miércoles, 25 de noviembre de 2015

No es dictadura, ¡un grito de la Marcha más rebelde!

Portada del N° 1676, último del semanario Marcha.

De una portada memorable que denunció con ironía el golpe de Estado, al cierre del semanario que convocó a la Generación del 45

En el inicio de la fase “Comisarial” de la dictadura uruguaya (1973—1985) recrudeció la clausura de la prensa independiente. En poco más de un año fueron cerrados decenas de periódicos, entre los que hubo dos casos emblemáticos: el diario El Popular, el 16 de noviembre de 1973, el semanario Marcha, el 22 de noviembre de 1974.

Portadas y páginas interiores reproducidas en la Biblioteca Nacional de Uruguay.

El sociólogo Luis Eduardo González divide los casi quince años de la última dictadura, en tres etapas: “Comisarial”, entre 1973 y 1976, “Fundacional”, cuando el regimen intentó crearse una legalidad política, que duró hasta la derrota electoral en el plebiscito de 1980, “Transición a la Democracia”, iniciada con el triunfo de No hasta el 1 de marzo de 1985, cuando asumió el presidente constitucional Julio María Sanguinetti.
La misma madrugada del golpe de Estado del 27 de junio, el dictador Juan María Bordaberry firmó un decreto que prohibía “todo tipo de noticias y comentarios que afecten negativamente el prestigio del Poder Ejecutivo y las Fuerzas Armadas o que atenten contra la seguridad o el orden público”.
En febrero de 1975 fue creada la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (DINARP), un organismo dedicado a la propaganda oficial y la censura, que con los servicios de inteligencia controlaban la denominada “prensa grande”, diarios, radios, televisión.
Casi hasta el final de la etapa “Fundacional”, fueron escasos los ejemplos de periodismo opositor, vale citar al diario El Día, clausurado el 25 de setiembre de 1977, por un aviso clasificado, el memorable “Milicos putos”.
Mientras CX 30 La Radio reflejaba voces disidentes, internas y externas, nacía La Semana, un suplemento sabatino de El Día, con periodistas dispuestos a enfrentar la censura cultural, también la revista Noticias, de breve curso opositor, La Plaza de Las Piedras y el semanario Opinar, dos alegorías en papel de la resistencia.
Los corresponsales de agencias extranjeras cumplieron un rol relevante, pese a los controles de sus cables, en la tarea de informar con objetividad.
En aquella etapa de oscuridad hubo una resistencia impresa que circulaba en la clandestinidad, con crónicas mimeografiadas que contaban las desdichas de un país encarcelado y silenciado.
El nacimiento de la etapa de “Transición a la Democracia” se sitúa el 30 de noviembre de 1980, cuando los uruguayos votaron en un plebiscito pergeñado por el regimen. El proyecto de Constitución dictatorial fue rechazado por 57.9% de la población.
Muy cerca del NO, la memoria colectiva mantiene viva la imagen de un debate televisivo que el 14 de noviembre, dos semanas antes de la consulta, le dio voz a dos figuras opositoras, el colorado Enrique Tarigo y el blanco Eduardo Pons Etcheverry.
Fue la única polémica pública, en medio de una propaganda dictatorial intimidatoria, constante. Un relato épico, impregnado por una metáfora cultural de Pons Etcheverry, que trató de “rinocerontes” a los personeros de la dictadura, en alusión a la pieza teatral de Eugenio Ionesco que por aquellos días estaba en cartel en Montevideo.
El historiador Carlos Demasi, en el libro La dictadura cívico-militar: Uruguay 1973-1985 (Ediciones de la Banda Oriental, 2009), opina que el monopolio del espacio de comunicación social que impuso el regimen derivó en una amplificación desmesurada de la opinión militar. “En el mediano plazo esta
situación tan anómala tuvo un efecto muy negativo sobre el operativo ideológico, ya que provocó un efecto de saturación sobre los destinatarios. La casi desaparición de las discrepancias alimentó en los militares la idea errónea de que contaban con el apoyo unánime de la población.”
Artículo de Mariano Arana.
La dictadura debió admitir una derrota inesperada. Mientras la población celebraba en silencio, sin festejos, dos publicaciones recientes, eran reconocidas como emblemas periodísticos del NO: La Plaza, de Felisberto Carámbula, y Opinar, dirigido por Enrique Tarigo.
Los partidos políticos comenzaron a negociar un nuevo cronograma de transición a la democracia. A la percepción de un afloje en la censura, se sumó el nacimiento de nuevas publicaciones: Opción, Búsqueda (semanal), Correo de los Viernes, Presencia, El Dedo, La Razón, a las que pronto se sumaron, La Democracia, Lealtad, Somos Idea, Aquí, Convición, Jaque, Guambia, La Voz de la Mayoría, ACF, entre tantas.

 En el inicio de la fase “Comisarial” recrudeció la clausura de la prensa independiente. En poco más de un año fueron cerrados decenas de periódicos, entre los que hubo dos casos emblemáticos: el diario El Popular, el 16 de noviembre de 1973, el semanario Marcha, el 22 de noviembre de 1974.

“No es dictadura”, un grito
La portada del semanario Marcha, una de los más recordadas en la historia del periodismo uruguayo y de las más analizadas en las escuelas y facultades hispanoamericanas de comunicación, fue publicada en el N° 1649, el sábado 30 de junio de 1973, una semana después del golpe de Estado.
Tapa del 30 de junio de 1973.
La intención mordaz del titular, breve, sarcástico, contundente, queda demostrada por la publicación en forma de bajada, dentro del mismo recuadro gráfico, del decreto dictatorial firmado por Juan María Bordaberry:
El Presidente de la República decreta:
1º. Declárase disueltas la Cámara de Senadores y la Cámara de Representantes.
2º. Crease un Consejo de Estado, integrado por las miembros que oportunamente se designarán con las siguientes atribuciones;
a) Desempeñar independientemente las funciones específicas de la Asamblea General;
b) Controlar la gestión del Poder Ejecutivo relacionada con el respeto de los derechos individuales de la persona humana y con la sumisión de dicho Poder a las normas constitucionales y legales;
c) Elaborar un anteproyecto de Reforma Constitucional que reafirme los fundamentales principios democráticos y representativos, a ser oportunamente plebiscitado por el Cuerpo Electoral.
3º. Prohíbese la divulgación por la prensa oral escrita o televisiva de todo tipo de información, comentario o grabación que, directa o indirectamente, mencione o se refiera a lo dispuesto por el presente decreto atribuyendo propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo, o pueda perturbar la tranquilidad y el orden público.
4º Facúltase a las Fuerzas Armadas y Policiales a adoptar las medidas necesarias para asegurar la prestación ininterrumpida de las servicios públicos esenciales.”
La muerte de Paco Espínola, el 26 de junio de 1973, un día antes del golpe, en nota de Jorge Ruffinelli.
Guillermo Chifflet era cronista de Información General, encargado de reportajes especiales, muy cercano a los responsables periodísticos del semanario: Carlos Quijano, Julio Castro, Hugo Alfaro.
La tapa fue pensada por los tres en la oficina de Quijano, cada uno puso lo suyo, de Julio es el humor absurdo, sutil, inocente, silencioso, de Hugo es el detalle de organizar la tapa como si la bajada informara sobre el titular, cuando en realidad es una contradicción, pero el formato definitivo, como siempre, tiene el carácter de Carlos, su vocación por el riesgo al límite. Cuando el número iba a la imprenta pensé: ¡Nos cierran y vamos todos presos!”, evocaba Chifflet en 2013.
Alguna vez le pregunté cómo se animó, a lo que me dijo: —Guillermo estimado compañero, ¡fue un grito! Quijano siempre decía que en periodismo más vale morir que perder la razón de vivir, lo escribió muchas veces. Nunca dejó de meter el dedo en el ventilador, y nos exigía que lo metiéramos y tenía razón: las cosas siempre van a ocurrir, aunque te quedes callado. ¡Es mejor pegar el grito!”
Quijano se veía venir el golpe, lo había dicho muchas veces en los meses. ¡Sabía que se venía!”, recuerda Chifflet.
La percepción queda demostrada por el informe publicado entre la páginas 4 y 9, titulado: “La era de los militares. Sin velos y sin máscara”, que por su profundidad y calidad de información debió estar preparado con anticipación.
El copete de la nota afirma: “Nadie puede sorprenderse. Esto ominosa caída del 27 de junio, es el resultado de un proceso que se inició hace tiempo y que se cumplió, paso a paso, a la luz del día. Durante este último año escribimos en repetidas oportunidades sobre el tema. Nada agregamos, nada quitamos ahora, a cuanto dijimos. Era obligación prever y, de antemano, juzgar y condenar. Era obligación también, disipar equívocos, adelantarse a los manidos sofismas y a las despreciables razones que en circunstancias semejantes siempre manejan loa actores de turno —nada nuevo ni siquiera bajo el sol de esta tierra— y esforzarse por impedir la funesta ejecución. Todo se consumó; pero algo se h ganado de todos modos. Va rasgado está el velo y caída la máscara.”
El informe evoca artículos publicados en Marcha desde agosto de 1972 hasta mayo de 1973. Los títulos señalados en la frecuencia: Tiempos difíciles, Los dados se han echado a rodar, Confusiones peligrosas, Tanto va el cántaro al agua, La carreta fantasma, La soledad de las armas.
La cobertura de la última sesión Asamblea Legislativa previa a la disolución del Parlamento (páginas 8 y 9), iniciada en la tarde del 26 de junio y finalizada en la madrugada del 27, fue titulada: Documentos para una historia.
El informe finaliza con una exhortación escrita por Carlos Quijano: “Ahora comienza otro capítulo de la historia. La aventura se inicia con sus colgajos habituales: Consejo de Estado, Reforma de la Constitución, ahora es la soledad de las armas. Ahora, más que ayer, el dilema es: resistir o someterse. Ahora, como siempre, creemos en nuestra tierra y en nuestra verdad. La batalla no terminó, apenas empieza.”
Los cierres de Marcha no eran nuevos, el semanario fue muy perseguido en la etapa de Medidas Prontas de Seguridad (1968—1971) impuestas por el gobierno de Jorge Pacheco Areco. Quijano en aquel momento fue muy ingenioso, creó una publicación sustituta, que llamó Chasque, dirigida por Alfaro, en la que trabajé por notas. Fue muy divertido, porque el Pachecato sabía que era la misma gente de Marcha, pero como cuidábamos detalles formales tuvieron que tragársela”, cuenta Guillermo Chifflet.
El viernes 8 de febrero de 1974 se publicó en Marcha el cuento El guardaespaldas, de Nelson Marra, ganador de un concurso literario convocado por el semanario. “Todos los que lo leímos en la mañana de ese viernes tuvimos un sobresalto mayúsculo: ¿cómo se habían atrevido a publicar esa historia, en un ambiente como el que vivíamos entonces? Marcha continuaba con su prédica de oposición a la dictadura, pero no era cuestión de facilitarle el paño, y había que hacer fintas con el lenguaje para que las cosas que debían ser dichas fueran dichas –escritas–, sin que catapultaran automáticamente el presto mecanismo de la censura. Pero eso se dirimía en las páginas de política, no en las literarias”, rememora Rosalba Oxandabarat, actual editora de Cultura del semanario Brecha.
Por la publicación de ese cuento fueron presos Carlos Quijano, Julio Castro, Hugo Alfaro, Juan Carlos Onetti, secretario de redacción del semanario y uno de los miembros del jurado del concurso con Mercedes Rein y Jorge Ruffinelli.

Quijano sufrió 81 días de prisión en el Cilindro Municipal, donde dio clases espontáneas sobre economía política, su especialidad. Marcha fue clausurada el 22 de noviembre de 1974. Tras ser liberado, partió en 1975 al exilio mexicano, allí continuó su lucha y sus tareas como catedrático en la Universidad Autónoma de México y editor periodístico.

Carlos Quijano por Ombú, en Brecha.
Carlos Quijano
Nació en Montevideo, el 21 de marzo de 1900. “Fue uno de los más importantes referentes en la formación de nuestra identidad nacional. Maestro de juventudes, precursor de la reforma universitaria, abogado, economista, político y maestro del periodismo, alcanzó la cumbre de su accionar con la creación del semanario Marcha. La legendaria publicación, que formó e influyó a varias generaciones, se editó entre 1939 y 1974, cuando fue clausurada por la dictadura, pero, a través de los Cuadernos de Marcha, llegó hasta el 16 de junio de 2001. Ahí escribieron los más importantes intelectuales uruguayos y latinoamericanos del siglo XX”, afirma Carlos Luppi, en su artículo “Carlos Quijano: testigo y forjador de una época”, publicado el 9 de junio de 2014, en la revista Caras y Caretas.
En 1917 fundó el Centro de Estudios Ariel, inspirado en las luchas estudiantiles que por entonces inflamaban la Universidad de Córdoba. En 1924 se recibió de abogado con Medalla de Oro y fue becado para estudiar Economía y Ciencias Políticas en La Sorbona de París. Allí participó en la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos (AGELA), con figuras de la tallas de José Ingenieros, José Vasconcelos, Víctor Raúl Haya de la Torre, Miguel Ángel Asturias, Juan Antonio Mella, Rómulo Bentancourt, Carlos Pellicer.
En 1928, de regreso en Uruguay, fundó la Agrupación Nacionalista Demócrata Social con Arturo Ardao y Julio Castro. Aquel año fue diputado por el Partido Nacional, del que se separó en 1958 para afiliarse al Partido Socialista. En 1971 fue unos de los fundadores del Frente Amplio.
En 1930 creó el diario El Nacional, y en su lucha contra la dictadura de Gabriel Terra —iniciada el 31 de marzo de 1933– los semanarios Acción y Combate. En 1939 fundó Marcha, del que fue director y editorialista sobre economía política.
Marcha convocó a los intelectuales más representativos de la denominada Generación del 45: Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Carlos Real de Azúa, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Carlos Martínez Moreno, Sarandy Cabrera, Homero Alsina Thevenet, Hugo Alfaro, Eduardo Galeano, Mario Arregui, Idea Vilariño, Omar Prego, Enrique Amorim, Manuel Flores Mora, Carlos Maggi, Clara y María Inés Silva.
Carlos Quijano murió el 10 de junio de 1984 en la Ciudad de México, en vísperas del fin de la dictadura contra la que tanto luchó. El 27 de junio de 1987, sus restos fueron repatriados, trasladados con honores oficiales desde el Paraninfo de la Universidad de la República hasta el Panteón Nacional.

Guillermo Chifflet
El combate de la pluma, libro de Jorge Chagas y Gustavo Trullen, una biografía de Guillermo Chifflet.
—“En 1952 ingresé a El Sol, el inolvidable diario de Don Emilio Frugoni. Allí conocí a gente entrañable que me marcó el camino: Lenin Prieto, Arturo Dubra, José Pedro Cardoso. Otra etapa muy linda de mi vida fue la de Época, un periódico dirigido por Eduardo Galeano y Gutenberg Charquero, un colega fantástico que fue corresponsal de El País de Madrid en Suecia; entre tantos compañeros recuerdo al querido Angelito Ruocco, jefe de Deportes. Fui desocupado un sólo día de mi vida. Esa tarde estaba en el café El Olmo, de San José y Cuareim, cuando pasó Zelmar Michelini y me invitó a trabajar en Hechos, que tenía su redacción en la Ciudad Vieja y a César Di Candia como secretario. Desde Hechos pasé a Marcha, recomendado por Zelmar.”

“No me fui exiliado a México para no dejar en banda a los compañeros de Época que la estaban pasando muy mal.”

“A Carlos Quijano no le interesaba si el semanario le daba ganancias. Solo le importaba que se reflexionara sobre la sociedad con su estilo, crítico e independiente, y que aportara su punto de vista político, económico y cultural. Una decisión muy firme, ¡que le daba cada dolor de cabeza al administrador!, que era nada menos que Hugo Alfaro."

—"Cerrarnos no fue fácil para los dictadores, porque la publicación tenía un gran prestigio interno y era un referente de la intelectualidad internacional." 

Comenzaron clausurándonos paulatinamente, hasta que nos cayeron con dos meses. En aquella oportunidad se llevaron preso a Quijano, que no era un hombre de quedarse callado: daba charlas sobre periodismo y política a sus compañeros de reclusión del Cilindro. Su visión era increíble. Una vez le pidió a unos exiliados que estaban en su casa de México que se callaran un poco, que lo dejaran morir tranquilo. Y se murió a los diez minutos. Aquélla fue una tragedia para la cultura uruguaya y latinoamericana.”

lunes, 2 de noviembre de 2015

Antonio Díaz, el primer periodista uruguayo

Antonio Díaz.
No nació en este territorio, pero fue protagonista en la gestación del país con el que se comprometió hasta el último día de su vida. Gallego, inmigrante,  guerrero de la revolución rioplatense, personalidad sobresaliente en los años de formación del Estado Oriental del Uruguay y en su consolidación política, social, cultural.

Militar, gobernante, periodista, escritor, educador, enfrentó con gloria a los británicos, fue soldado de la libertad, influyente intelectual republicano. Fue fundador del Partido Blanco, funcionario del Gobierno del Cerrito en la Guerra Grande, de las presidencias de Fusión, hasta más allá de la mitad del siglo XIX.
Pionero del oficio periodístico, editor y redactor responsable de gacetas memorables: El Sol de las Provincias UnidasEl PamperoLa Aurora, El Aguacero, El Piloto, El Correo Nacional, El Universal, El Defensor de la Independencia Americana.
Su trabajo en edición fue una proeza, casi siempre en tiempos de conflicto. El gallego fue uno de los hombres más cultos de su tiempo, autodidacta, un cronista inteligente y profundo, un innovador de la prensa en el Río de la Plata", afirma el historiador Wilson González Demuro.

Antonio Felipe  Díaz nació en La Coruña el 26 de mayo de 1789. Con catorce años embarcó en su puerto natal rumbo al Río de la Plata.
Estuvo poco tiempo en Buenos Aires pero le gustó más Montevideo donde fue un muy joven empleado de tienda, apasionado por la lectura, un espontáneo escritor de intimidades y reflexiones filosóficas.
A los dieciseis años se integró al Batallón de Infantería del Comercio. Participó en la resistencia hispana contra las Invasiones Inglesas, era subteniente en la Batalla del Cardal cuando fue herido en la frente, una marca que mostraba con orgullo y dolor porque fue testigo de la muerte de cientos de amigos y compañeros, militares y civiles.
En 1809 se pasó al bando de la revolución rioplatense por afinidad con el general argentino José Rondeau.

—Fue relevante su participación como capitán en la Batalla de Las Piedras, en su etapa de cercanía ideológica con José Artigas.
Todos los partes del combate del Cerrito, del 31 de diciembre de 1812, señalan su papel táctico y su valentía, herido en el campo, ascendido a sargento en el Segundo Sitio de Montevideo.
Fue secretario del Congreso de Tres Cruces donde su firma consta en las actas de las Instrucciones del Año XIII.
Al año siguiente quedó claro su alejamiento de Artigas, cuando se puso a las órdenes del jefe porteño Carlos María de Alvear.
Fue edecán personal del mayor enemigo del Jefe de los Orientales y de su Liga Federal con los caudillos del litoral argentino, tan cercana era la confianza que lo ascendió a teniente coronel.

Cuando Alvear fue depuesto en el Motín de Fontezuelas (abril de 1815), su sustituto el director Ignacio Álvarez Thomas buscó congraciarse con Artigas. Su primer gesto reconciliador fue apresar a siete oficiales alvearistas, entre ellos Antonio Díaz, a quienes remitió encadenados al cuartel general de Purificación, en el actual departamento de Paysandú.
Los prisioneros no fueron ejecutados, sino que recibieron un indulto con la orden de liberarlos, el argumento: no era de buen patriota ajusticiar a quienes habían sido soldados de la revolución. 

“Era de talla regular, cuerpo bien desarrollado, ojos de un azul verdoso claro, su mirada abierta pero inexpresiva, deteniéndose muy poco en los objetos y en las personas, siendo indudable que se daba cuenta de todo, son esas miradas que pasan como una pantalla y no toman la epidermis sino que calan la verdad de la esencia. Pómulos algo salientes, cabeza en extremo desarrollada, su nariz aguileña era muy pronunciada, carecía de bigote pero tenía fuerte patilla corrida sobre la mejilla. Usaba el capote de paño con esclavín en invierno, su tranquilidad era imperturbable." 
—Descripción física de Artigas, realizada por Antonio Díaz luego de su "purificación" en Paysandú, nunca fue un artiguista incondicional pero tampoco ocultaba su respeto por el Jefe de los Orientales.

Entre 1826 y 1828 peleó contra las tropas ocupantes del territorio oriental que respondían a la Provincia Cisplatina brasileña, redactó el parte de la Batalla de Ituzaingó en la que fue relevante su actuación militar.
Luego de expulsados los brasileños, fue constituyente y diputado de la primera Asamblea Legislativa del país emancipado, el Estado Oriental del Uruguay.

"Los montevideanos por origen o radicación componían un estamento burgués con íntimas prevenciones contra los caudillos rurales producto de la gesta revolucionaria de la Patria Vieja, y buscaban el apoyo de los hombres de orden de Buenos Aires para  sus  trabajos  independientes,  con  miras  a  la  incorporación  de  la  Provincia  Oriental  al  seno  de  las Provincias Unidas como era el viejo ideal artiguista, aunque sin igual fervor autonomista.” 
Semblanza general de los inmigrantes españoles pasados a la revolución oriental escrita por el historiador Alfredo Castellanos en su libro La Cisplatina, la independencia y la República caudillesca, 1820-1838, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1982.

En la memorable Batalla de Carpintería adhirió al recién nacido Partido Blanco.
En 1838 fue ministro de Guerra y Marina del brigadier Manuel Oribe, también del gobierno blanco del Cerrito, y en 1858 fue nombrado ministro de Guerra y Marina del gobierno del presidente Gabriel Pereira, desde donde propuso la creación de la Escuela Militar Oriental. Al año siguiente era ascendido a Brigadier General, el máximo rango del ejército uruguayo. 

Por el lado que fuere y en el bando político que sea, tenía lazos de sangre con la clase dirigente de ambas márgenes del Río de la Plata.
Entre sus parientes son recordados: el general colorado César Díaz, ejecutado en el Paso de Quinteros, el escritor Eduardo Acevedo Díaz, el codificador Eduardo Acevedo Álvarez, el inolvidable dirigente universitario Alfredo Vásquez Acevedo.

"La imparcialidad es una obligación del escritor, dando cuenta de los hechos que pudieran ser de interés  de  la  opinión  pública,  único  objeto  a  que  consagra  sus  tareas, sin mucho elogiar las medidas que adoptan las autoridades llenando uno de sus deberes."
Antonio Díaz, en La Aurora N° 7, 1 de febrero de 1823.

Rebeldía y escritura 
Encabezado de El Sol de las Provincias Unidas—Gaceta de Montevideo, N° 1, sábado 2 de julio de 1814.
—Su relevante obra periodística comenzó como corredactor de El Sol de las Provincias UnidasGaceta de Montevideo, con el porteño Manuel Moreno, hermano de Mariano, editado en la imprenta del Cabildo de Montevideo, la memorable Carlota.
Para él fue una experiencia iniciática en el periodismo, un oficio que luego ejerció toda su vida.
Aquel trabajo tuvo un doble valor republicano, por fue el primer vocero independentista en territorio oriental, realizado en una prensa  que pasó a manos insurgentes luego que fuera donada en 1810 por la princesa española Carlota para imprimir Gazeta de Montevideo, un periódico colonial, monárquico, enemigo panfletario de la Revolución de Mayo. 

El Sol de las Provincias Unidas circuló luego de la capitulación española de Montevideo, sus 14 números semanales salieron en su mayoría los sábados, hasta setiembre de 1814.
Díaz era ayudante de Moreno, al servicio del Gobierno de Buenos Aires, vocero del ejército ocupante al mando del general Carlos María de Alvear. 
Fue un activo difusor del proyecto político de unidad del antiguo virreinato incorporado a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Sus artículos planteaban temas constitucionales y una preocupación por el progreso de la economía. En sus páginas se planteaba la unidad territorial entre Buenos Aires, la Provincia Oriental y sus aliados de la Liga Federal.


El último ejemplar de El Sol, N° 14, salió el domingo 18 de setiembre de 1814.
—El periódico nada informaba sobre José Artigas y la revolución que por entonces dominaba la mayoría del territorio oriental, la estrategia propagandística era clara: sobre el enemigo no se escribe.
Lo nombraron por primera vez cuando Buenos Aires le restituyó los honores ciudadano, revocando una declaración de "traidor a la patria" firmada dos años antes por el director porteño Gervasio Antonio de Posadas.
"Hubo una corta primavera (entre mayo y noviembre de 1815) en la relación entre Artigas y los porteños. Como parte del acuerdo, el contenido del entendimiento fue informado en El Sol de las Provincias Unidas, sin otro comentario. En otra notita lateral, se mencionó el pacto por el cual Artigas desalojó su ejército de la provincia de Entre Ríos luego que Buenos Aires se retiró de Montevideo, pero jamás se mencionó al Jefe de los Orientales", explica Wilson González Demuro, docente de Historia Americana en Facultad de Humanidades de la UdelaR, investigador de la prensa oriental anterior al Uruguay independiente. 

"El Autor de este periódico se gloria de tener algún derecho al título de apasionado de la libertad [...] y se halla vivamente animado del deseo de oponerse a esas preocupaciones afrentosas con las pocas fuerzas que sus luces le permiten..."
Comentario editorial publicado en el Prospecto de El Sol de las Provincias Unidas Gaceta de Montevideo,  sábado 2 de julio de 1814.

El primer periodista 
El Pampero, N° 1, 1822.
Antonio Díaz participó en otros periódicos rebeldes, con frecuencia semanal, que entre 1822 y 1823 desafiaron la ocupación brasileña: El Pampero, La Aurora, y El Aguacero, los tres realizados en la Impresora Torres de Montevideo.
Al inicio de la Cruzada Libertadora de 1825 se radicó en Buenos Aires, y allí publicó El Piloto, que abordaba temas de la política oriental desde el exilio, y en 1827 El Correo Nacional, que levantaba el espíritu de porteños y orientales en la Guerra del Brasil o Cisplatina.

"En diciembre surgieron casi al mismo tiempo dos de los más importantes periódicos de la etapa  preindependiente, El  Pampero y La  Aurora. Sus  redactores,  hasta  donde  la acostumbrada  anonimia  nos  permite  saber,  fueron  connotados  miembros  del patriciado como  Santiago  Vázquez  (futuro  ministro  en  el  primer  gobierno  de  la  independencia  y poseedor  de  una  de  las  inteligencias  más  importantes  de  su  generación),  Juan  Francisco Giró   (quien   sería   luego   miembro   del   Gobierno   Provisorio   en   1827, constituyente, diplomático y Presidente de la República entre 1852 y 1853), y Antonio Díaz (corredactor en El Pampero y único responsable de La Aurora)... A diferencia de sus compañeros de letras, Díaz fue siempre un radical opositor a la presencia portuguesa en la provincia", afirma Wilson González Demuro.

"El Pampero es el viento favorito del Río de la Plata (...) Pues bien, Montevideanos, y vosotros habitantes todos de la margen izquierda del río (...). Los editores de este pampero os anuncian uno fuerte, impetuoso, irresistible."
Pasaje de la nota presentación publicada en el N° 1, el miércoles 19 de diciembre de 1822. El semanario circuló hasta el 2 de mayo del año siguiente, y también editó un suplemento especial de nombre alusivo a sus objetivos rebeldes: Ráfaga.

"Siendo uno de los principales objetos de la prensa comunicar al público, por medio de ella, todas las noticias que merescan su atención, y hallándose el de esta capital y su campaña sin un periódico que haga uso de aquel recurso, precisamente en una época en que los extraordinarios sucesos políticos del interior del país deben interesar la curiosidad, no solo de sus habitantes, sino de los de gran parte de la América del Sud, y aun de la misma Europa, nos hemos propuesto escribir un papel semanal (...) Los Editores, al anunciar la empresa de esta penosa tarea, protestan que las materias que quisieran ilustrar en sus discursos políticos serań tratadas con la moderación que conviene a la dignidad de los escritores públicos." 
Declaración de principios editoriales de La Aurora, publicada en el N° 1, el sábado 21 de diciembre de 1822.

El Aguacero, N° 1, 1823.
El Aguacero fue un periódico  de  tono  satírico  que circuló en Montevideo, muy  irregularmente,  entre  abril  y  octubre de  1823.
Un repaso de sus páginas lo define como un eficaz ejemplo de  prensa  iluminista  y  soporte periodístico informal de la Sociedad de Caballeros Orientales, una logia creada para derrotar la ocupación brasileña, partidaria de su reincorporación a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

—González De Muro en su ensayo Periodismo y libertad de imprenta en vísperas de la independencia uruguaya, publica parte de un artículo irónico de El Aguacero, que contaba sobre el supuesto testamento del abogado Lucas Obes, aliado de la Provincia Cisplatina, apodado Dr. Perendengue por sus enemigos.
En forma de verso alude a una incomprobada voluntad final de uno de los personajes políticos más odiados por los anti brasileños.
La ironía fue tan punzante y bien redactada que en aquel momento circuló el rumor de la muerte de Obes, celebrada por los orientales—argentinos. 

—“Con el Pampero y la Aurora / y otros Pájaros de cuenta / a presencia de la Cámara / se ha de formar una  hoguera  /  y  por  mano  del  verdugo  /  se  ha  de  arrojar  dentro  de  ella  /  a  ese  maldito  Aguacero  / anticristo  de  esta  tierra  /  azote  de  hombres  honrados  /  como  yo  y  Frutos  Rivera  /  que  predica  el patriotismo / que hace al imperio la guerra / que truena contra los vicios / como el Catón de la Grecia / diciendo muchas verdades / con chistes y sutilezas, / pues yo quiero y es mi gusto, / que reducido a pavezas /  contemple  su  autor  la  suerte  /  que  si  lo cogen  le  espera  /  pues  si  al  papel  así  trato  /  ¡qué haría con su cabeza!”


"Considera inglés piadoso
Que aflijiste medio real
Cuantas cosas son precisas
Para ser buen imperial."
Lema editorial de El Aguacero, presente en el encabezado de sus ocho números, entre abril y octubre de 1823.

La Aurora, N° 1, 1823.
Que nadie lo dude
"Yo soy efectivamente el autor de éste periódico. Mé he servido del anónimo porque no me consideraba con talentos suficientes para desempeñarme con crédito en el ejercicio de escritor de un pueblo ilustrado; por lo demás, ningún otro motivo ha habido ni hay para ocultar mi nombre; bien o mal, me parece que he llenado mi compromiso con el público, y mi conciencia me asegura que no he tocado con mi pluma, ni a la vida, ni a las pasiones de ningún ciudadano. El objeto, escribiendo, fue promover la libertad y reincorporación de la Provincia Oriental, cuya esclavitud era ya un baldón para el nombre argentino. Mi doctrina, la de nacionalizar, atacando a la anarquía, y recordando a los orientales los males que sufrieron por ella, a fin de comunícarles todo el horror que la sola idea de su renovación es capaz de¡ inspirar en el corazón de un buen ciudadano: a esto es que tiene alusión el epígrafe de los primeros números de mi periódico, y del cual hacéis en vuestro artículo un juego pueril, a la vez para ridiculizarme injustamente ... mi objeto... pues, fue promover la adopción de las vías de hecho contra el usurpador de la Banda Oriental al de la República, convencido de que todo otro recurso era ya inútil, y de que el sufri más tiempo la insolencia de aquel déspota era la mayor ignominia de un pueblo libre."
Respuesta de Antonio Díaz a un articulista del diario El Nacional de Buenos Aires, que dudaba sobre su autoría del periódico El Piloto y de otros de la resistencia contra la invasión lusobrasileña al territorio oriental.

"¿Con qué empezarás plumista novicio?
Por dar un pellizco al que es de tu oficio.”
Ironizaba Antonio Díaz en El Aguacero, sobre el papel crítico del periodista en la Provincia Cisplatina. 

El Universal
Lo fundó en 1829, por diez años fue su director, desde la primera etapa como trisemanal hasta que lo transformó en un diario influyente del recién nacido Estado Oriental del Uruguay
Fue el primer medio escrito que defendió la línea política del Partido Blanco, que circuló hasta que Díaz acompañó a Manuel Oribe al exilio de Buenos Aires luego del golpe de Estado de Fructuoso Rivera, su rival colorado. Publicó 2.746 números hasta su cierre en 1838.
 
"El Universal fue un diario en serio, con todo lo que debe tener una buena prensa escrita, el primero que merece ser considerado como tal en la historia
El Universal, N° 1, 1829.
del periodismo uruguayo, por su contenido, su organización y su edición." 
 
El trabajo periodístico de Antonio Díaz fue pionero, impresionante, una proeza total realizada en  tiempos de conflicto con imprentas móviles y en tiempos de paz con una línea de pensamiento que mantuvo toda su vida. El gallego fue uno de los hombres más cultos de su tiempo, autodidacta, un gran editor. Era un republicano conservador, muy legalista, nunca fue artiguista. No tuvo más remedio que cerrar el periódico cuando se fue con Oribe, era un ferviente federal, decidido antirriverista y anticaudillos. Era blanco, pero también criticó a (Juan Antonio) Lavalleja cuando quiso darle un golpe a Rivera. Merece ser reconocido como el primer periodista uruguayo.”
Wilson González Demuro.

El Defensor de la Independencia
Americana, N° 567, 1851.
En 1844, el redactor más experimentado de su tiempo, pionero en el oficio de publicar, retomó su contacto con la prensa.
Fue uno de los responsables editoriales de El Defensor de la Independencia Americana, un bisemanario (salía cada tres días) que compartió con otros intelectuales que respondían al gobierno del Cerrito: Carlos de Villademoros, Eduardo Acevedo y Maturana, Francisco Solano Antuña, Bernardo Berro, Juan Francisco Giró, y el entonces capitán Leandro Gómez.
El Defensor fue publicado en la Imprenta Oriental del Miguelete, hasta 1851, siempre bajo el mismo lema: ¡Vivan los defensores de las leyes! ¡Mueran los salvajes unitarios!

"Lo que faltó en 1815 (etapa de la Provincia Oriental artiguista) abundó entre 1822 y 1823: periodistas."
Isidoro de María, Montevideo Antiguo. Tradiciones y Recuerdos, Tomo I, 1976. 
 
Inspirador de cultura
—El teniente general Antonio Díaz fue ministro de Defensa de los presidentes Gabriel Antonio Pereira, Bernardo Prudencio Berro y Atanasio Cruz Aguirre, en la etapa política denominada "Gobiernos de Fusión".
Entre 1863 y 1865 enfrentó al movimiento golpista del Partido Colorado liderado por el caudillo Venancio Flores, como miembro del Consejo Militar de Defensa de Montevideo.

Logo de El Defensor de la Independencia Americana, 1851.
“El gallego dictó cátedra de periodismo y dejó páginas de indudable valor histórico, pero además reflexionó con sensibilidad e inteligencia sobre temas de educación, anticipándose a la visión del reformador José Pedro Varela”, expresa Carlos Zubillaga Barrera, erudito historiador y su biógrafo. 

Escribió unas pacientes Memorias que nunca publicó, pero que su hijo y homónimo tomó como fuente para su Historia política y militar de las Repúblicas del Plata. El Eduardo Acevedo Díaz fue su nieto que heredó la vocación por la literatura, lo admiraba como “escritor y periodista de singular cultura, que hablaba y leía el inglés”.
También como “caudillo clemente” y “depositario de una misión colectiva de consolidación de la Patria”, según anotó en el diario El Siglo, seis días después de la muerte del anciano gallego, en la más absoluta pobreza, el 13 de setiembre de 1869.

Las portadas de El Sol de las Provincias Unidas, El Pampero, La Aurora, El Aguacero y El Defensor de la Independencia Americana deben ser acreditadas a la página web Publicaciones Periódicas del Uruguay (http://www.periodicas.edu.uy).


 Lecturas consultadas:
Historia política y militar de las Repúblicas del Plata, desde 1826 a 1866, Antonio Díaz (hijo), Imprenta El Siglo, 1878.
Historia y bibliografía de la prensa en Montevideo 1810—1865, Dardo Estrada, Librería Cervantes—José María Serrano Editor, 1912.

Diccionario uruguayo de biografías, José María Fernández Saldaña, Adolfo LinardiLibrería Anticuaria Americana, Montevideo, 1945.
Los gallegos en el Uruguay. Apuntes para una historia de la inmigración gallega hasta fines del siglo XIX, Carlos Zubillaga Barrera, Ediciones Banco Galicia, 1966.
Historia de la prensa en el Uruguay. Desde la Estrella del Sur a Internet, Daniel Álvarez Feretjans, Fin de Siglo—Búsqueda, 2008. 

El Sol de las Provincias Unidas: un comentario sobre el periodismo, la revolución y la difusión de ideas en Montevideo a fines de la época colonial, ensayo, Wilson González Demuro, Colonial Latin American Historical Review, Universidad de Nuevo México, Albuquerque, EEUU, 2006.
Un  gallego  en  los  orígenes  del  periodismo  independentista.  Antonio Díaz y la prensa montevideana, 18141823, ensayo, Wilson González Demuro, Anuario del Centro de Estudios Gallegos, Montevideo, 2006.
Periodismo y libertad de imprenta en vísperas de la independencia uruguaya: la coyuntura de 1822 a 1823, ensayo, Wilson González Demuro, III Jornadas de Historia de la Patagonia, Bariloche, 2008. 
Prensa periódica y circulación de ideas en la Provincia Oriental, entre el final de la dominación española y la Independencia (18141825), Wilson González Demuro, tesis  de Maestría en Ciencias Humanas opción Historia Rioplatense, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UDeLaR, Montevideo, 2013.
Mil e pico de nomes galegos do Uruguai, José Monterroso Devesa, 2009.
Galicia en Uruguay, Ignacio Naón, Armando Olveira Ramos, 2009.