jueves, 17 de octubre de 2013

Almacén Del Hacha vs. Baar Fun Fun

Un clásico tanguero de tres siglos, entre Guruyú, Ciudad Vieja y el Barrio de las Artes

“Al campeón del Pegulo y de la Uvita,
sinceramente, Carlos Gardel 1933”,
dice la foto dedicada
al gallego Augusto López.
(Archivo 
Baar Fun Fun)
Son dos patrimonios históricos de Montevideo y símbolos de la cultura musical del país, repletos de Tango, Candombe, Milonga y Carnaval. Su rivalidad, mezcla de comercio y bohemia, por longevidad y tradición es comparable con el mayor clásico deportivo del país: Nacional vs. Peñarol. Almacén Del Hacha abrió sus puertas hace 220 años, en pleno siglo XVIII, cuando no existía la actual esquina de Buenos Aires y Maciel. Aunque su nombre original no quedó registrado, goza del prestigio de ser el más antiguo de la ciudad, al principio como una de las pulperías urbanas más concurridas. Baar Fun Fun fue fundado el 12 de diciembre de 1895, en la pieza Nº 133 del Mercado Central. Allí el gallego Augusto López fabricaba y servía sus bebidas emblemáticas: Uvita, Pegulo y Miguelito. Los parroquianos se sentaban en cajones, para compartir un espacio de encuentro que convocaba por igual a todas las clases sociales, de todos los barrios, de todo el país, de todo el mundo.  El Hacha cerró, como tantas veces antes, en 2014, a fines de ese mismo año el Fun Fun se mudó a su nueva dirección, Soriano y Convención, en el Barrio de las Artes.

Sobre la base de los libros Galicia en Uruguay (Naón y Olveira, Montevideo, 2009), Montevideo. Manual del Visitante (Naón, Olveira y Praderi, 2011),  de la serie Inventos Uruguayos (Trocadero Gabinete de Diseño para el diario El País, 2011), Boliches. El Corazón del Barrio (Canal 10/Ediciones de la Banda Oriental, 2013).

La ñata contra el vidrio
Es muy probable que el gallego Juan Vázquez se fue a dormir antes de la medianoche del 15 de abril de 1794, pero dejó en el mostrador al dependiente navarro Bernardo Paniagua, para que atendiese a dos molestos parroquianos de su pulpería. Al fin, quedó uno solo de beberaje en la penumbra. Un hosco marinero italiano, Domenico Gambini, que horas después trepó una balandra, todavía de madrugada, rumbo a Buenos Aires. Poco tardó en llegar la noticia a la capital argentina. Gambini había robado la recaudación del comercio montevideano luego de asesinar de un hachazo furibundo al pobre Paniagua.
Casi un siglo después de la tragedia, a mediados del siglo XIX, la "esquina" de Vázquez era el popular Almacén Del Hacha, una despensa de bebidas y “ramos generales”. En el albor del 1900 también fue bar, y desde entonces es uno de los símbolos culturales de la zona conocida como Guruyú, en el cruce de las calles Buenos Aires y Maciel.
Almacén Del Hacha, c. 1895,
año de fundación del Fun Fun.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
El gallego José Pérez González llegó a Montevideo una mañana de 1953. Ese mismo día se empleó como dependiente del Hacha, y luego fue su propietario. Todavía recuerda que allí, una tarde de invierno, el poeta Tito Cabano escribió una letra de tango que recorrió el mundo. Le llamó Un boliche y comienza así: “Un boliche como hay tantos, una mesa como hay muchas.”
En 2004 fue adquirido por Avelino Pichu Carballo, un hijo de coruñeses que compartió su memoria familiar con el decano de los comercios montevideanos. Después hubo otros emprendedores, convocados por una celebridad mayor que mereció la edición de un sello postal propio y la declaración como Monumento Histórico Nacional. Pero el aura patrimonial no lo protegió contra las intermitencias comerciales.
El viernes 17 de mayo de 2013 fue reabierto una vez más, por iniciativa de Lucía Berretta, Gabriela Pérez e Ismael Nan, ahora como centro cultural con impronta tanguera y de música popular. El boliche bicentenario también es restaurante y espacio plástico y audiovisual. Sus mesas fueron intervenidas por la creatividad de once artistas: Cecilia Vignolo, Santiago Tavella, Dani Umpi, Rosario Pacha Albertini, Fabián Mendoza, Yudi Yudoyoko, Elian Stolarsky, Diego Focaccio, Mauricio Pizzard, Fernando Corbo, Vicky Barranguet. A pesar de los siglos, los cambios y la modernidad siempre será El ”Viejo” Hacha.
Las crónicas de época cuentan que el avieso Gambini fue detenido y deportado a Montevideo. Arribó engrillado, para su juicio sumario. Fue ahorcado pocos días después ante la indignada presencia de Vázquez, el noble gallego que atravesó el hacha homicida en una de las ventanas de su almacén. Nadie se animó a quitarla de allí, hasta muchos años después de su muerte.

El antiguo reloj inglés testigo
de tantas veladas tangueras.
(Archivo Del Hacha)
220 años
Es la edad que está a punto de cumplir, o ya cumplió, El Hacha. Basta pensar que Artigas pudo haber sido uno de sus primeros parroquianos, con menos de 30 años, mucho antes de la Batalla de las Piedras. Siempre hubo historias sobre su nombre. Desde la tradicional, que cuenta la muerte del vasco Paniagua, hasta otras más picantes. Se dice que el legendario hachazo fue dado por el primer dueño cuando regresó a su casa por sorpresa y su esposa estaba en la cama con un empleado. Hay otra versión: una hija del mismo pulpero tenía un novio que no le gustaba a la familia; un problema que se habría resuelto con la afilada herramienta.”

En los sótanos del boliche funcionó el primer ring clandestino del país, donde peleaban españoles y criollos contra los marinos ingleses que bajaban de los barcos. Aquí nació el boxeo uruguayo, también el fútbol y el carnaval. En sus mesas se fundó la Liga Guruyú y dos cuadros memorables: El Hacha y el Guaraní en el que jugó Obdulio Varela.”

Bailando tango al
filo de la leyenda.
(Archivo Del Hacha)
En El Viejo Hacha se tomaba de parado, en el mostrador. Había sólo dos mesas a las que se sentaba algún parroquiano vencido por la vida y el alcohol.”
Nelson Laco Dominguez, Guruyense, periodista y escritor, cronista del barrio y su gente. (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10)

Mi padre se pasó la vida detrás de un mostrador. Tuvo un boliche de aquellos de época, que llamaban de 'esquina'. Siempre quise tener un centro cultural, y El Hacha se presta por su significado material e inmaterial. Cuando vi por primera vez su barra, ¡me enamoré!”
Gabriela Pérez, gestora cultural, propietaria.

Alguien nos contó que El Hacha estaba disponible, pero con el inconveniente de que pasó varios años cerrado. Cuando entramos, nos miramos con Gabriela y dijimos: ¡nos quedamos acá! Es ideal para nuestros proyectos.”
Lucía Berretta, gestora cultural, propietaria. (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10)

Las luces del boliche
más viejo de Montevideo.
(Archivo Del Hacha)
Coro de la Aduana
Era una agrupación de músicos y cantantes que paraban en El Hacha. Fue creada por Tito Darrás, que convocó a voces carnavaleras de leyenda: Raúl Piecito Ferreyra, que daba los tonos, Antonio Cachela Casaravilla, entre otros. Cantaban tangos en formato de coro, con tanta popularidad que eran contratados para fiestas y grandes acontecimientos. También animaban la concentración de selecciones uruguayas y clubes de fútbol.

El Chileno
Se llamaba Ángel Molina. Fue un conocido poblador del Barrio Guruyú y parroquiano del Hacha, culto, melómano, punguista de profesión, pero, como él mismo decía “con códigos”. Jamás le robaba a los vecinos ni a sus amigos del boliche. Una mañana, uno de ellos lo desafió: 'a mi no me vas a robar sin que me de cuenta.' Al rato buscó la billetera en su bolsillo, pero no estaba. El Chileno se la devolvió, mientras le decía: '¿viste gil? te la saco cuando quiero.' Otra vez, a un vecino le robaron una costosa pluma Parker en un ómnibus. Habló con El Chileno, que le hizo dos preguntas clave: '¿a qué hora y en qué línea?' En el 121, a eso de los cuatro de la tarde. Al otro día, la pluma era devuelta al dueño. Molina conocía el movimiento de sus colegas, en todos los ómnibus y a toda hora.

Los tonos de una historia repleta
de tango, candombe y carnaval.
(Archivo Del Hacha)
Un artista sincero y con suerte
Mi Viejo tocaba la armónica, ensayaba en casa, pero era aficionado. Mi tío George era profesional. Tocaba con leyendas de la década de 1960: Manolo Guardia, Bachicha Lencina, Quique Almada. Siempre insistía con la necesidad de darle al Candombe un formato de calidad de exportación. Todos le decían que estaba loco, en mi familia lo peleaban, pero tenía razón. Así nacieron El Quinto, Tótem, Opa, Los Shakers.”

Hasta ahora me acompaña la fortuna, porque la gente ha tomado como propia la música que a mi me gusta También es imprescindible el trabajo, pero un artista sincero necesita suerte. Un artista sincero es aquel que crea para él mismo, para disfrutar y compartir su disfrute. La opuesta es música comercial basada sólo en el marketing. Nunca me propuse hacer un hit, ni supe antes que un tema iba a ser preferido por el público. Comenzaba a darme cuenta en el estudio de grabación, cuando veía el rostro del ingeniero de sonido o al mozo que se quedaba largo rato para escuchar. Así me pasó con La hermana de la Coneja, Brindis por Pierrot, Amándote o Durazno y Convención. Me siento un músico sincero, pero compongo con la esperanza de que mis temas le gusten a los demás.”

Sello conmemorativo, en los
200 años del Almacén Del Hacha.
(Dirección Nacional de Correos)
Guruyú es un barrio adentro de otro barrio, que conozco de tanto caminarlo desde. Nací en la punta del Barrio Sur más cercana a la Ciudad Vieja, fui a la escuela Chile, de Maldonado y Ciudadela, Casi todos mis compañeros eran de la Aduana, así que pasaba siempre por El Hacha. Ahora vivo en un edificio al que iba siempre de gurí porque era la casa de amigos míos.”

El Hacha es un boliche legendario, por sus historias, sus objetos, sus personajes. Aquí adentro hay mucha bohemia, pero también mucho dolor y sufrimiento. Si estas paredes hablaran, contarían historias de tango, candombe y murga. ¡Me emociona de sólo pensarlo!”

Los boliches de antes eran puntos de encuentro. Mis padres salían tres veces a la semana y siempre terminaban en alguna tertulia de café. El boliche de barrio se ha enfrentado y se enfrenta a tres enemigos letales: la televisión, el video y la computadora.”

Por suerte existe el Carnaval y los conjuntos que salen de clubes y boliches. Durante cuatro o cinco meses de primavera y verano los barrios recuperan a los vecinos que apagan la tele y la computadora. La gente se junta a ver los ensayos y también ¡a charlar!”
Jaime Roos, compositor e intérprete, parroquiano del Hacha (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10)


Un boliche
Letra: Tito Cabano
Música: Carlos Acuña
Un boliche como tantos,
una mesa como hay muchas,
un borracho que serrucha
su sueño de copetín.
Hay un tira que se asoma,
una copa sin monedas,
un punga que se las toma
y una caña sin servir.
Una partida de tute
entre cuatro veteranos,
q'entre naipes y toscanos,
despilfarran su pensión.
Y acodado sobre el mármol
agarrado como un broche,
un curda que noche a noche
se manda su confesión.
El trompa tira la bronca
porque un pebete se cuela
y un cantor con su vigüela
pide permiso y entona.
Y así,
entre naipes, curda y canto
de esta escena cotidiana,
se oye la voz de una nena:
"¡Papá, vamos que mamá te llama!..."
Una esquina como hay tantas,
una barra como hay muchas,
un farol que nos escucha
en su nocturno cantar.
El chistar de la vecina,
la que no cuaja en el barrio
y un galán de tranco largo
que se raja de un zaguán.
La presencia del agente
desparramando el concierto,
ya la calle es un desierto
y el rey de bastos copó.
El envite de una copa,
que de apuro va a baraja,
mientras que frente a la caja
se afana el que te afanó.
El trompa tira la bronca,
porque un pebete se cola,
y un cantor caza la viola,
pide permiso y entona.
Y así,
entre naipes, curda y canto,
de esta escena cotidiana,
se oye la voz de una nena:
"¡Papá, vamos que mamá te llama!..."

Un antiguo algibe colonial en
el patrio del Almacén Del Hacha.
(CDF)
Guruyú
Es un barrio adentro de la Ciudad Vieja, ubicado al este del Boulevard Sarandí, donde la península portuaria se transforma en Rambla Sur. Es un ancestral territorio de conventillos en los que convivieron familias afrodescendientes tradicionales con inmigrantes de las naciones más afines y más remotas del planeta: gallegos, italianos, portugueses, franceses, rusos, armenios, judíos, sirio-libaneses y turcos escapados de la guerra contra Grecia.
Guruyú es un nombre extraño, que suena a lengua bantú o guaraní, pero que en realidad es una deformación del apellido francés Gounouillou, tan difícil de pronunciar que pronto fue sustituido por una sonora versión criolla.
Domingo Gounouillou fue un empresario naviero que a mediados del siglo XIX construyó el primer muelle de gran escala en el puerto de Montevideo, al final de la antigua calle Patagones, la actual Juan Lindolfo Cuestas. También adquirió los terrenos baldíos que quedaron tras la demolición del Fuerte San José, donde fue trazada la corta calle Isla de Lobos, entre Piedras y Cerrito. El emprendedor tuvo una idea original. Al lado de su dique edificó un conjunto de casillas de madera donde los veraneantes se cambiaban de ropa para disfrutar de una novedad: los baños de sol y mar.
La ventana donde, se dice,
estuvo clavada la herramienta.
(Archivo Del Hacha)
Gounouillou era el pionero del negocio, pero su mayor difusor fue el inversionista catalán Emilio Reus que lo adquirió para transformarlo en “Las Piletas”, un balneario de agua salada y dulce. Reus se asoció con el coronel Carlos Gaudencio para construir el Hotel Nacional, en la manzana delimitada por las calles Juan Lindolfo Cuestas, Piedras, Monteverde y Cerrito. Un suntuoso complejo turístico concebido para el disfrute de ricos e influyentes personajes de la “Belle Epoque” uruguaya y sudamericana.
La obra se detuvo en 1895, por la crisis financiera derivada del quiebre del Banco Nacional. A medio terminar pasó al Banco Hipotecario que la finalizó y pronto arrendó a la Universidad de la República. En 1897 se instalaron las facultades de Derecho y Matemáticas, y tiempo después la primera Facultad de Humanidades fundada por el filósofo Carlos Vaz Ferreira.
Luego de evacuado por su estado ruinoso, hace tres décadas, muchos fueron los proyectos prometidos al Monumento Histórico Nacional que permanece abandonado frente a la Plaza de Deportes que ocupa el espacio donde alguna vez estuvieron las “casillas” de Gounouillou y las “piletas” de Reus.
Frente del almacén sobre
la calle Buenos Aires.
(Archivo Del Hacha)
Nunca fue fácil definir donde comienza y donde termina el Barrio Guruyú. Un territorio entrañable que evoca a inmigrantes esforzados, a pescadores de escollera, a negros y lubolos, a personajes del carnaval y a campeones del fútbol, el más notable: Isabelino Gradín.

Barrio Olímpico
Es la otra denominación histórica de Guruyú, un homenaje a la selección uruguaya liderada por El Mariscal José Nassazi, campeona de fútbol en los Juegos de Colombes 1924. Los “Celestes” inventores de la “Vuelta Olìmpica” se prepararon en la cancha de la Liga Guruyú, un campo conocido como “La Cangrejera” porque estaba repleto de piedras que laceraban codos, muslos y rodillas.

Fun Fun, el “estaño” de Gardel
A fines del siglo XIX, la Ciudad Vieja estaba dividida en dos por el elegante Boulevard Sarandí. Hacia la Aduana y la costa sur y oeste de la península mandaban los dueños del Bajo, la “zona del pecado” de la calle Yerbal, donde prostitutas y malevos se encontraban con marineros que bajaban de los barcos y con muchos ciudadanos “honestos” que ocultaban sus secretos. Hacia el norte y noreste, con la calle Buenos Aires como eje, alrededor del Teatro Solís, el Palacio Estévez y la Plaza Independencia, “judíos”, “turcos”, “gringos” y otra “gente de trabajo” vivían cerca de la “Ciudad Nueva” señalada por el inicio de la avenida 18 de julio.
Augusto López y parroquianos,
a principios del siglo pasado.
(Archivo Fun Fun)
Muy poco queda de aquel barrio finisecular, de vías empedradas que bajaban hasta el Río de la Plata. A pocas cuadras del mar, detrás del Solís, estaba el antiguo Mercado Central, donde se comerciaban frutas, verduras, carnes, embutidos y pescados. Una zona que el gallego Augusto López conocía de palmo a palmo, porque allí había construido su hogar. Aunque su trabajo oficial era el de marino, a diario recorría la Ciudad Vieja con su carrito ambulante, ofreciendo bebidas espirituosas: caña, grappa, espinillar, anís y sus dos invenciones, la Uvita y el Pegulo.
Augusto era querido y respetado por todos sus clientes: los del “Bajo” que luego fundaron el Olimpia y los “vecinos respetables” reunidos en el Capurro, que en la década de 1930 se fusionaron en River Plate. Fueron ellos, y también sus compañeros portuarios, quienes lo convencieron de que abriera un boliche donde disfrutar los dos brebajes realizados con fórmulas que aún permanecen protegidas por un misterio cautivante.

Gonzalo Acosta López en el
mostrador de su Baar Fun Fun.
(Alejandro Sequeira)
El gallego López fundó su Baar Fun Fun el 12 de diciembre de 1895, en la pieza Nº 133 del Mercado Central. Por allí pasaron, en distintas épocas: Carlos Gardel, José Batlle y Ordoñez, Pedro Figari, Julio Herrera y Reissig, Eduardo Acevedo Díaz, Javier de Viana, Carlos Reyles, Atilio García, Isabelino Gradín, Julio E. Suárez Peloduro, Carlos Solé, Paco Espinola, Serafín J. García y su amigo Jorge Amado, Julio Sosa, Aníbal Troilo, Astor Piazzola, Osvaldo Pugliese, Juan D´Arienzo, Evaristo Carriego, Horacio Guaraní, entre tantos. Entre las visitas más recientes se pudo ver a Danny Glover, Michelle Bachelette, Fito Paez, Dyango, Bryan Adams, Julio Bocca, y a todos los artistas uruguayos que como homenaje a la cultura y a la historia del país suelen pedir permiso para interpretar un tema acompañados por los músicos del boliche.
El Fun Fun también conoció tiempos difíciles. Cambió varias veces de ubicación, por decisiones. municipales y por tendencias socioculturales. En la actualidad disfruta una época de esplendor, preferido por viejos tangueros, pero también por jóvenes y curiosos seducidos por su historia.
Uvita, para llevar.
(Alejandro
Sequeira)
Baar Fun Fun de Augusto López.” Así dice la chapa de bronce original que se conserva bien visible, al igual que algunos azulejos y el viejo mostrador de estaño donde se sirven copas hace 118 años.

Uvita, Pegulo, Miguelito
Son los tres tragos más célebres de Augusto López. La Uvita mantiene toda su vigencia como mezcla de vinos añejados, oporto, garnacha, más azúcar y el secreto de la casa que lo lleva a 22 de graduación alcohólica. El Pegulo no perduró, porque se preparaba con grafión una fruta similar a la cereza que dejó de conseguirse en el país e importarla era demasiado costoso. El Miguelito, también desaparecido, era una bebida corta y suave para el consumo de los niños que acompañaban a sus padres.

La bebida de Gardel
Así le llaman muchos clientes a la Uvita, en honor a un momento sublime del Fun Fun y su sabor emblemático. Cuentan que El Mago fue admirador incondicional de Augusto López, desde la primera vez que probó su creación. Hasta le dedicó un tango cantado a cappella, acodado en el mostrador. Una fotografía que se exhibe en el Baar dice: “Al campeón del Pegulo y de la Uvita, sinceramente, Carlos Gardel 1933.”

Un cartel centenario da la
bienvenida a los clientes.
(Archivo Fun Fun)
¿Fun… fun...cionará?
Mi bisabuelo abrió el boliche por la insistencia de clientes y amigos que deseaban tomar copas a toda hora. Pero al principio sintió temor por el riesgo de tamaño emprendimiento. Era tartamudo, y cuando se ponía nervioso peor todavía. Cada vez que alguien se lo reclamaba, respondía lo mismo ¿Fun… fun...cionará? De tanto repetirlo, quedó el nombre Fun Fun.”
Gonzalo Acosta López, propietario del Baar Fun Fun (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Noviazgos, casamientos, divorcios
Entré en 1996 y nunca me fui, porque este boliche posee una mezcla única de familia, noche y seducción. Aquí vienen señoras de 80 años con amigas, con las hijas y las nietas. Aquí se celebran los noviazgos, los casamientos, pero también se festejan los divorcios. Me iré cuando Gonzalo me diga hasta aquí llegamos, pero seguiré viniendo como parroquiana y oyente.”
Edith Ábalos, cantante del Fun Fun (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Una noche de tango, amor y amistad.
(Archivo Fun Fun)
De niño venía al Fun Fun cuando mi abuelo Coco (hijo del fundador) abría a las 8 de la mañana y se quedaba hasta el mediodía. A esa hora, los clientes más veteranos contaban historias preciosas del Mercado, de la Ciudad Vieja, de Montevideo. Pero la vida fue cambiando y también nuestro horario de apertura que desde hace un buen tiempo es a las seis de la tarde.”
Gonzalo Acosta López (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).


En el Barrio de las Artes
En 2014 el Fun Fun se mudó a otro edificio histórico de la ciudad, la antiga casa de la familia Caprario, Soriano 922, a metros de la calle Convención, en el céntrico Barrio de las Artes. Por un acuerdo con el Club Nacional de Football, el bar que evoca al gallego Augusto López permanecerá tres años en la planta baja del edificio donde fue fundado el decano del fútbol uruguayo y primer club criollo de América, el 14 de mayo de 1899. Allí funcionará mientras duren las obras de remodelación del Mercado Central, a donde regresará en 2017.
¿Fun... funcionará en el Barrio de las Artes?
(Intendencia de Montevideo).
La Casa de Caprario (antigua calle Soriano N° 99) continúa siendo propiedad de Nacional y desde hace tres años fue cedida en régimen de comodato, por un período de quince años a la Intendencia de Montevideo a cambio de "la restauración total de las sala de la planta superior donde se realizó la primera asamblea de socios y jugadores del Uruguay Athletic y el Montevideo Football Club que fundaron la primera institución criolla del deporte sudamericano. También se recuperarán los muebles para recrear un recorrido cultural histórico de la ciudad", explica el arquitecto Ricardo Supparo, integrante de la Comisión de Patrimonio y Obras de Nacional.

Bachelet
Nunca me olvidaré su visita cuando era presidenta de Chile. Primero iba a cenar algo común, pero alguien le recomendó que pidiera una parrillada. Gonzalo iba a sacar una parrilla a la calle, pero no daba el tiempo, entonces la hizo adentro. ¡Lo que se ahumó el Mercado! Todo para complacer a Michelle Bachelet, que bailó hasta con los mozos.”
Mabel López, Lula, nieta de Augusto, hija de Coco, ex propietaria (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Marito, por siempre.
(Archivo Fun Fun)
Marito
¡Cómo lo extrañamos! Fue nuestro mozo histórico, al que recordamos a cada momento.. Trabajó aquí 51 años, con mi abuelo, con mi padre, con mi madre, conmigo. Se llamaba Mario Remedios, pero para todos era Marito. El compañero y amigo que siempre está, porque lo sentimos en la piel.”
Gonzalo Acosta López (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Paredes que ven
Marquitos, un amigo muy querido de San José, siempre quería traerme al Fun Fun. Marquitos se me fue sin darse el gusto, pero una noche sentí la necesidad de estar con él y me vine al boliche después de una actuación. De entrada sentí una profunda vibración tanguera. Sentí que muchos ojos sin cuerpo me miraban desde las paredes. Siempre digo que en Fun Fun hay mucha más gente que la que viene cada noche.”
Malena Muyala, cantante y compositora de tangos, valses, milongas y milongones (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Una invitación en la web.
(Archivo Fun Fun)
Del médico al cuidacoches
El Fun Fun es un templo de la cultura uruguaya. Un sitio que evoca a una Montevideo repleta de espacios democráticos de socialización. Nuestra ciudad cambió cuando empezaron a cerrar los boliches, porque se perdieron aquellos lugares donde todos éramos iguales: el médico, el chorro, el albañil, el periodista, el político, el más rico y el más pobre, el más famoso y el más ignoto. Hasta el cuidacoches formaba parte de aquella gran comunidad del boliche, acomodado en una ventana donde le servían una.”
Julio Toyos, periodista (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Tibio y fraterno
El boliche es una simbología uterina del placer de la placenta. Para muchos, entre los que me incluyo, es el hogar tibio donde uno puede compartir un sueño de fraternidad.”
Ignacio Suárez, periodista, escritor y productor (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Música y letra
Uvita para servir.
(Archivo Fun Fun)
"Si venís solo te das cuenta que los objetos del Fun Fun tienen alma, porque están repletos de recuerdos vivos, los de Don Coco, los del mozo Marito y los de tantos y tantos amigos que nunca nos dejaron en la calle aún en tiempos muy duros."
En el Fun Fun ves clarito como el tango te marca los años de la vida. Cuando sos joven venís a bailar, sólo escuchás la música, pero a medida que vas cumpliendo años vas atendiendo cada vez más las letras.”
Nelson Pino, cantor de tangos (Boliches, El Corazón del barrio, Canal 10).

Ciudad Vieja
Es el núcleo urbano original de Montevideo, creado alrededor del puerto marítimo casi tricentenario. Su primer trazado fue definido en 1724, según plano del ingeniero Domingo Petrarca con la tradicional forma de damero español: manzanas a medios rumbos y en ángulos rectos.
Prontas para salir del exhibidor.
(Archivo Fun Fun)
La construcción de la muralla comenzó en 1741 y demoró cuatro décadas hasta completar una formidable fortificación de piedra con dos portones, San Felipe y San Juan, sus dos cubos de vigilancia, Norte y Sur, y una gran plaza de armas en el centro. Estaba rodeada por un foso ancho y profundo que podía ser inundado desde el mar y que se cruzaba por un puente levadizo ubicado donde hoy está la Puerta de la Ciudadela. La muralla fue demolida después de la Guerra Grande (1839-1851) y en la actualidad sólo se pueden ver fragmentos subterráneos.

Polo Bamba y Tupí Nambá
El Hacha, Gran Café y Restaurante del Oriente, El perro que fuma, 42/43, Roldós, Café Brasilero, Tasende, Iberia, la sucursal del Sorocabana y los legendarios Polo Bamba y Tupì Nambá del gallego Francisco San Román, son algunos de los más notables boliches que han existido o existen en la Ciudad Vieja.

Bíos
Tito Cabano (1918-1988)
Cantor y compositor de tangos, escenógrafo y actor teatral.
Primera página de la partitura
original de Un Boliche.
(Todo Tango)
"Su historia es la del viejo Montevideo bohemio y noctámbulo. Y en este abril se cumplen 21 años de que Tito Cabano se piantara a escribir sus versos allá arriba. Aunque su delgadísima silueta acompañada de la infaltable gorrita siempre andaba en la noche, el Tito no era amante de las copas.
Sus bebidas habituales fueron los cortados y el café con leche largo llamado capuchino. El cigarro es su compañero mientras garabatea algún verso en las servilletas del bar Libertad de la Plaza Cagancha.
Nació en el bravo barrio Guruyú de la Ciudad Vieja y sus añejas veredas lo tuvieron de incansable caminante.El Tito fue una constante presencia en el almacén y bar Del HachaSus pasos lo llevaron a conocer íntimamente la Aduana y en toda la zona de El Bajo fue muy respetado. Por el Mercado del Puerto, lo veíamos en el pequeño bar de Carlitos, donde era el único que tomaba un cafecito mientras los demás le daban a la cerveza de barril y a los tradicionales chorizos al vino blanco. 
Cuando entraba en el boliche El Globo de Yacaré y la rambla, los bagayeros y los estibadores decían: '¡Salú Tito!' y se sentaba solo en una mesa del fondo a escribir sus poemas. 
Además de las musas tangueras, su otra pasión fue el Carnaval. Era un gran hincha del mítico Coro de la Aduana y además hizo las escenografías y los libretos de parodistas como Los Crema y Los ChevaliersAmó al teatro y colaboraba con los elencos de El Tinglado y el viejo Teatro Victoria. Trabajó de mozo en el antiquísimo cafetín de Ibicuy y Durazno.
Segunda página y letra
de Tito Cabano.
(Todo Tango)
Cuenta la leyenda que fue en ese sitio donde se inspiró para hacer la letra de su tango más famoso, titulado Un BolicheLas pocas veces que se lo veía de día, lo encontraban en la esquina de Sierra y Miguelete, principalmente los domingos después de la feria de Tristán Narvaja.
También tuvo una barra de amigos en un bar de Sierra y Paysandú donde se encontraba con el carnavalero Chiquito Roselló, que vivía en el conventillo más famoso del Cordón. Ya siendo más veterano se volvió muy callado y continuó con su nocturna bohemia pero como una persona introvertida.
Lo que nunca cambió fue su calidez para la camaradería de los estaños y las mesas donde hizo un culto de la amistad. Como un ser romántico y melancólico comenzó a frecuentar muy seguido el barrio Goes. Ahí lo esperaba El Gordo Alonso en su pintoresco almacén y bar de General Flores y Vilardebó.
Sentado en una mesita y rodeado de bolsas de alpiste y maíz, el Tito tomaba un cortado y escribía bellos versos. Los taximetristas de las madrugadas del bar El Faro sabían que ese flaco de gorrita era el conocido Tito Cabano. No les extrañaba cuando los artistas que actuaban en la cercana parrillada Sud América lo saludaban con gran afecto.
Compuso hermosos versos que dieron origen a tangos de antología por su aguda visión costumbrista. La memoria popular recuerda: En la madrugada, Pincelada del Puerto, Mishiadura y Mi Peñarol, dedicado al cuadro de sus amores.
Su máxima creación, titulada Un boliche, fue interpretada por los más famosos cantores y se destaca la versión de El Polaco Goyeneche. Por todos los barrios, por el Guruyú, Goes, Palermo y el Cordón “Un boliche como tantos, una esquina como hay muchas…”. Con más recuerdos y música los esperamos en la 40 Radio Fénix todos los sábados a las 18 horas."
Tito Cabano y un boliche, artículo de Luis Grene, diario La República, Montevideo, 19 de abril de 2009.
http://www.lr21.com.uy/comunidad/360633-tito-cabano-y-un-boliche


Hablar de Tito
Tapa de la partitura
original de Un Boliche.
(Todo Tango)
"Es traspasar un límite existencial, el que separa la vida común de los mortales —los que viven en las ciudades, transitan sus calles y trabajan en oficios u oficinas—, de la vida de aquellos que habitan el parnaso singular de los bohemios, de los artistas surgidos con los duendes de la noche en estaños y cafetines, entre pungas, prostitutas, curdas y cantores.
Él era uno de esos personajes y ¡vaya si estaba rodeado de duendes y musas! Según Federico Silva era el prototipo del bohemio ¡Hasta la pinta lo delataba!
Las personas que lo conocieron son coincidentes en su descripción. Flaco, alto y un poco desgarbado, con su gorra con visera y su manera de relacionarse, siempre amena, participaba en las charlas, especialmente relacionadas al tango, o se recluía al fondo del bar a escribir versos en las servilletas. Alguna vez confesó, que gran parte de su obra la escribió en los diversos cafés que frecuentaba."
Introducción de una biografía escrita por Ricardo García Blaya en Todo Tango, de Buenos Aires.

Lágrima Ríos (1924-2006)
Lida Melba Benavídez Tabárez fue una cantante y gestora de la cultura afrouruguaya, llamada la Perla Negra del Tango y la Dama del Candombe.
"Nació en un hogar humilde de la ciudad de Durazno, y al poco tiempo su familia se trasladó al Barrio Sur montevideano. Su padre era un jornalero del puerto, y su madre empleada doméstica. Como muchas jovencitas, Lágrima cantaba en su casa hasta que alguien que la escuchó se interesó por ella y con permiso de sus padres comenzó en 1945 a cantar en compañía de un guitarrista.
Formó parte de Brindis de Sala grupo coral integrado por los hermanos Ramos, Luis Alberto Gómez y Juan Sequeira, que era un conocido integrante de conjuntos de carnaval. Este grupo interpretaba canciones a capella. En 1956 ganó un concurso de canto en una emisora de la ciudad de Montevideo, hecho que la transformó en vocalista de la orquesta de Orosmán Gato Fernández. Sin embargo, perdió su trabajo por el color de su piel, inconveniente que se repetiría varias veces a lo largo de su vida.
Ha cantado con Danny Glover, actor norteamericano que estuvo hace pocos años en la organización no gubernamental uruguaya Mundo Afro. También con Mary Wilson cantante norteamericana. Actuó en Madrid Londres y fue la primera cantante uruguaya y afro descendiente que actuó en La Sorbona de París. Hizo presentaciones con Celia Cruz, Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche , Hector Maure y Alberto Castillo.
Dijo Lágrima:
'Soy una mujer a quien Dios le quitó muchas cosas, pero también le dió una garganta que a través de los años fue manteniendo su pureza y hoy puede presentarse frente al público y recibir el aplauso. No sólo en mi país sino también fuera de él. Mi nombre es conocido en lugares donde yo ni siquiera tenía la idea de que ellos supieran que existía alguien llamada Lágrima Ríos. Soy una mujer agradecida a Dios, pero estrella no.'
En 1972 editó el disco larga duración La Perla Negra del Tango que dedicó en parte a su maestro Alberto Lastra. En 1982 viajó a Europa y vivió en España por tres años. En 1993 fue embajadora del tango a la primera cumbre mundial realizada en Granada. En 1995 se le otorgó la presidencia de Mundo Afro. En 1996 cantó para la tercera cumbre mundial del tango realizada en Montevideo y en varias ciudades del interior de Uruguay. Editó su primer disco compacto en 1997, titulado Cantando Sueños, y en 1999 filmó el videoclips del tema Danza Sur.
Actuó en la película documental Café de los maestros (2008) dirigida por Miguel Kohan y en el álbum Café de los maestros Vol.1 y 2 (2005) producido por Gustavo Santaolalla en el que registró Vieja viola acompañada por Aníbal Arias y Un cielo para los dos acompañada por Gustavo Santaolalla.
En 2005 hizo una presentación en vivo de la canción Un cielo para los dos, junto a Gustavo Santaolalla en el concierto brindado por el artista Luciano Santaolalla en el Teatro Solís de Montevideo. Previamente se editó un DVD con el concierto Supervielle en Solís, que finalizó con el público de pie y aplaudiendo a este icono de la música uruguaya. Murió con 82 años y 3 meses tras una prolongada enfermedad cardíaca.
Su nombre artístico se debe al uruguayo Alberto Mastra, guitarrista, cantante y compositor de tangos que cuando la intregró a uno de sus célebres tríos, le advirtió:  'Vamos a cambiarte el nombre, elige entre Armonía o Lágrima.'
Ella eligió Lágrima, porque las lágrimas no siempre son de tristeza, las grandes alegrías también nos hacen llorar. Esta tarde, en su casa de la calle Durazno, bien al Sur, las lágrimas fueron esa mezcla incierta al recordar a su madre, con la devoción que sólo un hijo criado en el amor puede profesar. Hace años que Lidia del Río primero y Lágrima Ríos después se constituyó en la voz femenina del candombe."
Biografía publicada en la página web de Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (DAECPU).

1 comentario:

Lalore Tejeira dijo...

Simplemente excelente el artículo!!! Los dos lugares son parte de mi vida, uno más que el otro. Pero ambos me generan un viaje a la historia de esta ciudad.
GRACIAS, GRACIAS y más GRACIAS!!!

Felicitaciones!!!