viernes, 6 de febrero de 2015

Una crónica de los territorios del Parque Tecnológico del LATU: Andrés Mendizábal y otros pioneros

El bosque de los ingenios

La idea de título alude a los trece ejemplares arbóreos que denominan a los edificios del Parque Tecnológico ubicado en avenida Italia, entre Bolonia y Córcega, Montevideo. El libro estaba concebido en doce capítulos en los que se alternarían crónicas, biografías, informaciones, frases textuales: reflexiones, opiniones, dichos de entrevistados actuales y referentes históricos. Sugerimos artículos independientes entre sí, dentro de cada capítulo, que comenzaban y finalizaban dentro del mismo espacio de lectura, pero que también desarrollaban una continuidad narrativa que podría leerse como una historia. El libro tendría una notoria predominancia de sus valores artísticos y visuales. Las imágenes pasadas y actuales iban a ser editadas a manera de un recorrido visual por la vida del LATU, sus personajes, sus servicios, sus espacios físicos, su patrimonio inmaterial. El estilo narrativo propuesto: testimonial, entre periodístico y literario. La idea original se basaba en un lenguaje que contara las actividades científicas que se desarrollan en LATU. Se propuso una titulación creativa, que buscaba la emoción del recuerdo y toques de humor, siguiendo una línea de tiempo.

Algunos textos e imágenes del contenido propuesto con el fotógrafo y editor Ignacio Naón, no seleccionado en el Concurso de Precios 280/14 para Diseño e Impresión del Libro Conmemorativo del 50 aniversario del LATU.

Andrés Mendizábal y su esposa
Josefa Arcelus, en la Granja Pepita 

que fundaron en 1896, en avenida
Italia, entre Bolivia y Bolonia.
(Archivo Mendizábal)
Mendizábal, el vasco porfiado
En 1890 el espacio limitado por la actual avenida Italia y las calles Bolonia, Máximo Tajes y Córcega, era la parte más alta de un inmenso arenal adquirido por el panadero Andrés Mendizábal. El pionero vizcaíno había arribado dos décadas antes a Montevideo, desde su Ezkio-Itxaso natal, un ancestral caserío marítimo suburbano de Bilbao. Casi en secreto, se subió al bergantín que lo trajo al Río de la Plata para evadir el servicio militar obligatorio.
El local de su primera panadería con molino, que llamó Del Sol, todavía perdura en la avenida Uruguay, donde casi se tocan el Centro y la Ciudad Vieja. Cuando la tahona montevideana le dio una pequeña fortuna compró casi 100 hectáreas limitadas por la avenida Italia, a la que todavía se le llamaba Camino a la Aldea, el por entonces sendero de Juan Ferreira, hoy avenida Bolivia, el arroyo Carrasco, y el camino de Manuel Pérez. Su vecino fue otro precursor, Pierre Durandeau, un francés que plantó miles de árboles y creó una laguna ecológica en el actual Parque Rivera.
Granja Pepita en foto de la
primera década del siglo XX.
(Archivo Mendizábal)
Mendizábal fue un innovador “a la vasca”, porfiado, incansable. Al principio se dedicó a las tareas rurales a la usanza de sus antepasados: criaba cerdos, cultivaba alfalfa y en algún momento se dedicó al tabaco. Pero no le fue bien. Casi al borde del siglo XX refundó su producción sobre la base de un vivero y un viñedo.
Fue pionero de la vitivinicultura uruguaya, al mismo nivel que Pascual Harriague, Francisco Vidiella o Diego Pons. En el mejor momento, su Granja y Bodega Pepita producía 500 mil litros de vino tinto Fray Andrés y del clarete Reserva. Fue precursor en la utilización de toneles de roble que le aportaban una textura única a sus sabores.
Importaba madera piamontesa, pronto transformada en barricas que alguna vez expuso en la célebre Feria de Turín, donde ganó primeros premios a la originalidad y la calidad. El éxito tenía un secreto: los cascos eran construidos por el tonelero uruguayo Adolfo Simón, admirado por su creatividad y su saber tecnológico de avanzada.
Chalet Mendizábal, inaugurado en 1920, en la dirección
hoy señalada como  Arocena 1537, al lado del predio

del Club Carrasco. En la puerta se observa una
volanta, transporte imprescindible en el balneario.
 (Archivo Mendizábal)
En 1912 fue convencido por el joven abogado Alfredo Arocena, tan vasco y tan arriesgado como él, que le presentó el proyecto de la Sociedad Anónima Balneario de Carrasco alrededor de un glamoroso hotel y casino. Don Andrés contribuyó con una extensa franja de casi 100 hectáreas de terreno donde se construyeron los Portones de ingreso al camino que llegaba hasta la playa. También fueron suyos los eucalyptus gigantes que el paisajista Charles Thays utilizó en el diseño del espacio urbano, que todavía son señas de identidad. Los Mendizábal cultivaron los almácigos implantados en avenidas y calles del balneario, luego transformado en barrio. Luego de inaugurado el Balneario, la familia Mendizábal construyó su chalet de veraneo muy próximo al de Arocena, lindante con el predio que en la actualidad ocupa el Carrasco Lawn Tenis (actual avenida Arocena Nº 1537). El proyecto y la obra fueron realizadas por el ingeniero José Foglia quién también había colaborado con la construcción de la casona y la bodega. La mansión inaugurada en 1920 poseía una pedana para la práctica de tiro.
Provisión Mendizábal, también fundada en 1896,
por décadas permaneció en la esquina sureste de
avenida Italia y Bolivia, "enfrente" a la granja.
Su histórico propietario fue Basiliio Mendizábal,
sobrino del pionero y esposo de Pepita. En el

mismo espacio sigue abierto el restaurante
que evoca al memorable apellido vasco.
(Archivo Mendizábal)
Josefa Pepita Mendizábal era su hija menor, nacida en el caserío familiar que replicaba el hogar vasco que siempre añoró el fundador. Extrovertida, inquieta, heredera del carácter emprendedor, se casó con su primo Basilio, un conocido comerciante de la zona, propietario de la Provisión Mendizábal, ubicada “enfrente” a la granja, en la avenida Italia y Bolivia. Donde hoy existe el restaurante que evoca al tradicional apellido vizcaíno, por entonces la estratégica pulpería era punto de parada de carretas, diligencias y gauchos a caballo que atravesaban pequeños senderos de un territorio todavía rural.
Pepita con hijos y familiares
en la playa Carrasco, c. 1940.
(Archivo Mendizábal)
Pepita firmaba “Mendizábal de Mendizábal”, pero no era sólo la “señora de Basilio”. Luego de la muerte de Don Andrés, en 1926, ella fue continuadora de la empresa familiar que mantuvo en todo su esplendor hasta avanzada la década de 1950. Cuando el gobierno expropió una franja del predio, de oeste a este, para realizar el ensanche de avenida Italia, lejos de oponerse, los Mendizábal vieron una oportunidad de valorización inmobiliaria similar a la de los Portones, ¡pero no fue así!
A partir de la década de 1960 se fraccionó la zona sur de avenida Italia y su consecuencia lógica fue un rápido crecimiento de la zona cuando se instaló el supermercado Tienda y amplias casas de familia.

Portones de Carrasco en la década de 1920.
(Archivo Mendizábal)
La bodega realizó las últimas vendimias entre 1966 y 1967. “Debajo de la bodega había un manantial y dos por tres se inundaba, pero cuando se construyó la avenida Italia, los terrenos quedaron más abajo y las inundaciones fueron más frecuentes”, evoca Marcelo Mendizábal, nieto de Don Andrés. Raúl Mendizábal, sobrino del pionero, instaló en la bodega un taller de estampado y un nieto de Pepita también intentó recuperar el vivero, en aquel momento casi centenario, pero no tuvo éxito, produjo sus últimos eucalyptus en 1991. Ese mismo año los Mendizábal se fueron de la zona, el caserío, granja y bodega cayeron demolidos por sus nuevos propietarios, y tres años después, en 1994, se transformó en el Centro Comercial Portones.
En 1989, cuando los Mendizábal todavía vivían en el barrio, fue inaugurado el Parque del Laboratorio Tecnológico del Uruguay, un espacio de innovación que evoca la memoria del pionero vasco que allí estableció un memorable Ezkio-Itxaso similar al de su Bilbao natal.

La primera etapa
Del Laboratorio de Análisis y Ensayos (LAE) al Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU)
Última sede del  Laboratorio de Análisis y
Ensayos (LAE) y primera del LATU, Galicia 1133
(Archivo LATU)
28 de agosto de 1975. Una mañana de jueves invernal salió el último ejemplar, Nº 29, de la revista Laboratorio de Análisis y Ensayos, con un titular que todavía resume el valor histórico de aquella fecha: La primera etapa. Una frase nítida, contundente, que también encerraba una paradoja. Era un mensaje de final y de origen, con el que el Ministerio de Industria y Energía despedía al LAE, y presentaba al Laboratorio Tecnológico del Uruguay. “Comienza ahora una nueva etapa a partir de la sanción de la Ley Nº 14.416. No se trata simplemente de modificar un nombre, significa, más allá de esa modificación nominal, un proceso sustancial de ensanche de sus competencias tradicionales. Pasamos ahora al terreno de la investigación científica y tecnológica.”
Corrían dos años de gobierno militar (19731985). La primera sede del LATU, Galicia 1133, fue la última del Laboratorio de Análisis y Ensayos, donde el ingeniero Adolfo Cardoso Guani, ministro de Industria y Energía, y el coronel ingeniero industrial Enrique Bia, titular de la Comisión Directiva Honoraria, presidieron la ceremonia de transformación institucional. “Poseemos una buena infraestructura para cumplir los cometidos asignados por la Ley 13.318 que lo creó en 1964, estamos muy bien organizado y hemos alcanzado un elevado estándar de eficiente, pero nuestro técnicos vieron la necesidad de avanzar y ampliar los cometidos en respuesta a una evolución científica y tecnológica cada vez más acelerada”, afirmaba un editorial que prologaba el informe final del Laboratorio de Análisis y Ensayos.
Obras en  el predio de avenida Italia 6201.
(Archivo LATU)
El abogado y político Julio María Sanguinetti, en aquel momento era asesor letrado de la entidad con su colega Carlos Folle Martínez. El Laboratorio de Análisis y Ensayos estaba orientado a la tipificación y control de calidad de los productos industrializados con perspectivas de exportación. El sello oficial LAE fue, durante una década, una garantía de calidad para los exportadores uruguayos y los compradores extranjeros, y un factor fundamental para el desarrollo del comercio exterior del país.
Sanguinetti recuerda su presencia en las tres sedes de la institución, desde el segundo piso en la calle Rincón, el edificio de Galicia, en ambos como asesor jurídico del LAE, y el Parque Tecnológico del LATU, en Avenida Italia 6201, que inauguró en 1989, como Presidente de la República.
El árbol de la vida y el tiempo, de Mario Lorieto,
una forma modernista en avenida Italia y Bolivia,
frente al Centro Comercial  Portones de Carrasco.
Ambos laboratorios contaron siempre con el apoyo estratégico de la industria nacional que comprendía la influencia decisiva de la calidad en el desarrollo de su actividad exportadora. En 1975 se materializó un cambio necesario, una respuesta cuantitativa y cualitativa a los desafíos del comercio exterior, se proyectaron varias de las plantas, por entonces de carácter piloto, sobre las que se desarrollaron novedosos programas de asesoramiento científico y tecnológico. El paso del LAE al LATU fue una evolución técnica, administrativa e institucional. También fue una primera etapa decisiva en la actualización de los estándares de calidad que luego nos permitió enfrentar el mundo global que se venía, y la viví con mucha intensidad profesional y política” evoca quien fuera titular del Poder Ejecutivo en dos períodos constitucionales (1985—1990, 1995—2000).

Desarrollos al cubo
Unidad Tecnológica Fray Bentos del LATU
Justus von Liebig nunca estuvo en la capital del departamento de Río Negro pero conocía cada rincón del puerto sudamericano donde nació y creció una de las mayores agroindustrias del planeta. Al principio no estuvo de acuerdo con los ensayos de sus inventos en un remoto paraje a orillas del río Uruguay, pero fue convencido por su audaz compatriota, el ingeniero hamburgués Georg Christian Giebert.
En 1863 fue inaugurado el Saladero Liebig, una multinacional científica, tecnológica, productiva, de intenso carácter alemán, pero de capitales anglo–belgas y aporte decisivo del brasileño Barón de Mauá. En el establecimiento fraybentino fueron puestas en valor las más innovadoras investigaciones que el Padre de la Química Orgánica concibió en su Farmacia Real de Múnich: extracto de carne, sopa en cubos, conservas enlatadas, café soluble.
La planta fabril recibió decenas de miles de trabajadores de más de sesenta naciones, en casi doce décadas de actividad. Sólo entre 1914 y 1918 comercializó cien millones de OXO cubes y doscientos millones de latas de Corned beef, que alimentaron a ejércitos, exploradores y ciudades europeas en conflicto.
Luego de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, los publicistas de la empresa con sede administrativa en Amberes, aconsejaron un urgente cambio de tecnología, de capital accionario a la vista y de denominación. En 1924 el saladero se transformó en frigorífico y pasó a llamarse Anglo del Uruguay. Una nuevo concepto agroindustrial, con haciendas en la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, un puerto propio de aguas profundas, dos company town –el Barrio Anglo en Fray Bentos y el Pueblo Liebig en la entrerriana Colón– y una zona residencial para gerentes y diplomáticos, alrededor de la legendaria Casa Grande, sede real del viceconsulado inglés en el Río de la Plata.
El gigante británico cayó en un acelerado proceso de decadencia luego de la segunda posguerra mundial, víctima de la reconstrucción económica europea. Lo compró el Estado uruguayo en 1971, parecía un buen negocio, pero los ingleses se llevaron sus inversores, sus contactos y su instinto voraz. La planta cerró definitivamente en 1979, tras el tiro de gracia dictatorial.
Desde 1994, un sector de la histórica industria es sede del Museo de la Revolución Industrial, único en la región, que custodia una memoria gloriosa de aquél tiempo de las Vacas gordas cuando el alimento ponía a Uruguay en boca de todo el mundo. Cuando la marca Fray Bentos era un sello de calidad irrepetible, sinónimo de Lo mejor.
En 2008 fue creado el Paisaje Cultural Industrial Fray Bentos, propuesto por el gobierno uruguayo a la UNESCO, está a punto de recibir un merecido reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad, porque allí nació la revolución industrial sudamericana.
La Unidad Tecnológica Fray Bentos se desarrolla entre los vestigios de la mayor innovación agroindustrial que ha conocido el mundo en siglos pasados, en un espacio del Complejo LiebigAnglo, al servicio de emprendimientos y emprendedores industriales del litoral del país. La iniciativa responde a la necesidad de extender los servicios del LATU a una región del país considerada estratégica, afianzando el rol del Estado en el apoyo a los desarrollos productivos y de investigación.
El Laboratorio Tecnológico del Uruguay allí también controla el cumplimiento de las normativas ambientales y productivas. Ofrece asesoramiento al sector forestal en puesta a punto y desarrollo de innovaciones tecnológicas, asistencia técnica a la fabricación de pulpa de celulosa y papel, y a la cadena de la madera sólida y sus derivados.
Sus técnicos realizan evaluaciones ambientales, diseño de planes de monitoreo y puesta en práctica de programas de producción más limpios, y comparte una herramienta para la protección de los recursos acuáticos y ecosistemas intervenidos por la industria.
La Unidad Tecnológica Fray Bentos posee un Laboratorio de Microbiología que realiza ensayos acreditados en las matrices de alimentos y ambiente. Dentro de un espacio de 900 metros cuadrados con infraestructura de primer nivel funcionan los laboratorios Microbiología, Monitoreo Ambiental, Forestal, Mantenimiento y Administración.
El Espacio Interactivo en Ciencia y Tecnología, dedicado a la educación y divulgación, al aprendizaje creativo, estímulo de la creatividad, el espíritu crítico y emprendedor de niños y jóvenes, con preferencia de los ámbitos suburbano y rural.
En 1868 los ingenieros del Saladero Liebig diseñaron y construyeron la primera bomba hidráulica de compresión instalada en el país, y ese mismo año iniciaron los estudios para producir extracto de café, antecedente del instantáneo. La tarea fue supervisada por Justus Liebig en Múnich y continuada por uno de sus alumnos: Henri Nestlé.
Entre fines de 1869 y principios de 1870, se realizaron los primeros experimentos para fabricar leche condensada y huevos disecados, y al mismo tiempo era lanzado un proyecto de elaboración de albúmina de sangre.
Para cooperar con el ejército alemán, en Fray Bentos se intentó fabricar nitroglicerina como subproducto especial de la gordura de carne, un plan secreto que no se concretó por falta de resultados.
En 1872 el médico y químico C. Kemmerich estudió las cualidades y usos sanitarios de la yerba mate. Poco después remitió las muestras para que colegas alemanes estudiasen los “efectos psicológicos” de la infusión.
En marzo de 1873, el primer barco con sistema de frío del mundo, Le Frigorifique, realizó su viaje inicial con productos de la Liebig.
El nombre de Fray Bentos fue de los primeros en llegar a la luna. El imaginativo Julio Verne, cuando describió la dieta de sus viajeros en la novela Autour de la lune, hizo que sus astronautas bebieran un sustancioso caldo hecho con extracto de carne.
En 1883, en Fray Bentos se encendió la primera lamparita eléctrica de América del Sur, al mismo tiempo que en Río de Janeiro y La Plata. Fue comprada a la Edison Co, e importada directamente desde la planta estadounidense de Ohio. “Se colocaron sesenta picos idénticos a los del gas en la playa de matanza, en el galpón de la fabricación del extracto, en los salones que ocupa la escuela y en el club. Antes de haber adquirido toda su intensidad se midió aquella, dando como resultado igual a la luz de diez y nueve velas de estearina por cada lámpara o pico.” La crónica del diario El Ferrocarril, de agosto de ese año, fue un homenaje al departamento de Río Negro. “Le cabrá la gloria de ser el primero donde se haya reemplazado el candil y la lámpara de kerosene por la luz eléctrica, una de las más grande conquistas del progreso humano.” Recién a mediados de junio de 1886 se inauguraron en Montevideo diez picos de luz en la Plaza Constitución.


Museo Interactivo Espacio Ciencia
Prohibido no tocar
Creado en 1995, es un servicio dedicado a la divulgación del conocimiento científico y tecnológico, reconocido por sus recursos didácticos, su originalidad y por ser pionero en América Latina. Un centro de interpretación patrimonial que permite la libre participación, la creatividad y el espíritu crítico, de jóvenes de cero a 80 años.
Cuando bajaron del ómnibus, en la parada de Avenida Italia y Bolonia, las tres hermanas se hacían bromas entre ellas, adelantándose a una experiencia novedosa que en minutos iban a compartir.
Enana, si sentís que la electricidad te corre por el cuerpo o se te enciende la nariz, no te asustes que es sólo un juego, científico, pero sólo un juego —le advertía María Clara, de 16 años, estudiante de bachillerato, a Bruna, de diez.
¡Qué me voy a asustar!, si ya vine con la escuela. Sé que no voy a quedar pegada, aunque la corriente me pase de los pelos a los pies ¡Conozco todos los trucos! —respondió la más pequeña, mientras recordaba que su sueño era ser la primera astronauta uruguaya.
Genial, si ahí adentro hay una nave espacial, seguro que te mandamos a la Luna, ¡por favor quedate por allá! —le suplicó a las risas Sofía, la mayor, de 20, estudiante de Psicología, a quien le encanta el diseño gráfico e industrial.
Era el último domingo de las Vacaciones de Julio, cuando las tres hermanas salieron solas por primera vez, sin sus padres.
No se olviden que soy la más vieja y la que sabe más de ciencia y tecnología, ¡y me hacen caso! alertó Sofía a sus hermanas, con dudosa seriedad.
No te la creas nena, porque ya sabés que nos dejan salir solas tan lejos de casa, porque venimos al Espacio Ciencia! —fue el comentario de Bruna, cuando llegaban a la puerta del LATU.

El Museo Interactivo Espacio Ciencia es una experiencia innovadora que se desarrolla en un sitio amigable, plenamente adecuado para sus funciones educativas y recreativas. En la actualidad recibe más de 50 mil visitas en la temporada de cinco meses cuando permanece abierto. Del total más de 60% son estudiantes del sistema educativo formal y no formal.
Su acción social se refleja en toda la población, porque un tercio de nuestros invitados viene desde los sectores más vulnerables de la capital y del interior del país afirma la ingeniera Martha Cambre, responsable del servicio.
Espacio Ciencia diseña y produce exhibiciones a medida de los más diversos sectores educativos y sus intereses. También se han realizan muestras itinerantes que nos acercan a los puntos más cercanos y más distantes del país anota la anfitriona, experta en didáctica.

Sofía, María Clara y Bruna fueron recibidas por una estudiante de la Facultad de Ciencias que forma parte de un equipo interdisciplinario de animadores culturales que también incluye a las facultades de Química y Psicología de la Universidad de la República, de Ingeniería y de la Licenciatura en Biotecnología de la Universidad ORT.
Es fundamental que tengamos la cabeza y las manos libres, para realizar y disfrutar muchas experiencias, tan educativas como divertidas propuso con una sonrisa, la joven entrenada para motivar la participación y estimular la indagatoria de los visitantes, en especial los más pequeños.
¡A esta gurisa la conozco —comentó Sofía a sus hermanas, mientras cruzaba miradas con la anfitriona, que aparentaba su misma edad.

Las tres recorrieron los 2.000 metros cuadrados del museo interactivo disfrutándolo como si fuera un parque temático de diversiones. Desde la de Electricidad y Magnetismo, dedicada a fenómenos eléctricos, donde están las bolas y el tubo de plasma o el generador de Van der Graff, al Viaje a la Antártida, que recrea el ambiente y el trabajo científico en el Continente Blanco y que informa sobre la actividad de la Base Artigas, la flora, fauna, y otras como El Hormiguero, Arte Rupestre, El Sistema Solar, entre tantas más.
Cuando pasaron frente a reproducciones de las pictografías de Chamangá, el mayor yacimiento prehistórico del país, ubicado en el departamento de Flores, a María Clara se le ocurrió hacerle una broma a su hermana menor.
Bru, no toques esa piedra pintada que tiene más de mil años y se puede romper. ¡No le arruines el trabajo a los arqueólogos! —le advirtió entre risas.
La guía, que estaba cerca de ellas, le respondió:
¡Aquí está permitido tocar todo! ¡Lo único que está prohibido es no tocar!
Respira Uruguay es una exhibición temporal concebida para difundir los efectos del tabaquismo, seleccionada por la Directora de la Organización Mundial de la Salud para su presentación en la Tercera COP Sudáfrica 2008, del Convenio Marco del Control del Tabaco en Sudáfrica. También obtuvo una mención especial por su aporte didáctico en el Primer Premio de Ibermuseos 2010.
Además de sus 30 exhibiciones, permanentes y temporales, Espacio Ciencia está actualizado en las últimas tendencias en museológicas, museográficas, y en pedagogía museística, con talleres y actividades especiales diseñados por el estímulo del pensamiento científico en niños y jóvenes.
Nuestro principal objetivo es promover la participación del niño, quien, al interactuar con ella, puede descifrar y comprender el mensaje que se intenta transmitir. Aspiramos a tener un museo que sea punto de partida y que se comporte como un círculo virtuoso de un proceso pedagógico —explica Martha Cambre.
Entre la exhibición y la educación, Espacio Ciencia apuesta fundamentalmente a desarrollar un proceso educativo enriquecido por la exhibición. Una muestra interactiva y lúdica que optimice y enriquezca la experiencia de aprender, pero también la de construir significados —confirma la anfitriona.
En 1996 la Cité de Sciences et de L’Industrie de París designó a Espacio Ciencia como uno de los Diez Centros de Ciencia y Tecnología del Mundo. También aquel año la Asociación de Dirigentes de Empresas le otorgó una Mención Especial como emprendimiento de apoyo a la comunidad.
Desde 1997 es miembro activo de la Red de Popularización de América Latina y el Caribe y en 2002 recibió el Premio Morosoli, de la Fundación Lolita Ruibal, por su aporte al desarrollo científico entre los jóvenes.
Las tres hermanas se pasaron una tarde de domingo en Espacio Ciencia, un museo tan divertido, que no se dieron cuenta que era la hora de cierre. Cuando se iban, Sofía no pudo más con su curiosidad y se atrevió a preguntarle a la guía.
Nos conocemos, ¿no? pero te miro y te miro y no me doy cuenta.
¡Claro que nos conocemos! Íbamos al mismo liceo, vos estabas en el Bachillerato Biológico y yo en el Científico —recordó la simpática anfitriona.
¡Qué memoria! ¿Cómo hacés? —le respondió Sofía, con espontánea admiración.
Es una de las ventajas que tiene trabajar en Espacio Ciencia, ¡te ejercita la mente! —le contó la jovencita, entre risas, mientras le sugería:
¿Por qué no te presentás? A principios de año podés llevar tus antecedentes en la Sección Capital Humano del LATU.
¿Por qué no? ¡me encanta! —comentó Sofía antes de despedirse, al tiempo que miraba a sus hermanas para anunciarles:
Chicas, la próxima vez que vengan a Espacio Ciencia, las voy a recibir yo.
Las tres se fueron caminando a la parada de Avenida Italia y Bolonia, de regreso a casa, luego de una tarde inolvidable, de ciencia, tecnología, diversión, independencia y fraternidad.

El bosque de los ingenios
Medio siglo del Laboratorio Tecnológico del Uruguay
Proyecto editorial y de tecnologías de la información en comunicación (TIC)
I. Breve fundamentación
Estructura editorial
El título alude a los treces edificios del Parque Tecnológico ubicado en Avenida Italia y Bolonia, que refieren a ejemplares arbóreos.
Los artículos estarán organizados en doce capítulos en los que se alternarán crónicas, biografías, informaciones, frases textuales: reflexiones, opiniones, dichos de entrevistados actuales y referentes históricos.
Los artículos de cada capítulo serán independientes entre sí, comenzarán y finalizarán dentro del mismo espacio de lectura, pero también tendrán una continuidad narrativa que podrá leerse como una historia del tema abordado.
El libro tendrá una notoria predominancia de sus valores artísticos y visuales.
Las imágenes pasadas y actuales serán editadas a manera de un recorrido visual por la vida del LATU, sus historias, sus personajes, sus servicios, sus espacios físicos.
Cada artículo tendrá un máximo de 2.000 caracteres con espacios incluidos.
El estilo narrativo será testimonial, entre periodístico y literario. La idea es encontrar un lenguaje en el que se pueda contar a cualquier persona la interminable cantidad de actividades científicas que se desarrollan en LATU.
Será titulado con creatividad, buscando la emoción del recuerdo, toques de humor siguiendo una línea de tiempo.
II. Doce capítulos sugeridos
1. Prehistorias de calidad. Una crónica sobre la evolución del concepto de calidad, normas e instituciones dedicadas al control y la certificación, en el mundo, la región, el país.
2. Memorias de innovación. Del Laboratorio de Análisis y Ensayos (LAE) al LATU. Historias, anécdotas y biografías de los pioneros de la institución y sus antecedentes.
3. Latu, latus. (“Latu, significa lado o cara, en latín). Misión y visión, principios y valores, calidad que promueve calidad. Alianzas para el desarrollo, presencia en foros nacionales e internacionales, acuerdos institucionales, reconocimientos.
4. Trazas metrológicas. Una evolución del concepto de mejora continua, sustentabilidad, trazabilidad, gestión y evaluación. Metrología como aseguradora de calidad: científica, industrial, legal. Servicios analíticos: equipamiento y desarrollo de análisis. Apoyo al sector lácteo, a la agroindustria y los forestales.
5. ¡Te garanto! Una crónica sobre normas, sellos, certificados de calidad, y la creación de valores en gestión del desarrollo tecnológico. Certificación de exportaciones, de alimentos industrializados y bebidas importadas, juguetes, calefones, cascos. Certificación IWTO de la lana. Oficina Técnica de Generadores de Vapor.
6. Futuro continuo. Investigación, desarrollo, innovación y transferencia en: alimentos, inocuidad alimentaria, plantas piloto y unidad de irradiación, productos forestales, textiles y vestimenta, biotecnología, modelos de gestión, desarrollo local, transferencia de tecnología en la gestión pública y privada, información técnica. Desarrollo de productos nuevos o modificaciones de los existentes, con el respaldo de los análisis nutricionales y microbiológicos necesarios, evaluaciones sensoriales con potenciales consumidores. Estudios de vida útil de alimentos. Desarrollo de proyectos de innovación tecnológica en conjunto con empresas e instituciones, con posibilidad de transferencia tecnológica (I+D+i).
7. Importa lo que exporta. El LATU como promotor del comercio exterior y apoyo a las empresas industriales. Admisión temporaria, Toma de Stock. Régimen devolutivo (Drawback), Certificado del uso Industrial de azúcar refinado y del uso apícola. Desarrollo de tecnologías a pedido de las industrias, consultorías.
8. El bosque de los ingenios. Un reportaje patrimonial, tangible e intangible, del Parque Tecnológico del LATU. Una historia del espacio, su construcción, evolución, actividades, instituciones y empresas que comparten el sitio.
Una recorrida por sus edificios productivos: Los Nogales, Los Naranjos, Los Tilos, Los Laureles, Los Pinos, Los Sauces, Los Ceibos, Los Talas, Los Cedros, Los Olmos, Los Olivos, Los Abetos, Los Robles. La Unidad Tecnológica Fray Bentos, una propuesta de desarrollo local en el antiguo Saladero Liebig y Frigorífico Anglo, un espacio industrial, histórico y cultural cerca de ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
9. Ideas en el Parque. Centro de Incubación de Empresas (Ingenio). Centro de Desarrollo de Empresas Tecnológicas (CDET). Centro de Desarrollo del Conocimiento (CDC). Centro de Reuniones y Eventos (CRE). Organización de simposios y conferencias internacionales que apoyen la innovación y el
desarrollo de alimentos en la industria, actualizando los conocimientos y oportunidades de los profesionales y los estudiantes
10. Espacios y Ciencias. Conocimiento interactivo. Crónicas sobre Espacio Ciencia, un centro de difusión y educación continua en desarrollos tecnológicos y de la calidad.
11. Transparentes, solidarios, responsables. Reflexiones e informaciones sobre los conceptos de integridad, transparencia y confidencialidad. Innovar en Responsabilidad Social Empresaria. Compromiso con el ambiente.
12. Sin cuenta. 50 biografías breves de innovadores uruguayos.