sábado, 4 de septiembre de 2010

Memorias de los Almacenes La Grandalesa: 18 y Yí

Negro sobre blanco

Una crónica sobre los emprendores asturianos José Antonio, Secundino y Ricardo Villarmarzo, que hicieron historia con una memorable cadena de almacenes minoristas, la primera de Montevideo.

Ricardo, Jose Antonio , Secundino y
Aurora Villarmarzo, Montevideo, 1928.
(Archivo Villarmarzo)
En las primeras décadas del siglo pasado el drama humanitario de Marruecos sumía en inhumano dolor a las familias españolas. Miles de jóvenes –casi siempre, pobres o aldeanos– eran convocados a morir al sangriento frente del Rif norafricano. El temor a la inmoral contienda decidió a Rosendo y Teresa, a enviar a su hijo mayor a tierras uruguayas. Ese jovencito fue líder de una sólida sociedad de tres hermanos emprendedores, creadores de riqueza y formadores de una cultura empresarial impregnada de ética. Así eran ellos. Pioneros de una legendaria cadena de almacenes, en tiempos que el mundo conocía a Uruguay como la orgullosa «Suiza de América». Un sello inolvidable. Una innovadora propuesta comercial, solo comparable –por el impacto público– con los mayores supermercados actuales. Su eslogan era marca registrada, sinónimo de transparencia y confiabilidad. Escrito con la claridad que rigió sus vidas durante más de medio siglo: La Grandalesa, 18 y Yí.

Sobre la base del Capítulo 11 del libro Héroes sin bronce. Ediciones Trea, Gobierno del Principado de Asturias, Gijón, 2005. 

15 de diciembre de 1938. José salió apurado de la oficina de Ituzaingó 1379, ubicada a pocos metros de la Iglesia Matriz de Montevideo. Era jueves de la semana previa a Navidad, la zafra mayor de su estupendo negocio. Aunque lo disimulaba, tenía una insoportable sensación, mezcla de depresión y repugnancia. Que imaginaba, solo comparable con una cruel agonía o la peor muerte. Minutos antes, había tenido que humillarse frente a un representante de la Falange Española, a quien saludaba levantando el brazo derecho. Sin muchas palabras, le entregaba su colaboración de todos los meses a nombre del «Camarada Villarmarzo».
No era falangista. Sus ideas se habían formado al amparo de la democracia liberal que se respiraba en el Uruguay, influido por el ideario batllista. No tenía militancia política y tampoco le interesaba. El franquismo sometía a su hermano –desde mediados de 1936– a una injusta reclusión en el área de extrema seguridad de la cárcel de Lugo, destinada a los asturianos condenados a muerte.
José estaba cansado de fingir adhesión a derechistas que recaudaban dinero para una audición radial, tristemente famosa en tiempos de la Guerra Civil. «Habla la Falange.» Esa tarde, mientras cruzaba solitariamente la Puerta de la Ciudadela, se vio invadido por una angustiante crisis de conciencia. Por un momento, lo pensó. «Voy a dejar de hacer algo que me hace tanto mal.»
Afiche publicitario de la Fiambrería y
Quesería La Grandalesa, de José y
Ricardo Villarmarzo. La dirección
del comercio era un clásico: 18 y Yí.
(Archivo Villarmarzo)
Un rato después, de regreso en el almacén, aceptaba que aquella indeseable relación era imprescindible para conseguir su único objetivo. Durante años había comprado bonos de diez pesos mensuales, para financiar «reportajes a generales y personalidades de las JONS». Los pagaba la familia, pero él siempre daba la cara.
Junto con Ricardo, su hermano menor y socio comercial, salvaron a Secundino del paredón o el garrote. Primero cambiaron la pena original por cadena perpetua. Luego de insistentes gestiones –no menos humillantes– consiguieron una nueva rebaja, a treinta años. Muy posiblemente, con más donaciones y alguna intercesión, quedaría en «un día». Aunque nadie sabía, cuándo sería ese día.
Tiempo después se enteró de que muchas de sus colaboraciones quedaron por el camino, en manos de un inescrupuloso rezador de rosarios. Que le prometía gestiones jamás realizadas. Traicionado en su credulidad, dominado por una insólita mezcla de ira y desconfianza, tiempo después lo buscaría por toda España. Por suerte, para ambos, no lo encontró.
La ansiada libertad seguiría –inesperadamente– otros derroteros. Fue necesaria una buena relación con obispos sensibles a la devoción por el patrono de Villabolle. En principio fue un acto de fidelidad por las tradiciones, y de amor profundo por su pequeña aldea. Con apoyo de la influyente familia, el 13 de junio se transformó en una gran fiesta regional que, además, recaudaba muy bien.
Las célebres rifas de jamones –organizadas por José Antonio y Ricardo– forman parte de la memoria de tantos ancianos grandaleses que vivieron y sufrieron aquella difícil época. La actitud filantrópica y solidaria rendiría inesperados frutos, años después.
Testimonios eclesiales, sobre la obra realizada en la capilla, fueron argumentos irrebatibles para su liberación. Secundino no era católico práctico, pero guardó siempre en el corazón un amor muy especial por su milagroso San Antonio.

Teresa Álvarez Peñamaría Jardón y
Rosendo Villarmarzo Marín en

Grandas de Salime,  c. 1928.
(Archivo Villarmarzo)
Ellos, sean unidos
José Antonio Villarmarzo Álvarez-Peñamaría nació el 8 de diciembre de 1893. Era el segundo hijo –primer varón– de Rosendo, natural de Folgosa y Teresa, aldeana de Villabolle, localidades del concejo de Grandas de Salime. Rosendo fue un audaz emigrante. Había viajado con un hermano a San Juan de Puerto Rico, a mediados del decimonoveno siglo, pero prefirió retornar a su hogar asturiano para casarse con Teresa, única heredera de una casería villabollana. La antigua vivienda de piedra y louxas, construida a pasos de la pequeña capilla de San Antonio, es conocida como «Casa del Meirazo» o «Mallorazgo». Sus tierras de labor, bodega y viñedos eran patrimonio de los Peñamaría desde mediados del decimoséptimo siglo –según documentos que conservan los Villarmarzo. El rancio edificio es actualmente propiedad de la familia, pero su origen se pierde en el tiempo.
Rosendo Villarmarzo Lledín, fundador de la familia, falleció en Villabolle el 1 de junio de 1930. Su esposa, Teresa Álvarez-Peñamaría Jardón, dejó de existir en Grandas el 16 de febrero de 1945.
Teresa era una apacible joven de tez muy blanca, bronceada por el rigor de los vientos y soles de la montaña. Disfrutaba de la tarea campesina y la prefería a la doméstica. Tan pronto sus hijas fueron creciendo, con gusto les cedió el quehacer del hogar. Tomaba la azada para acompañar a su esposo en el cultivo de la tierra. Profundamente cristiana, educó a sus hijos en su creencia. Tenía un especial don de contacto con ellos, poco habitual en esa generación caracterizada por sus austeras costumbres.
Los hermanos Villarmarzo se criaron con el dedicado afecto de la madre y admiración por la personalidad aventurera del padre. Crecieron escuchando sus increíbles historias de lejanos países e imaginando los maravillosos e intocables tesoros que habría traído de ultramar. Aunque no lo exigía con gestos autoritarios, disfrutaba del respeto y amor de sus hijos.
Casa Minguxón de Villabolle,
de la familia Álvarez.
(Museo Etnográfico Grandas de Salime)
José llegó a Montevideo el 18 de noviembre de 1911. Llamado por su amigo Manuel Álvarez, de la «Casa Minguxón» de Villabolle, familia que aún mantiene un fuerte vínculo afectivo con los Villarmarzo. El 21 de noviembre era colocado en el almacén Universal, de Charrúa 1848 y Yaro, barrio Cordón.
Lo adquirió en 1918, y un año después le agregó bazar y ferretería. El primer éxito se sustentó en el lema «precio y peso justo» y en una creativa táctica comercial. Ponía a disposición del cliente una balanza que constataba la exactitud de su compra.
Secundino nació el 6 de marzo de 1898. Arribó a Montevideo en 1915, siguiendo los pasos de su hermano, que lo reclamó para trabajar en el mismo comercio. Tiempo después José adquirió el almacén La Llave, de 21 de Setiembre y Franzini, propiedad de un italiano de apellido Pietra.
El más joven recordaba siempre sus travesías con pesados garrafones de combustible, que transportaba por incómodos caminos que bordeaban las quintas de Pocitos Viejo, zona de lavanderas que blanqueaban las costas del arroyo homónimo. Ambos fueron socios en el negocio que giraba en ramos generales: comestibles, bebidas, bazar, ferretería, artículos de construcción, pinturas, catres, colchones, balanzas. De esa época es la producción de un exquisito vino de añoranza española, publicitado en una atractiva vidriera adornada con vides maduras. Una idea tan original y aceptada, que mereció el reconocimiento como promotor de buenos productos uruguayos.
Ricardo nació el 19 de diciembre de 1907 y arribó a Montevideo en 1924. Sus hermanos lo sumaron, en 1927, al primer negocio de valor; la provisión, café y bar Villarmarzo, de Uruguay 1101, esquina Paraguay. En ese comercio, recibieron a la menor de la fratría, María Aurora –nacida el 16 de agosto de 1911–, que se quedaría para siempre a su lado. Con sus agradables maneras y simpatía, sería portadora de entrañables recuerdos y pondría una juvenil sonrisa a la nostalgia asturiana.

Secundino Villarmarzo, a principios
de 1930,  con su padre Rosendo,
su madre Teresa, y sus hermanas
María del Carmen, Josefa y Jesusa.
(Archivo Villarmarzo)
El drama de Secundino 
En 1928, los tres hermanos se pusieron de acuerdo en un tema delicado. Uno de ellos debía regresar a Villabolle, justo cuando el negocio montevideano comenzaba a florecer. Le tocó a Secundino, un joven fuertemente influido por el Uruguay progresista y democrático. La historia posterior demostraría que fue mucho más que un simple sacrificio económico.
Antes del fin de año, estaba con su madre y hermanas, esperando el inevitable desenlace de la grave enfermedad de Rosendo. Desde ese doloroso momento, su vida cambiaba dramáticamente. Quedaba como cabeza de su indefensa familia; que lo necesitaba en la difícil y poco reedituable tarea de labranza. Tras la muerte del padre, se trasladaron a una cómoda vivienda en Grandas, donde siguieron cultivando la quinta y huerta familiar.
En su tierra se hizo socialista, partidario de la Segunda República y militante del Sindicato de Labradores. No peleó en el duro frente asturiano de la Guerra Civil, pero fue capturado por tropas franquistas y condenado a muerte por un tribunal marcial, a fines de 1936.
Su hermana María Josefa subsistió sola en Lugo, durante los cinco años de reclusión. Por ella enviaba mensajes a su familia, que la joven reenviaba en forma de cartas en clave. Nombres tales como «nino», «neno» y «chico», permitían burlar la censura, no sin dificultades. El jugo de limón también fue cómplice de una escritura que trasmitió anhelos y proyectos de un hombre que siempre soñó con ser libre.
Sus hijos conservan el único mensaje autorizado, del 12 de abril de 1938, avalado por el Comité de la Cruz Roja Internacional: «Me encuentro sano y salvo en la cárcel de Lugo», decía solamente. Permaneció ocho años más en Grandas de Salime, donde conoció a Genoveva, hija del famoso Benigno Naveiras, «El Ferreiro», hombre muy querido, de muchas anécdotas y buenos consejos. Poseedor de una intuitiva sabiduría, tan simple como la vida de quien aprendió escuchando historias mientras reparaba una carreta o herraba un caballo.
Casa del Meirazo, cercana a la iglesia
de San Antonio, histórica propiedad
de la familia Peñamaría.
(Museo Etnográfico Grandas de Salime)
En Montevideo, José y Ricardo habían conquistado una situación económica estable y holgada. En 1947 hicieron un viaje para reencontrarse con sus hermanos, para recorrer España de horizonte a horizonte y cumplir con una promesa secreta. Recorrieron con sincera devoción, el místico Camino del apóstol, hasta Santiago de Compostela.
En 1949, regresaron Aurora y José a Montevideo. Viajaron con ellos: María Carmen nacida el 24 de abril de 1892, María Jesusa nacida el 19 de enero de 1896, y María Josefa, nacida el 19 de marzo de 1905. Poco después salían Secundino y Genoveva con una niña de meses en brazos, María Teresa; y otro por venir, Roberto, nacido en Montevideo en 1950. Más tarde, nacía Fernando en 1953 y Ana María en 1956.
Ricardo se casó con María Concepción Martínez Guzmán, la hermosa y distinguida hija de don Ramón Martínez, histórico alcalde grandalés. Su boda tuvo una romántica celebración en la Santa Cueva de Covadonga, actualmente vedada para ceremonias particulares. En el año 1950, la pareja se instalaba definitivamente en la capital uruguaya, donde tuvo cinco hijos.

José Antonio Villarmarzo.
Culín y cebadura 
El 5 de noviembre de 1940, arrendaron una propiedad en la cercana esquina de 18 de Julio 1252, para abrir un comercio único en su género, que demandó una importante e inusual inversión: La Grandalesa. El negocio tenía amplias vidrieras sobre la avenida y una calle lateral, diseñadas con el mejor gusto de la época. Fiambrería y quesería independientes y aisladas del contacto exterior, ambas revestidas con azulejos. El salón decorado con murales alusivos al ramo, presentaba exhibidores vidriados de bebidas y licores, vitrinas para bombones y chocolates y empaque, de madera a la vista o laqueada en color celeste.
Vendía artículos producidos y empaquetados para su distribución exclusiva. Aceites, yerba mate, café molido a la vista, dulce de leche y de membrillo, vino oporto añejo, champagne y vino de mesa, como «marca blanca» Villarmarzo y La Grandalesa. No existe el montevideano de más de 50 años que no recuerde las interminables filas en la puerta del legendario almacén; sobre todo en las fiestas de Navidad y fin de año. Allí se vendían exquisitos lechones y pavos asados, bebidas nacionales e importadas, frutos secos, turrones nacionales y españoles. La fresca y sabrosa sidra Real de Asturias era exclusividad de la firma.
 se interesó en la elaboración y difusión de productos nacionales. Participó en el directorio de diversas empresas industriales y agropecuarias: La Mariscala, estancia del departamento de Lavalleja que obtuvo premios en exposiciones ganaderas; Nueva Valdesia, tambo asesorado por un técnico francés que fabricó el primer queso azul uruguayo, tipo roquefort; la planta de bebidas AMA, embotelladora del famoso coñac Castelar.
18 de Julio y Yí, muy poco antes
de la llegada de La Grandalesa,
cuando todavía se circulaba
a la inglesa, por la izquierda.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Los hermanos Villarmarzo crearon un original sistema de habilitación –antecedente del moderno franquiciado– que permitía a empleados con cierta antigüedad y responsabilidad, ir formando un capital propio, como seguro paso previo a la independencia económica. Con el correr de los años, muchos prefirieron asociarse y ampliar las bocas de venta del grupo comercial. En su mejor época –entre los 50 y los 60– el grupo familiar tuvo diez sucursales, con varias denominaciones: La Grandalesa de J. y R. Villarmarzo (la más famosa, en 18 de Julio y Yí), La Grandalesa SA, Álvarez y Villarmarzo (con el ovetense Amable Álvarez), Secundino Villarmarzo y Supermercado La Grandalesa.
En 1960 se disolvió la firma de 18 y Yí. Ricardo pasó a la sociedad anónima que explotaba parte de los locales existentes. Lo mismo ocurrió con Secundino cuando vendió su comercio de Pocitos. En ese momento el negocio de 18 y Yí se trasladaba a unos metros, hasta Yí 1377, como integrante de La Grandalesa SA. Años más tarde, diferencias insalvables provocan una división. Los hermanos continuaron con varios salones de venta bajo la denominación Almacenes Villarmarzo, en actividad hasta 1983.
María Teresa, hija mayor de Secundino, nació en Villabolle. Ella recuerda con inocultable orgullo «el clima de valores morales que transmitían sus mayores y el ejemplo de justicia solidaria que consiguieron imprimir a su gestión comercial».
Aurora Villarmarzo.
Los Villarmarzo solían ocupar a compatriotas recién llegados; muchos venían contratados desde España. Aquellos jóvenes bajaban en el puerto de Montevideo con sus espléndidas gabardinas nuevecitas, sus relucientes zapatos recién lustrados y sus pantalones de pana. Siempre había algún paisano a quien recibir y a quien dar trabajo en sus primeras etapas en el país. Las largas esperas formaron parte de la niñez de los hijos de Secundino y Ricardo.
«También organizaban almuerzos de camaradería, partidos de fútbol dominicales entre equipos de las sucursales, siempre con varios asturianos. Luego al regreso la parada era para tomar un capuchino calentito en el bar contiguo al almacén de Sierra y Uruguay. Acompañado por un delicioso queso cortadito, que remataba felices tardes de invierno.
Un espíritu de solidaridad animó a la familia, junto con el culto del desarrollo intelectual y personal. Los Villarmarzo nacieron en una aldea muy pequeña y con deficientes posibilidades de estudio. Sin embargo, en sus hogares había pequeñas pero selectas bibliotecas, cuyos volúmenes no estaban de adorno», rememora María Teresa.
José Antonio Villarmarzo estudió inglés y se formó en contabilidad y teneduría de libros. Recibió ofrecimientos de trabajo nada desdeñables, que rechazó en función de sus deseos de proponerse desafíos personales y colectivos. Su inquietud vital lo llevó a incursionar en diversos ámbitos. Actor aficionado en las obras teatrales del Centro Gallego; dirigente de Casa de Asturias, del Centro de Almaceneros, del Hospital Español, de la Asociación Española Primera de Socorros Mutuos y del Club Español.

Ricardo Villarmarzo.
Recuerdos de familia
Rosendo Villarmarzo Lledín, fundador de la familia, falleció en Villabolle, el 1 de junio de 1930. Su esposa, Teresa Álvarez-Peñamaría Jardón, dejó de existir en Grandas, el 16 de febrero de 1945.
María del Carmen Villarmarzo Álvarez murió el 10 de abril de 1976; José Antonio el 25 de julio de 1984; María Jesusa el 21 de diciembre de 1991; Secundino el 3 de junio de 1969; Manuel fue víctima de una epidemia de gripe en 1917; Balbina no llegó al año de vida, en 1902; María Josefa el 17 de octubre de 1991; Ricardo el 4 de abril de 1981 y Facundo, el último hijo, falleció a los tres años, en 1918. La única que queda del grupo original es María Aurora. Una lúcida y encantadora anciana de 98 años, que brinda enorme ternura a sus sobrinos y sobrinos nietos. Un fraterno contacto con el pasado, que convoca a la familia.

Colmena de vidrio 
José era el más visionario, líder natural de la familia. Fue un innovador consuetudinario. Cambió el tradicional mostrador de estaño por uno de mármol, más sólido y versátil, impuesto luego en toda la región. En 1929, organizó la primera exposición y venta de quesos del país. En 1932, instaló en la vidriera una colmena con abejas vivas, en plena producción de miel. Un verdadero pionero del moderno marketing.

Secundino Villarmarzo.
Artista y superviviente 
Secundino era sensible y creativo. Utilizó inteligentemente sus largas horas de inhumano ocio en la cárcel de Lugo, a la espera de una ejecución, que nunca se cumplió. Realizaba piezas artesanales en papel de fumar y tallas óseas, con una navaja gastada. Cuando quedó en libertad, pudo llevarse parte de su obra: anillos de hueso y plata hechos de monedas, cajas de habanos, alhajeros laqueados y una cuchara personal. Un signo inequívoco de su talento fue un bello ajedrez que obsequió a su querido amigo Leandro Aller, médico de Villabolle. Sus hijos conservan estas piezas como un tesoro.

Asturianadas a dúo
Ricardo era el más sociable de los tres. No desaprovechaba ocasión para vincularse con sus paisanos del Centro Asturiano; con tanta fraternidad y desprendimiento, que los mayores aun lo recuerdan con afecto. Sus descendientes atesoran con emoción la hermosa voz de su esposa Concepción, que cantaba «asturianadas» con Secundino.

Barrilito 
En el subsuelo de la casa central, había un amplio espacio con estanterías alineadas que permitían el almacenamiento de centenares de hormas de queso, y cajones acondicionados para mercadería importada, especialmente conservas españolas. En el salón contiguo, de la calle Yí, instalaron un novedoso concepto de bar: El Barrilito. El mostrador y las mesitas eran barricas de roble, colocadas en un ambiente que recordaba a los chigres asturianos. La muy variada carta, incluía tapas y picadas, pero, el rubro no era el favorito de los Villarmarzo. Al poco tiempo lo vendieron.

18 de Julio y Yí en la actualidad,
el mismo espacio comercial
pero un giro muy distinto.

(Pablito 28)
Añoranzas 
En 1923, José compró tres lotes en el barrio Nuevo París, del norte de Montevideo, que pagó 35 centésimos por metro cuadrado. Ese primer terreno lo transformó en propietario y dejó una marca indeleble en la familia. Muchos años después, cuando un pariente o un amigo iba a zonas próximas, recibía la aguardada solicitud del anciano. Un paseo a la Fortaleza del Cerro para disfrutar el paisaje de la bahía. Siempre, con una visita previa a los añorados lotes, que fueron sus primeras inversiones.

Mitos y leyendas
«Hoy existe en nuestro país la creencia bastante difundida de que el gobierno uruguayo facilitó la venida de inmigrantes. Sin embargo, la realidad era bastante menos idílica. Los españoles tenían que recorrer un largo camino burocrático y contar con alguien que los reclamara con un contrato de trabajo y depositara una fianza en garantía. Debían así mismo someterse a un riguroso examen médico y obtener certificado de buena conducta», afirma María Teresa Villarmarzo.

Tío Pepe 
«Si no hubiera habido arados, no habría ordenadores.» Roberto Villarmarzo se conmovió al leer esta frase, en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, creado el 2 de junio de 1984. La lleva siempre consigo, a cada reunión de trabajo. Le causa profundo afecto y admiración. No es grandalés, como María Teresa, su hermana mayor, aunque fue concebido en la vieja casería. Es sobrino de José Naveiras Escanlar, hijo de Benigno, también ferreiro.
Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
«Es una institución única. Un emocionante viaje el pasado. La obra de un ser admirable, que con mucha paciencia, juntó objetos a lo largo y lo ancho de su pueblo, de su región, de su provincia y del norte de España. A su influjo, Grandas de Salime fue declarado Pueblo Ejemplar de Asturias», evoca Roberto.
«La sociedad de consumo, fría e injustamente economicista, desprecia objetos entrañables, que embellecen baúles y oscuros desvanes. Son tesoros patrimoniales, que evocan un mundo ido, pero, también, un trabajo bien hecho. Aquellos artesanos, mis antepasados, que hacían un estribo o una herradura, no sabían, que también fabricaban piezas únicas y valiosos objetos de museo.» Roberto Villarmarzo, sabe de lo que habla. Es arquitecto y urbanista.

Bolichero sin bombo 
Eulogio Rodríguez Pérez nació en Salas, el 1 de marzo de 1899, en el seno de una familia de humildes labradores de montaña. Sus padres, Antonio Rodríguez, y Jacoba Pérez, eran vecinos de Socolina de Lavio, que negociaban con vaqueiros de Belmonte de Miranda. Tuvieron nueve hijos que apenas podían mantener y que realizaron un incompleto tercer año escolar. «Los nenos pasábamos muita fame. Nuestra felicidad era llegar a la noche, para compartir un pan y escuchar historias de nuberus, cuélebres y xanas» –solía decir, con rara mezcla de nostalgia y dolor.
La antigua balanza comercial
es un homenaje a los
Villarmarzo y  la emigración
asturiana en América.
(Museo Etnográfico
Grandas de Salime)
El pequeño inmigrante fue enviado a Montevideo cuando aún no había cumplido doce años. «Salió solito del puerto de Luarca, encargado a malos paisanos que mejor olvidar. Aquí le quitaron el dinero que traía y lo dejaron en una pensión de la Ciudad Vieja, en total desamparo» –cuenta María Cristina Rodríguez, hija menor de Eulogio.
El jovencito encontró trabajo como mandadero en un comercio de la zona, mientras buscaba un lugar donde vivir con mínima dignidad. En 1912 aceptó alistarse como marino mercante, sin papeles ni garantía de volver con vida. Con el dinero ganado alquiló una habitación en la calle 25 de Mayo, al lado de su primer empleo estable.
Antes de los 17 años era encargado de un tradicional almacén capitalino. En 1918 compró su primer establecimiento, ubicado en 25 de Mayo 697. Sus grandes amigos asturianos fueron José Antonio Villarmarzo, Manuel Magadán, Luis Gómez, Jesús Peña y luego –con los años–, los hermanos Iglesias, José María y Manuel.
La vida de Eulogio pasó lejos de la Guerra Civil Española, aunque –a distancia- simpatizaba con el franquismo. «Su socio José Veiga, alguien muy querido por la familia, era un republicano intransigente. Tan así, que la única vez que pisó una iglesia fue para mi bautismo, como padrino. Con José realizó negocios memorables, que para nada fueron afectados por la política. Era emocionante verlos cerrar acuerdos con un apretón de manos, sin firmar papeles. La palabra nunca fallaba», asegura María Cristina.
La principal actividad de Rodríguez era la compra de bares y almacenes, «boliches», en la jerga rioplatense. «Los adquiría agonizantes. Los trabajaba de sol a sol; los levantaba y los vendía, siempre, en el momento justo. Así juntó una interesante fortuna, que le permitió vivir muy bien a su familia uruguaya y ayudar a los que dejó en Asturias.» Eulogio colaboró con los hermanos que quedaron allá, en plena guerra y luego en la posguerra. Cuando la miseria se enseñoreaba de su patria.
Como buen paisano, recibía a familiares, amigos y vecinos que venían a trabajar. «Tenía esa obsesión. Socorrer a quien fuera a pedirle un favor. Por nuestra casa desfilaron cientos de asturianos a los que protegía con sincero cariño. Creo que tanto desprendimiento y solidaridad, era una respuesta natural a su abandono infantil».
Eulogio Rodríguez fue propietario de bares de la populosa zona del Hipódromo de Maroñas: Chenlo –en sociedad con Basilio Dubra–, Sin Bombo y Guerra. «El empleado que recordamos con más cariño y admiración fue Primitivo Riesgo, un verdadero talento que marcó época en el ámbito comercial uruguayo. Papá lo contrató como mozo del Sin Bombo. A las pocas semanas le vio capacidad para ser su mano derecha, aunque le adelantó que estaría poco tiempo allí. No tardó mucho en ofrecerle lo necesario para independizarse.» El olfato no le falló. Primitivo Riesgo fue propietario del Hotel Ermitage de Montevideo.
Su vida merecería una película. En plena Guerra Civil, fue detenido en Salas, por tropas republicanas. Cuando lo iban a fusilar, junto con decenas de vecinos nacionalistas, pudo escapar hacia las montañas. Allí lo buscaron durante tres meses, hasta que lo dieron por muerto. Pudo sobrevivir comiendo raíces y pequeños animales. «Al poco tiempo salía de Asturias clandestinamente, rumbo a Cuba y luego, al Uruguay, donde hizo una vida ejemplar», evoca María Cristina.
Eulogio Rodríguez se casó con Elida Viña Alonso, nacida en Montevideo, el 25 de febrero de 1910, hija de gallegos de Lugo. Tuvieron cuatro niñas: Susana, Elida, María del Rosario y María Cristina. Fue fundador de Casa de Asturias, entidad a la que permaneció fiel hasta su muerte, el 23 de febrero de 1978.


El Tío Pepe Naveiras en una de sus
investigaciones arqueológicas.
BIO
Pepe el Ferreiro (1942)
José María Naveiras Escanlar cursó estudios de enseñanza primaria, mientras trabajaba como herrero en la fragua de su padre y luego en otras actividades relacionadas con la metalurgia.
Con su amigo José Manuel Villamea y el arqueólogo Miguel Ángel de Blas Cortina, en 1977 descubrieron la primera vivienda del Castro llamado Chao Samartín.
La excavación controlada por la Universidad de Oviedo permitió recuperar un importante legado de fragmentos de cerámica, a partir de un vaso de paredes finas de Melgar de Tera.
Las piezas fueron estudiadas por Fernán Alonso, del Departamento del Carbono-14 de Instituto de Física y Química Rocasolano de Madrid, que situó su antiguedad entre los años 10 y 20 A.C. hasta la segunda mitad del Siglo I D.C.
En 1983 comenzó su trabajo en museología, instaló un mausoleo en la zona arqueológica y tres años después fundó el Museo Etnográfico de Grandas de Salime.


Sala del Museo Etnográfico
de Grandas de Salime.
Distinciones
-Premio “Principado de Asturias de Turismo”, concedido por la Consejería de Industria Turismo y Empleo, 1991.
-Socio de Honor de la Asociación para la Defensa del Patrimonio Cultural de Asturias, 1992.
-“Chosco de Oro” de Navelgas, 1998.
-“Asturiano del Mes de Enero” del 2002 del periódico La Nueva España.
-Premio de Turismo “Tierra Verde”, de la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET) 2002.
-Premio Centro Asturiano de Sevilla 2002.
-Primer “Galardón Pendiente de Oro” de la Asociación de Hostelería y Comercio de Grandas de Salime, 2002.
-“Urogallo de Bronce”, Centro Asturiano de Madrid 2004.
-Premio "Verdes Valles Mineros" de la Fundación Marino Gutiérrez Suárez de La Felguera, 2006.
-Premio de la Federación de Asociaciones Turísticas del Occidente de Asturias, 2008.
-Premio Terra Viva de Santirso de Abres, 2008.
Es miembro correspondiente del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA).
Una ventana a la cultura.
(Museo Etnográfico Grandas de Salime)
-Participó, como ponente, en varias Jornadas de Etnografía, en Canarias, Galicia, Navarra, Asturias; y en las ciudades suizas de Zurich, Basilea y Argau para la Federación de Sociedades Asturianas en Suiza.
Montó exposiciones de etnografía en el Teatro Campoamor de Oviedo; en la Feria Internacional de Clermount Ferrand, Francia; exposiciones en el Museo de Bellas Artes de Asturias; en la Federación de Sociedades Asturianas en la Habana, Cuba. Participó en algunas publicaciones, y es coautor con otros de las guías del Museo. Escribió de forma esporádica en el periódico La Nueva España y en otras publicaciones.


El pueblo pide por El Ferreiro
José Naiveiras fue cesado en 2010 como director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime que él creó y proyectó al mundo. En la actualidad es una institución pública, de carácter comarcal, gestionado por un Consorcio para la Gestión, constituido por la Consejería de Cultura y Turismo, y la Consejería de Medio Rural y Pesca del Gobierno del Principado de Asturias, el Ayuntamiento de Grandas de Salime, la Universidad de Oviedo, la Caja de Ahorros de Asturias y la Asociación de Amigos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
Protestas y movilizaciones populares aún reclaman el reintegro de Pepe El Ferreiro.

El acto de inauguración, con
arqueólogos, vecinos
y funcionarios.
(Museo Etnológico
Grandas de Salime)
El Museo
Su misión es reunir, custodiar, conservar, incrementar, investigar, comunicar y difundir el patrimonio material e inmaterial de carácter etnográfico de la Comunidad del Occidente de Asturias. Ocupa una superficie aproximada de unos 3.150 metros cuadrados, y su colección permanente está compuesta por más de 11.000 objetos que pertenecieron a José Naveiras o han sido adquiridos mediante donación, una parte por los vecinos y vecinas de Grandas de Salime, o por el Consorcio.
En sus espacios y salas se exhiben objetos de muy diversa naturaleza, que son fuente de información de primera mano sobre la vida rural y preindustrial de la Comunidad del Occidente de Asturias. La mayoría de sus fondos proceden de los concejos de Grandas de Salime, Pesoz, Santa Eulalia de Oscos, San Martín de Oscos, Allande, Villanueva de Oscos, Siero, Oviedo, etc., pero también de otros lugares de la península Ibérica -Galicia, Castilla y León, Cantabria, o del resto de Europa.

El Intérprete
18 y Yí. Forma popular de llamar a la muy céntrica esquina, de la avenida 18 de Julio y la calle Yí.
Asturianadas. Tonadas asturianas, acompañadas por instrumentos típicos: bandurria, bombo, carraca, castañuelas y pitos, gaita, matraca, pandeiros y panderetas, pandorín, rique-raque, tambor asturiano, tarrañueles, trampa, vigulín y xipla.
Belmonte de Miranda. Concejo centro occidental de la cuenca del accidentado río Pigueña, de 208,01 kilómetros cuadrados y 2.500 habitantes. De memoria romana, por la abundante la explotación aurífera, su nombre encierra una paradoja. Es difícil situar la etimología de Miranda, pero, Belmonte se identifica con la Edad Media. Su historia está unida a un monasterio del que no quedan vestigios, Santa María de Lapedo. De economía ganaderil, disfrutó de un memorable paréntesis, con la construcción del Complejo Hidroeléctrico del Salto de Miranda. Fue la «época de obras», sinónimo de bonanza, añorada por casi dos mil puestos de trabajo, que atrajeron a obreros de toda Asturias. Capital: Belmonte. Gentilicio: belmontino.
Bolichero. En el Río de la Plata, propietario de un bar o almacén.
Camino de Santiago. Es la ruta que recorren peregrinos de España y todo el mundo, para llegar al gallego Campus Stellae donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. El rito se inició en 813, cuando el rey asturiano Alfonso II «El Casto», fue informado del milagroso hallazgo del ermitaño Pelagio. Inmediatamente viajó con su corte, por un camino que luego se llamó «Francés». Fue quien primero aprovechó tamaña devoción religiosa, que también es oportunidad cultural, turística y comercial. No fue casual, la creación de un magnífico relicario en la catedral de Oviedo. «Quien va a Santiago y no al Salvador, venera al criado, pero no al señor» –afirma el milenario refrán, que evoca el indudable talento del monarca astur. Desde el Xacobeo 93, el conmovedor itinerario disfruta de un moderno auge. Aunque la denominación sea en singular, existen casi tantas sendas como devotos. La experta Josefa Sanz Fuentes, propone tres desarrollos asturianos: Interior, Costero y de Enlace entre los anteriores. Muchos fieles uruguayos, atienden, cada año, sus sabios consejos.
Casería. Vivienda tradicional asturiana, con casco familiar, hórreo, pajar y almacenes, cuadras para huerto y frutales, tierras para cultivo de cereales panificables y derecho de monte para pastoreo y aprovechamiento de la madera.
Castro. Castru. Fortificación infranqueable y primer fenómeno urbano estable de Galicia y Asturias. Sus pobladores valoraban emplazamientos estratégicos, buenas condiciones defensivas, control de vías de comunicación, abundancia de recursos agrícolas, caza, pesca y minería. Uno de los mejores ejemplos de cultura castreña es el gijonés La Campa Torres, emblema protector del puerto de El Musel, datado entre finales del sexto y principios del siglo quinto antes de la era actual.
Celta. Grupo de culturas, que en el siglo primero de la era anterior, se extendían, desde la actual Turquía hasta Portugal. También son las lenguas indoeuropeas que incluye el irlandés, el gaélico escocés, el galés, el córnico y el bretón, así como todas aquellas de esta familia, que en un tiempo se hablaron en Europa.
Centésimo. Centésima parte de un peso.
Centro Gallego de Montevideo. Decano de las instituciones culturales en América, fundado el 30 de agosto de 1879. Su rica hemeroteca conserva un tesoro documental, la Revista do Centro Galego de 1917, que «lle imprimiu um militante carácter hispanista de enfrentamento ao imperialismo norteamericano».
Culín y cebadura. Dos ritos, uno asturiano, otro oriental. Culín, es la medida de sidra, que comparten compañeros de bebida en una sidrería, hasta que el vaso quede vacío. Cebadura, es la yerba necesaria para «hacer» un mate. La cantidad varía según el tamaño de la calabaza, aunque el promedio no supera los 50 gramos. La sidra natural, se asocia con clima festivo y amistoso. El mate amargo, es una invitación entrañable.
Chigre. Comercio, tienda, tasca rural. Típico bar asturiano donde se bebe sidra.
Dulce de leche. El más tradicional postre rioplatense, históricamente discutido como patrimonio gastronómico, por argentinos y uruguayos. La receta, es tan sibarítica como simple. Los ingredientes: cuatro litros de leche de tambo, un kilo de buen azúcar y una cucharada de vainilla. Hay que hacer hervir la leche con el azúcar y la vainilla y revolver con una cuchara de madera continuamente. Si se desea un color más oscuro, puede agregarse una cucharadita de bicarbonato. Cuando se logra el punto, se retira del fuego y se vuelca en un recipiente sobre agua tibia. Seguir revolviendo hasta entibiar.
Falange Española. Partido de extrema derecha, fundado el 29 de octubre de 1933 por el abogado José Antonio, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera. El 11 de febrero de 1934, se unió a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista y pasó a denominarse Falange Española de las JONS. Los falangistas fueron la avanzada contra el gobierno constitucional de la Segunda República. Franco los unificó con el Carlismo, por decreto del 19 de abril de 1937, bajo la denominación de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Fue el brazo político de la dictadura franquista, conocido como Movimiento Nacional. El único oficial de España, hasta 1975.
Ferreiro. Ferreiru. Oficio clave en la antigua industria siderúrgica de Asturias. Más que un herrero tradicional, fue un personaje comarcal, dedicado a la fundición del hierro y la transformación del medio ambiente.
Fortaleza del Cerro. El único reducto montevideano que quedó de la etapa colonial, es el más importante museo de ingeniería militar. Fue construida en 1809, por orden del gobernador colonial Francisco Xavier de Elío, luego de las invasiones inglesas al Río de la Plata. Desde entonces es fiel centinela, con un faro ubicado en el punto más alto de la bahía. Su imagen figura en la heráldica de Montevideo.
Garrote. Garrote vil. Instrumento para estrangular a los condenados a muerte. Ligadura muscular utilizada como tortura.
Grandas de Salime. Concejo suroccidental de la cuenca baja del río Navia, de 112,55 kilómetros cuadrados y 1.200 habitantes. Allí se desarrolló un pujante pueblo prerrománico que se dispersó en todo el oeste de Asturias, experto en extracción y aprovechamiento de metales. Ellos dejaron galerías, antiguos hornos o acueductos y obras defensivas en Castro y Vallavilleiro, luego aprovechadas por los romanos. Fue propiedad de la iglesia de Oviedo, desde la Edad Media hasta 1584, cuando fue incorporado por Felipe II. Al principio se llamó Salime, territorio patriótico que acogió a la Junta del Principado, errante durante la invasión napoleónica. Su mayor tesoro cultural es el Museo Etnográfico, de «Pepe el Ferreiro». Capital: Grandas. Gentilicio: grandalés.
JONS. Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista. Movimiento de orientación fascista, fundado en octubre de 1931, por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos. Fue el sector sindical, de la alianza con Falange Española.
Louxas. Piedras afiladas, para la construcción de casas.
Lugo. Capital de la provincia limítrofe con Asturias, de 90 mil habitantes, fundada en el año 12 de la era anterior, en honor al emperador César Augusto. El conquistador Paulo Fabio Máximo le llamo «Lucus», que significa «bosque sagrado». Gentilicio: lucense o lugués.
Maroñas. Tradicional barrio del norte montevideano, que debe su nombre a Francisco Maroña, pionero y propietario de la zona. El colono fue famoso en épocas coloniales, como primer inspector de las Rentas del Tabaco y Naipes. Allí se encuentra el mayor hipódromo uruguayo, de los tres más antiguos y tradicionales del turf latinoamericano, junto con los argentinos de Palermo y San Isidro.
Nuberu, Cuélebre y Xanas. Más que dioses, los seres mitológicos asturianos son intermediarios entre las divinidades supremas y los hombres. El Nuberu es el señor la tormenta, el trueno y el rayo. Un viejo muy alto y de ojos ardientes, de enorme barba y orejas puntiagudas, que viste piel de cabrito y se cubre con un enorme sombrero negro. Acostumbra cabalgar sobre negros nubarrones arrojando piedras y arruinando cosechas. Es asimilable al diablo occidental, aunque de carácter dual, benigno y maligno. El Cuélebre es una serpiente alada, semejante al dragón celta, que vive en cuevas, custodiando grandes tesoros y mujeres encantadas. Su cuerpo escamado es impenetrable y solo vulnerable por el cuello. Las Xanas son ninfas de agua dulce, de morfología humana, emparentadas con las hadas irlandesas. De extraordinaria belleza física y larga melena rubia, habitan en fuentes y riberas de ríos. En la noche de San Juan salen a bailar, a lavar sus ropas y tenderlas. También devanan madejas de hilo de oro y plata o peinan sus largos cabellos, a la espera de alguien que las libere.
Nuevo París. Barrio proletario del oeste, originariamente zona de amplias quintas de reminiscencia parisina, sobre el arroyo Miguelete. Mantiene alta concentración industrial, en rubros cárnicos, como frigoríficos y curtiembres de cuero.
Peñarol. Antiguo paraje del norte montevideano, donde se radicó en 1751, el inmigrante italiano Juan Bautista Crosa. Llamó al lugar Pignerolo, por su pueblo lombardo cercano a Torino. Luego fue Piñerolo, Peñarolo y, finalmente, villa de Peñarol. Allí se radicó la Central Uruguay Railway Company of Montevideo Limited, empresa ferrocarrilera de origen británico. Más tarde, se fundó el club de fútbol. La zona se dividió en dos, cuando fue creado el barrio Lavalleja.
Puerta de la Ciudadela. Histórico monumento ubicado en el extremo sudeste de la Plaza Independencia, recuerda el antiguo punto de ingreso al Montevideo colonial. La muralla demandó más de cuarenta años de trabajo, desde 1742. De forma casi cuadrada, con ángulos salientes artillados con cincuenta cañones apuntando hacia el campo circundante; recios muros de seis metros de espesor, nueve de alto y 33 de lado, construidos en sólido granito gris oscuro, y rodeados de un foso exterior de 17 metros de ancho y 13 de profundidad. Actualmente, la puerta está emplazada en el mismo lugar de su altiva vigencia, sobre el eje de la calle Sarandí. La Ciudadela fue una importante construcción militar española en América. Se completaba con una línea continuada de reductos y parapetos artillados que cerraban por completo la península.
Rif. Región montañosa del norte de Marruecos, costera del mar Mediterráneo, entre las ciudades de Tetuán y Nador. Tradicionalmente aislada y desfavorecida, poblada por rebeldes bereberes, con un idioma propio, el «tarifit». En la conflictiva zona, ocurrieron dos episodios decisivos de un impopular conflicto colonial. El desastre de Annual, entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921, se saldó con la muerte de ocho mil soldados, masacrados por el califa Abd-El-Krim. El 8 de setiembre de 1925, tropas hispanas desembarcaron en la bahía de las Alhucemas, apoyadas por legionarios franceses y marroquíes. La alianza pudo derrotar a los rifeños, después de sanguinario y desigual combate, en 1927. Era el fin de una guerra humillante.
Salas. Concejo centro-occidental, de 227,17 kilómetros cuadrados y siete mil habitantes, ubicado entre la marina cantábrica y la cadena montañosa meridional. Su capital homónima fue fundada entre 1270, por coto jurisdiccional de Alfonso X «El Sabio». El municipio posee patrimonios naturales y monumentales, que le dan un especial atractivo turístico y cultural. Gentilicio: salense.
San Juan de Puerto Rico. «Ciudad Amurallada». Fundada en 1521, por Juan Ponce de León, es la capital de la isla de caribeña de Puerto Rico, estado libre asociado a los Estados Unidos, desde 1952. Fue uno de los destinos preferidos de la inmigración asturiana del decimonoveno siglo, solo superado por La Habana y Buenos Aires. Así fue hasta la guerra de 1898, que desalojó a los colonizadores españoles y los sustituyó por estadounidenses. Gentilicio: borícua.
Santiago de Compostela. Capital de la Comunidad Autónoma de Galicia, sede de la Xunta de Galicia, de 150 mil habitantes. Es la más cosmopolita ciudad del norte de España. Mundialmente conocida, por su magnífica universidad, de cinco siglos, y su Catedral, en honor al apóstol Santiago «El Zebedeo», final del camino que conmueve a cristianos y no cristianos. Es Patrimonio de la Humanidad, desde 1985. Gentilicio: compostelano.
Sidra. Bebida asturiana por excelencia, muy extendida en todo el mundo y muy popular entre los uruguayos. De baja graduación (4 a 8º), es la destilación del zumo fermentado de la manzana –calvados–, sin adición de azúcares y con gas de origen endógeno. De color ambarino, sana, tónica, higiénica, refrescante, agridulce y de aroma agradable. A veces espumosa. Se le adjudican ciertas propiedades terapéuticas y medicinales. El sabor de la sidra natural, varía por la calidad de la manzana del año anterior. Las más apetecidas y famosas, provienen de Gijón y Villaviciosa. Con denominación de origen.
Tapas y picadas. Pequeños platos que acompañan a una bebida social. Las tapas asturianas, forman parte de un buen «espiche». Las picadas rioplatenses, son infaltables en el «copetín».
Vaqueiro. Vaqueiru. Peculiar personaje de las montañas asturianas, dedicado a la cría trashumante de ganado vacuno. Llamado también vaqueiro de alzada, su actividad, conocida desde finales del decimonoveno siglo, se centra en la franja interior de los ríos Navia y Nalón. Posee su propio lenguaje, su vestimenta y sus códigos de convivencia, fácilmente reconocibles por el resto de la sociedad. Aunque ya no sufre otrora inhumana discriminación y explotación, su austera forma de vida, aislada en pueblos de altura, es fuertemente etnocéntrica.

3 comentarios:

Cristina C. dijo...

Quién me diría que me iba a encontrar con esta joyita. Pues aqui hay una representante de la casa de "Minguxón", tan cercana siempre de los Villarmarzo. Soy sobrina-nieta de Manuel Alvarez de Ron Martinez, y recuerdo haber oído de sus labios las historias de cuando viajó por primera vez a España con su querido amigo José de Villarmarzo, como solían llamarlo. Mi madre, Estrella, era sobrina de Manuel, y mi papá Jesús Carbajal, amigo de Ricardo y Mary. En fin... Yo llegué a conocer y tengo algún recuerdo de José, de Ricardo, de Aurora y de Genoveba. Perdón por la extensión del comentario. Solo darle las gracias por el maravilloso relato y enviarle mi afecto a usted y a Maritere.
María Cristina Carbajal Alvarez

Gloria Villamarzo dijo...

Saludos desde Arizona, EEUU. Muy interesante relato. Soy nieta de José Villarmarzo Lledín, hermano de Rosendo Villarmarzo Lledín. Gloria América Villamarzo (Villarmarzo) Robles

Maria Jose Fernandez Blanco dijo...

muy interesante! es algo más que unas simples fechas en un árbol genealógico, como yo tengo. porque detrás de cada fecha hay una historia, y esas historias forman nuestra propia historia en la vida. gracias por compartir.