jueves, 21 de octubre de 2010

Crónicas de un viaje a la Isla de Flores

La roca de los destellos


El faro más caro del mundo brilla hace
casi dos siglos en el Río de la Plata.
(SNAP)
Desde lejos parece que flota. Como si se tratara de una nave ancorada y sin destino. Emerge en una senda estratégica del Río de la Plata, equidistante entre la costa uruguaya y el Banco Inglés. Si bien mira de frente a Montevideo y la Costa de Oro del departamento de Canelones, también señala la ruta hacia Buenos Aires y la Hidrovía. La luz de su faro, que le costó al país casi la mitad del territorio, ha salvado tantos barcos como iluminado naufragios en una zona temida por ser un cementerio marítimo. El Hotel de Inmigrantes, que en realidad era un hospital y lazareto donde se cumplían cuarentenas obligatorias, fue utilizado también como cárcel de presos políticos. Su increíble avifauna, su diversidad biológica, pero también su historia y su patrimonio edilicio, son argumentos para el ingreso al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas.

Sobre la base del fascíulo Nº 8 de la serie Áreas Protegidas del Uruguay (Trocadero Gabinete DDiseño para El País, Agosto 2010). Diseño y concepto visual: Alejandro Sequeira.
Actualizado para los libros Uruguay Manual del Visitante 2013, 2014, 2016.
Fotos: Sistema Nacional de Áreas Protegidas, Pablo Bielli (Fototeca Sur), Mario Batallés, AOR.

Flores
Una isla que en pleamar son tres.
(Archivo El País)
Aunque hay muchas versiones, el origen de su nombre sigue siendo un misterio controversial. La primera creencia se refiere a su descubrimiento en plena Pascua de la Florida de 1516, por Juan Díaz de Solís, otra señala que sus primeros exploradores fueron los hermanos Froes, un apellido que en portugués antiguo significa flor y también están quienes aluden a la cantidad de flores que allí crecen. Pero el historiador Juan Antonio Varese tiene su propia visión: “La expedición de Solís llegó en febrero a Uruguay, pero la Pascua de Florida es en marzo o abril. La versión de los hermanos Froes puede ser cierta, pero no es oficial; incluso se sostiene que el primero en llegar a la isla fue Vasco da Gama.” Finalmente, quien llega a la isla se da cuenta que allí no hay flores, porque es un pedregal de casi dos kilómetros de superficie.

Vista de la tercera isla, con la
chimenea del antiguo crematorio.
Área Protegida Marina de la Isla de Flores 
Ubicación: A seis de la Barra de Carrasco y a once millas náuticas al noreste del Banco Inglés, y  a diez millas náuticas al sureste del puerto del Buceo, en las coordenadas 34°56′50″S 55°56′14″O / -34.94722, -55.93722 del Río de la Plata. El Parque Nacional está demarcado por la parte emergida del territorio y dos millas marinas a su alrededor.
Cómo llegar: Se puede salir desde los puertos de Montevideo y el Buceo y también es usual el embarque en los balnearios Shangrilá, San José de Carrasco y Lagomar. Es necesaria la autorización de Prefectura Naval.

La lancha Rigel ROU 447 zarpó desde el puerto del Buceo un martes a las ocho de la mañana, tal cual como ocurre cada quince días, en cada cambio de guardia del histórico faro. Su tripulación era un timonel de Prefectura Nacional Naval, un mecánico y dos fareros del Servicio de Iluminación y Balizamiento de la Armada. La embarcación estaba firme, a popa y proa, en una zona de la pequeña bahía cercana a la salida.
Rumbo a la Isla.
Fue un viaje de poco más de una hora y media en las movidas aguas del Río de la Plata, aunque la altura de las olas fue inferior a las normales en un julio invernal: no más de un metro y medio. Al inicio se divisó la boya Coquimbo, y en la mitad del trayecto, donde la profundidad es de ocho metros, la del Vasco Sara; dos señales que tranquilizan y que confirman que íbamos por buen camino. “Es un viaje de rutina por una ruta que conocemos, pero nunca se sabe: habrá que ver cómo de picado está el mar cerca de la isla y cuáles son las dificultades para el desembarco”, anunciaba el alférez de navío Germán Craigdallie, oficial de la Prefectura Nacional Naval que suele timonear la lancha de rescate. Y no se equivocó. El viento sureste de la partida, se transformó en norte cuando la nave se acercaba a la isla: el más complicado para el desembarco porque empuja con fuerza contra las rocas. La pericia del timonel y el auxilio de la tripulación permitieron el arribo de quienes iban a quedarse dos semanas a cargo del faro y el retorno de quienes finalizaban su turno. “Este es un viaje que no debiera perderse ningún uruguayo, porque es un lindo contacto con la naturaleza, muy parecido a una aventura, hasta para nosotros que lo hacemos tan seguido”, afirmaba, una vez en tierra firme, luego de alguna peripecia, el cabo de 2ª Manuel Guisado, un experimentado especialista en el motor del Rigel, que tiene en su foja de servicios el honor de haber participado, en 2006, en el rescate de la lancha de pilotaje Ederra III.
El muelle de arribo y partida.
Las diez millas náuticas que separan a la Isla de Flores de la costa del Buceo, son equivalentes a 17 kilómetros terrestres que parecen muchos más vistos desde la rambla, quizá por la magnitud de las picadas aguas del Río de la Plata, quizá, por la inquietud que causa una leyenda negra de naufragios, cuarentenas y prisión política. Cientos de buques se han hundido en sus inmediaciones o varado en su orilla rocosa desde que se navega el estuario platense que los primeros navegantes describieron como un “Río ancho como mar”. Desde lejos se divisa su faro, pero cuando la lancha Rigel se aproxima surgen las derruidas construcciones que son testimonio de épocas pretéritas y no tanto.
La primera isla, el faro y el hotel desde el
terraplén que conduce al lazareto "sucio".
Durante un siglo, entre 1869 y 1970, por allí pasó más de medio millón de personas, entre militares, policías, funcionarios públicos, pescadores y científicos, pero, en su inmensa mayoría fueron presos e inmigrantes obligados a un suplicio sanitario antes de radicarse en Montevideo. Aquellos viajeros que venían a hacerse la América eran puestos en cuarentena, para evitar el ingreso de pestes y epidemias a la ciudad.
Por sus ruinas se cuela el sonido del viento, los graznidos de las gaviotas y la veloz estampida de gigantescos conejos oscuros, la fauna más visible de la isla. También permiten imaginar la desilusión y el dolor de miles de inmigrantes que venían en busca de una vida mejor, y eran obligados a permanecer allí un tiempo prudencial, variable según los casos, tras una difícil e interminable travesía por el Atlántico. Del “lazareto sucio” prácticamente no queda nada, como si las pestes se lo hubieran tragado. Muchos viajeros no pudieron evitar el cementerio, del que perduran muros en pie como si quisieran resguardar sus almas.

El Alcatraz platense
El Hotel que en realidad era un Hospital organizado 
por clases, con cuartos más o menos cómodos
según cuánto pagaban los pasajeros. Los de 
primera  iban directo al sector preferencial
 que costaba dos pesos oro y ofrecía servicios
especiales: biblioteca y sala para conciertos de  
piano. Quienes venían en tercera, españoles,
italianos, quedaban en las habitaciones
 compartidas por las que pagaban un peso.
Desde fines del siglo XIX la isla cumplió el triste papel de cárcel inexpugnable por el aislamiento marítimo que disminuía la posibilidad de una fuga y que además necesitaba poca vigilancia. Albergó a prisioneros de las revoluciones blancas de 1897 y 1904, lideradas por Aparicio Saravia, perseguidos por la dictadura de Gabriel Terra, iniciada en 1933. Hubo 150 cautivos del régimen terrista que permanecieron más de un año, entre tantos: Andrés Martínez Trueba y Alfeo Brum, hermano de Baltasar, antes de ser presidente y vicepresidente de la República. Durante dos meses de 1968 fue el doloroso destino de medio centenar de sindicalistas de UTE y ANCAP, detenidos durante las Medidas Prontas de Seguridad que prologaron a la dictadura de 1973.
Era un Alcatraz rioplatense pero sin el macizo pétreo de la trágica “roca” estadounidense, donde los reclusos eran alojados en el lazareto, y cuando el rigor era mayor, en tres oscuras celdas cercanas de unos dos metros por uno y medio. A principios de la década de 1930 allí estuvieron los involucrados en el sonado caso de la sociedad Zwi Migdal, con filiales en varios países, una pantalla para una aberrante trata de blancas. En la Segunda Guerra Mundial fueron recluidos los 55 marineros de la embarcación alemana Tacoma, en represalia por el hundimiento del carguero de bandera nacional Montevideo, torpedeado en aguas caribeñas por el submarino italiano Tazzolli. El Tacoma, después convertido en prisión, había auxiliado al acorazado de bolsillo nazi Graf Spee, hundido por su capitán, en diciembre de 1939, luego de la célebre Batalla del Río de la Plata. En algún momento hubo un intento de trasladar a 1500 presos del Penal de Punta Carretas. Se realizaron obras de ampliación y reforma, hoy transformadas en modernas ruinas, pero fue imposible llevarlos a la isla por la falta de agua potable.
Huellas de inmigrantes.
Desde principios de la década de 1970 sólo es habitada por los fareros del Servicio de Iluminación y Balizamiento de la Armada, y es visitada por esporádicos viajeros que buscan desentrañar las historias de vida que guardan sus ruinas. El cabo de 1ª Álvaro Fajardo, es el suboficial que coordina la tarea de mantenimiento del faro. Conoció la isla por primera vez a los seis años, en 1986, acompañando a su padre, un mecánico de la aviación naval que solía hacer el viaje en helicóptero. Luego de su egreso de la Escuela de Especialidades estuvo dos años en la Isla de Lobos, hasta 2005, otros dos años en José Ignacio, hasta 2007, y realizó la travesía del Capitán Miranda, pero nada tiene mayor significado personal y profesional que su actual trabajo en la ínsula montevideana. “Es un sitio mágico, lleno de recuerdos que se sienten con solo pasar por los terraplenes y las restingas que unen los tres sectores, o tocando los edificios. Es que por aquí pasaron cientos de miles de personas, durante décadas y décadas, con historias dramáticas que fueron quedando en la balustrada, junto con los nombres escritos por muchos de ellos”, evoca Fajardo en una de sus diarias caminatas por la isla que ama.

Vista de un sector de
la Isla Grande. A la izquierda
una de las construcciones
del lazareto y las ruinas del Hotel
en donde se alojaban los oficiales
y visitantes ilustres.
Grande, lazareto y cementerios


La Isla de Flores está dividida en tres áreas unidas por restingas y terraplenes que con el pleamar se separan y dan la sensación de ser territorios independientes entre sí. La primera es la más alta, conocida como Isla Grande, que concentra la mayoría de los edificios: las ruinas de una comandancia, un lazareto limpio para la atención de viajeros sanos, un hospital y un hotel donde se alojaban los oficiales y los visitantes ilustres, además del faro y el muelle de desembarco. También había un edificio de desinfección, para lavar las ropas y enseres contaminados, cuyas calderas de hierro herrumbroso aún posan como monumentos estrafalarios en el agreste y rocoso paisaje insular. En la denominada Segunda Isla está el lazareto sucio, donde se internaba a los pacientes con enfermedades infecciosas, y el cementerio, y en la Tercera Isla, la más pequeña, se encuentra la capilla y un crematorio cuya chimenea aún se levanta como testigo del sufrimiento de miles de inmigrantes.
Lo que queda del ingreso
al Hotel de los Inmigrantes.
La viruela, el cólera y la fiebre amarilla fueron algunas de las epidemias que padeció Uruguay a mediados del siglo XIX. Para evitar contagios, los viajeros que venían al país no podían pisar tierra firme hasta ser revisados por un médico, como indicaban las autoridades sanitarias de todo el mundo. La norma ordenaba enviarlos a un lugar apartado: primero fue la Isla de Ratas, pero algunos cruzaban a nado la bahía hasta llegar a la costa. En 1865, durante el segundo gobierno de Venancio Flores, comenzó la construcción del lazareto de la Isla de Flores, que fue inaugurado en 1869, con el nombre eufemístico de Hotel de Inmigrantes. En 1881, la Junta Nacional de Sanidad declaró obligatoria la cuarentena, que podía ir desde una semana como mínimo, a 40 días. “Las embarcaciones paraban en la isla donde los viajeros eran divididos en tres dramáticas categorías: sanos, enfermos y muertos. A los primeros se los dejaba seguir viaje, a los segundos se los internaba en el lazareto sucio y se les desinfectaba la ropa y las valijas, y a los terceros se los llevaba al crematorio ubicado en el extremo este de la isla”, recuerda el historiador Juan Antonio Varese.
Portones del Hotel.
El hospital estaba dividido por clases, con habitaciones más o menos cómodas según la posición económica de los pasajeros. Los que llegaban en primera, que traían a sus sirvientes y, obviamente, tenían más dinero, iban directo a las mejores instalaciones, que pagaban dos pesos oro por servicios especiales que incluían una biblioteca y una sala para ocasionales conciertos de piano. Quienes venían en tercera, españoles, italianos, quedaban en el sector de las habitaciones compartidas por las que pagaban un peso.
Entre las ruinas del Hotel de los Inmigrantes rondan leyendas de amor y muerte, de marinos intrépidos y fareros esforzados. La isla fue visitada por presidentes y políticos, pescadores deportivos y navegantes furtivos. Fueron memorables las actuaciones de tres huéspedes famosos: el tenor italiano Enrico Caruso y los cantantes populares Carlos Gardel y Alfredo Zitarrosa. También estuvieron los presidentes Lorenzo Latorre, Máximo Tajes, Claudio Williman y José Batlle y Ordóñez acompañado por el pintor Pedro Figari. En 1899 fue monseñor Mariano Soler, arzobispo de Montevideo, quien debió permanecer diez días en obligada cuarentena.

El faro más caro del mundo
Declarado Monumento
Histórico Nacional en 1975,
el faro funciona a
electricidad desde 1984.
El 1º de enero de 1828, la Isla de Flores resplandeció por primera vez y así lo registró el Semanario Mercantil del 12 de ese mismo mes: “Esa tarde, Montevideo vivió el acontecimiento con festejos de alegría. Al anochecer, toda la población se volcó sobre las murallas para asistir al primer destello, que se encendía y eclipsaba periódicamente. Alivio para la gente, esperanza para el comercio y seguridad para el navegante”. En su tiempo se le llamó “el faro más caro del mundo” porque fue construido luego de la firma del Tratado de la Farola, de 1819, por el cual el Uruguay perdió las Misiones Orientales. “En realidad el Cabildo de Montevideo ofreció al Brasil determinados territorios al norte del país, a cambio del dinero para la construcción del faro. Pero el emperador nunca firmó el documento”, cuenta el historiador Juan Antonio Varese.
La majestuosa columna de casi veinte metros, que sumados a la pendiente del terreno ascienden a 37 metros, fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1975. Tiene una base de dos metros diámetro que se estrecha a medio metro en la cúspide hasta donde se llega subiendo 77 escalones. Es un faro de tercer orden (según la altura focal hay hasta quinto orden) que emite dos destellos blancos cada 16 segundos que tienen un alcance lumínico de 17 millas y geográfico de 19 millas náuticas. Desde 1984 funciona a electricidad y gira por un motor eléctrico, pero antes utilizaba la luz de una mantilla de acetileno y giraba mediante una manija manual a la que se le daba cuerda. En la actualidad depende del Servicio de Iluminación y Balizamiento de la Armada Nacional.

“La función del faro es marcar el peligro que significa la isla, para el ingreso a los puertos de Montevideo y Buenos Aires y a otros puertos argentinos como San Lorenzo, Ramallo, Rosario. Antes de su construcción la isla vivía en la oscuridad total y se navegaba por estima.”
Cabo de 2ª Álvaro Fajardo, técnico del Servicio de Iluminación y Balizamiento de la Armada Nacional

Tragabarcos
Plano del Río de la Plata 1771, de
Francisco Becerra y Juan  A. González.
El Banco Inglés domina el  centro de la
imagen e inmediatamente arriba a la
izquierda se observa la Isla de Flores.
(Copia del Archivo General de Indias
publicado en Cartografía y Navegación,
R.  Álvarez, J. M. Olivero  y E. Albornoz)
El banco Ingles es un temido accidente geográfico del Río de la Plata. Un antiguo pico rocoso o islote que quedó sumergido entre las mezcladas aguas del estuario con las del Océano Atlántico, que se ubica a diez millas náuticas al sureste de la Isla de Flores. Desde los primeros tiempos de la conquista, los cartógrafos europeos indicaban casi todos los bancos de arena en el estuario y sus islas. El banco Inglés, en cambio, es rocoso y fue así bautizado a mediados del siglo XVII, o tal vez antes. Apodado también en una época el “Tragabarcos" era el más temido de los riesgos de navegación y también fue causante de la construcción del faro de la Isla de Flores. Muchas décadas después se instaló un pontón-faro en el propio banco.

Canal Punta del Indio
La única vía de acceso a toda la cuenca del Plata es un canal artificial, dragado en el lecho del estuario. Tiene una longitud de 65 millas náuticas, equivalentes a unos 120 kilómetros, que nace al sur de la ciudad de Montevideo en proximidades del Pontón de Recalada. Fue trazado sobre la barra exterior del Río de la Plata, y tiene en su inicio, al norte del banco Inglés y banco Arquímedes, una orientación este-oeste hasta un punto denominado El Codillo donde se orienta hacia el noroeste. Tiene una profundidad reportada en 2006 de aproximadamente 10,6 metros y está boyado con el sistema IALA por pares de boyas a una distancia de dos millas aproximadamente unas de otras; desde el par N° 1 al par N° 30 hasta que se conecta con el Canal Intermedio.

El arribo de los fareros.
Pontón de Recalada
Es un buque faro estacionario y punto de embarque de lo prácticos que conducen a los barcos a través del Río de la Plata hacia los puertos de Buenos Aires, La Plata o los situados sobre las márgenes de los ríos Paraná y Uruguay. Su zona de Fondeo y Servicio está ubicada a ocho millas náuticas de la Isla de Flores, desde donde ingresan al Canal Punta del Indio. Aunque se opera desde hace muchas más décadas, su presencia se formalizó por el Tratado del Río de la Plata. Los prácticos argentinos llegan hasta allí desde el puerto del Buceo.

Zona Alfa
Es una porción del estuario, de soberanía uruguaya, ubicada frente al puerto de Montevideo, que por el Tratado del Río de la Plata de 1973, nuestro país comparte con la Argentina para la navegación.

Mar Dulce
El faro desde los
restos del hospital.
(Pablo Bielli,
Fototeca Sur)
La geografía uruguaya está identificada con el Río de la Plata, un amplio estuario que también baña las costas de la Argentina. Es corto, de 290 kilómetros, pero el más ancho del mundo. Su boca de 220 kilómetros va desde la argentina Punta Gorda hasta la línea del Océano Atlántico, en la uruguaya Punta del Este. Su cuenca recoge más de cuatro millones de metros cúbicos de los ríos Paraná y Uruguay y su lecho abarca una superficie de 35 mil kilómetros cuadrados. La cartografía de Américo Vespucio le otorga el honor de ser verdadero descubridor, entre 1502 y 1508, frente a la tesis tradicional del viaje de Juan Díaz de Solís, que en 1516 le llamó Mar Dulce. Cuatro años después fue Hernando de Magallanes quien comprendió que el “río ancho como mar” era la vía de acceso al interior del Nuevo Mundo. El nombre “de la Plata” se lo dio Sebastián Gaboto, en 1527, convencido de que la corriente fluvial llevaba al corazón de las grandes riquezas de la mitológica Sierra de Plata en el país del Rey Blanco que también buscaban otros exploradores, remontando los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay.

Un conejo entre los
vestigios históricos.
Cuenca del Plata
Es el quinto sistema hidrográfico más grande del mundo, con una superficie de 3.200.000 kilómetros cuadrados, que abarca parte de los territorios de la Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay y todo el Paraguay. Sus dos grandes corrientes, el Paraná y el Uruguay, tienen una densa red de afluentes, subafluentes y tributarios menores, como los ríos Paraguay, Pilcomayo, Bermejo, Salado, Carcarañá, Río Tercero, Río Cuarto, Iguazú, Salado, Gualeguay, arroyo Nogoyá, Mocoretá, Gualeguaychú, Miriñay, Aguapey, Río Negro, Guaycurú, Pilagá, San Javier, Queguay, Arapey, Guayquiraró y Samborombón. El conjunto fluvial y lacustre de la Cuenca del Plata forma el principal sistema de recarga del acuífero guaraní, uno de los mayores reservorios continentales de agua dulce del planeta.

Biota marina
Vuelvepiedras
(Arenaria interpres).
El ambiente salino de la Isla de Flores es ideal para la existencia de vegetación halófita, en especiales de ejemplares de Juncus acutus y Spartina montevidensis. En sus sustratos rocosos se encuentran los líquenes Caloplaca montevidensis que forma un mosaico naranjo que cubre otro gris verdoso de Parmellia y Buellia. Existen también importantes comunidades de mejillones entre los que se destacan los mitílidos Mytella charruanaBrachiodontes darwinianus y Brachiodontes rodriguezi. En la costa de la isla se desarrollan los cirripedios Chthamaus bisinuatusBalanus improvisus, y el Balanus improvisus que alcanza mayor desarrollo que en el Este del país. Entre las algas predomina la Enteromorpha sp, el hábitat ideal para los piojos de mar (Ligia cf. exótica) y de otros crustáceos como el anfípodo Orchestia platensis, cangrejos como Chasmagnatus granulataCyrtograpsus angulatusMetasesarma sp y Ovalipes puntactun. En las inmediaciones de la isla se encuentran zonas de alimentación de diversos peces: corvina (Micropogonias furnieri), pescadilla (Cynioscion gautucupa), brótola (Urophysis brasiliensis), lisa (Mugil planatus) y pejerrey (Odontesthes sp).

Conejo (Oryctolagus cuniculus).
La isla de los conejos gigantes
Tienen un tamaño inusual, a veces similar al de un perro mediano, que llama la atención cuando aparecen sorpresivamente entre las ruinas edilicias que dan toda la sensación de un pueblo fantasma. El conejo de la Isla de Flores es de color oscuro, entre gris y negro, y a diferencia de sus similares que viven en otros hábitats no le huye a la presencia del hombre. “Alguien los llevó alguna vez y desde entonces se reproducen de forma intensiva, haciéndole honor a su especie”, asegura el cabo de 1ª Álvaro Fajardo, que los alimenta y los cuida como si fueran suyos.
Ostrero común
(Haematopus palliatus).
También existen 31 especies de aves: gaviota cocinera (Larus dominicanus), ostrero común (Haematopus palliatus), garcita blanca chica (Egretta thula), vuelvepiedras (Arenaria interpres), chorlito dorado (Pluvialis dominica), chorlito de collar (Charadrius collaris), chorlo pecho canela (Charadrius modestus), playero pata amarillas (Tringa flavipes), playerito rabadilla blanca (Calidris fuscicollis), paloma antártica (Chionos alba), gallareta grande (Fulica armillata), macá grande (Podiceps mayor), albatros chico (Diomedea melanophrys), petrel negro (Procellaria aequinoctiallis), biguá común (Phalacrocórax olivaceus), mirasol grande (Botaurus pinnatus), tero real (Himantopus mexicanus), gaviotín de cola larga (Sterna hirudinacea), gaviotín de antifaz (Sterna trudeaui), gaviotín real (Sterna máxima), tero (Vanellus chilensis), paloma torcaza (Zeneida auriculata), remolinera (Cinclodes fuscus), picabuey (Machetornis rixosus), tijereta (Tyrannus savana), golondrina negra (Progne elegans), golondrina azul grande (Progne chalybea), ratonera común (Troglodytes aedon), calandria de tres colas (Mimus triurus) y el músico (Agelaioides badius).

Gaviota cocinera
(Larus dominicanus).
Gaviota cocinera
Es el otro nombre de la gaviota común (Larus dominicanus) un ejemplar de amplia distribución en el sur y el este del país, desde Rocha a Colonia, que nidifica en islas costeras del Río de la Plata y el océano Atlántico. El nido es muy rudimentario, puesto en las rocas y depresiones, que construye con palitos y cualquier tipo de basura. Pone de dos a tres huevos de color parduzco con manchas negras. La Isla de Flores conjuntamente con la de Lobos, frente a las costas de Maldonado, son las dos áreas de cría más importantes de la especie.

Parque Nacional de las Islas Costeras del Río de la Plata y el Océano Atlántico 
Fue creado por el Decreto Nº 447/996 del 20 de noviembre de 1996, que le asignó su administración al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).
Se encuentra frente a los departamentos de Rocha, Maldonado y Canelones, y constituye por su extensión y por la biodiversidad de su territorio y de las aguas marinas que lo rodean uno de los espacios naturales más importantes del
Piojo de mar (Ligia exotica).
Uruguay en términos de ecosistemas marinos, insulares y costeros. Aunque en 2007 la Isla de Flores fue declarada un parque nacional autónomo, de todas formas constituye un sistema con las islas de la Coronilla (Verde e Islote), las islas de Castillos, la Isla del Marco e Isla Seca, las Islas Rasa, Encantada e Islote de Encantada, la Isla de Lobos e Islote.
Como dice el escritor Juan Antonio Varese respecto del valor turístico y patrimonial de la isla: “Para mí sería muy importante que se reciclara una de las construcciones para establecer una especie de museo testimonial. Se podría colocar fotografías e instrumentos, mostrar gráficamente cómo fue la historia de las enfermedades, dar a conocer detalles sobre la inmigración. Sería lindo que un grupo de escolares fuera a la isla y en medio de la visita alguien les diese charlas, que subieran al faro. Desde el punto de vista educativo creo que sería muy importante.”

Varese, Juan Antonio y Langguth, Eduardo: Historias y leyendas de la Isla de Flores, Torre del Vigía Ediciones, Montevideo, 2000.


Lic. Mario Batallés, oceanógrafo, jefe de gestión de la División Biodiversidad y Áreas Protegidas de la DINAMA
“Desde el mar vemos otra ciudad”
-¿Qué relación tienen los uruguayos con la Isla de Flores?
-Es muy interesante hacer el viaje desde el puerto de Montevideo, porque vamos bordeando la costa con una serie de visiones que permiten comprender como está organizada la ciudad y como ha ido creciendo. Es una percepción horizontal, única, de la rambla, de los edificios, de los espacios verdes. Desde el mar vemos otra ciudad, que nos impacta, pero también es conmovedora la llegada a la isla. Lo hablamos con la gente de la Armada. Recién en ese momento tomamos conciencia de que es nuestro territorio, quizá, porque tenemos una idea, muy metida en nosotros, de que el país se termina cuando no hacemos pie en el agua de la playa.

-El área tiene un interés biológico, pero también cultural.
Puerta del lazareto.
-Aún no existe un conocimiento cabal de la influencia histórica de una isla que conserva los restos de un lazareto que fue la primera línea de contención de la fiebre amarilla en el siglo XIX, cuando era una epidemia incontrolable. Además es uno de los tres de su tipo que todavía sobreviven en el mundo. Cuando comenzamos a investigar, nos enteramos que difícilmente haya un uruguayo que no tuviera un pariente que no pasó por la isla. Hubo gente que nos llamó para contarnos historias familiares, de antepasados que allí trabajaron o hicieron cuarentena. La Isla de Flores posee una flora y una fauna que representa fielmente el ecosistema de la antigua costa de Montevideo, que fue desapareciendo por la actividad antrópica. Sólo quedan algunos restos de juncales y cangrejales en Punta Carretas, y lo que se conserva en todo su esplendor en la barra de Santa Lucía y su zona de influencia. El tenor de la salinidad de la Isla de Flores y su área marina de dos millas es muy superior al de la costa de Montevideo: esto permite la existencia del mejillón azul que solo se ve en La Paloma y Punta del Este. También prolifera la gaviota cocinera, al igual que en la Isla de Lobos, y en julio llegan los chorlitos y un ave playera que migra desde Canadá: el vuelvepiedras.

Lazareto y muelle.
-Cómo surge la propuesta de ingreso de la isla al Sistema Nacional de Áreas Protegidas?
-Lo primero que se creó fue el Parque Nacional de la Islas Costeras que nucleaba los territorios insulares de la Coronilla, Cabo Polonio, Isla de Lobos y Flores. Después se hizo una revisión y se definió que las islas de la Coronilla se asociaran con el Cerro Verde, las de Polonio con el paisaje del Cabo, y que Lobos y Flores quedaran como áreas protegidas individuales. Así comenzamos a trabajar sobre ese concepto. Se hizo un estudio y un proyecto, y en 2007 el presidente Tabaré Vázquez firmó el decreto de creación del Parque Nacional de Isla de Flores y le encomendó al Ministerio de Vivienda Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente que lo incorpore al SNAP. Lo que queda ahora, es la aprobación de la Comisión Nacional Asesora de Áreas Protegidas, para luego realizar el manifiesto y la audiencia pública, que puede ser en la isla o también en los centros comunales de Buceo o Malvín, que son los barrios que más se identifican con aquel territorio.

Testimonio de los
exploradores
antárticos que se
adaptaban en la isla.
-¿Cómo será el Parque Nacional de Isla de Flores?
-Las posibilidades de abrirlo al uso público deben necesariamente sostenerse en un Plan de Manejo que privilegie los objetivos de conservación y que responda a los estudios que se realizan el área en materia de fragilidad de sus valores naturales y culturales. Las características y la situación de la infraestructura edilicia, en cuanto a peligros o riesgos, llevan a la limitación de las actividades permitidas y a la necesidad de reciclar y reconstruir lo existente y de construir pequeñas infraestructuras que brinden servicios a los visitantes y usuarios de la isla. Lo que sí está claro es que la propuesta se basará en el disfrute y conocimiento de los dos patrimonios que intervienen en el territorio: su historia y su biología.

Batallés dixit
“La cuña salina del Océano Atlántico ingresa al estuario del Plata y llega hasta Colonia. Por una cuestión de densidad, debajo del agua superficial, que a veces aparenta ser dulce, hay todo un mundo submarino de fauna y flora halófita.”

“La conformación de las islas es la anfibolita metamórfica que se caracteriza por un color grisáceo, apareciendo líneas de cuarzo blanco. Las islas son totalmente rocosas, sin playas de arena y están rodeadas por restingas que se prolongan bajo el agua. Las profundidades que circundan son de escasa magnitud y a su alrededor aparecen bajíos. La zona más peligrosa para la navegación es la prolongación de la restinga en la tercera isla en dirección noreste, con una extensión de casi una milla.”

Dos de las cuatro estufas
a vapor del Área de
Desinfección del lazareto. 
“La cantidad de áreas protegidas ha aumentado considerablemente en las últimas décadas; ahora constituyen el 12% de la superficie terrestre y representan un de los usos del suelo más importantes en el mundo. Sin embargo menos del 0.5 % de los ecosistemas marinos del mundo se encuentran protegidos, lo que significa que la representación de los océanos dentro del sistema global es todavía escasa. Sucede algo parecido con otros biomas, entre ellos los grandes sistemas de agua dulce y las praderas.”

“Del total de especies de aves que habitan en el Uruguay, tanto residentes como migratorias, se puede decir que 40% son costeras, ya sea por su fuente de alimentación o porque utilizan la costa como zona de descanso, como área de reproducción y cría. Dado el avance de la presencia humana se hace necesario la creación de áreas protegidas que permitan el desarrollo de estas poblaciones de aves.”

Comisión Nacional Asesora de Áreas Protegidas
Ruinas del Hotel de los Inmigrantes,
que aguardan una gestión cultural.
Está integrada por organismos públicos y entidades de la sociedad civil. La preside el director Nacional de Medio Ambiente, acompañado por la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial (DINOT) y la Dirección de Saneamiento y Aguas (DINASA), además de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA) y la de Recursos Naturales Renovables (RENARE), dependientes del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca. También están presentes: el Ministerio de Educación y Cultura, Defensa Nacional, Interior, Turismo Deporte y Recreación, Universidad de la República, ANEP, las intendencias de Montevideo y Canelones, tres federaciones productivas y dos organizaciones no gubernamentales: Anon y la Red de ONGs Ambientalistas.

Mareas
Uruguay tiene dos altas y dos bajas y el Río de la Plata cuenta con un régimen astronómico micromareal, de pocas decenas de centímetros de amplitud, con desigualdades diurnas y grandes diferencias entre pleamares y bajamares consecutivas. La onda de marea se propaga de sur a norte con amplitudes que aumentan hacia la costa y disminuyen hacia el Río de la Plata interior. A la onda de marea le toma aproximadamente doce horas propagarse desde un extremo al otro del estuario.

Las misiones científicas que iban a la Antártida durante años se aclimataban en la Isla de Flores.

Otro lazareto histórico está ubicado en el puerto de Mahón de la isla balear de Menorca, ubicada en el Mar Mediterráneo. Fue construido en 1793 por orden del Conde de Floridablanca, ministro del Rey Carlos III de España. Fue inaugurado en 1817.


BIO
Juan Antonio Varese
Montevideano, del barrio Punta Carretas, escribano de profesión, escritor y fotógrafo vocacional, es un investigador y memorialista que adquirió notoriedad con el exitoso y varias veces reeditado De naufragios y leyendas en las costas de Rocha (1993). Entre 1989 y 1991 fue presidente del Foto Club Uruguayo, de su tarea resultó el libro Memorias de José M. Silva, el fotógrafo de Gardel (1997). Su interés se orientó también a temas de nuestra identidad que cristalizó en títulos como Memorias del tamboril (1996) y Viaje al antiguo Montevideo (1977), ambos en coautoría. Fundador de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, su amor por la costa se manifestó en: Memorias de Aguas Dulces, Valizas y Cabo Polonio (1997, en coautoría), Gastronomía de las costas de Rocha (2000), Historias y leyendas de la isla de Flores (2000, también en coautoría) y Faros del Uruguay (2005).

AGRADECIMIENTOS
Lic. Mario Batallés, oceanógrafo, jefe de gestión de la División Biodiversidad y Áreas Protegidas de la DINAMA, Capitán de Navío (CG) Anselmo Borges, jefe de Relaciones Públicas de la Armada Nacional, Capitán de Fragata (CP) Gabriel Guida, prefecto de Trouville, Capitán de Navío (CIME) Ruisdael Ramallo, jefe del Servicio de Iluminación y Balizamiento de la Armada, Alférez de Navío (CP) Germán Craigdallie, y Cabo de 2ª (CP) Manuel Guisado, Cabo de 1ª Álvaro Fajardo y Marinero de 1ª Julio González (Servicio de Iluminación y Balizamiento de la Armada) y al escritor Juan Antonio Varese.

1 comentario:

Juan Antonio dijo...

Invitación: El Instituto de Investigaciones Históricas y Sociales del Plata y Soloaventura invitan al lanzamiento del Proyecto Isla de Flores en el Ateneo de Montevideo el próximo 10 de noviembre a las 19:oo hs.