domingo, 8 de abril de 2018

Teto Gómez, Yober Aquino, Beyruti, los Lobos fraybentinos y otras crónicas de un patrimonio gastronómico uruguayo

Una ruta del chivito

Con poco más de  siete décadas de venerable juventud, el chivito, “Rey de los sándwiches de carne”, mixtura de “Everest” y “Titanic”, según el cocinero televisivo estadounidense Anthony Bourdain, ha evolucionado desde la simpleza que concibió su espontáneo pionero, Antonio Carbonaro, hasta la opulencia sin par que acumula ingredientes diversos en un entrepan o un plato arquitectónicos.
Aquella madrugada de julio de 1946, el legendario dueño del restaurante El Mejillón de Punta del Este, se vistió con ropas de chef para ofrecerle a una clienta, presumiblemente, cordobesa, mendocina o chilena, un emparedado de lomo vacuno y jamón, en un pancito roseta enmantecado y levemente tostado al horno, que para satisfacerla llamó con astucia “chivito”. Desde entonces, y hasta el último día de su vida, en 2003, se atribuyó la innovación en forma de sándwich que definía como un “recurso de sencillez bien entendida”, mientras negaba que versiones similares fueran parientes de su invención.
En un país donde todo se pone en duda, sobre todo si es exitoso, nadie discutió la gloriosa autoría de Carbonaro, aunque jamás registró su “chivito”, que pronto se transformó en un éxito gastronómico que se vendía de a mil por día, según contaba su precursor. Un matiz entre la unanimidad es aportado por Gustavo Laborde, investigador de la identidad uruguaya en cocina, que afirma que es una variante de sándwiches anteriores, los entrepans catalanes, los bocadillos o bocatas hispanos, el panino italiano, la baguette francesa, la hamburguesa también es anterior. —No es un invento como tal —opina.

"El chivito fue evolucionando dentro de la que denomina segunda etapa de una narrativa de la cocina uruguaya, que recoge el imaginario del Centenario, la idea del crisol de razas del segundo batllismo, la Suiza de América. Todas las evidencias parecen darle la razón. Carbonaro era hijo de calabreses, las novedades posteriores fueron concebidas por gallegos, asturianos, catalanes, portugueses, franceses, árabes."
Gustavo Laborde, antropólogo, periodista, investigador de la cultura gastronómica uruguaya.

El ingenio del Teto 
—Nacido en 1948, se llama Modesto Gómez, pero si preguntan por él en Melo, muy pocos sabrán quien es, hasta que alguien sugiera su apodo, que también es una marca gastronómica de la ciudad y del departamento de Cerro Largo. Los chivitos del Teto fueron una innovación de frontera. Creados en 1979, por un aventurero de la creatividad, pronto se transformaron en un estilo de manejar la plancha que todavía recorre ciudades, pueblos y rutas del país.
“En 1980 quedó pronto mi primer carrito, realizado por Carlos Rodríguez, un gran tornero de los Talleres de Don Bosco que hizo magia con unas chapas de aluminio”, evoca el legendario emprendedor melense que instaló su primer puesto en la Plaza Independencia, frente a la Iglesia del Carmen. Allí desarrolló una receta diseñada para desafiar al omnipresente baurú brasileño: 100 gramos de “lomillo”, panceta, muzzarella, jamón, tomate, lechuga, mayonesa y un “tempero” (condimento) creado sobre la base de chimichurri seco. Al final, iba el toque del Teto: un huevo frito bien cocinado a la plancha.
“Lomillo es como le decimos en Cerro Largo a  una parte del lomo vacuno, muy pequeña  y tierna”, explica Gómez, mientras se sorprende una vez más por la popularidad que adquirió su chivito en ambos lados de la frontera. “Conocí bastante a José Barcia, dueño de El Galleguito, pionero de los carritos de chorizo, que muchas veces me dijo que nuestros puestos se parecían porque cambiaron los hábitos de consumo de la gente, por supuesto, él mucho más relevante y recordado y uno en otra escala menor.”
En 1987 el chivito del Teto estaba extendido en casi todos los departamentos del país, pero Modesto nunca se apropió de la receta, ni de la marca, ni de los derechos comerciales. “Si a uno le va bien con una idea, si se puede se comparte. La vida nos dio la oportunidad de un nuevo salto de calidad: cambiamos el carrito de aluminio, por uno de acero inoxidable, de eje y plancha doble.” Fue un momento de explosión del negocio y de máxima popularidad del sándwich melense.
Por entonces, sus hijos adolescentes, Diego, Sebastián y Víctor Manuel, también ayudaban en la preparación de los condimentos. Los tres sienten que las innovaciones de su padre forman parte de sus vidas, tanto que aún las difunden en los países a dónde han emigrado. Diego es un activo divulgador del chivito del Teto en Canadá, aprovechando la sorpresa que significa contar historias de un sándwich que evoca a la nación norteamericana. “Cuando prueban un canadiense y conocen la historia, primero se ríen, luego lo disfrutan, y no se olvidan más.”
En 2010 el carrito se transformó en un restaurante, Los Lapachos, instalado en un sector alto de la misma plaza Independencia, en Agustín de la Rosa y Florencio Sánchez. “Está bien puesto, pero no es un lujo. La cocina está bajo techo, pero las mesas quedan a la intemperie, cuando llueve ponemos una lona y la gente viene igual.”
Modesto también fue adelantado en el servicio de delivery, probablemente el primero del interior, muy a principios de la década de 1990. El carro no tenía teléfono, pero recibía los pedidos a través de una radio de banda ciudadana conectada con su casa. Su hijo Sebastián era jovencito cuando creó una página web de Los Lapachos, en la que se registraban solicitudes online.
“Hacer chivitos para mí todavía es una forma de vivir dignamente y, cuando lo veo en perspectiva, también es un esfuerzo, simple pero sincero, de contribuir a nuestra cultura gastronómica. ¿Quién iba a pensar, hace más de treinta años que podíamos competir con el baurú?”, se preguntaba el emprendedor, minutos antes de salir con su esposa y “socia de la vida”, Ruth María Díaz, rumbo a Buenos Aires, para visitar a las dos nietas que le dio su hijo Víctor Manuel.

—Otra innovación de Modesto Gómez fue el envasado de papas fritas en bolsitas de papel, solas o como acompañantes del chivito, casi una década antes que la moda arribara al país por influencia de una promocionada hamburguesería estadounidense.

Diego
—Nació en Montevideo, en 1970, pero es melense por compromiso de vida, con su familia y con las innovaciones de su padre. Modesto lo define como un “trotamundos” que ha recorrido los más diversos territorios del planeta, desde Australia y Nueva Zelandia hasta los Estados Unidos, desde Gran Bretaña hasta Canadá. Polígloto natural, formado en turismo, vive en Gatineau, Quebec, en el lado francés del río Ottawa, en el límite con la provincia británica de Ontario.
“El personaje de esta historia es mi padre, un creador, un visionario, que vio antes lo que la mayoría hizo después”, afirma quien desde su función asume un papel como propagador del plato en los más diversos ámbitos de la capital política de Canadá. Su blog Chivito Canadiense, escrito en tres idiomas (español, francés e inglés), convoca a compartir historias del plato.
“Los canadienses no conocen nuestro sándwich, salvo uruguayos y uruguayófilos. Lo hago siempre en reuniones con familia y amigos, con la receta de mi padre, con un huevo como toque final. Todos los ingredientes se encuentran acá y además me compré una plancha eléctrica solo con ese propósito”, cuenta Diego Gómez en su casa de Gatineau, mientras prepara un clásico del Teto.

Chivito Canadiense
—“Mi padre, El Teto, creó un sándwich de carne que, en vez de trozos de huevo cocido, incluía un huevo entero a la plancha, inspirado en el baurú del sur brasileño. Desde entonces, el ‘chivito de carrito’ se vende en muchos lugares, principalmente en el interior uruguayo.
Existen múltiples variedades, que además de los ingredientes básicos contienen: morrones, pickles, hongos, aceitunas y así como el chivito al plato (sin pan), y la mayoría papas fritas como guarnición. No existen ningún tipo de patentes, ni registros o sea que el chivito es patrimonio gastronómico del Uruguay.”
Introducción del blog Chivito Canadiense, ilustrado con las chapas automovilísticas de las dos provincias vecinas. La de Ontario dice yours to discover (para que lo descubras) y la de Quebec afirma: Je me souviens (me recuerdo).

—En 1979, el melense Modesto Gómez, El Teto, le agregó un huevo a la plancha recostado en la mitad inferior del pan, al lado del jamón, mientras inauguraba las papas fritas en embolsadas en papel, un acompañamiento que doce años después trajo al país una hamburguesería multinacional. Fue un pionero del interior, con una visión reconocida por José Barcia, creador de los carros El Galleguito. Su hijo Diego es un difusor del chivito que todavía prepara  El Teto, pero lo hace en Canadá, entre Quebec y Ontario, donde vive, para el asombro de los canadienses que se enteran que existe un sándwich uruguayo que replica su gentilicio.

Yober Aquino, un resistente en la frontera 
—Los viajeros que pasan por Tranqueras, en el norteño departamento de Rivera, en su mayoría rumbo a la fronteriza ciudad de Artigas, por la ruta 30, o los que van al majestuoso Valle del Lunarejo, casi siempre se toman su tiempo para disfrutar sus vigorosos churrascos entre panes, repletos de salsas secretas que poco o nada evocan al Brasil cercano. Sus clientes más fieles, también son los mayores difusores de su plancha, empleados de empresas forestales y agroindustrias que se quedan largas temporadas en la serena ciudad riverense.
Yober Aquino comenzó a trabajar a los trece años en el recordado bar tranquerense de Emilio Dorse, donde aprendió a realizar todas las tareas, desde la limpieza de un baño hasta servir una copa en el mostrador. En 1988, antes de los dieciocho se asoció con un conocido que había trabajado una temporada de Punta del Este, como preparador de sándwiches en un parador de la playa. “Compramos un carrito que instalamos en 18 de Julio, la avenida principal, a tres cuadras de la plaza. Aquel amigo me contó que los chivitos se vendían muy bien con ensalada risa, hongos, pickles, aceitunas, palmitos, pero yo fue claro con él: en la frontera eso no anda.”
La primera receta de Yober Aquino, era muy similar a la actual: pan catalán o tortuga, untado con mostaza, mayonesa y kétchup, muzzarella, jamón, churrasco de carne vacuna, panceta, tomate, lechuga, huevo duro y, si el cliente lo solicita, condimento de la casa. “Trato de hacerlo bastante parecido al lomito de Buenos Aires, de puro contra de los brasileros.”
Aquel primer carrito duró dos años. La creciente demanda de sus sándwiches le exigió alquilar una pieza con baño en la casa más cercana al mostrador, al lado de la popular panadería de Tito. Allí permaneció diez años, hasta que un nuevo empuje lo llevó a instalarse en su casa, de Lavalleja 634, a tres cuadras de la plaza por la salida hacia Artigas, donde trabaja con su hijo Andrés. “Hacemos 250 chivitos de la casa en cada una de las noches del fin de semana, viernes, sábado y domingo. El principal cambio fue que le agregamos papas fritas luego que se pusieron de moda.”
Yober siempre está sonriente, pero suele poner “cara fea” frente a dos situaciones, cuando alguien desea sacarle el secreto de sus salsas o cuando le solicitan un baurú. “Si me piden uno, le hago un chivito, y si no, antes prefiero armarle una hamburguesa”, aclara el cocinero más popular del interior del departamento de Rivera.

—“Sé hacer baurú, pero no me gusta. No le veo ninguna gracia a rellenar un pan con un montón de ingredientes que tapan el sabor de la carne, choclo, arvejas y tantas cosas más,  y que encima hay que prensarlo para que no se desarme.”
“Nuestro chivito al plato es muy completo, pero trata de ser equilibrado: el churrasco bien gordito y tratado con especias de la casa, panceta, muzzarella, jamón, y un toque de orégano por arriba, va acompañado por ensalada de tomate y lechuga y papas fritas. Al que me pide aceitunas se las cobro aparte, porque mata todos los gustos.”

Café Beyruti, las mil y una noches en Trinidad
—Los hijos de libaneses Omar y Cheriff Beyruti  comenzaron a preparar chivitos ni bien circuló la innovación de Antonio Carbonaro en Punta del Este. Antes de 1950 ofrecían el sándwich de carne que muy poco se conocía en Trinidad, capital del departamento de Flores, pero al que ellos le aportaron el valor agregado de su cultura árabe.
En el Café Beyruti, de Santísima Trinidad y Francisco Fondar, desde siempre ubicado frente a la Plaza Constitución, casi al lado de la catedral, ofrecían una versión muy original del plato que evocaba al shawarna, receta tradicional del Oriente Próximo. El chivito de los fundadores tenía cien gramos de carne vacuna a la plancha o tiras de cordero a las brasas, con cebolla, berenjena, dentro de un pan de pita untado en tahini, una pasta preparada con semillas de sésamo, que se servía acompañado con espinaca y yogurt.
Jorge Beyruti, hijo de Omar, desde 1974 es continuador del negocio, pero no así de la versión árabe del chivito. “Prefiero ofrecer algo más tradicional, mientras cuento alguna historia de las Mil y una Noches”, dice con gracia el actual propietario. El chivito canadiense de Beyruti tiene un churrasco de lomo, panceta, muzzarella, jamón, huevo duro, tomate, lechuga, dentro de una tortuga de la panadería San Cono de Trinidad.

—El primer nombre del Café Beyruti fue La Cosechera, abierto en 1928 por José Rivas, como un boliche de copas y alguna minuta.

—El 1 de enero de 1933, los hermanos Omar y Cherif Beyruti le entregaron su apellido milenario al restaurante que preserva un profundo contenido patrimonial, en sus objetos tangibles y en su memoria intangible.


American Bar, cruce de caminos en Colonia Valdense
—Probar un chivito en el restaurante de Colonia Valdense, uno de los más, sino el más popular y concurrido de la ruta 1, ubicado a la altura del kilómetro 120.500, según sus admiradores incondicionales es “casi una experiencia religiosa”. El American fue abierto en 1968 por la familia Inthamoussou, y desde entonces sirven tres variedades del plato que mantienen los mismos ingredientes.
“Vienen clientes de todo el país, y muchos argentinos, la mayoría de paso, pero nos anotan en su agenda de viaje y siempre vuelven”, asegura Noemí Inthamoussou, responsable del comercio donde se preparan chivitos que han trascendido largamente las fronteras del departamento de Colonia. Un canadiense del American Bar se sirve con ternera, panceta, churrasco de lomo, muzzarella, jamón, huevo duro, tomate, lechuga, mayonesa, dentro de un pan casero de la zona. “Una ventaja es que utilizamos ingredientes locales, de productores que nos merecen toda la confianza y que le aportan valor a nuestros platos”, afirma Inthamoussou. En la carta también figura una versión “común”, sin panceta ni jamón.
“El realmente espectacular! Un chivito de esos que no comulgan con la voluptuosidad de FerGus (el restaurante de Montevideo). Es más bien sobrio, de la escuela de Los Francesitos, aunque a diferencia de este último, es más bien generoso. El pan tiene la humedad en el punto justo, y la carne se corta apenas presionando los dientes. La lechuga se merecería una emprolijada, porque ya con la "pollerita" que hace la carne alcanza para agrandarlo a la vista”, es el juicio del cronista del blog Chivitur, que estuvo allí en más de una oportunidad, y no siempre de paso.
Un chivito al plato para dos tiene tres churrascos de lomo, panceta, jamón muzzarella, huevo duro y frito, y se sirve con ensalada mixta, de tomate y lechuga, ensalada risa y papas  fritas. “Es un chivito de los ‘prolijos’, digno de ser contado, y repetido”, concluye el artículo de Chivitur.


—El arquitecto Leonardo Gómez, investigador del patrimonio material e inmaterial de los almacenes, bares, cafés y restaurantes uruguayos, afirma que el chivito conserva una ventaja estratégica: se adapta perfectamente al consumo en la barra, una tendencia actual, preferida por los jóvenes. —No es una costumbre moderna, en las pulperías coloniales ya se servía la comida para que el paisano la consumiera de pie —señala uno de los creadores de la actividad cultural Boliches en Agosto.

Una brisa entre panes del Daymán
—El restaurante cooperativo compartido por clientes de los departamentos de Salto y Paysandú, tiene domicilio legal en una avenida salteña que evoca al territorio sanducero, en la entrada del Parque Municipal de las Ternas del Daymán.
En su carta virtual, el restaurante explica que “el chivito uruguayo es un tipo de sándwich muy popular en el país. La palabra ‘chivito’ significa pequeña cabra, sin embargo, este sándwich no incluye la carne de cabra. Por lo general, está hecho con carne y jamón, huevos, tomate, mayonesa y otros ingredientes en el pan. Hay muchas variaciones sobre este tipo de plato, incluyendo el canadiense y al plato”.
Brisas del Daymán ofrece ocho tipos de chivitos, que describe en mensaje dirigido a los turistas. ”Sus ingredientes pueden variar, pero por lo general consiste en una fina loncha de carne de res, por lo general solomillo de ternera, una loncha de jamón, lechuga, tomate y queso mozzarella. Un huevo frito se añade con frecuencia a estos ingredientes como un toque final. Esta combinación se pone entonces entre dos rebanadas de pan, por lo general algo así como un rollo de hamburguesa, pero esto puede variar. El pan se sirve a veces tostado y siempre viene con mayonesa.”
El canadiense de Brisas incluye panceta en lugar de jamón y huevos duros, junto con los champiñones, cebollas y morrón. “Un chivito al plato es una de las opciones elegidas comúnmente por las familias. Esta versión puede ser del tipo tradicional, la versión canadiense, o cualquier otra variación, pero se sirve sin pan, con todos los ingredientes en una placa en su lugar a lo que también se agregan otras preparaciones como ensalada rusa, pickles, ensalada mixta de tomate y lechuga, huevos fritos. Se puede servir con papas fritas o un plato de patatas. El churrasco puede ser reemplazado con pollo, y algunos restaurantes sirven una versión vegetariana. Cualquier número de ingredientes puede ser colocado en el chivito, a partir de aceitunas o piñas, mostaza, salsa de tomate y manteca.”


—Agustín Ferrando, creador de Tiranos Temblad, muy popular programa semanal que recoge videos sobre Uruguay subidos a Internet, dice que en ninguna otra cultura se comprende el desborde alimenticio del chivito. —La palabra le encanta a los gringos, a los japoneses, que disfrutan diciendola y se animan a cocinarlo, aunque terminen haciendo otra cosa que nada tiene que ver. La mayoría falla en los ingredientes y en el corte de la carne, pero el error más grueso está en la abundancia —cuenta con una sonrisa que implica complicidad.

Los lobos de Fray Bentos
—¡Ustedes trabajan como una familia lobos! —comentó Fela Espina, en 1992, cuando vio el tesón puesto por Nora Beatriz Bayuré, Rodolfo Sosa y sus hijos en la recuperación de un espacio abandonado del antiguo Frigorífico Anglo que transformaron en un restaurante. Fue una exclamación de la secretaria del dirigente político Luis Mazzioto, por entonces director del Parque Industrial Municipal, testigo directo del trabajo silencioso de quienes remodelaron a mano y cuchara los antiguos vestuarios de una cámara de frío para crear un salón gastronómico que evoca historias de la “Cocina del mundo”.
Los chivitos de Wolves no son los más promocionados, ni los más opulentos de la capital del departamento de Río Negro, pero preservan un patrimonio inmaterial único: trece décadas de actividad del Saladero Liebig (1863—1924) y del Frigorífico Anglo (1924—1979). El sitio donde nació la Revolución Industrial en América del Sur. “Lo hacemos sólo al plato, con un churrasco grande, como corresponde en este lugar, jamón, muzzarella, panceta, morrones y un huevo frito, acompañado por papas fritas, ensalada rusa y zapallitos”, dice Nora, fundadora y encargada de la cocina y, muchas veces también, de la atención a los clientes.
Rodolfo, su esposo, en 1991 era un empleado municipal destinado al parque, y con quien comenzó a preparar pasteles de dulce de membrillo que compraban los vecinos del Barrio Anglo y sus alrededores. Cuando les ofrecieron un local abandonado, que por décadas fue la legendaria Fiambrería, y luego los vestuarios donde se cambian los obreros de la sección Frío, ¡no lo dudaron! Fueron ahorrando el dinero que ganaban con los pasteles y las pastas caseras, hasta que juntos realizaron la reforma.
El restaurante fue inaugurado al año siguiente, y desde entonces convive con el Museo de la Revolución Industrial, su ilustre vecino, creado por el gestor cultural René Boretto Ovalle. Comer un chivito en el Wolves es una experiencia inolvidable, por la simpleza de su elaboración, por la apacible intimidad del local, y por la inmensidad de un entorno que está muy cerca de ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Wolves
—Al restaurante llegan muchos turistas de todo el mundo, sobre todo europeos, que vienen a conocer el frigorífico donde trabajaron sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos y más; ingleses, alemanes, belgas, franceses, españoles, rusos. “Una tarde vino un italiano que nos sugirió que le cambiáramos el nombre por Buon Mangiare, pero nosotros somos los ‘lobos’, mientras estemos aquí, nos llamaremos así”, recuerda Nora Beatriz Bayuré.


—Adrián Kohan nació en Salta, norte argentino, pero vive en Buenos Aires. —Nosotros tenemos un sándwich que algunos dicen que es parecido al chivito, están equivocados, es una mala versión que en poco y nada se le parece. ¡No me gusta el lomito, me encanta el chivito! —subraya el creador de Chivitur, un blog y sitio de Facebook, donde cuenta sus experiencias con el sándwich uruguayo.

Los Farolitos colonienses
—En todas las páginas de viajeros son señalados como una tradición “imprescindible” de la ciudad, mezcla de comedor al paso y carrito, ubicado a una cuadra de donde nace el Barrio Histórico. “Es muy chiquitito, tiene tres o cuatro mesitas de plástico sobre la vereda. Es tan pequeño que si no lo conocés de antemano, pasa inadvertido. No tiene lujo alguno, pero el lujo está en los sandwiches de chivito (sándwiches de carne vacuna, típico plato uruguayo) que allí sirven. Son recién cocinados, calentitos, de carne tiernísima sin grasa, con huevo, jamón, queso y las guarniciones que quieras elegir: tomate, cebolla, lechuga, ají, choclo, arvejas”, cuenta un turista argentino en Tripadvisor.

Paco, Mago y Gamo
—El Club Social San José, ubicado frente a la plaza de los Treinta y Tres Orientales de la capital maragata, ofrece las versiones común, canadiense y al plato, en un ambiente que evoca historias del departamento y de su gran escritor: Francisco Espínola. Con la Catedral a izquierda y el Teatro Maccio enfrente, el sándwich puede ser degustado con una vista memorable: el monumento al genial Paco, ubicado en la parte exterior del restaurante.
—En la Posada Valle Edén, a 23 kilómetros de Tacuarembó por la ruta 26, los chivitos se realizan a pedido del visitante, siempre con carne vacuna e ingredientes locales, como corresponde a un pago ganadero, marcado por la naturaleza, la cultura y una antigua presencia ferroviaria. A pocos metros se encuentra el Museo Carlos Gardel que exhibe documentos que respaldan la versión de que cerca de allí, en la estancia Santa Blanca, nació El Mago o Zorzal Criollo.
—Basta ingresar al restaurante El Gamo de Tacuarembó para sentir las emociones que transmite una memoria deportiva sin  par, la de Jacinto López Testa. En el local de la avenida 18 de Julio, cercano a la plaza 19 de Abril, se puede probar un chivito de la casa empapado en gloria olímpica.


—Juan Antonio Varese, divulgador del patrimonio cultural, está convencido de que el país tiene una deuda con el chivito. —¡Qué cuesta! por ejemplo, crear la tradición de que cada sándwich se sirva con una banderita uruguaya pinchada en el pan, o con servilletas que cuenten sus historias —propone el escritor y fotógrafo.

Chivitos en el paraíso
—En la Barra de Maldonado cada verano el chivito es uno de los platos preferidos por los turistas que pasan por el restaurante Rex. El comercio fundado en 1996 comenzó vendiendo sándwiches y licuados, pero con los años incorporando al plato uruguayo de carne como un símbolo gastronómico y promocional.
Su propietario, el empresario argentino Marcelo Suárez Bidondo, asegura que en una buena temporada de verano, por el local ubicado en el kilómetro 161 de la ruta 10 pasan más de 70.000 personas, “y muchos personajes de la farándula bonaerense”. Bidondo creó un modelo de franquicia que le permitió abrir un restaurante similar en Mendoza, y tiene como objetivo arribar a otros países de la región y los Estados Unidos.
Rex-Best Chivito in Town ofrece tres sándwiches en su carta. El denominado Rex, con carne, queso tomate y lechuga, Completo, con queso, tomate, lechuga, jamón, panceta, huevo y papas fritas, y Pollo, con queso tomate y lechuga.

En la Atlántida
—Un buen número de turistas argentinos que opinan en la página especializada Tripadvisor, lo define como un sitio de “muy buenos chivitos”. Don Vito es uno de los restaurantes más concurridos de Atlántida, el popular balneario de la Costa de Oro del departamento de Canelones, ubicado a la altura del kilómetro 45 de la ruta Interbalnearia.

—Jhonatan Gente, docente de Gastronomía de la UTU, afirma que el sándwich merece una denominación de origen. —No debe ser una limitación para que el chivito no se prepare en otras partes, sino una marca cultural que recorra el mundo —aclara el chef que fue tutor de La Comanda, un concurso gastronómico emitido dos años consecutivos en Televisión Nacional de Uruguay.
—Nancy Rosado es inspectora nacional de Gastronomía del Consejo de Educación Técnico Profesional, máxima autoridad de la enseñanza estatal de la materia. —El chivito es una mezcla sabia de ingredientes, historias y personajes, a la espera de una declaración patrimonial —comentó al finalizar la preparación de una receta buffet en su cocina de Villa Colón. Le llamó Popurrí, por su intensa diversidad de formas, colores, texturas, que prometían sabores repletos de valores identitarios.

Centella de La Paloma
—Rudy Volarich, por años propietario del carro—ómnibus 222, donde se hacían los chivitos más populares de La Paloma, recibió una sorpresa inexplicable cuando supo que su puesto, muchos años antes que él lo adquiriera, había sido protagonista de una de las mayores tragedias carreteras en la historia del país. La noche del 18 de julio de 1955, su vehículo, en aquel momento la unidad número 216 de la empresa ONDA, cayó al río Santa Lucía, cuando cruzaba el puente que conectaba a Chamizo con San Ramón, con un saldo de 26 muertos. “Hasta 2003 no lo supe”, recuerda todavía Volarich, que en su momento transformó el interior del ómnibus General Motors modelo 1948, conocido como Centella de Plata, en una casa rodante y cocina, con una chivetera de acero inoxidable, que por años fue un símbolo de las temporadas de verano en el principal balneario del departamento de Rocha.


—La Escuela de Gastronomía de la Universidad de Trabajo del Uruguay tiene en su programa de primer año, una materia práctica denominada “Chivito”,  en la que se comparten historias de la receta y el manejo de los ingredientes. La preparación del pan, el corte del lomo para aprovechar al máximo su mayor cualidad, la terneza, la distribución de la panceta, el “librito” de jamón y queso, vegetales, conservas, hierbas aromáticas, para que los sabores no se invadan entre sí.

sábado, 10 de marzo de 2018

Carlos Ángel Carmona e Isidoro Damonte, los fotógrafos montevideanos que construyeron un Monumento Histórico

¡Increíble, pero cierto!

Carlos Ángel Carmona, el primer fotógrafo
municipal montevideano, es evocado por el
personaje "Carlos Ángel" interpretado por
el actor Pablo Tate en cada Fotoviaje,
visita didáctica para escolares al CDF.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Ambos fueron contratados en 1916 por la Intendencia de Montevideo para recuperar antiguas imágenes del siglo XIX, pese a la opinión de altos funcionarios que las consideraban desechables, sin valor, ni utilidad. Fueron los primeros fotógrafos de la memorable Oficina Municipal de Propaganda e Informaciones que registró una ciudad en plena expansión, repleta de esplendor europeo, admirada en el continente por sus edificios, sus monumentos, sus avenidas y calles, sus transportes, sus espacios diseñados por artistas que concibieron una París Sudamericana. Hasta mediados de la década de 1930 fueron los líderes de un equipo de expertos retratistas que caminaban por los barrios con sus pesadas cámaras de gran formato. Carlos Ángel Carmona, Isidoro Damonte, y sus continuadores, fueron pioneros de un emprendimiento cultural único en Uruguay. Ellos crearon el primer Archivo Fotográfico de Montevideo con sus Series Históricas, transformado en un Fondo Histórico que posee más de 30.000 imágenes que documentan la evolución urbanística de la ciudad entre 1865 y 1990, en la actualidad custodiado por el Centro de Fotografía de Montevideo. El antiguo conjunto de negativos en gelatina y plata sobre vidrio y plástico, y copias en papel monocromáticas y en diversos formatos, y sus modernas versiones posteriores, el 25 de julio de 2017 fue declarado Monumento Histórico Nacional. En cifras, el fondo reconocido por la Comisión del Patrimonio representa casi la tercera parte de las 100.000 fotografías que gestiona el CDF.

Sobre la base del fascículo Centro de Fotografía de Montevideo, serie Paseos que Enseñan, Trocadero Gabinete DDiseño para el diario El País (N° 19, Octubre 2008) y el libro Montevideo. Manual del Visitante (ediciones 2011—2012—2013—2014). Artículo actualizado en 2017.

Una imagen emblemática del CDF:
boxeo entre un hombre y un canguro en
espectáculo de circo, Pocitos, c. 1910.
—Carlos Ángel Carmona fue el primer fotógrafo profesional contratado en 1916 por la Comisión Municipal de Fiestas, luego se sumó Isidoro Damonte con quien formó una dupla histórica que en 1919 fue presupuestada para trabajar en la Oficina de Propaganda e Informaciones de la Intendencia de Montevideo.
—Ellos crearon el Archivo Fotográfico de Montevideo y el Grupo Series Históricas, inspiradores y parte fundamental del Fondo Histórico en custodia del Centro de Fotografía de Montevideo. El conjunto declarado Monumento Histórico Nacional posee imágenes legadas por Carmona, Damonte y sus colaboradores: testimonios gráficos del siglo XIX recuperados por ellos, y de acontecimientos registrados por la Oficina de Propaganda e Informaciones entre mediados de las décadas de 1910 y 1930. En este grupo sobresalen la construcción de la Rambla Sur, del Palacio Salvo, del Estadio Centenario, además de recreos en las playas, el carnaval y la Criolla del Prado captados por fotógrafos ambulantes contratados por la comuna montevideana.
—El Fondo Histórico preserva un tal de 30.000 imágenes registradas entre 1865 y 1990, negativos en gelatina y plata sobre placas de vidrio que datan de la década de 1880, positivos en diversos soportes, en formato medio, películas flexibles de 35 milímetros, copias monocromáticas en papel y diapositivas.
—Al grupo original se suman 58.000 imágenes del desaparecido diario El Popular y otras donaciones como la de la agencia Camaratres, más de 8.000 fotos que registran los últimos años de negociación para el retorno a la democracia (1983—1985), y parte de la colección del fotógrafo, historiador y escritor Juan Antonio Varese donada entre 2002 (50 negativos de gelatina y plata sobre vidrio) y en 2016: cinco daguerrotipos, cinco ambrotipos y un álbum con 163 fotografías en papel albuminado.
Construcción del Palacio Salvo, 1928.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—Un daguerrotipo fechado en 1858 es la imagen más antigua del CDF. Un retrato de Armand Monfort y su familia, tomado en Buenos Aires un año antes de radicarse en Fray Bentos, capital del departamento de Río Negro. La pieza de “placa entera” (18,5 x 13.7 centímetros), además de una rareza era una de las de mayor tamaño y más costosa en su tiempo.
—Aunque no está comprobado con certeza, los investigadores del CDF sospechan que Carmona y Damonte donaron a la Intendencia fotografías antiguas que habían recuperado antes de ser contratados por la Oficina de Propaganda e Informaciones. Entre estas imágenes de elevado valor histórico sobresalen ejemplares de la década de 1840 (Cabildo, Plaza Matriz, 18 de Julio antes de la construcción de la Plaza de Cagancha), y de la década de 1860
—El Fondo Contemporáneo del CDF posee 58.000 imágenes en color producidas en la década de 1990, en papel, diapositivas e imágenes digitales.

—“Carmona y Damonte presentían el valor de la preservación y hacían reproducciones de muy buena calidad de fotografías en papel albuminado, usando las placas de vidrio, que se convirtieron así en un negativo de segunda generación.” 
Gabriel García, coordinador del Centro de Fotografía de Montevideo

MINIBIO
Carlos Ángel Carmona, c. 1910.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Carlos Ángel Carmona (1865—1932)
—Nacido en Montevideo, fue el primer fotógrafo municipal, contratado en 1916 para retratar actividades festivas, inauguraciones de obra, edificios y monumentos de la Ciudad Vieja, Centro, Prado, La Comercial, la rambla de Pocitos, Malvín, Carrasco.
—Durante más de tres décadas registró el crecimiento de una ciudad en expansión, en tiempos que era la capital de una Suiza de América impulsada por el fervor del Batllismo que recibía inmigrantes de todo el mundo. “Era un hombre muy prolijo, muy detallista y tenía un gran amor por su trabajo; lo demuestra como dejó fijado cada fotograma y como organizó su archivo”, afirma Daniel Sosa, director del Centro de Fotografía de Montevideo.
—Con su colega y compañero de tareas, Isidoro Damonte, realizó una minuciosa recolección y duplicación de fotos antiguas sacadas desde 1865. “Sin ese trabajo no tendríamos nuestro actual acervo histórico; que juntos identificaron y clasificaron a mano”, asegura.
—Muchas de las fotografías históricas custodiadas por el CDF formaron parte del archivo profesional de Carmona, donado por su familia como una contribución a la cultura y la memoria montevideana. “Tenía un talento y una visión increíble, fuera de lo común, con una visión moderna de la fotografía y de su preservación patrimonial”, concluye Sosa.

—Isidoro Damonte fue compañero de Carlos Ángel Carmona en la Comisión de Fiestas de la Intendencia de Montevideo, desde 1916, y colaboró con él en la creación del Archivo Fotográfico de Montevideo y el Grupo Series Históricas inspiradores y partes fundamentales del Fondo Histórico declarado Monumento Histórico Nacional en 2017.

Fotoviaje: una visita al Centro de Fotografía de Montevideo 
¡Increíble, pero cierto!
Calos Ángel interpretado por el actor
Pablo Tate, en el sitio donde comienza
su narración: la Puerta de la Ciudadela.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—Cuando Carlos Ángel aparece en escena, luego de un extenso viaje de casi un siglo desde la cercana Playa Ramírez, desde la Puerta de la Ciudadela o el Teatro Solis, suele haber un profundo silencio entre los invitados, casi siempre escolares de tercer año. Les da la bienvenida, aunque siempre llega tarde, mientras se arregla el gacho tanguero y se saca de los zapatos un montón de arena.
—Es un personaje de otro tiempo, que todavía disfruta contando las historias de dice haber fotografiado: la memorable inauguración del Palacio Legislativo en 1925, la asombrosa construcción del Palacio Salvo en 1928, o la gloriosa final de 1930, que habría presenciado en un repleto estadio Centenario, en una tribuna América todavía fresca y con los andamios aún sin desarmar.
—Carlos Ángel es el guía de las visitadas didácticas del Centro de Fotografía. Un personaje de ficción, pero muy real, porque así se llamó el primer fotógrafo municipal y creador del Archivo Fotográfico de Montevideo con su compañero Isidoro Damonte.
—¡Mentiroso, no se puede viajar desde el pasado! —la mayoría de los visitantes casi todos de ocho años, suelen creer su historia, aunque siempre hay alguno que la pone en duda.
—Jovencito soy un hombre de honor, y no miento. ¡Increíble, pero cierto! —responde Carlos Ángel, con profunda sinceridad. Tanta, que convence a los incrédulos.
—Carlos Ángel es un divertido fotógrafo de todos los tiempos que propone una aventura didáctica, repleta de imágenes, para que los alumnos de tercero de escuela vean cambios y permanencias de una ciudad y de un país.
—El Cabildo y la Iglesia Matriz, la Puerta de la Ciudadela y las plazas Independencia y Cagancha, la avenida 18 de Julio, sus edificios y su transporte, el Palacio Legislativo, el Estadio Centenario, el Parque Rodó, la rambla, la playa Pocitos. Son algunas de las fotografías que recorren un siglo y medio de historia, explicadas por un extraño guía que dice haberlas sacado todas: Carlos Ángel.
—Disculpen la demora, pero vine en cachila y el tráfico de la ciudad está cada vez peor —se excusa, mientras saca arena de la cercana playa Ramírez de sus zapatos.
El Fotoviaje del CDF cumplió 5.000 visitas.
—¿Dé dónde venís? –le preguntan, con cara de duda.
—¡De 1920! ¿No se nota en la ropa? —responde con seguridad, al tiempo que se arregla el gacho, típico sombrero de su tiempo.
—¡Pá, pero estás espectacular! No parecés tan viejo —elogia un curioso de unos ocho años, vestido de túnica, que no duda de su palabra.
—Así transcurren los 50 minutos de visita al CDF, entre historias montevideanas, reales, repletas de humanidad, nacidas de fotos que cuentan sobre cambios y permanencias; que se mezclan con anécdotas inverosímiles que cuestionan las verdades más absolutas.
—A ver quién sabe, ¿para qué sirve una foto? —interroga Carlos Ángel, casi al final de la visita, con tono tierno y desafiante. Así surgen decenas de buenas utilidades: para mirar, para compartir, para informar, para guardar, para disfrutar.
—Para recordar —contesta alguien desde el fondo, que casi no se ve de tan tímida y menudita. Por un instante, el ocurrente guía queda en silencio, se pone serio, se saca el sombrero.
—¡Tenés razón! —asiente con una reverencia. —Una foto es para recordar, porque recordar viene de “recordis”, que significa volver al corazón. Y una foto es eso: regalarle imágenes a nuestro corazón.
—Antes de la despedida, hay que retratarse con Carlos Ángel, una oportunidad única para salir con un personaje único, insólito, irrepetible.
—Pero vamos a cambiar la palabrita, porque eso de whisky no es de mi tiempo. ¡Se oyen ofertas! —propone el anfitrión, apurado porque había dejado mal estacionada la cachila que debía a devolverlo a 1920.
Los alumnos de la escuela 85, República de la India, salieron en la foto que recuerda su visita al CDF, diciendo: “chinchulín”.

—En doce años el Fotoviaje recibió 5.000 visitas. Por el éxito de la propuesta se sumó otro actor, Darío Campalans, que interpreta al otro pionero de la fotografía municipal montevideana: Isidoro Damonte.

Cámara minutera de Máximo Alé, el último
fotógrafo de la Plaza Independencia que
realizó retratos hasta la década de 1990.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
De fuelle y minutera
—El CDF posee un par de cámaras antiguas de elevado valor histórico y patrimonial, una utilizada entre fines del siglo XIX y principios del XX y la otra hasta mediados de la década de 1990. Una de madera con fuelle, de gran formato, con la que los fotógrafos municipales registraron la mayoría de sus 30.000 placas de vidrio. La otra es una minutera, clásico ejemplar de madera que tenía incorporado en su interior el laboratorio de revelado.
—La denominación de esta cámara, en apariencia extraña, tenía una lógica física: el corto tiempo en el que se revelaba la foto en el laboratorio interno, para que los clientes se la llevaran pagando unas monedas.
—Hasta fines de la década de 1960 las minuteras fueron muy populares en los espacios públicos de Montevideo, por entonces formaban parte del paisaje en las plazas del Centro (Independencia, del Entrevero, de Cagancha) y en muchas ciudades del interior del país.
—Por entonces en los parques convivían hasta diez fotógrafos: rusos, polacos, armenios o lituanos en su mayoría, pero ninguno gozó de la fama y la permanencia de Máximo Alé (1921—2007), el último minutero que hasta la década de 1990 realizaba retratos en la Plaza Independencia.
Cámara de madera con fuelle utilizada por
los fotógrafos municipales para registrar la
lmayoria de las placas que posee el CDF.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—De él era la cámara de madera que conserva el CDF. Alé había nacido en Colonia del Sacramento, descendiente de armenios, en 1956 se radicó en Montevideo luego que consiguió un trabajo nocturno en el Aeropuerto de Carrasco. De día se dedicaba a la fotografía con una pasión y un saber irrepetibles. Al principio se instaló en la Plaza Cagancha, después se mudó a la Puerta de la Ciudadela y finalmente se quedó cerca del monumento a José Artigas.
—Allí pasaba horas de lunes a domingo, sin faltar una sola jornada, con su trípode y su cámara roja de madera. Así complementaba sus ingresos del aeropuerto, aunque solía decir que ganaba más con las 30 fotos que sacaba por día que con los aviones.  

—"Una foto es considerada patrimonio documental cuando ofrece datos históricos y responde las cinco preguntas clásicas de la investigación: ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué? y una sexta que suele ser fundamental, ¿quién la sacó? No es fácil que una imagen tenga todas las respuestas, por lo tanto también puede ser patrimonio si no se conocen algunos y a veces todos sus datos. La foto histórica es distinta a la artística. La histórica siempre debe informar. A veces la foto forma parte de un reportaje y eso le da valor testimonial." 
Daniel Sosa 

Edificio del arquitecto José Mazzara, actual Museo
Oceanográfico, Rambla República de Chile, c. 1930,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Una ciudad en crecimiento
—Así se denominó la muestra de fotografías históricas del Municipio CH de Montevideo, que alberga a los barrios Tres Cruces, La Blanqueada, Parque Batlle, Villa Dolores, Buceo, Pocitos y Punta Carretas. Entre el 5 y el 26 de enero de 2017 fue expuesta al público una selección de imágenes patrimoniales en la Plaza Daniel Muñoz, de Trouville.
—“En la primera mitad del siglo XX el gobierno municipal tuvo mayor necesidad de consolidar una imagen acorde a su política de crecimiento urbano. De aquel período abundan las imágenes del proceso de urbanización en los barrios Parque Rodó, Carrasco, Pocitos y Prado. Muy poca atención merecieron las zonas del norte y el noroeste de la ciudad, salvo el Prado.”
—“Si en la primera mitad del siglo XX el desarrollo de la ciudad captó la mirada de los fotógrafos de la Intendencia, en la segunda, el acontecer político fue un tema principal.”
Vista aérea de la Playa Pocitos, al centro el
Hotel nuevo, abajo la Plaza Gomensoro, c. 1935,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—“En las primeras décadas del siglo XX Montevideo era una ciudad en expansión. Edificios, construcciones y espacios públicos que hoy resultan característicos y emblemáticos fueron erigidos, remodelados o habilitados en ese período. Las políticas públicas del primer batllismo habían promovido y favorecido ese desarrollo modernizador. Se apostaba a un país atractivo para el turismo y las inversiones externas, así como inclusivo socialmente, generando ámbitos donde las distintas clases sociales pudieran coincidir y disfrutar de su tiempo libre.”
—Las playas, parques y edificios de los barrios Pocitos, Punta Carretas, Parque Batlle, Buceo y Tres Cruces representaban una ciudad pujante y en crecimiento de la cual se quería anunciar dentro y fuera de fronteras. Por esa razón, esta zona de la ciudad resulta sobre representada por los fotógrafos municipales.”
Resumen del catálogo de la muestra Una ciudad en crecimiento

—"Lo primero que un investigador mira en una foto para documentarla, es si hay personas, los gestos, quizá para saber que sentían en ese momento. Si se trata de un paisaje, es interesante compararlo con la actualidad. Parece lógico pensar que una foto es distinta a una pintura, porque se saca con una máquina, pero eso no quiere decir que no sea subjetiva; al contrario, un buen fotógrafo siempre pone mucho de si sentir y su pensar en una foto."
Gabriel García 

Hospital de Clínicas, c. Año 1949,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Monumento Histórico
—Es la declaración otorgada por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación al Fondo Histórico de 30.000 imágenes gestionado por el Centro de Fotografía Montevideo que documenta los principales cambios edilicios y urbanísticos de la capital uruguaya entre 1865 y 1990.
—El acervo contiene registros del siglo XIX, recuperados por los fotógrafos municipales Carlos Ángel Carmona e Isidoro Damonte, los retratos y paisajes que ellos tomaron entre mediados de las décadas de 1910 y 1930 y la obra de sus continuadores hasta la penúltima década del siglo XX.
—El notable conjunto denominado Series Históricas fue donado por Carmona, Damonte y sus continuadores, por fotógrafos ambulantes que trabajaron para la Intendencia de Montevideo entre las décadas de 1920 y 1950, cedidas por familiares de los artistas, por instituciones, medios de prensa y coleccionistas y adquiridos a particulares.
Faro de Punta Carretas, c. 1929,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—La ceremonia realizada en la Sala de Acuerdos de la Intendencia de Montevideo fue también el lanzamiento del Mes de la Fotografía que en agosto se celebrará con la apertura de exposiciones en fotogalerías públicas de los barrios Parque Rodó, Prado, Ciudad Vieja, Villa Dolores y Peñarol.

—“El homenaje debe extenderse a los fotógrafos que por más de cien años documentaron el paso del tiempo, como lo pide la UNESCO, en salvaguarda del patrimonio, de un pasado histórico que ahora está abierto no solamente a todos los uruguayos, sino a los visitantes del planeta.” 
Nelson Inda, presidente de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación

Daniel Sosa, director del Centro de Fotografía de Montevideo 
“La huella del tiempo también es información”
Daniel Sosa, director del CDF.
(Producción Nacional)
—“En el Centro hacemos dos trabajos con una foto que se deterioró por el paso del tiempo o por las condiciones como fue guardada. Para ser entregada al público, la recuperamos hasta que se parezca lo más posible a como era el original. Para el archivo histórico se conserva el deterioro, porque la huella del tiempo también es información.” 
—“La era digital democratizó el acceso a fotografiar y a ser fotografiado. Casi todos los celulares tienen una cámara; la fotos se envían por internet, se trasmiten al instante. Pero no mejoró la calidad del rollo revelado con emulsiones y empeoró la preservación de los documentos fotográficos."
—"Hasta ahora, una familia de cualquier pueblito revuelve un cajón y encuentra fotos. En el futuro nos será así; ahora se guardan en la computadora o en el CD, y muy pocas se imprimen. En el futuro habrá pocas cajas de esas que disfrutamos en familia o que vamos a buscar los archivos fotográficos.”
Logo del CDF.
Fotografía
—Es el proceso de capturar imágenes y almacenarlas en un material sensible a la luz. Se basa en el principio de la cámara oscura que consigue proyectar una imagen captada por un pequeño agujero. Las cámaras fotográficas utilizaban hasta hace algunos años exclusivamente la película sensible, mientras que en la actualidad se emplean, casi siempre, sensores y memorias: es la nueva era digital. 

—El término procede del griego phos (luz), y grafis (escribir), que en su conjunto significa "escribir con la luz". 

A imagen y semejanza de la Iglesia Matriz
La iglesia Matriz por Louis Compte, 1840.
(UdelaR)

Compte, el abate fotógrafo
—A fines de febrero de 1840 arribaba a puerto la nave escuela L’Orientale, con una tripulación experta y jóvenes pasajeros, estudiantes franceses y belgas que daban la vuelta al mundo. Por lo menos dos pasajeros poseían daguerrotipos para registrar las ciudades que iban conociendo en su aventura: el profesor belga Luís Antonio Vendel y el abate Louis Compte que había conocido a Louis Daguerre en París. 
—En diciembre del año anterior, la corbeta había recalado en Bahía y en enero pasaba por Río de Janeiro. Por entonces el abate Compte era una celebridad luego de haber sacado varias tomas del Palacio Imperial y del puerto carioca. Tan famoso, que la prensa montevideana lo aguardaba con ansiedad, para conocer de qué se trataba aquella máquina increíble. 
—El 29 de febrero, luego de algunas exhibiciones en casas particulares, hubo una sesión pública en la Casa de Representantes del Cabildo; desde allí fue captado el frente de la Iglesia Matriz. Una imagen histórica, irrepetible, que obsequió al eminente médico Teodoro Vilardebó, y que forma parte de la memoria de Montevideo y de los montevideanos.
—Es el más antiguo daguerrotipo documentado del Río de la Plata, reproducido el 4 de marzo de 1840 en el periódico El Talismán. Esa misma tarde se realizaron nuevas sesiones fotográficas en la casa de una personalidad de la época, Santiago Vázquez, el ministro de Relaciones Exteriores Santiago Vázquez que vivía en la calle Sarandí, donde actualmente está el Club Uruguay. Desde allí el abate Compte sacó la fachada del Cabildo. 
El registro más antiguo del Fondo Histórico CDF
la Iglesia de Paysandú atacada en el sitio de 1865.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—La corbeta L’Orientale siguió viaje, sin recalar en el puerto de Buenos Aires, bloqueado por la flota francesa: eran tiempos difíciles de la Guerra Grande rioplatense. En mayo arribó a la bahía chilena de Valparaíso, desde donde salió un mes después rumbo a Lima. Un destino que jamás alcanzó porque quedó encallado en un sitio peligroso del océano Pacífico, conocido como la Roca del Buey. Los sesenta pasajeros resultaron ilesos y pudieron rescatar el valioso daguerrotipo del profesor Vendel. 
—El abate Compte no estuvo entre los accidentados. En la travesía atlántica había empeorado una enfermedad que le perseguía desde París: se quedó en Montevideo un tiempo, alojado en la calle 25 de Mayo.
—En octubre de 1840 anunció a través de la prensa que había recibido un nuevo daguerrotipo más simplificado y ofreció enseñar a los interesados sobre su manejo. El primer fotógrafo que trabajó en territorio uruguayo regresó a París en 1847. 

—La foto más antigua del Fondo Histórico CDF data de 1865, fue reconocida por su tema (los ataques a la iglesia de Paysandú en el sitio de ese año), y porque fue sacada en placas de gelatina que se usaban por entonces. 

Louis Daguerre, en la década de 1870.
De Daguerrre a las "selfies"
Una historia de imágenes sensibles 
—En 1816 el francés Joseph—Nicéphore Niépce obtuvo la primera fotografía sobre papel con una cámara oscura y diez años después realizó su primera heliografía, partiendo del químico betún de Judea.
El daguerrotipo fue creado en 1839, por Louis—Jacques—Mandé Daguerre, conocido también como Louis Daguerre, tras perfeccionar una técnica que tenía utilidad científica, técnica, médica, astronómica, judicial, etnológica y que podía ser usada como documento. Ese mismo año fue presentado como la mayor innovación tecnológica de su tiempo: Daguerre realizaba una copia única hecha sobre emulsión o soporte de cobre.
—En 1840 el británico William Henry Fox Talbot inventó el calotipo: un negativo de papel copiado sobre otra hoja, que por contacto creaba un positivo. Supuso, además, el invento de la copia fotográfica, ya que un único negativo podía dar lugar a varios positivos y su tiempo de exposición era mucho menor, de uno a siete minutos.
—Tres años después el químico británico John Frederick William Herschel fue el primero en aplicar los términos "positivo" y "negativo" a las imágenes fotográficas. En 1880, el francés León Favre solicitó patente para su nuevo sistema de color, y en 1888, George Eastman lanzó la cámara Kodak. Su gran éxito comercial fue la introducción del rollo de papel fotográfico, que sustituyó las placas de cristal; posteriormente lanzó el celuloide.
—En 1931 se descubrió el flash electrónico, que se utiliza sobre todo cuando la luz existente no es suficiente. En 1948 nació la fotografía instantánea de Polaroid: una cámara que revelaba y positivaba la imagen en tan solo un minuto.
—En la década de 1990 se inició la digitalización: las imágenes son capturadas por un sensor electrónico con unidades fotosensibles que puede almacenarlas en una memoria.
—En el siglo XXI el celular es el dispositivo más utilizado en el mundo para tomar una fotografía, en tanto la "selfie" (autofoto) es una tendencia consolidada y en aumento, estimulada por redes sociales como Facebook o Instagram.

—Antes de que el término Fotografía se utilizara para identificar la técnica de impresión química de imágenes fue conocida popularmente como Daguerrotipia.

Fachada del Centro de Fotografía de Montevideo,
ex Bazar Mitre, 18 de Julio entre Río Branco y Convención.
(CDF)
Veo, veo
—El Centro de Fotografía de Montevideo (CDF) fue creado en 2002 para investigar, preservar, promover, el patrimonio fotográfico de la ciudad y el país. Como custodia de bienes históricos realiza la conservación preventiva de originales, su digitalización y descripción documental.
—Como difusor de la fotografía entre públicos diversos, organiza visitas didácticas, tertulias, charlas, talleres y seminarios, jornadas anuales, que abren espacios para el debate y el libre intercambio de ideas. Su Sala de Exposiciones, emblema de la divulgación del trabajo fotográfico contemporáneo, fue inaugurada en marzo de 2005. 
—La institución es gestionada sobre cinco líneas de trabajo: acervo histórico, foto contemporánea, sala de exposiciones, difusión educativa, Ediciones CDF. —Como custodia la producción fotográfica de la Intendencia de Montevideo, y reúne archivos incorporados a través de acuerdos con instituciones públicas y privadas, y por donaciones familiares e individuales.
—Sus paseos educativos están concebidos para escolares del tercer año, que en sus planes de estudios aprenden sobre la identidad cultural de los barrios y su papel en la sociedad.
Sector femenino, playa de Pocitos, c. 1900,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—Su Sala de Exposición permanente, la primera destinada exclusivamente a la fotografía, difunde el acervo propio y la obra de autores contemporáneos, uruguayos y extranjeros, seleccionada en convocatorias libres y abiertas.

—Para conocer el estado de una fotografía se utiliza un espectrofotómetro: un instrumento de óptica que mide la presencia de sustancias y microrganismos.

Cuatro pasos
Una foto documentada por el CDF pasa por cuatro etapas:
—Recepción, identificación y reconocimiento de su valor patrimonial.
—Conservación preventiva del material: se coloca en cajas de conservación a temperatura controlada, se limpian y se guardan en sobres especiales libres de ácido.
—Investigación de su información y descripción histórica.
—Digitalización, archivo y puesta a disposición del público. 

Vista aérea del Hotel de los Pocitos, 1930,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Ex Bazar Mitre
—Desde 2014 es la sede del Centro de Fotografía de Montevideo, donde funciona un Laboratorio Integral de Conservación de Imágenes Fotográficas. En el histórico edificio de 18 de Julio 885, Río Branco y Convención, fue creado un centro de formación regional del trabajo con y a partir de las fotografías.
—“Los visitantes que vienen en busca de retratos o paisajes de nuestro archivo histórico, toman contacto con autores contemporáneos que aportan otras formas, otros colores, otras sensibilidades”, explica Daniel Sosa, director del CDF.

Puerta de la Cárcel de Punta Carretas, 1918,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
—El Centro de Fotografía de Montevideo posee un sitio web (http://cdf.montevideo.gub.uy/) con información sobre su actividad, acervo y proyectos fotográficos.


Red de archivos fotográficos
SODRE
 
—El Archivo Nacional de la Imagen posee un acervo de 100.000 negativos fotográficos, 80% en soporte vidrio y el resto acetatos, desde 1870 hasta la actualidad. Posee 5.000 películas cinematográficas 2.000 videos, un Centro de Documentación y un museo de aparatos de cine. Está abierto de lunes a viernes, de 10.15 a 15.30 horas, en Sarandi 430, Piso 1, Montevideo.
Teléfono: 29155493.
Web: http://www.sodre.gub.uy
Correo electrónico: ani@sodre.gub.uy

Excavaciones para construcción del Estadio Centenario,
1929
—
1930, Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Arquitectura 
—El Archivo del Servicio de Medios Audiovisuales de la Facultad de Arquitectura tiene un acervo de imagen fija, videocasetes y CD ROM: fotografía digital y producciones multimedia de obras arquitectónicas, espacios urbanos, arte, y costumbres en Uruguay y en el mundo.
—Preserva 52.000 diapositivas sacadas de entre 1940 y 2002, 15.000 digitalizadas y 3.600 imágenes que datan desde 2000. Está abierto de lunes a viernes de 15 a 18 horas, en el edificio de la Facultad de Arquitectura: Bulevar Artigas 1031.
Teléfono: 24001106 al 08, interno 134.
Web: http://www.farq.edu.uy/sma.
Correo electrónico: sma@farq.edu.uy

Biblioteca Nacional
Dirección: 18 de julio 1790, Montevideo.
Teléfono: 24096014
Sitio web: http://www.bibna.gub.uy
Correo electrónico: bibna@adinet.com.uy

Entrada del Cementerio del Buceo, década de 1920,
Exposición Una Ciudad en Crecimiento.
(Centro de Fotografía de Montevideo)
Fuerza Aérea Uruguaya
Dirección: Ruta 101 Km. 19500, Canelones.
Teléfono: 26040021
Sitio web: http://www.ssra.gub.uy
Correo electrónico: info@ssra.gub.uy

Archivo General de la Nación
Dirección: Convención 1474, Montevideo.
Teléfono: 29007232
Correo electrónico: direccionagn1474@adinet.com.uy

Museo Histórico Nacional
 
—La Casa de Juan Francisco Giró posee un amplio acervo fotográfico en su sede de Cerrito 586, Montevideo.
Teléfono: 29157003
Web: http://www.mec.gub.uy/museo/mus_hist
Correo electrónico: mhistoricnac@mixmail.com