domingo, 27 de enero de 2008

Daniel Ramela, historiador y genealogista de la bicentenaria ciudad uruguaya de los "maragatos"

San José de los Olvidos



Daniel Ramela visto por Gustavo
López en el Encuentro de
Caricaturas de San José 2012.
(Ilustrazo)
Los inmigrantes de la época colonial fueron caracterizados por Juan Alejandro Apolant, en su obra mayor Génesis de la familia uruguaya, como «héroes injustamente relegados por el bronce». La definición le cabe a las 52 familias que fundaron la villa que lleva el nombre del antiguo arroyo San Josef. De la hazaña humana, oficialmente fechada el 1 de junio de 1783, tan sólo quedan dos edificios, que apenas evocan a los labradores hispanos que cruzaron las furiosas olas del Atlántico. Muchos de ellos, además padecieron un insólito éxodo por inexistentes caminos de la región más austral del Nuevo Mundo. «Aquellos colonos que, a fines del siglo XVIII, sufrieron en la Patagonia y luego se afincaron en la antigua Banda Oriental, fueron los padres de nuestra identidad nacional.» La frase es de Daniel Ramela, cronista y recopilador de antiguas tradiciones de su tierra.

Sobre la base de la entrevista realizada para el libro Héroes sin bronce (Gobierno del Principado de Asturias, Editorial Trea, Gijón, Diciembre 2005).

¿Desde cuándo investiga las raíces históricas y genealógicas de San José?
Daniel Ramela en su casa de
San José de Mayo, 2005.
(Archivo Ramela)
Desde que recibí el archivo de mi bisabuelo, el escribano Sixto Dela Hanty, aunque, recién en 1971, con algunos amigos reunimos documentos, muchos desconocidos, de indudable valor patrimonial. En la catedral se conservan actas de la antigua villa colonial: están todos los bautismos, matrimonios y defunciones. Rastreando antepasados propios y de tantos coterráneos, nos encontramos con los entrañables fundadores de la villa colonial. En mi árbol genealógico están presentes, por lo menos, siete de aquellos: Miguel Larriera (originariamente De la Riera), Bartolomé Barredo, Nicolás Perera, Francisco Menéndez, Manuel Fernández Félix, José de Arce y Manuel Muñiz. De ellos heredé una costumbre muy hispana: la hidalgomanía. En los protocolos de la escribanía de Carlos Casaravilla, de Montevideo, están registradas las credenciales nobiliarias y limpiezas de sangre de mis antepasados y de otros paisanos «rectos y severos, creyentes sencillos, caballerescos y pundonorosos». Mi abuelo materno, Rafael Salguero Perera, por ejemplo, tenía la típica mezcla colonial de San José. Su padre era de El Ferrol, y su madre criolla, era bisnieta de aquél Perera, nacido en el poblado asturiano de San Antonio de la Foz de Morcín. Para rastrear a los pioneros fueron muy útiles las tradiciones orales, actas, testamentos, documentos públicos y privados, libros, periódicos, diarios familiares, estudios genealógicos, pero, también, tres obras imprescindibles: San José, origen y fundación, de mi entrañable pariente Carlos Larriera Bonavita; Sobre la fundación de San José, de Alberto Jones Brown, y la magnífica Operativo Patagonia, de Juan Alejandro Apolant.

Apolant es un referente de la historia social y demográfica del país.
La notable obra
de Juan Alejandro
Apolant, ofrecida a
60 pesos argentinos.
(Mercado Libre)
Fue el mayor investigador de la etapa colonial, aunque en algunos ámbitos cueste reconocerlo. Apolant hizo un estudio microscópico de las familias españolas llegadas al Río de la Plata en el siglo XVIII, y se preocupó muy especialmente por San José. Su nuera (de apellido Villar) descendía de mi pariente Fernández Félix, un personaje venido de la asturiana Morcín. Aquí estuvo muchas veces. Pero también pasó un buen tiempo en Sevilla, buscando documentos de embarque de los Archivos de Indias, de donde surgía la filiación de cada inmigrante colonial. En aquella época el viajero era descrito de puño y letra. A veces, se daban datos pintorescos. Por ejemplo, el documento de Perera informaba su color de cutis, cabellos, ojos, estatura, complexión, y al final decía: «faltoso de dientes y algo lisiado del pie derecho». El rigor y la creatividad de Apolant, fueron insuperables.

Carretas cruzando el río San José
en la década de 1880.
(Archivo Ramela)
¿Cómo fue la ruta de los fundadores?
En enero de 1779 se enteraron de que el rey Carlos III tenía planes de colonización en extensas y ricas tierras del Río de la Plata. Una verdad a medias, porque en realidad su destino era la remota Patagonia. El 11 de setiembre solicitaron los documentos que acreditaban antepasados «afincados y laboriosos». El 16 salieron de sus pueblos, llegando al puerto de La Coruña el 2 de octubre. La mayoría vino en el barco San Josef y San Buenaventura, el legendario Portugués, que trajo a 127 familias y dos solteros, en total 569 personas. Arribaron a Montevideo en enero de 1780, luego cruzaron a Buenos Aires, y de allí a la inhóspita Guardia de los Ranchos, una toldería infame que, según desaprensivos funcionarios virreinales, les serviría para aclimatarse.

Apolant cuenta que esos colonos que viajaron a la Patagonia, apenas pudieron sobrevivir.
Fueron víctimas, en carne y hueso, de fracasado operativo diseñado por la corona española para neutralizar la creciente influencia británica en el sur argentino. Puerto de San Julián había sido fundado en 1778. Carmen de Patagones y su vecina Viedma, fueron creadas en 1779, en el límite de la actual provincia de Buenos Aires con Río Negro. De ese error de los asesores del rey Carlos III apenas queda la lucidez del virrey Juan José Vértiz y Salcedo, para solicitar colonos gallegos, norcastellanos, asturianos y montañeses (cántabros); por fortaleza física, capacidad de sacrificio y combatividad. Pero la mayoría no se adaptó a tan malas condiciones de vida, a la soledad, la falta de servicios mínimos y, menos aún, al acecho de agresivos indios patagones. Para evitarse problemas mayores, el virrey puso en marcha un secreto operativo de retorno. Al principio las familias quedaron (en depósito) hacinadas en Buenos Aires y Montevideo, pero luego, fueron llevadas a fundar y refundar villas y ciudades rioplatenses.

El virrey Vértiz fue el creador intelectual de San José, y el capitán valenciano Eusebio Vidal, del arma de Dragones, fue quien ejecutó el plan de fundación.

Río San José.
(Turismo Maragato)
¿Está descripta la región antes del arribo?
Según censo de 1780, en la amplia cuenca del arroyo San Josef vivían 770 personas. En el arroyo Cagancha, de una y otra banda, había 378 personas y 83 casas; en Carreta Quemada, 171 y 21, respectivamente, y en Chamizo, 231 y 30. Integraban esta primitiva población: «españoles, pardos libres, negros libres y esclavos». Las estancias de la zona tenían, promedialmente, 15 mil cuadras. Pertenecían a familias latifundistas: Alzáybar, Durán, Pérez de Sosa, De Viana, De Achucarro y Más de Ayala. En una zona rural relativamente cercana, ya vivía mi antepasado José de Arce, un colono adelantado, asturiano de Quintes.

¿Cómo se inició el proceso fundacional?
En la manzana del Teatro Maccio, frente
a la Plaza de los 33, se levantaron
los primeros ranchos de los
fundadores de San José.
(Diego Praderi)
Primero vino el jefe Vidal, con un contingente de varones, para elegir el punto de emplazamiento. La región les encantó, pero la tarea se fue retrasando. El tiempo pasó y algunas señoras tuvieron familia en Montevideo, mientras esperaban que se levantaran los ranchos de la nueva villa. La planta urbana de San José fue delineada por el piloto mayor Juan Porcel de Peralta. A medida que se edificaban las viviendas, las familias iban llegando en tandas. Primero vinieron 41 asturianas, tres castellanas de León y dos gallegas de Lugo y La Coruña. Poco antes de morir, en 1792, Vidal escribió sus memorias. Allí cuenta cómo eligieron el área de plaza central, muy democráticamente, y cómo fue el proceso de amanzanamiento. «Salimos de Montevideo el 28 de mayo de 1783, con los capellanes, cirujano y piloto. Llegamos al San Josef el 1 de junio, 29 carretas, 204 indios y cabezas de familia». Ese dato, aparentemente trivial, sirvió para designar la fecha oficial de San José. Porque se perdió el acta fundacional.

¿Hubo una segunda inmigración?
Avanzado el año de 1784, arribaron los fundadores tardíos del pueblo; otras dos familias asturianas y cuatro castellanas (tres de León y la maragata de Astorga). El último pionero fue uno de los más influyentes, Miguel Larriera, que había llegado en el primer grupo de inmigrantes a la Patagonia. Sufrió la desgraciada experiencia del ataque contra Puerto Deseado y pasó a Puerto Julián, de donde regresó a la capital virreinal, con su familia enferma de escorbuto. Cuando le ofrecieron venir a San José no lo dudó. Arribó el 1 de junio, un año después de iniciado el proceso que, justamente, se cerró ese día. Luego vinieron otras nueve familias, que no son fundadoras oficiales, pero entre los que hay notables apellidos, como Gallinal o Sienra.

¿Dónde estaba emplazada la antigua villa?
Casa de Ortuño, actual sede del
Museo Departamental, una de las pocas
viviendas coloniales que perduran.
(Diego Praderi)
Se marcó el lugar que, también hoy, ocupa la plaza principal. Como era costumbre, ese círculo central quedó vacío, como futuro paseo público. Así se comenzó a amanzanar dos o tres cuadras, orientándose hacia los cuatro puntos cardinales. Porcel de Peralta fue diseñando los primeros 52 inmuebles en forma española clásica, cuadriculada. Un estilo que le da a San José un carácter patrimonial único. Las viviendas primitivas eran muy modestas. Los pioneros eran pequeños agricultores, pero había también algunos carpinteros y herreros. La mayoría recibió solares en la villa y chácaras, como se decía entonces, en los suburbios, y alguna vaca. También hubo, los menos, que recibieron una suerte de estancia. El primer terrateniente de ese grupo fue Tomás Varela, gallego de Lugo, que llegó a tener 18 mil cuadras. Rafael Sienra, inigualable recopilador de nuestras tradiciones, cuenta, en su obra El Terruño: «Levantadas las cocinas, los pobladores pasaron al lugar a finales de agosto. A esa ayuda oficial unieron aquellos colonos, su estímulo, su esfuerzo, sus ilusiones y el pueblo fue surgiendo con ranchos pajizos y luego los edificios de azotea que se ven en la plaza de los Treinta y Tres. Sobre el rancho destinado al culto, su fe levantó un sencillo templo. Y como el reparto no había sido equitativo ni conveniente, los vecinos solicitaron al alcalde Fernández Félix, diversas mejoras urbanas».

Los Larriera, familia tradicional de San José,
descendiente del asturiano Miguel de
la Riera, fundador de la ciudad, c. 1890.
(Archivo Ramela)
¿Cómo fueron los primeros años en su nueva tierra?
Hay una anécdota muy interesante sobre la lucha de los colonos por defender sus propiedades. Antonio Pineda, integrante de la celebre expedición científica de Malaspina, dejó en 1789 una admirable descripción de la geografía, población, fauna y flora. Y también señaló un rasgo curioso: «En varios de los arroyos, dice, que derraman sus aguas en los de Santa Lucía y San José, se encuentran pepitas de oro». La versión desató la voracidad de los oportunistas. Un caso tristemente memorable fue el de los herederos de un hacendado de apellido De la Quadra. Esa gente tramitó una sentencia de desalojo contra varios ocupantes de tierras, presuntamente ilegítimos, que había sido pronunciada por la Real Audiencia. El alcalde de primer voto, Pedro José Errazquin, se dirigió a Pascual Ruiz Huidobro, gobernador de Montevideo. Lo hizo en dos oportunidades, argumentando que los colonos eran «los más de ellos de un carácter rústico y arrojado, hombres montaraces, atrevidos, inmoderados y feroces en su mayor número». Solicitaba, en consecuencia, quince hombres de tropa para ejecutar el lanzamiento. En contraste con la versión interesada de latifundistas y personeros, los colonos presentaban continuas solicitudes de amparo. Sienra da otra versión.

Debajo del ala este de la Catedral de
San José, donde comienza la peatonal
Asamblea, perduran vestigios
de la antigua capilla donde los
fundadores se refugiaron en las
Invasiones Inglesas de 1807.
(Gobierno de San José)
«Eran aquellas gentes laboriosas y escogidas que no habían venido a América en busca de minas de oro, ni a conquistar indios, sino simplemente a trabajar, a roturar y regar con el sudor de su rostro la tierra que debía proporcionar el pan a sus hijos.»

¿Lucharon contra las invasiones inglesas al Río de la Plata?
En la primera incursión, de 1806, que provocó la caída de Buenos Aires, los colonos se sumaron entusiastas al ejército de defensa organizado por Santiago Liniers. Muchos de ellos participaron en la expulsión del invasor. Pero en la segunda, de 1807, se invirtió la ruta. Los ingleses tomaron primero Montevideo y emprendieron camino a Colonia. Sienra presenta otra jugosa crónica sobre la ocupación de San José. «En 1807, la villa quedó bajo gobierno del coronel Denis Pack (héroe de la batalla de Waterloo, que en 1815 significó la derrota de Napoleón Bonaparte). Los extranjeros no fueron mal recibidos por la población, sino que, por el contrario, los esperaban con cierto aire de satisfacción.» La contradictoria actitud tiene una explicación. Estaban cansados de luchar contra los latifundistas y hartos de los abusos de la burocracia virreinal. Algunos vieron en las tropas británicas una liberación.

Toma de San José por
Diógenes  Hequet, 1890.
(Uruguay Educa)
¿Los colonos fueron movilizados por la revolución artiguista?
La inmensa mayoría estuvo en el bando virreinal. Hay una anécdota muy rica sobre Larriera y Perera. En la batalla de San José. del 24 de abril de 1811, fueron tomados prisioneros por otro asturiano que se había sumado a los insurgentes: Isidro Almirón. Almirón formaba parte de la avanzada criolla proveniente de la argentina provincia de Entre Ríos. Allí mantuvo contacto con la flor y nata revolucionaria, y luchó con los patriotas en varias batallas perdidas. La emoción de haber participado en el primer triunfo revolucionario de magnitud, lo unió profundamente a San José. A tal punto, que se quedó a vivir y dejó descendencia que, hasta hoy mantiene el apellido. Almirón fue acuchillado en el enfrentamiento, pero, lo pintoresco es cómo el relator informa el hecho: «Recibió un corte de levedad en el umbligo, vendose con un pañuelo y siguió luchando». En ese combate también fue herido el capitán Manuel Artigas, primo hermano de José. Mi bisabuelo dibujó al militar caído, debajo de una reja que sirvió de referencia para colocar una placa recordatoria en el lugar donde se supone ocurrió el hecho, porque la casa ya no existe. Artigas fue alcanzado en el tobillo por la esquirla de una granada. Hay una famosa anécdota del médico Gaspar González, un español al servicio de los independentistas. Cuando lo vio, se acercó a atenderlo, pero el capitán ordenó que revisara a otros que sufrían heridas más graves. Murió al mes, a causa de una gangrena. Fue sepultado el 25 de mayo, un año después de iniciada la revolución (de 1810) por la que entregó su vida. 

Los restos del comandante oriental de la Toma de San José están en la catedral maragata y su nombre figura en la pirámide de la Plaza de Mayo de Buenos Aires: «Don Manuel de Artigas, capitán de los ejércitos de América.»

Chacareros maragatos de
principios del siglo XX.
(Archivo Ramela)
¿Por qué el gentilicio de «maragatos»?
La versión más aceptada se refiere a una confusión teñida de cierto sentimiento de desprecio. Los únicos maragatos fundadores de San José fueron Benito Pérez y su esposa María Pérez, nacidos en Astorga. De las 52 familias originales, 43 vinieron del Principado de Asturias, cinco eran castellanas (cuatro de León y una del arzobispado de Astorga), tres gallegas y una andaluza. De la maragatería se dijo siempre que es muy especial. Alguna vez leí un libro que los describe detalladamente: Los pueblos malditos. Tenían costumbres muy peculiares. La primera y principal: eran endogámicos culturales, más que por necesidad reproductiva. Benito y María eran primos hermanos. Para ellos era fácil hacer árboles genealógicos, porque en realidad se dice que eran más hermanos que primos (se ríe).

Pero ese hecho aislado no explica tamaña confusión.
En aquellos tiempos era común que la villa recibiera aventureros con destino al fuerte de Colonia del Sacramento. Todos llevaban un diario de viaje. Como ejemplo, vale citar a dos ilustres cronistas: Alvear y Borrero. En distintos momentos, y sin conocerse entre sí, ambos pasaron por aquí. Pude leer sus escritos. Comenzaron sus crónicas casi con las mismas palabras: «Llegué a San José recientemente fundada por maragatos». Ellos, como otros, llevaron la noticia a todos los puntos del país. Son los equívocos casuales que hacen a las tradiciones más arraigadas y profundas de los pueblos. Lo más increíble es que los Pérez se perdieron en el gris de la historia. La pareja murió, dejando un hijo y una hija. El primogénito no dejó descendientes, y la hija se fue a vivir a Montevideo para casarse con un señor de apellido Poggio. Nunca más hubo un maragato en San José.

Quinta del Horno de la familia Larriera,
otro testimonio colonial en pie.
(Diego Praderi)
Cuentan que su antepasado Manuel Fernández Félix era un personaje muy singular.
Fue el primer alcalde vitalicio, aunque al final de su días, en 1844, gozaba del título pero no ejercía el cargo. Está sepultado en el nicho N° 1 del cementerio de San José, y su partida de defunción, que consta en la catedral, dice su nombre y a un costado Manuelín. Era el sobrenombre con el cual se lo conocía socialmente. Los primeros alcaldes remataban el cargo: pagaban un precio y lo mantenían durante toda su vida. Mi otro pariente notorio, Miguel Larriera, antiguo alférez de Caballería de los Tercios Reales y alcalde de primer voto entre 1801 y 1809, gozó de un privilegio inusual para la época. Fue el primero elegido, de alguna forma, por los propios vecinos. Su obra mayor fue la Quinta del Horno, uno de los pocos patrimonios coloniales que queda en pie. Por allí pasó la historia de la ciudad, la más memorable y la más olvidable. Para no contar solo las ganadas. En 1822, el portugués Carlos Federico Lecor instaló cuatro meses su cuartel general y la capital de la Provincia Cisplatina, luego de jurar lealtad a Pedro I, emperador del Brasil. Su nieto Francisco Larriera Barredo, tatarabuelo de mi madre, en 1856 presidió la Comisión de Fábrica de Templos, que dio lugar a la «Iglesia Nueva». Así se le llamaba, por entonces, a nuestra catedral. Don Francisco fue amigo de Manuel Oribe y jefe político blanco del departamento. Entonces vamos, una vez más, a que nuestro conocimiento de los pioneros se debe a que sus hijos y nietos fueron anotando lo que escuchaban. De ellos solo conocemos las firmas de Fernández Félix y Larriera. Así nos cuenta en su diario, Vicenta, la hija de Fernández Félix, casada con el gallego (Dámaso) Ortuño, constructor de la otra casa histórica que mantiene la ciudad, donde hoy está el Museo Departamental.

«Los Larriera eran del patriciado original. De los Barredo, puedo decir que era un apellido muy común del siglo XIX, sin embargo, nadie sabe por qué, un buen día desaparecieron de San José.»

¿Fue una inmigración poco calificada?
Por el contrario, era gente muy valiente, de carácter templado. Crearon naciones, ciudades y pueblos, de la nada. Fueron pioneros, y eso los califica. Más que por formación educativa, los inmigrantes coloniales eran seleccionados por su «limpieza de sangre». Tengo una copia de un certificado de los Larriera, sacado de los Archivos de Indias, con firma de notarios y testigos. Para viajar con el título de «pobladores» era imprescindible ser «hijo de algo». Este derecho estaba vetado a los vástagos naturales o a quienes tenían ascendencia árabe. Luego de conseguido el certificado de hidalguía, los postulantes se anotaban en los registros. Daban sus profesiones y así se les designaba el destino. Lo del analfabetismo, entonces, debiera ser considerado solamente una cuestión de época.

San José cambió de nombre, muchos años después de que Uruguay se declarara independiente ¿Por qué se la llamó de Mayo?
Fue Juan Manuel de la Sota, senador por el departamento de Tacuarembó, que presentó el proyecto por el cual la villa se transformó en la ciudad, el 12 de julio de 1856. Ni en los motivos, ni en la discusión parlamentaria, se argumenta por qué lo de San José de Mayo. Entonces, hay que especular. Es muy probable que se deba a la batalla. No es descabellado pensar que sea un homenaje a la primera gesta independentista, hoy tan injustamente olvidada.

Placa de Matías Alonso Criado en la
localidad maragata de Quintanilla
de Somoza, provincia de León,
por su labor en Uruguay.
(Ayuntamiento de Luyego)
¿Qué hay de la relación con Astorga y la maragatería?
Muy lejos queda la influencia de Matías Alonso Criado, nacido Quintanilla de Somoza. Un notable abogado español, que residió en Montevideo a principios del siglo pasado. Se escribía con Dela Hanty, que le contó, graciosamente, la historia de los maragatos uruguayos. De ahí surgió la idea de poner una calle Ciudad de Astorga en San José de Mayo, y como contrapartida, una calle Ciudad de San José de Mayo en Astorga. La nuestra duró algunos años, porque fue cambiada con criterio político. Ahora se llama José Batlle y Ordóñez. Allá, en cambio, siguen respetando lo convenido. Muchos vecinos y amigos son testigos. El párroco de la catedral estuvo hace unos años en Astorga y se sacó fotos en la calle y la plaza San José de Mayo. A nosotros solo nos queda una plazoleta en las afueras de la ciudad.

Usted insiste con la idea de olvido histórico.
Pero no solo de los maragatos, sino de todos los uruguayos. Nos hemos especializado en demoler nuestro patrimonio. La lista sería interminable, pero, hay un edificio que si uno cuenta nadie cree. En la actual calle Asamblea, entre Sarandí y Colón, estaba la casa del vecino Juan Durán. Allí se reunió, en 1828, la Asamblea General Constituyente y Legislativa, que dio lugar al verdadero Uruguay independiente. Fue demolida en 1918. La reja de su balcón fue utilizada durante años como parrilla para asados, hasta su rescate y envío al Museo Departamental. A esta altura, gozo de los privilegios de la ancianidad. Puedo decir lo que me parece, sin temores. Y digo, y reitero, que somos un colectivo sin memoria.

Juan Alejandro Apolant en Operativo Patagonia, Carlos Larriera Bonavita en San José, origen y fundación y Alberto Jones Brown en Sobre la fundación de San José, están de acuerdo con la lista de las 52 familias pioneras de la antigua villa: 43 asturianas, cinco castellanas (cuatro de León y una maragata del Arzobispado de Astorga), tres gallegas y una andaluza.

Aníbal Barrios Pintos y
Daniel Ramela en 2009.
(Gobierno de San José)
¿Vidal o Vertiz?
«Con el amigo Ramela tenemos opiniones encontradas sobre quien el verdadero fundador de san José. Yo considero que fue Juan José Vertiz y Salcedo, por entonces virrey del Río de la Plata. Sin la orden de Vertiz, jamás hubiese venido el capitán Eusebio Vidal a esta tierra. Vidal fue el director de poblaciones, cumplió la orden virreinal. Los virreyes estaban autorizados a fundar pueblos… se le informaba al rey y luego venía la orden real. Daniel, y otros especialistas, se suscriben a la tesis que el verdadero fundador fue Vidal; son puntos de vista.
Sí tenemos total coincidencia en la cantidad de fundadores y su origen. Lo que pasa es que algunas familias vinieron de Montevideo y otras de la Patagonia, a último momento, para formar parte del grupo fundacional. Esas familias que fueron a la Patagonia regresaron porque allá eran diezmadas por el escorbuto, las condiciones de vida eran terribles. Ellos regresaron y algunos vinieron a fundar Minas y otros a San José.»
Aníbal Barrios Pintos (1918-2001), autor de la obra Historia de San José, en charla debate realizada en la cuarta edición de la Feria del Libro de la capital josefina, 2009.

El caricaturista Gustavo López
entrega su obra a
Daniel Ramela, en 2012.
(Ilustrazo) 
Fundadores de San José
El primer grupo de paisanos arribó a Montevideo el 29 de setiembre de 1782, en la fragata Santa Ana –de bandera portuguesa. Había salido de La Coruña el 20 de junio del mismo año, con 15 familias y dos solteros, en total 59 personas. Las cabezas de familia se trasladaron a San José el 1 de junio de 1783, pero se afincaron definitivamente en agosto del mismo año: 1) Pedro de Tuia (o Tuyá), de San Julián de Somió, Gijón. 2) Pedro Fernández Castandiello, de San Esteban de Morcín, Oviedo. 3) Miguel Mallada, de San Esteban de Morcín, Oviedo. 4) Bartolomé Barredo I, de San Julián de Somió, Gijón. 5) Bartolomé Barredo II, de San Julián de Somió, Gijón. 6) José Antonio de Arce, de Quintes, Gijón. 7) José Santianes, de Siero. 8) Cosme Peláez, de Verteneciente, Lena. 9) Toribio García, de Argame, Morcín. 10) Santiago Montes, de San Esteban Morcín, Peñales. 11) Juan Carbajal, de San Martín de Anes, Siero. 12) Isabel Peláez (viuda de Carbajal), de San Esteban de Quintes, Villaviciosa.
El segundo grupo arribó a Montevideo el 30 de diciembre de 1782, en el bergantín Santa Ana y San Josef –de bandera portuguesa. Había salido de La Coruña el 2 de octubre del mismo año, con 39 familias y un soltero, en total 183 personas. Se afincaron definitivamente en San José a fines de agosto de 1783: 13) Juan Antonio Carbajal I, de San Martín de Anes, Siero. 14) Juan Carbajal II, de San Martín de Anes, Siero. 15) Francisco Menéndez, de San Juan de Tano, Gijón –vecino de Seares. 16) José de la Vega, San Pedro de Cagüeñes, Gijón –vecino de Limanes. 17) Francisco Moro, de Gijón –vecino de Siero. 18) José Fernández Porley, de Santa María de Lagazana, Carreño –vecino de San Vicente de Trasona, Avilés. 19) Francisco Fernández Cruz, de San Esteban de Morcín, Oviedo. 20) Ignacio Muñiz, de San Esteban de Morcín, Oviedo. 21) Manuel Fernández Félix, de San Esteban de Morcín, Oviedo. 22) Juan Fernández, de San Esteban de Morcín, Oviedo. 23) Manuel Antonio Muñiz, de Piñera, Morcín. 24) Nicolás Perera, de San Antonio de la Foz, Morcín. 25) Francisco Pando, de San Antonio de la Foz, Morcín. 26) Gabriel Antonio de la Peña, de San Juan de Muñoz, Siero –vecino de San Pedro de Collada. 27) Juan Fernández Figares, de San Antonio de la Foz, Morcín. 28) Bartolomé Martínez, de San Vicente de Margüelles, Cangas de Onís. 29) Juan Antonio Mallada, de San Isidro el Real –vecino de Oviedo. 30) Esteban Sotura, de San Cosme de Bobes, Siero –vecino de Norena. 31) Juan Díaz de Pedregal, de San Pedro de Cagüeñes –vecino de Gijón. Fernando González, de Parres –vecino de San Martín Margüelles, Cangas de Onís. 33) Francisco Llano, de Parres. 34) Mateo Sellanes, de San Juan de Berbio, Villaviciosa. 35) Fernando de Nicolás, San Martín Margüelles, Cangas de Onís. 36) Juan García Quirós, de San Vicente de Nimbra, Quirós. 37) Juan Fernández Lloredo, de San Pedro de Lloredo, Lena. 38) Manuel Prieto, de San Martín Margüelles, Cangas de Onís. 39) Francisca (viuda de) Pando, de San Antonio de la Foz, Morcín. 40) Tirso Rodríguez, de Oviedo. 41) Francisco Fernández Pello, de San Nicolás de Bari, Ribera de Arriba.
Héroes sin bronce,
Editorial Trea,

Gijón, 2005.
(Principado

de Asturias)
Los últimos dos fundadores asturianos fueron: 42) Juan Peláez, de San Pedro de Laredo, Lena. 43) José Miguel de la Riera (después Larriera), de San Martín de Riaño, Langreo –vecino de Lada. Ambos habían llegado a Montevideo, el 19 de julio de 1781, en la fragata San Josef y San Buenaventura –de bandera portuguesa. Salida de La Coruña el 15 de abril del mismo año, con 127 familias y un soltero, en total 569 personas. Tenían como destino los fuertes de Carmen de Patagones y Viedma. 
Peláez desistió de su radicación patagónica el 19 de setiembre de 1781, y hasta el 30 de julio de 1783 permaneció en Buenos Aires. El 27 de setiembre del mismo año fue destinado a San José, donde se radicó el 1 de junio de 1784. Larriera desistió el mismo 19 de setiembre de 1781, y hasta el 18 de octubre de 1783 permaneció en la capital porteña. El 1 de marzo de 1784 fue destinado a San José, donde se radicó el 1 de junio de 1784.
El 30 de setiembre de 1783, la relación oficial de pobladores de San José incluía a cinco familias no asturianas: 44) Diego Gordon, de Málaga –vecino de La Coruña. 45) Tomás Varela (o Barela), de Santa María de Bertúa, Santiago de Galicia. 46) Antonín Fernández, de Atarfe (o Baldelatrafe), Granada. 47) Santiago Domínguez, de San Juan de Alba, Mondoeño. 48) Cristóbal Brunet, de Toro, Zamora. 
Los cinco habían venido directamente a Montevideo, procedentes de La Coruña, como parte del pasaje de la fragata Santa Ana. El segundo grupo de fundadores no astures arribó a San José el 1 de junio de 1784: 49) Benito Pérez, de Loyego de Somoza, Astorga –vecino de Abañales, Puebla de Sanabria. 50) Manuel Bahillo, de Becerril de Campos –vecino de Villa Umbrales, Palencia. 51) Francisco Alonso, de Corrales, Zamora. 52) Francisco Verde, de Medina de Rioseco, Palencia. Habían llegado al Río de la Plata el 15 de agosto de 1780 en la fragata de guerra El Real San Carlos –de bandera española. Salida de La Coruña el 20 de junio del mismo año, con 70 familias, en total 253 personas. Los cuatro grupos vivieron en Puerto San Julián, entre octubre de 1780 y abril de 1784.

Solteros, sin apuro
«Dentro del período fundacional también hubo asturianos sin familia: Bartolomé García, José Fernández y Juan Gallo, nacidos en San Esteban de Plantón. Los tres habían arribado a Buenos Aires, el 12 de julio de 1779, en la fragata Nuestra Señora del Socorro –de bandera española. Salida de La Coruña el 21 de abril de 1779, con 13 familias y 23 solteros, en total 83 personas. Fueron de los primeros colonos astures del Operativo Patagonia. Estuvieron en Puerto Deseado en 1779 y pasaron a Puerto Julián, en 1780, de donde regresaron enfermos a la capital virreinal. Se afincaron definitivamente en San José a fines de agosto de 1783.»
Carlos Larriera Bonavita, San José, origen y fundación, Montevideo, 1961.

Gustavo Gallinal,
abogado, escritor,
historiador, tribuno
de la democracia
en tiempos de la
dictadura de Terra,
descendiente de
pioneros de San José.
(Archivo Artigas)
No reconocidos
Daniel Ramela, en su ensayo La presencia asturiana en San José, adhiere a la argumentación aportada por Carlos Larriera Bonavita, al considerarlos fundadores agregados. Los nueve pioneros sin título oficial fueron: 1) Diego Arias, de Santa María de Bermejo, Quirós. 2) Gaspar Santurio, de San Clemente de Quintales, Villaviciosa. 3) Vicente Gil, de San Juan de Muñoz, Siero. 4) Juan Guardado, de San Pedro de Navarro, Gozón. 5) Manuel García de la Sienra, de San Esteban de Riaño, Langreo. 6) José Antonio del Gallinal, de San Andrés de Bedriñana, Villaviciosa. 7) Blas de la Madera, de Santa Eulalia de Cagüeñes, Gijón. 8) María Rivero (viuda de Francisco Morán, fallecido en alta mar el 12 de julio de 1781), nacida en San Julián de Somió, Gijón. 9) Juan Andrés Caballero, de Oviedo.

Gijón y Oviedo
Una discriminación de las procedencias de los fundadores astures de San José, permite señalar que nueve familias eran de Gijón, ocho de Oviedo, siete de Morcín, seis de Siero, cinco de Cangas de Onís, dos de Lena, dos de Villaviciosa, una de Langreo, una de Carreño, una de Ribera de Arriba y una de Quirós.

Huella y Presencia
de Asturias en 
Uruguay, de José L.
Pérez de Castro.
(Centro Asturiano-
Casa de Asturias)
Fundar, establecer, colonizar
«El proceso administrativo de creación de San José se registró en tres etapas fundamentales exigidas por la Legislación de Indias. La fundación quedó instituida desde el mismo momento en que se aprueba por orden superior. El establecimiento desde que la Real Hacienda destinó recursos y hombres para elegir y determinar el punto concreto de su situación y de los edificios públicos y particulares. La colonización desde que los asturianos, gallegos y castellanos pasan a ocupar viviendas y predios.»
José Luis Pérez de Castro, en Huella y presencia de Asturias en el Uruguay, Edición del Centro Asturiano de Montevideo, 1961

Don Juan José
«Don Eusebio Vidal pasa a aquellas tierras con los capellanes, cirujano, piloto y demás individuos, a últimos de abril, principios de mayo de 1873; a efectuar la medición y reparto de parcelas y por esta participación se le viene considerando falsamente como su fundador. En tal sentido creemos que, sin mengua de los méritos reconocidos a Vidal, debe exaltarse por lo menos en el mismo plano la inteligencia de Juan José Vértiz y Salcedo, a quien corresponde la gloria de la decisión fundacional que fue el verdadero punto de partida de una ponderada política inmigratoria.»
Alberto Jones Brown, en Sobre la fundación de San José.
El Terruño, de Rafael
Sienra, recopilada

por Banda Oriental.
(Mercado Libre)

Rancho de templo
«Levantadas las cocinas, los pobladores pasaron al lugar a finales de agosto. A esa ayuda oficial unieron aquellos asturianos, su estímulo, su esfuerzo, sus ilusiones y el pueblo fue surgiendo con ranchos pajizos y luego los edificios de azotea que aun se ven en la [céntrica] Plaza de los Treinta y Tres. Sobre el rancho destinado al culto, su fe levantó un sencillo templo. Y como el reparto no había sido equitativo ni conveniente, los vecinos de San José solicitaron al alcalde Fernández Félix, diversas mejoras urbanas.»
Rafael Sienra, en El Terruño. Historias y Tradiciones de San José y su pago, Ediciones Banda Oriental, 1983.

De indio a gaucho
Pérez de Castro no oculta su orgullo al singularizar a sus solidarios paisanos. «El influjo de nuestras características regionales fue en la tolerancia y convivencia con que los pioneros fueron admitiendo a los indios, reduciéndolos pacíficamente a la obediencia y al trabajo, facilitándoles ropas y la satisfacción de otras necesidades; hasta llegar a darles carta de vecindad, por iniciativa y solicitud del alcalde D. José de la Riera, al Cabildo del 28 de febrero de 1809. Con el trato humano de los colonos, los indios reducidos llegaron a perder sus costumbres primitivas y de sangre[...] A mezclarse con la de los conquistadores, de cuya unión nació el tipo gaucho.»

Poblar, repoblar
Los frustrados colonos patagónicos fueron llevados a pueblos y ciudades orientales con dificultades demográficas: Colonia del Sacramento, Santo Domingo de Soriano, San Fernando de Maldonado, Pueblo Nuevo de Maldonado (luego San Carlos), Paysandú, Rosario de Colla, Capilla Pintado (luego Florida) y Capilla de la Nueva Mercedes. También crearon nuevas villas: San Juan Bautista (Santa Lucía) y Nuestra Señora de Guadalupe de los Canelones (ambas en 1781), San José (1783), Nuestra Señora de la Concepción de Minas (1784), Pando (1787), Nuestra Señora de los Remedios (1793, luego Rocha), Melo (1795), Porongos (1802, luego Trinidad).

Daniel Ramela con los artistas plásticos
Claudio Senattore y  José María Soto,
en la cafetería del Teatro Maccio, 2010.
(Archivo Claudio Senattore)
Ramella, Ramela
Una paradoja y un capricho marcan la vida del cantor aficionado de tangos, maestro de lenguas e historiador del San José colonial. La paradoja es geográfica. Este maragato de 85 años, conocedor profundo de cada rincón de su departamento, nació en Montevideo. «Fue un accidente, porque el parto se adelantó cuando mi madre visitaba a un médico amigo que ordenó su internación ni bien ella sintió las primeras contracciones. Vine al mundo donde no debía, en el Sanatorio Pacheco, de Agraciada y Asencio, pero a la capital solamente voy por trabajo, estudio, o de visita por el día.»
El capricho es genealógico. Por sus venas corre sangre «50% hispana», mezclada con otro 50% de origen irlandés, alemán, portugués, vascongado francés, incaico e italiano, por su padre: Atilio Ramella. «Un error registral lo transformó en Ramela, involuntariamente, pero, por esas cosas de la genética, el apellido se fue manteniendo.»
El profesor y sus alumnos.
(Radio El Espectador)
Entre 1971 y 1973, leyó una colección completa de diarios maragatos –de 1883 a 1958. En total 11.471 ejemplares. «La riqueza documental del material de mi bisabuelo [Dela Hanty] me entusiasmó tanto, que luego seguí con las actas de la catedral, partidas de nacimiento y defunción, testamentos y dos diarios tradicionales: Los Principios y El Pueblo. Parte de su tarea revisionista está resumida en Presencia asturiana en San José, obra que reúne las principales corrientes de investigación histórica de la ciudad.
Poseedor de una memoria prodigiosa, pasó su vida traduciendo y enseñando idiomas: inglés, francés, italiano, portugués y alemán. En los últimos años agregó el bable, lengua que aprendió «por contacto». Hablando, leyendo y escuchando textos asturianos.
Fue empleado de la Intendencia Municipal durante más de tres décadas, trayectoria reconocida el 19 de setiembre de 2003. Al año siguiente la Junta Departamental lo homenajeó por «su labor histórica y cultural y su contribución al conocimiento de las raíces genealógicas asturianas de los hijos de San José». El 27 de diciembre de 2009 fue declarado Ciudadano Ilustre y recibió las llaves de su ciudad.

En Tertulia de San José, 2006
(Radio El Espectador)
Mario Giampietro
«Fue un pionero de la televisión, porque hizo la primera transmisión televisiva en América del Sur. Había nacido en San José en el año 1904  y vivió casi hasta los 100 años falleció hace pocos años. Me interesé en su vida y se logró por medio de la Sociedad Italiana, justamente Giampietro era hijo del doctor Francisco Giampietro que estuvo radicado en San José y que realizó nada menos que el Parque Rodó  que después se ha ido mejorando con la Hostería y actividades que se cumplen ahí o elementos que se han ido agregando para embellecer el parque. En ese sentido me parecía que Mario Giampietro era una de las grandes figuras, la más grande que tiene San José.»
Daniel Ramela

El historiador suele contar, con mucha gracia, que tiene parentesco con el ex presidente Luís Alberto Lacalle. «Cada vez que viene por aquí me saluda igual: Ramelita, pariente y amigo. El lazo de sangre es con los Herrera, a través de los Larriera.»

Vista aérea de la peatonal Asamblea.
En una de sus viviendas Uruguay
se declaró independiente
el 22 de noviembre de 1828.
(Gobierno de San José)
San José en la Historia 
En el departamento y su capital más que bicentenaria hubo episodios decisivos en la  lucha por la emancipación oriental, rioplatense y sudamericana.

1811
21 de febrero. Batalla del Paso del Rey donde las tropas revolucionarias se enfrentaron contra las españolas enviadas por el virrey Francisco Javier Elío. Los caudillos Venancio Benavídez y Manuel Artigas, primo de José Artigas, lideraron el ejército patriota que sitió a los españoles en San José.
24/25 de Abril. Toma de San José por el ejército del general Manuel Belgrano, al mando del capitán Manuel Artigas vencedor de la contienda, herido de muerte en batalla y primer mártir de la independencia del Río de la Plata.
23 de octubre. Asamblea de San José que decidió el Éxodo del Pueblo Oriental. Luego de la firma del Armisticio entre porteños y españoles que dio lugar al levantamiento del Primer Sitio de Montevideo y que José Artigas consideró una traición de Buenos Aires, un grupo de familias abandonó sus propiedades para acompañar al Jefe de los Orientales en la Redota o exilio a tierras del norte oriental. 


Cagancha en la
serie Batallas
que hicieron

Historia, 2007.
(El País)
1825 
Por San José avanzaron los Treinta y Tres Orientales en su trayecto desde Buenos Aires a Montevideo en su Cruzada Libertadora contra la Provincia Cisplatina del Basil. En la Batalla de Paso del Rey apresaron a 300 enemigos y luego se apoderaron de la estratégica guarnición de San José, donde tenía su cuartel el general portugués Carlos Federico Lecor.

1828
22 de noviembre. Asamblea Constituyente. En 1828 tuvo lugar la Convención Preliminar de Paz de Río de Janeiro, que debía sumar la toma de las Misiones Orientales en manos del futuro primer presidente Fructuoso Rivera. Tras esta comisión, se le adjudicó a la provincia una Asamblea General y Legislativa que se volvería autónoma e independiente en 1830. La primera sesión se llevó a cabo en un predio de San José, nombrando a José Rondeau como gobernador provisorio. Con el tiempo se promulgaron las primeras leyes que no contravenían a los planteamientos formulados en la Convención. La Provincia Cisplatina se convertiría pues en el Estado Oriental del Uruguay.

1839
29 de diciembre. La Batalla de Cagancha fue un conflicto armado al inicio de la Guerra Grande en la costa del arroyo homónimo del actual departamento de San José. Allí se enfrentaron 5.000 soldados blanco-federales comandados por Pascual Echague, leales al gobernador argentino Juan Manuel de Rosas y al caudillo blanco Manuel Oribe, contra 4.000 efectivos colorado-unitarios al mando del general Fructuoso Rivera. Aunque sufrió una mayor cantidad de bajas, el bando riverista consiguió el retroceso federal obligado a regresar a la provincia argentina de Entre Ríos.

1898
Artigas en San José.
(Diego Praderi)
25 de agosto. Fue inaugurado el primer monumento en honor a Artigas en territorio uruguayo, que aún se eleva en la Plaza Independencia de San José. La base de granito, de siete toneladas, fue transportada en tren desde una cantera de La Paz, departamento de Canelones, y llevada desde la estación por una zorra tirada por seis yuntas de bueyes y nueve mulas. Su diseño fue encargado a Juan Luis Blanes, quien murió al poco tiempo, y fue finalizado por su padre, el pintor Juan Manuel Blanes. Fue modelada en arcilla por el escultor italiano Dante Costa, que la formó en yeso y la fundió en bronce en su taller de Florencia. 

Éxodo del Pueblo Oriental o Redota
(Felipe Seade, 2004)
Redota josefina
En el Éxodo las familias leales a José Artigas, de Montevideo y sus alrededores, dejaron atrás todas sus posesiones y siguieron al líder revolucionario que luego se estableció en el campamento de Ayuí, Entre Ríos. Una decisión planteada y aprobada en la Asamblea de San José, a fines de octubre.
En una carta de Artigas hacia la Junta del Paraguay, firmado en el Cuartel General del Daymán en diciembre de 1811, hace constar:
«Marchamos los sitiadores en retirada hasta San José y allí se vieron los bravos orientales a recibir el gran golpe que hizo la prueba de su constancia; el gobierno de Buenos Aires ratificó los tratados en todas sus partes, por él se priva de un asilo a las almas libres en la Banda Oriental y por él se entregan pueblos enteros a la dominación de aquel mismo señor Elío bajo yugo gimieron. Dura necesidad!»
Altar mayor del histórico
templo construido por iniciativa
del vecino Franciso Larriera.
(Gobierno de San José)
El sitio de la Asamblea y el campamento aún es tema de controversias. El historiador Agustín Beraza apuntaba a que bien pudo haber sido en la costa del río San José, mientras que otros, como Washington Reyes Abadíe y Andrés Vázquez Romero, señalan que fue en el Paso de la Arena.
Si bien el punto geográfico exacto no es fácil de fijar, todos están de acuerdo en que fue decisiva en la futura creación de la Provincia Oriental artiguista.

Insurgentes y amancebados
La anécdota fue contada por la historiadora Ana Ribeiro en su obra Los tiempos de Artigas. En abril de 1812, el asturiano Miguel Mallada –de San Esteban de Morcín– era amenazado de degüello por un «enemigo acérrimo de los buenos españoles». El acusado se llamaba Manuel Gallardo. Tenía una causa criminal por sumarse a las tropas insurgentes y –aún peor–, por «amancebarse» con la mujer del vecino Antonio Balbuena. El hecho fue un escándalo público. Mallada dijo –como testigo– que el detenido trató de «enlazar a doña Josefa Hernández, fiel esposa del alcalde» y castigó –«persiguiendo a los buenos vasallos del Rey»– a la vecina María Lorenza Díaz. 
El 9 de junio, Luisa Medina juraba por «Dios nuestro Señor» que no eran ciertos los cargos. Aclaró que estaba separada de su marido –seguidor de las fuerzas artiguistas– porque quiso volver a San José, cansada de los ultrajes. 
Campanario de la catedral.
(Gobierno de San José)
Fue en ese momento que pidió a Gallardo que la trasladase. El defensor de pobres alegó que había sido abandonada por su esposo para «seguir las banderas delos reveldes del exercito del tirano Artigas» y que «la prueba del adulterio es de las más crespas y dificultosas q’ conoce el derecho». Se les concedió la libertad bajo fianza.

Canarios
No son comparables las historias, pero tienen algo en común. El gentilicio de los pobladores del departamento de Canelones no está en discusión, pero tampoco recoge la decisiva influencia de la inmigración asturiana. 
En 1774 llegaron los primeros paisanos a una lejana zona, ubicada a 70 kilómetros de Montevideo. La posterior fundación de la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe de Canelones –en 1782–, fue iniciativa del castropolense Bernardo Suárez del Rondelo, acaudalado comerciante y pulpero del sur oriental; organizador del núcleo pionero que también tuvo canarios, gallegos y castellanos. 
En 1776, un apretado grupo de colonos se radicó en la actual Santa Lucía, a orillas del río homónimo, localizado a 62 kilómetros de la capital. La Villa de San Juan Bautista fue fundada en un proceso que duró un año –entre 1781 y 1782–, sobre los restos de una guarnición militar abandonada. Su población era de gallegos, castellanos y asturianos, en su mayoría venidos de la Patagonia y descendientes de canarios de la plaza montevideana.
Cúpula maragata.
(Gobierno de San José)
En 1795, una veintena de familias astures fundaron Las Piedras, la más populosa ciudad de Canelones y segunda del Uruguay. Los pioneros vivían en la zona desde 1780, por iniciativa del virrey Vértiz, pero su formato definitivo sumó agricultores gallegos y canarios. 
El terreno original –de 1.561 metros– estaba ubicado en los suburbios de la que hoy es una urbe de más de 100 mil habitantes, a 22 kilómetros de la plaza montevideana. Fue una donación de la paisana Petrona Nieves y Castillo, por sugerencia del sacerdote Domingo Castilla y de la vecina Gabriela Sierra, también asturiana. Tres lustros después, la fértil región granjera le entregó su nombre a la más memorable batalla de la historia nación.

7 comentarios:

la gringa dijo...

una maravilla sinoptica del contexto(con;junto-texto:trama o tejido) de la memoria colectiva-OLVIDAR..ES EL ARTE DE OLVIDARNOS DE NOSOTROS MISMOS1 RE-CORDAR ES PASAR POR EL CORAZÓN! UN SALUDO AL PROFESOR CON LA humildad delos que hacemos lo mismo!como una adicción1 recuperar las historias d elos pueblos y contarlas.rose greeen-la gringa

Adolfo Figares dijo...

Estoy buscando la historia de las familias Figares-Muniz, Velazco-Perez, tengo entendido que emigraron de Asturias en 1780 a San Jose, hace anios que estoy buscando nuestra ancestria, algo encontre en un sitio, pero tiene muchos errores, tampoco dice nada de los Velazco-Perez, apreciaria toda ayuda,muchas gracias, saludos de Adolfo Figares Velazco

Yae dijo...

HOla, buscando algo sobre mis antepasados llegué aquí.Busco sobre mis antepasados. Me apellido Barredo, según mi tía descendemos de un comendador portugués de apellido Correa y de una negra esclava llamada Clara Chopitea...agradecería cualquier información

Jonathan Delgado dijo...

Quiro saber sobre mis antepasados.Jose Santos Garcia y Magdalena Mallarini mis bisabuelos y abuelos Jose Garcia Mallarini y Olga Emilia girelli Pivano.Tengo escasos datos por fotos del museo Chabalgoity,necesito saber de donde vinieron,cuantos hijos tuvieron,cuando se casaron y murieron y sobre todo con mi abuelo que los datos que me contaron mis padres eran falsos.Se casaron en 1943 y el mismo dia anoto a 3 de sus hijos y en 1959 lo mismo con otra hija.
Muchas Gracias.

Silvana Bayarres dijo...

Hola quisiera obtener alguna información sobre mis antepasados. Mi bisabuelo es originario de General Rodriguez, en San Jose. Se llamaba Jose Pujol Martino. Sabemos que tenia hermanas, una de ellas vivía en Montevídeo en el Prado, casada con alguien de apellido Carballido. Según relatos de mi padre, Jose era de hablar poco, se sabe que era descendientes te de vascos-franceses y permanentemente usaba boina. De adolescente participó cono chasqui en una guerra civil. Quisiéramos saber si hay mas datos sobre descendientes de Pujol Martino en algún documento, cualquier información sera muy valorada y apreciada en nuestra familia. Muchas gracias. Silvana Bayarres

Armando Olveira Ramos dijo...

Estimados, les agradezco el interés por este blog. Les cuento que Daniel Ramela es muy generoso y suele responder inquietudes genealógicas. Pueden buscarlo en Facebook como Ramela Salguero o escribirle a: ramelasalguero@yahoo.com.ar.
Saludos cordiales

sonia de armas dijo...

Hola tratando de buscar información de mi abuelo paterno, Juan Francisco De Armas, casado con
Isabel Muñiz, hija de Ignacio Muñiz y de Isabel Fernández. Vino la familia de mi abuela desde Asturias,de San Esteban de Mocin. No tengo claro si llegaron el 31/ 07/1738.
Mi abuelo de La Gran Canaria. Fue Servidor de la Patria, sus restos están en el Panteón Nacional de Flores Trinidad.
Desde ya les agradezco información, mi nombre es: Sonia Isabel De Armas Sandoval, nacida en Flores 1º Sección,año 1946.
Resido en España.
También quisiera información de mi vía materna, mi abuelo Juan Pedro Sandoval casado en 2ºs nupcias con Pura Justina Mañán Flores. Su familia eran de Galicia, de mi abuelo no lo tengo claro. Por el apellido parece castellano, Hay en la familia Núñez, Franco, Meroña pero no puedo armar el rompecabezas. Gracias.