viernes, 10 de abril de 2015

José Lavalleja Castro y Gianfranco Premuda, ingenieros, inventores, pioneros de los emprendedores tecnológicos uruguayos

Gianfranco Premuda y José Lavalleja Castro
 en Villa Colón, Montevideo, 2011.
(Alejandro Sequeira)
Creadores de fertilidad

Los une una profunda amistad y un objetivo vital: descubrir. Son los decanos de los inventores uruguayos todavía activos. Una de sus innnovaciones es un ejemplo de ingenio aplicado a la productividad agropecuaria. El Vigorizador de Semilla es un procedimiento concebido para mejorar el desempeño vegetal, desde el origen. Fue puesto a prueba con éxito en distintos tipos de suelo y temperaturas, y expuesto a múltiples plagas. Aún en las peores condiciones ambientales, los embriones vigorizados mejoraron hasta en 25% su rendimiento promedio.

Sobre la base del fascículo N° 4 de la serie Inventos e Innovaciones realizadas por Uruguayos (Trocadero Gabinete DDiseño para el diario El País, Montevideo, 2011).

Una mañana de 1972, el ingeniero agrónomo José Lavalleja Castro estaba en la antigua Unión Soviética, con técnicos la Comisión Nacional de Energía Atómica, cuando fue sorprendido por un hecho que nada tenía que ver con la misión. Los agricultores rusos trataban sus semillas con nutrientes líquidos antes de sembrarlas en suelos menos fértiles y a temperaturas bajo cero.
Como apasionado de su profesión, solicitó asesoramiento sobre el procedimiento para aplicarlo en Uruguay. “En realidad es una idea muy vieja, que ya utilizaban los agricultores americanos prehispánicos: sembraban maní y maíz a mano, pero antes los remojaban en agua para que avanzara su germinación. También era usual en la colonia rusa de San Javier, departamento de Río Negro, donde el girasol era humedecido primero y luego secado al sol, antes de plantarlo. Así fue hasta la creación de las sembradoras mecánicas, cuando se hizo imposible empapar las semillas porque no soportaban el tratamiento dentro de la máquina”, evoca Castro.
José Lavalleja Castro en un campo de maíz,
en el departamento de Soriano. A la izquierda,
plantas nacidas de semillas vigorizadas.
(Archivo Lavalleja Castro)
En poco tiempo adaptó aquella idea ancestral y la transformó en un procedimiento de laboratorio. “Cuando conocemos las fases fisiológicas de la germinación, podemos avanzar hasta donde deseamos, luego frenar el proceso, secar la semilla y finalmente sembrarla. Realizado con precisión, permite que un cultivo de invierno se comporte como uno de verano.” Para germinar con mayor velocidad y riqueza nutritiva, las semillas necesitan una Suma Térmica, que en este caso se controla previamente. “Una de las causas del aumento de rendimiento es la supresión de la competencia intracultivo, porque las plantas que nacen más tarde, consumen nutrientes y luz, pero no llegan al grano. Un problema que se soluciona con la vigorización”, explica el experto de prestigio internacional.
Lavalleja Castro conoció al ingeniero industrial Gianfranco Premuda hace más de cuatro décadas. Una tarde le planteó su descubrimiento y le solicitó que diseñara un equipo de tratamiento a gran escala. “Lo probamos tres años seguidos con agricultores de Soriano, en girasol, sorgo, maíz y algodón”, evoca Premuda. El productor enviaba una bolsa de semillas que eran vigorizadas y devueltas para que se plantaran plantaran una al lado de la otra, con un aumento de 25% registrado en la producción.” Los costos se cubrían largamente con una mayor eficiencia, pero había un problema: el agricultor no eradueño de la simiente, sino sóloel encargado de multiplicarla”, afirma. A fines de la década de 1980, cuando los inventores iniciaron contactos con semilleros uruguayos y argentinos, surgió la explosión de la soja. “Lo intentamos, pero su semilla humedecida se hincha y luego de secada se parte. No pudimos conseguir un buen grano.”

Para realizar las primeras experiencias los productores enviaron semillas a Lavalleja Castro, quien las sometió al proceso de vigorización y luego se las devolvió para que las plantaran una al lado de otra. Por esta técnica innovadora, obtuvieron un aumento de 25% en la productividad.

Gianfranco Premuda y José Lavalleja Castro
amigos eternos, en la vida y las invenciones.
(Alejandro Sequeira, 2011)
La Máquina sin nombre
Una vez que estuvo pronta, nadie se animó a bautizarla. “No tuvimos la necesidad de darle una denominación o sigla extraña, pero fue una solución para el primer problema que plantea la vigorización: la necesidad de un tratamiento regular de la semilla”, evoca Premuda. Dentro del mecanismo, el grano recibe una primera humedad, después una temperatura, seguida por un secado, con una secuencia exacta decidida en base a la experiencia técnica de Castro.
“La Máquina” puede ser diseñada a medida del productor, con un tamaño mínimo que cabe en un baño, hasta una gigantesca similar a un galpón. “Llegamos a tratar hasta 10.000 kilos de semillas, sin ningún problema”, anotan los decanos de los inventores uruguayos.
Una limitación del procedimiento es la duración máxima de tres meses de sus beneficios, porque luego de ese plazo vuelve a su estado original. “En 2002, cuando en el país no había plata para comprar semillas, nosotros recuperamos una partida entera de girasol que estaba considerada descartable y que se pudo plantar. Pero la mejor experiencia fue la de Saman: con técnicos nacionales y buenos granos producidos por ellos. Trabajamos casi un año, y conseguimos 30% más de rendimiento. ¡Nadie lo podía creer! Hubo un rendimiento extra de mil kilos más. El límite de producción del arroz son 10 mil kilos por hectárea, porque fisiológicamente no da más a causa de su fotosíntesis. En aquel momento llegamos a ese techo”, concluye Lavalleja Castro.


“Una patente mundial, que es la que protege de verdad, cuesta 80 mil dólares; patentar sólo en Uruguay significa transformarla una idea en algo público y robable.”
—José Lavalleja Castro, ingeniero agrónomo.

Infrarrojo
“Un problema de la semilla está en la estructura cristalina de la membrana, que no funciona cuando se siembra en frío: así se debilita y se expone a la acción de hongos. La vigorización mejora la resistencia celular, un beneficio detectable a través de un análisis infrarrojo”, dice José Lavalleja Castro. “La técnica fue desarrollada en la tabacalera Montepaz, a partir de un método creado por el profesor Carlos Hirschfeld. Ellos pueden detectar la humedad de un manto de tabaco alumbrándolo con una luz infrarroja, luego sacándole una foto y haciendo un cálculo matemático diseñado para este procedimiento. Hirschfeld era hijo de un empresario alemán que se exilió en Uruguay, y al que los nazis le confiscaron una fábrica de sidecares. Con el tiempo el científico se radicó en Estados Unidos, y hasta fue candidato al Premio Nobel”, cuenta Gianfranco Premuda.


“Un invento no tiene sentido si no se puede transformar en una innovación útil para la sociedad.”
—Gianfranco Premuda, ingeniero industrial.

José Lavalleja Castro por
Alejandro Sequeira, 2011.
José Lavalleja Castro
Ingeniero agrónomo, especializado en el desarrollo de semillas, fue jefe del Proyecto de Experimentación Integrada de INIA, y técnico de la FAO, luego de irse al exilio tras el golpe de Estado de 1973. Fue pionero en la promoción y difusión del empleo de las rotaciones de cultivos y pasturas. Su experimento La Estanzuela, realizado hace más de 40 años, es el ensayo más antiguo de manejo de suelos de América del Sur. Permitió diseñar y adoptar los sistemas mixtos de producción que reúnen innumerables valores relativos a la preservación de los recursos naturales. Lo más valorable de esta propuesta fue que logró hermanar los beneficios ambientales con los beneficios económicos y una aceptación generalizada por los productores. Sus investigaciones están en la base de numerosos trabajos científicos relacionados con la sostenibilidad de los recursos naturales en los sistemas de producción, y de compromiso con la tarea agropecuaria.

“La materia orgánica del petróleo se acumuló en 400 millones de años, pero se gastó en 160 y no llegará a los 200. Así que pronto habrá que esperar otros 400 millones de años para tener energía a partir de hidrocarburos.”
—Gianfranco Premuda

Gianfranco Premuda por
Alejandro Sequeira, 2011.
Ingenieros
“Eladio dieste, con su cerámica armada; Jorge Pivel, con su cámara torsional; Rafael Guarga, con su sumidero invertido, Alfredo Baeza, con su robot de riego, son colegas que merecen ser considerados inventores profesionales de primer nivel. El caso de Guarga describe cómo trata el país a los innovadores. Estuvo diez años tratando de vender su máquina contra las heladas, pero los productores siempre le decían lo mismo: ¿Cómo sabemos que fue la máquina y no la falta de frío? Entonces lo presentó a la Universidad de California, donde han estudiado los fenómenos climáticos del territorio estadual con una precisión de 99%. Cuando se colocó el sumidero en un área donde se señalaba alto riesgo de helada, no hubo dudas de que el cambio se debió a la herramienta. La UCLA los apoyó, a los productores californianos no se lesoc urrió desconfiar, y ahora su invento se vende en todo el mundo.”
—Gianfranco Premuda


“Los biocombustibles son un cuento: con 100 millones de toneladas de maíz para alcohol no se cubre 1% de las necesidades de gasolina.”
—José Lavalleja Castro

Energía verde
“Alguna vez me presenté al Premio Nacional de Ingeniaría con una idea: utilizar árboles en lugar de agua para alimentar a la represa de Rincón del Bonete. Mi propuesta era plantarlos a lo largo de cuatro kilómetros paralelos al Río Negro, y hacer pequeñas centrales intermedias hasta donde los árboles podrían llegar a través de la corriente. En ese momento hice un cálculo: se necesita la mitad de árboles que de agua para conseguir la misma energía. Los discutí en la Asociación de Ingenieros, le presenté el proyecto a UTE, pero es más fácil copiar tecnología que innovar.”

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