de la técnica gráfica.”  

"El primer canal uruguayo, Saeta Televisión Canal 10, comenzó a emitir el 7 de diciembre de 1956, pero nosotros tuvimos la visión de ir a Buenos Aires seis meses antes de la primera emisión. Fuimos a Canal 7 con Caponi para ver cómo era la mecánica de la publicidad. Ellos tenían televisión desde el año 1952 y estaban bastante encaminados con varias cámaras y experiencias. En Canal 10 había una sola cámara y los avisos se hacían en riel. Terminaba uno, venía el otro, el otro y así sucesivamente (se ríe). Solo nosotros fuimos a capacitarnos antes del comienzo de un medio."
—"Casi simultáneamente se iniciaron también Carmelo Imperio, Oscar Enrique Musse y Juan Carlos Victorica, un argentino que vino a hacer Las noches brillantes de Angenscheidt, con Cristina Morán. Aunque parezca mentira, hubo agencias que no querían oír hablar de televisión, porque se enlentecieron muchísimo. Se ensayaban los avisos una y otra vez y no había vestuario adecuado."
—"El único camarógrafo que sabía operar aquellos equipos era Jorge Severino. Teníamos miedo de que se agarrara una gripe, porque si faltaba no había televisión, porque era en vivo. Jorge era un fenómeno. A pesar de las limitaciones hicimos programas muy buenos: Moulin RougeTele Hípica, que eran los últimos trescientos metros de las carreras de Maroñas. ¡Todo filmado! 
De aquellos avisos heroicos recuerdo el éxito de Galletas Primavera. Lo lanzamos en una carrera de la Vuelta Ciclista con Walter Moyano al frente del Club Ciclista de Punta del Este. El locutor decía: “¿Cómo va la carrera?...Bien, con Galletas Primavera”… ¡Fue formidable!”

"Muchas veces se ha dicho que la publicidad crea cosas , pero yo afirmo que sigue tendencias.” 

El memorable Wilson gana tiene una historiaNosotros comprábamos peleas de box. Recuerdo que peleaba Monzón y la compramos para la campaña de Por la Patria, el movimiento de Ferreira Aldunate. La propia pelea tenía dos textos: uno cuando suena el gong que empieza el round y otro cuando termina el round con otro gong. Entonces me pongo a hacer los textos y primero era: Segundos afuera. Primeros Wilson y Carlos Julio. El otro decía: Sonó la campana y Wilson gana."
—"Tenían que ser textos cortitos. Al otro día me llamó Caponi y me dijo: “tenemos el slogan: ¡Wilson gana!”. Nos reunimos en la casa de Ferreira y le dijimos que el Wilson Ferreira Aldunate se terminó, que era muy largo y teníamos que vender un nombre más corto, más popular, y se lo presentamos. Pero de primera a Wilson no le gustó y no estuvo de acuerdo. Entonces Caponi le dijo: -shhhhhh…senador…shhhhhh, que los que sabemos de publicidad somos nosotros…y los de afuera son de palo."
—"Yo miré hacia la playa Pocitos desde aquel séptimo piso y pensé: aterrizamos en la arena. Wilson me miraba pero era para no mirar a Caponi. Entonces me habla y me dice: “¿sabe por qué me calle? Porque me di cuenta que la…. Esto lo sabe muy poca gente. Juan Raúl Ferreira estaba presente y también estaba Radiccioni.  Ese día nació el Wilson gana. Luego hicimos quince fotos con Testoni. Wilson tenía una pinta bárbara. Tuvimos un gran “producto” para vender. Fue una experiencia apasionante. Aquella elección de 1971, se perdió por nada. Se perdió por quienes acumularon votos para el Partido Colorado, el general Rivas y Pintos que hicieron los 13.000 votos de diferencia.”

"La publicidad debe decir la verdad; yo he visto cómo han sucumbido muchos productos por decir mentiras.” 

La publicidad se hace para imponer un producto sobre otro. No se hace para manejar la opinión del individuo, al límite de que pierda su personalidad. Eso no es así y es una limitación de pensamiento. Un producto debe ser bueno, o la gente no lo compra aunque le canten loas. Los productos son creados por diseñadores y fabricados por empresas. La tarea del publicista es también es creativa: formar una corriente de opinión favorable al consumo de ese producto. Una sociedad puede ser estudiada a través de la publicidad, pero la publicidad no es determinante de los cambios; porque si lo fuera, las sociedades cambiarían todas las semanas violentamente.”

Los buenos avisos tienen una dosis de ciencia, una dosis de técnica y también de arte. Una fórmula perfecta para vender.” 

Me retiré de la publicidad a los 68 años, en 1985, pero sigo escribiendo columnas en El País, a mis noventa y pico, en dos secciones: una se llama Según pasa el tiempo y la otra Buenos días. A ambas las disfruto. Desde que tengo catorce años estoy haciendo cosas y por suerte me gustan. A veces me desespero pensando que uno se va a morir con una incultura bárbara. Yo miro esa biblioteca (señala con la mano a su derecha) y la que tengo en el fondo y es impresionante todo lo que tengo para leer y todo lo que tengo que aprender. Siempre digo: ¡que me quiten lo bailado!”

De la galena al satélite, de Raúl Barbero, es una historia escrita de la radio en el Uruguay, contada por quien la vivió.

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