martes, 8 de marzo de 2011

¡Caramba, Jébele!


Una entrevista con la actriz y locutora (1918-2008) intérprete de un personaje radiofónico que describió más de medio siglo de historias del Río de la Plata.

Jébele Sand (tercera sentada desde la
derecha) al lado de Pablo Neruda,
cuando era su secretaria. 
Los Guindos, Santiago de Chile, 1947.
(Archivo Jébele Sand)


Tuve dos parejas y muchos romances. También conviví con Enrique Rodríguez, pero no fuimos pareja”, afirmaba la feminista precoz, por influencia de su amiga Silvia Mainero, y por admiración a Blanca Luz Brum, a quien vio sólo una vez. Fue militante comunista desde su primera juventud y ferviente frenteamplista. En sus últimos años admiró a Danilo Astori, tanto, que deseaba vivir para “verlo con la banda presidencial”. Jébele Sand fue una fina humorista de la vida cotidiana: secretaria de Pablo Neruda, a quien nunca apreció, colaboradora del poeta Raúl González Tuñón, su “hermano del alma”. Fue compañera de glorias del teatro rioplatense: Paulina Singerman, Blanca Podestá, Miguel Bebán. Trabajó con Alfredo Zitarrosa, al que quiso como un hijo noble y rebelde. Su personaje Marieta Caramba, creado por el genial Peloduro, su gran amigo de la juventud, hizo historia desde la radio Ariel de Luis Batlle Berres –luego pasó por Carve y El Espectador– hasta una intensa participación diaria en la memorable CX 30 La Radio, en épocas de dictadura. “Yo no soy vieja, tengo juventud acumulada”, solía decir con una sonrisa, quien jamás dejo de seducir, en sus 90 años de vida.

Realizada con mi amigo, el periodista y escritor Guillermo Pellegrino, pocos meses antes de la muerte de la actriz, el 15 de noviembre de 2008.

¿Cómo recuerdas tu infancia?
Mi padre, que se llamaba Benjamín, fue el menor de su familia, vendió pieles en Bahía Blanca, un oficio que tenía mucho que ver con su origen ucraniano. Era un judío muy especial, nada religioso, de pensamiento muy abierto, mucho más que mi madre; y muy malo para los negocios. En Bahía Blanca había recibido apoyo de gente de su pueblo, parientes y otras familias amigas pero su situación económica era casi tan mala como en Ucrania; claro que sin guerra. Entonces decidió irse para Buenos Aires, donde había más paisanos y un Instituto del Pueblo que colaboraba con la diáspora. Lo intentó con las pieles, le fue mal otra vez. Probó suerte en otros trabajos, pero no se adaptó a una ciudad tan grande y tampoco le fue bien. Cuando unos amigos le propusieron viajar a Rocha no lo dudó. Yo tenía dos o tres años, así que fue por 1920. Bastante tiempo después, cuando ya estábamos en Montevideo, vinieron los padres de mi mamá; pero a mis abuelos paternos no los conocí.

¿Tal vez sentían que eso tenía poco que ver con ustedes? ¿Era un mundo ajeno?
No sé. Simplemente no les preguntábamos. Muchos de sus recuerdos de Europa quedaron como adormecidos; no era para menos, allá habían asesinado a muchos de sus hermanos y familiares. Hechos muy dolorosos, que mi madre después revivió cuando vinieron mis abuelos, a quienes mandó llamar. Hay una historia que conocí de más grande, que siempre me conmovió: una hermana de mi mamá que no pudo venir para América, murió en un campo de concentración polaco. A otra tía le pasó que el esposo murió en el barco que los llevaba a Palestina –adonde se iban a radicar– porque lo tiraron al mar. Fue así que al poco tiempo mi madre le propuso que viniese. Aquí, años después, se casó con un señor Stern, que era ebanista. Pero en mi familia no se hacía un culto de las historias judías. Recuerdo sí, las canciones que cantaba mi madre, y que volví a escuchar al tiempo, cuando ya radicados en Montevideo se integró a un grupo de teatro judío. Yo también trabajé allí. Recuerdo algunas comidas típicas de mi abuela, que tampoco eran judías. Ella me enseñó a cocinar borscht, una sopa rusa de remolacha; que me sale riquísima.

Tus abuelos llegaron sin hablar una palabra de español. ¡Habrá sido muy difícil!
Mi abuelo, ¡pobrecito!, no tuvo mucho tiempo de aprender; murió pronto. Mi abuela lo aprendió años después de estar aquí, pero hablaba mal. Cuando yo era mayorcita, ella leía novelas rusas en español, no sé, quizá para evocar su tierra, aunque tenía muy malos recuerdos de los rusos. Con ella leí por primera vez La guerra y la paz, de León Tolstoi. La leímos juntas porque yo recién empezaba a tomar contacto con la literatura y ella tenía sus dificultades de comprensión pero conocía mucho de lo escrito en ese gran libro. Eso sí, siempre había un Talmud en su mesa de luz. Tenía ejemplares en varias lenguas: yiddish, ruso, polaco, español. Pero nosotras no lo leíamos, a veces sí, nos sentábamos a escucharla leer.

Tu madre hizo teatro. ¿Tu vocación por las artes viene de ella?
El amor por el teatro, sin duda, viene de mi madre. A ella también le gustaba la ópera, la lectura, el cine. En la época de Rocha era solo lectura y disfrutar de la llegada de compañías teatrales. En Montevideo también íbamos al cine y al Solís, para ver todas las óperas que llegaban con grandes intérpretes internacionales. Ella me llevaba a ver las películas de estreno y también las funciones de barrio. Tengo muy presente al actor uruguayo Santiago Arrieta, en La muchachada de a bordo, Los muchachos de antes no usaban gomina, Una porteña optimista. Lo recuerdo porque fue famoso en Buenos Aires, algo con lo que yo siempre soñé, y porque lo conocí con ocho años cuando su compañía iba de gira por Rocha. Me pasaba el día en los ensayos de sus obras, observaba los entretelones, siempre acompañando a mi padre que era el escenógrafo porque le prestaba los muebles. Con el ejemplo de mi madre y lo que me divertía en aquellas funciones, no podía ser otra cosa que actriz. Solo quise ser actriz. Cuando vinimos a Montevideo fui a ver al director Manuel Domínguez Santamaría, fundador del Teatro del Pueblo, que me dio un papelito en una obra llamada Trópico. Fue él quien me aconsejó que estudiara teatro, porque tenía condiciones. Le hice caso y me fui a Buenos Aires. Me fui por el teatro y pero también por quien fue mi marido y el único amor de mi vida: Tino Jorge.

Siempre dijiste que tu amiga Silvia Mainero te enseñó muchas cosas del amor, del sexo. Hablanos más sobre eso.
La conocí cuando era una chiquilina de dieciséis años y ella tenía diez años más. Silvia fue mi gran amiga, la que me abrió la cabeza a nuevas ideas, a nuevas sensibilidades. Tuvimos unas aventuras divinas. Le debo mucho. Ella era feminista, creía sinceramente en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Siempre me decía que la mujer debe disfrutar del sexo tan libremente como el hombre, porque el disfrute del sexo es una expresión del amor y de la libertad. Me contaba detalles de cómo había que hacerlo; me explicaba cómo se perdía la virginidad. Era de tener amores, y tuvo una vida interesante: conoció a Gardel, fue novia del poeta Raúl González Tuñón. ¡Pobrecita!, la metieron en un manicomio cuando volvió de Buenos Aires. Pero el que estaba loco era el padre, que dijo que debía estar allí por desnaturalizada y comunista peligrosa. Para salir tuvo que casarse con un compañero que le buscaron en el Partido. Después se divorció, claro, fue sólo para que saliera de la tutela del padre y sobre todo del manicomio. Silvia fue una intelectual, una pensadora, que escribía como los dioses. Ella me llevó al famoso Grupo Avanzar del Batllismo, de Julio César Grauert, donde también conocí a Luis Hierro Gambardella, que era un tipo estupendo. Grauert se enamoró de mí.

Pero, mucho mayor...
Muchísimo, porque lo conocí cuando yo estaba en primero de liceo. Fue en una huelga estudiantil; para que no perdiéramos el año íbamos al Centro Ariel de la avenida 18 de Julio. Nos daban clases estudiantes de las facultades, especialmente para los huelguistas. Grauert fue mi profesor ahí, y se me enamoró. Fue el primer hombre que me dio un beso, pero nunca lo amé. Me gustaba, me metejoneé, pero una cosa es enamorarse y otra es amar. Un día lo vi desde la ventana, cuando vivía en Colonia y Beisso, enfrente a una mutualista. Lo vi bajar de un auto, llevado por Fernández Faingold y otros más; casi arrastrado. Y me dije: pensar que yo a ese hombre lo vi joven, poderoso, espléndido. Grauert era una buena persona. Tengo mucho afecto por las personas cuya primera virtud es ser buena gente, y no ser inteligente, talentoso, o culto. Para mí, decir tal tipo es una buena persona es importantísimo. Eso me lo enseñó mi marido. Él siempre me decía: “cuando tengamos un hijo, lo fundamental es que sea buena persona.” Y la verdad es que yo creo mucho en eso.

¿Cómo era Raúl González Tuñón?
¡Uf! Tengo tantos recuerdos. Lo conocí porque era novio de mi íntima amiga Silvia Mainero, cuando estuvo exiliado aquí. Tiempo después, cuando me fui a Buenos Aires supe que era íntimo amigo de quien fue mi marido. Nuestra relación siempre fue de amistad, muy parecida a una película. Lo seguí frecuentando por varios años. Era encantador, sensible, bohemio y muy despistado. Además era macaneador: me acuerdo una vuelta que yo estaba enferma en Buenos Aires –cuando ya estaba en pareja con quien iba a ser mi marido- y me dijo: “Te mandé todos los días un ramo de rosas blancas, ¿no las recibiste?” ¡Nunca me había mandado nada!, era de decirte ese tipo de cosas. Cuando nos fuimos a Chile él se fue con nosotros, a buscar baños de sol, porque tenía tuberculosis. Primero vivió en nuestra casa y después se fue con Blanca Maxface; ahí empezó su entredicho con Neruda, porque ella había sido amante de Neruda y después lo fue sobre Raúl. Competían mucho entre ellos. Neruda escribió España en el corazón y Raúl por ese tiempo hizo La rosa blindada, ambas obras sobre el drama de la Guerra Civil Para mí era mejor González Tuñón. Raúl fue una parte muy grande de mi vida. Cuando mi hijo Alejandro era chiquito, vivíamos en el barrio Belgrano. Raúl se quedaba a dormir, porque vivía en Castelar con sus hermanas. Una zona bastante alejada de Buenos Aires. Nunca tenía un peso en el bolsillo. Lo único que llevaba encima era un cepillo una pasta y un jabón. Como no tenia donde dormir viajaba en los trenes, de La Plata a Buenos Aires. Un día le dije: “venite a dormir a casa”. Estuvo un tiempo viviendo con nosotros. Tino lo protegía, era su amigo del alma. Me acuerdo que vivíamos cerca de la estación Belgrano de ferrocarriles. Raúl venía a buscar a mi hijo chiquito para llevarlo a ver los trenes. Yo le decía que a upa no, porque caminaba. Pero lo llevaba y lo traía a upa, o en sus hombros; y lo bajaba poco antes de llegar a mi casa. Yo veía por la ventana, que en la esquina lo bajaba. ¿Y qué iba a hacer, enojarme? ¡Si era encantador!

Hace un rato decías que muchos de tu generación se educaron en la calle, que era otra calle distinta a la de hoy. ¿Cómo fueron los inicios de tu militancia política?
¡Ojo!, que cuando dije calle no quise decir boliche ni nada de eso. Quise decir: teatro, estudiantes en huelga. De muy joven me afilié a la Juventud Comunista, donde mi amiga Silvia Mainero trabajaba en las finanzas. Los comunistas creían que las mujeres teníamos una alcancía en la barriga, porque siempre nos ponían en finanzas, en vez de ponernos a trabajar en otras cosas. Eran muy sectarios, pero creo que eso es algo que en la izquierda no se da hoy en día. Yo en alguna ocasión la ayudé a Silvia en alguna tarea. Tengo una anécdota con ella, de cuando fuimos al hotel Cervantes a venderle rifas a Blanca Luz Brum, la mujer de David Alfaro Siqueiros. Recuerdo lo bonita que era Blanca, tenía un físico divino y se vestía muy elegante; además era una mujer brillante. Decían que era una aventurera, en el mal sentido de la palabra; que fue amor de Natalio Botana, el famoso director del diario Crítica, que era uruguayo. Botana tenía en su quinta un mural de Blanca, desnuda, pintado por Siqueiros. También se decía que tuvo amores con Perón, cosa que yo no creo. Cuando fuimos a venderle la rifa, ella se estaba probando una blusa de seda preciosa y yo, que era bastante metida para la edad, le dije: “Qué raro que una comunista como usted tenga esta ropa de seda tan cara, tan fina.” Ella, sin perder tiempo, me contestó: “Es que los comunistas luchamos para que todas las mujeres puedan acceder a estas blusas de seda, o para que puedan acceder a perfumes.” Con el tiempo me dije: ¡qué pregunta tonta la mía! Tenía 16 ó 17 años. Me hice comunista por seguir a mi hermana mayor. A ella le gustaba Héctor Agosti, aquel dirigente del Partido Comunista de la Argentina, que introdujo a Gramsci en América latina. Mi hermana salió con él cuando estuvo exiliado en Montevideo, pero no la dejaban ir sola. Así que yo la acompañaba. Ella salía con Agosti y yo con Arismendi, que era un aburrido. Cuando fui a Buenos Aires conocí a mi marido que también era comunista. Esa es otra historia preciosa de mi vida, porque me enamoré antes de conocerlo. Fue por un comunista venezolano, Ricardo Martínez, que también vino como exiliado y para organizar actos contra el nazismo. Yo era una chiquilina de 16 años, que siempre andaba al lado de Silvia; a ella el Partido le pidió que le consiguiera casa al venezolano, que lo ayudáramos, que lo acompañáramos. Ricardo vivía diciéndome que tenía un gran amigo en Buenos Aires, que se parecía mucho a mí, por los ojos grandes. Así comenzó mi historia con Tino Jorge, que era un comunista de los de antes, un poco sectario. Me acuerdo de las reuniones de la Juventud Comunista Argentina: se leía un documento, se hablaba, pero se resolvía lo que venía desde arriba. En ese momento se decía que la guerra mundial estaba bien, porque creaba un sentimiento anti guerrero. ¿Te das cuenta del disparate? Para mí fue una decepción; seguí siendo comunista pero dejé de militar. Siempre me gustó la posición de Neruda, a quien no quise, pero que no tenía a Marx en la biblioteca porque los poetas sacan el comunismo del aire. Me encanta esa frase. Y conocí a Enrique Rodríguez, que era un hombre muy sensible; pero poco más que valiera la pena recordar. Después me acerqué a Asamblea Uruguay, porque admiro a Danilo Astori. A quien le deseo que sea presidente, y que yo lo vea.

¿Qué pudiste ver en tu primer viaje a Buenos Aires?
Muy poco: calles, gente... mucha gente, pero me enamoré de Buenos Aires. Hasta hoy estoy enamorada de ella. Fue la ciudad en la que he sido más feliz. Viví allí casi veinte años. Después de esa primera vez, yo estaba loca por volver a Buenos Aires y estudiar teatro. Recuerdo más el segundo, a los 16 o 17 años. Fue cuando el venezolano me dijo que fuera a ver a su amigo Faustino Jorge, yo que soy imaginativa todavía a los 90, me enamoré sin conocerlo. Recuerdo que tenía una amiga que me dio donde vivir. Para ir a verlo por primera vez me hice un traje con una modista. Me habían dicho que Faustino era muy "pituco", un aristócrata comunista, una mezcla de las que por entonces no abundaba. Estaba casado. Me acuerdo que por primera vez me compré un sombrero holandés, muy fino, con un velito. Yo entonces era una "muchachita" tipo Marcha. Nos decían "sobaco ilustrado", todos con Marcha debajo del brazo, todo el día. Siempre estuve en ese ámbito intelectual de izquierda. Tino tenía el escritorio en la calle Tucumán y Florida, y allá fui a conocerlo con el trajecito. Cuando me miré en el espejo del ascensor, me vi el sombrero y me lo saqué, porque me sentí ridícula. Me hicieron pasar a una sala de espera. Me senté, hasta que me llamó una secretaria que me hizo pasar a la oficina del famoso Tino Jorge. Cuando lo vi, no supe qué decir. Me miró. Sacó una fotografía de un cajón y me dijo: “Usted es Jébele”. Se la había dado Ricardo, que le había hablado de mí. Le dije que quería conseguir un empleo, porque sin empleo en Buenos Aires no se podía vivir. Me miró a los ojos, y ahí me enamoré. Me dijo que me iba a ayudar, y me pidió unos días. Me volví a Montevideo locamente enamorada. Me escribió y me dijo que era muy difícil conseguir un empleo no estando en la ciudad. No sé cómo hice para convencer a mis padres, en especial a mi madre, porque mi padre era muy abierto. Y me fui a vivir a Buenos Aires con 17 años. Cuando lo fui a ver de nuevo, me dijo que no me conseguía empleo en otro lado, porque necesitaba una secretaria. Era nueve años mayor. Un hombre fascinante, el más culto que conocí en mi vida; y eso que conocí gente culta en el mundo. Abogado, periodista, editorialista del periódico del Partido Comunista, era hijo de Enrique Jorge un abogado que fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Empecé a trabajar con él. Íbamos todas las tardes a tomar el té, me llevaba a la casa de mi amiga, y comenzó a besarme. Y una tarde me dijo: ¡Vamos a San Pedro! Una ciudad de la provincia de Buenos Aires. Y allá nos fuimos de luna de miel. Y de ahí para adelante. Se separó, dejó a la esposa por mí. Era muy mujeriego, pero de mi se enamoró. En ese tiempo no había divorcio en la Argentina. Nos casamos primero por México, y luego cuando hubo divorcio nos casamos legalmente.

Pocos años después viajaste a Chile.
Nos fuimos en 1945, porque Tino estaba en la lista de gente a encarcelar con cualquier pretexto, porque era defensor de presos políticos. Era muy amigo de Pablo Neruda, que lo invitó a exiliarse allí. Yo fui secretaria de Neruda, pero tuve que dejarlo porque era un tipo muy arbitrario, un gran poeta, pero muy agresivo con las mujeres: las seducía por las buenas o por las malas. Era muy amigo de sus amigos, pero muy machista, yo no lo quería. Me mandaba el auto a las dos de la mañana para que le pasara a máquina un escrito político cuando estaba en el Senado o un poema, que escribía con tinta verde, no sé si para hacerse ver o por que le gustaba. Era muy vanidoso. Un gran poeta, pero no se destacó mucho como político, pero claro era Neruda. La gente lo tocaba por la calle. Toda persona importante iba a su casa. Allí había toda clase de intelectuales; recuerdo los sábados de noche. Era comunista, pero no sabía nada de comunismo, aunque se sentía comunista. Tenía una biblioteca fabulosa. Un día un exiliado comunista argentino la miró admirado, pero le dijo. “Don Pablo, acá no veo ningún libro marxista. Y él respondió muy convencido: “Es que nosotros los poeta extraemos el marxismo del aire.” Tenía libros de viajes, novelas, cultura, pero poco y nada de política. Era un tipo muy especial, muy interesante, pero no nos llevamos bien. Fue muy generoso con nosotros, pero no podía con el genio, era muy mujeriego. Pero conmigo no tuvo suerte. En la casa había una mesa larga y angosta, siempre llena de gente que invitaba a comer. En un almuerzo se me sentó a su lado y me puso la mano sobre la pierna. Le agarré la mano y se la puse sobre la mesa para que todo el mundo se diera cuenta de que no quería nada con él. Un día llegó Rafael Alberti, desde Buenos Aires. Me llama y me presenta como la única argentina arisca que había conocido. Es cierto, yo soy argentina, estaba casada con un argentino y estaba allí exiliada desde Buenos Aires. Pero yo me sentía uruguaya; soy más uruguaya que otra cosa. Me acuerdo que me quedé callada, pero lo miré como para mandarlo a la mierda. Alberti se río con mucha discreción. Alberti era encantador, un caballero. Era muy dulce, así como es Benedetti. Lo conocía de Buenos Aires, con su esposa María Teresa León, que era otro amor de persona. Ese es un lindo caso del hombre que supo darle su lugar a la mujer. Era una pareja de iguales. Ella era muy buena escritora y una intelectual brillante, de palabras profundas, de mucha clase. Era una dama. Alberti vivió casi hasta los cien años y después que Teresa cayó con Alzheimer, él se casó con una jovencita. ¡Algo de hombre tenía que tener! Alberti siempre me decía que la policía franquista se equivocó al asesinar a García Lorca, porque al que iban a ejecutar por comunista era a él.

Sorprende el mal recuerdo que tienes de Neruda.
Era muy especial. Primero se casó con una chilena, Maruca Hagenaar, luego con la pintora argentina Delia del Carril, a la que le llamaba Mi Hormiguita. Ella tenía 50 y él 30, pero era tan linda y tan atractiva, que la edad no se notaba. Al contrario en algunas fotos ella aparecía tan simpática y él tan amargado. Estuvieron casados veinte años. Conocí mucho a Delia en ese exilio, aprendí a quererla y a respetarla, porque era encantadora. Primero fue mi marido a Chile, después yo, vendiendo la casa de Buenos Aires y las cosas. Me acuerdo que llegué a la estación de trenes de Santiago y allá estaba mi marido, Neruda y una legión de amigos. Neruda nunca andaba solo, siempre con un montón de amigos atrás. Llegue justo el día del cumpleaños de Delia, y de la estación fui a la casa porque había una fiesta. Yo era jovencita, mi hijo no era ni nacido y tiene 58 años. En esa fiesta se cayó un jarrón. La que le manejaba la casa era la hermana, porque Neruda vivía en la luna. Invitaba a gente a almorzar, se olvidaba y aparecía a las tres de la tarde, hacia esas cosas. Se cayó el florero, se desparramó el agua y Neruda me dice con aquella vocecita nasal: “Jébele anda a buscar un trapo para limpiar el piso." Lo miré fijo y le respondí: “¿por qué no manda a su mujer o a su hermana?" Así empezó mi relación con Neruda.

¿Estuviste en Isla Negra?
Allí me pasé una semana, sola, luego de operarme de un fibroma. Cuando yo estuve era más pobre, como en la película El Cartero. Conocí a la almacenera, la madre del cartero, que me hacía la comidas. Me pasé sola de lunes a viernes. Sólo me visitaba una mujer india que iba a vender bolsas y ponchos. Sucia, ¡pobrecita! Siempre andaba con unos perros. Le di ropa, le di comida. No quería entra a la casa, porque así son en el sur chileno. Dormía en el zaguán, porque tampoco quise que durmiera a la intemperie. La mandé bañarse al mar, le di ropa, comía conmigo. Se quedó hasta el viernes, cuando la despedí porque venía la gente. Y ella me respondió una frase que jamás olvidé: “Yo siempre tengo un viernes en mi vida.” Estuve cuatro años en Chile, pero solo uno fui secretaria de Neruda, porque no lo bancaba; después íbamos siempre a verlo. Neruda vivía en Los Guindos, un lugar como Carrasco, ¡no, mejor que Carrasco! Allí se armó un teatro de piedra, yo estrené una traducción del francés, que hizo mi marido de La prostituta respetuosa (en realidad es La puta respetuosa) de Sartre. La hice a beneficio del Partido Comunista, en un escenario sin telón, en un jardín enorme de la avenida Linch Nº 124. En 1947 lo hice también en el Teatro Municipal, pero la iglesia protestó y nos echaron, después alquilamos el Teatro Luz que era comercial. Iba mucha gente, se llenaba. En Santiago trabajé en radio, en teatro. Hice radioteatros y adaptaciones de autores modernos, con un elenco del Teatro de la Universidad de Chile. También hacía un personaje muy divertido, que no era Marieta Caramba, pero que se parecía. Se llamaba Madame Serafín, una vieja francesa que adivinada la suerte, los horóscopos. Hablaba todo así, con la “erre” arrastrada. En 1949 volvimos a Buenos Aires, aunque todavía estaba Perón, pero había aflojado la persecución de militantes de izquierda. Ese año nació mi hijo. El periodista e historiador Rodolfo José Puigross, íntimo amigo de mi marido, cuando nació nuestro Alejandro, que era natural, lo hizo aparecer como legal. No sé como hizo. En Buenos Aires, primero no hice, nada. Mejor dicho, fui madre y ama de casa, con aquella idea tan injusta de que la mujer que trabaja en su casa no hace nada. Luego trabajé en la radio Belgrano, que era divina. Trabajé con la familia Serrador, con Esteban y Pepita Serrador, con Narciso Ibáñez Serrador, el hijo de ella que después se fue a España, con Narciso Ibáñez Menta, con Alberto Closas. Cuando vino la televisión se apagó el radioteatro, pero como es tan mala la tela, el radioteatro ahora vuelve a revivir. Me acuerdo con mucho cariño, la llegada a China Zorrilla a Buenos Aires. La quiero mucho, somos muy amigas. Don José Luis, el padre de China, escuchaba Marieta Caramba. Un día me mandó una cartita para invitarme a almorzar. Así conocí a la madre de China, otro amor de persona. En la casa de los Zorrilla, en la rambla, se juntaba la gente en la puerta y China bajaba a darles comida. Fue antes de irse a Buenos Aires, cuando trabajaba en la Comedia Nacional. Hay una frase famosa de la madre de China, cuando se estaba muriendo: “¡Qué suerte, me estoy muriendo, me voy a sacar la curiosidad!”

¿Cómo pasaste en la Argentina de peronista? ¿Marieta habló de Perón?
Mucho más de Eva que de Perón. Ella es la que se merece quedar en la historia. Tengo un libro precioso de una querida amiga Alicia Dujovne de Ortiz, corresponsal de La Nación en París: Eva Perón, la biografía. Me lo leí todo, con una lupa electrónica. No hay palabras para contar lo que era Evita. ¡Era preciosa! Todos se enamoraban de ella, claro, menos Perón. Estoy de acuerdo con el libro cuando dice que Evita quiso más a Perón, que Perón a Evita. Pero más valía tenerla de amiga que de enemiga. Cuando yo trabajaba en el teatro independiente, cuando volví de Chile, acompañé a una delegación de actores que se entrevistó con ella. Atendía en el Concejo Deliberante; me acuerdo que la esperamos doce o quince horas, pero no porque se hiciera rogar. Trabajaba todo el día. Antes de esa reunión pude ver, a través de una cortina, que al lado del escritorio había una camita, un bañito. Allí se quedaba para abrir la oficina a las siete de la mañana. Tenía leucemia, pero se mató trabajando. El reloj de Retiro se paró durante años a las 8.25, a la hora que murió Eva, un 26 de julio de 1952. Hay una parte muy divertida de mi vida, que es mi etapa en Bolivia. Me fui para allá en un tiempo que no encontraba trabajo en Montevideo. Fui fundadora del radioteatro boliviano en radio Illimani. Había buenos actores, pero todos estaban muy en pañales. Casi me quedo en Bolivia, cuando estaba de presidente Hernán Siles Suazo, que era un hombre bueno. Pero vino el golpe de Estado y con los militares en el poder se terminó todo proyecto de cultura.

Peloduro fue el creador de Marieta Caramba. ¿Cómo surgió ese personaje tan tuyo?
Cuando volví de Buenos Aires, tras haber pasado varios años con Tino, fui a buscar trabajo a las radios. Entonces lo que hice fue ir a ver a Peloduro y le dije: ¿Pelo, por qué no me hacés un personaje para ver si lo puedo vender? Todavía no era común que se hiciesen unipersonales, creo que aquí fui de las primeras en radio, porque también lo hice en teatro. A Peloduro lo conocía de jovencita. Cuando iba al IAVA pasaba por una casa con un balcón semiabierto, debería ser verano. Adentro había cuatro o cinco "muchachones" estudiando. Yo pasaba y me saludaban: ¡Adiós! Y yo respondía: ¡Adiós! Años después, en un baile a beneficio del bando republicano de la Guerra Civil Española, se me acerca un muchacho y me recuerda como la chica que miraban por el balcón. “¡Tú eras la muchacha que me decía Adiós!”, me dijo. Peloduro era blanco independiente, muy amigo de Quijano, que era un buen mozo de aquellos, una inteligencia excepcional, pero también un tipo muy especial. Era muy amigo mío. Cuando venía de Buenos Aires iba a visitarlo a la casa, cuando estaba casado con Alba Turcatti. Fuimos tan amigos, que cuando murió una mano la tenía su esposa, Marta Burgos, y la otra yo.

¿Quién es Marieta Caramba?
Una mujer de pueblo concientizada por el marido que le decía Calandraca, y por los hijos que le hicieron conocer un nuevo mundo con ideas de izquierda. Lamento haber sido tan desordena, porque ni siquiera guardé los libretos de Peloduro, que eran divinos.

Pero, están grabados...
No sé. Los puede tener El Espectador o radio Ariel, la de Luis Batlle, aunque no creo que quede algo. Me acuerdo que estaba haciendo las primeras Marietas en Ariel, y Luis Batlle tenía el escritorio arriba, en la misma calle Olimar donde todavía está la radio. Salía al mediodía. La muy audaz se metía con Luis Batlle, con Haedo, siempre con libretos de Peloduro. Luis Batlle que era muy amigo de Peloduro, cuando lo criticaba mucho bajaba y me decía: “¡Marieeeeta!” y se reía. Lo hice sesenta años. Fue de los primeros unipersonales de ese tipo que hubo en la radio. Pasaba del radioteatro al unipersonal. Era yo sola que hablaba por teléfono con amigas imaginarias. Una señora que al principio fue joven y que después fue creciendo. Cuando murió Peloduro, en 1965, seguí haciendo yo los libretos, hasta hace 15 años. Al final no libretaba, leía los diarios e improvisaba. Yo hice otras cosas: La melodía de los recuerdos, que llevaba a actores. Lo hice en Carve y en El Espectador con Zitarrosa. También tuve un espacio que se llamó: Yo viajo en ómnibus ¿y usted? Hice de todo, pero la gente se acuerda de Marieta Caramba. Creo que fue por la 30, porque durante la dictadura era la radio más escuchada del país y porque fue el personaje que hice por más tiempo. Me acuerdo que en un programa hablando con una amiga inventada, que tenía un hijo preso político. La animaba diciéndole que pronto iban a comer ravioles todos juntos. Entonces llama un comisario de la dictadura, de aquellos que censuraban a las radios y a la parte artística, y le dice a Germán Araujo: “Dígale a esa señora que se deje de decir esas cosas, que le vamos a cortar el moño.”

¿Usabas moño?
No, nunca, pero imaginate la metáfora.

Miguel Bebán, Paulina Singerman
"Nunca estudié teatro. Me fui a Buenos Aires para formarme, pero comencé a trabajar enseguida en el teatro independiente. Estuve en el Centro de Arte Moderno, en la calle Florida al final, cerca de la Plaza San Martín. También hice teatro comercial con Miguel Bebán, el padre de Rodolfo: el tipo más buen mozo que vi en mi vida. Me acuerdo que fui a verlo con Paula Sofovich, una amiga de mi marido, porque necesitaba una actriz para Judith, la obra del alemán Friedrich Hebbelen. Cuando vi venir caminando, le dije a Paula: "con este pedazo de tipo me voy a acostar." Lo decidí yo. Miguel Bebán era muy buen actor, pero también muy vanidoso. Tuve un pequeño romance con él, pequeño en su duración, pero muy apasionado. Son esos gustos que me di en la vida, tener a un hombre que deseaban todas las argentinas. Hicimos Judith en el teatro Politeama de la calle Corrientes. Al principio, como nos entendíamos me dio el papel de Judith, que era precioso. Pero apareció Inda Ledesma, que era una excelente actriz, y muy buena persona, que estaba casada con un empresario muy rico que financió la obra. Me sacaron el Judith y se lo dieron a ella, pero yo no me enojé. Me dieron el papel de Mirtha, la doncella de Judith y lo disfruté mucho. Además tuve unas críticas preciosas. También trabajé con Paulina Singerman; fue mi debut en el teatro comercial de Buenos Aires, que era la meca. Por entonces me llevaba el mundo por delante. Me hice muy amiga de gran actriz, Juana Sujo, que en realidad se llamaba Sujovolski, que fundó la Comedia Nacional de Caracas, y allá murió. Con Paulina hice un papelitos muy chicos. Trabajé en dos obras. Una basada en una película de Verónica Lake, aquella actriz rubia, que tenía un pelo lacio que le caía sobre un ojo. Era una adaptación de una película muy exitosa: Me casé con un ángel. Trata de un ángel que baja del cielo, que hace una fiesta, y en la fiesta se enamora. Para el estreno me hice un vestido negro, ancho, con manga larga, con una franca blanca, de vampiresa. Quedaba distinta a todas, que estaban de vestidos blancos de lentejuelas. Era la más linda del grupo. Paulina me vio, se enojó y me obligó a cambiar el vestido. Paulina era muy buena fuera del escenario, muy simpática, pero actuando era muy dominante."

Cine
"Hice un papelito muy chiquito en una película basada en Juvenilia, de Miguel Cané. No sé con quién aparezco en un balcón. Fue realizada en 1945, por un director que tuvo su cuarto de hora, Augusto César Vatteone. Era una película de las que se llamaban estudiantinas, protagonizada por Delia Garcés y Enrique Álvarez Diosdado. Lo más interesante hoy es recordar a algunos actores de reparto, que fueron muy buenos compañeros: Marcos Zucker, un muy joven Juan Carlos Altavista, Gogó Andreu."

Blanca Podestá
"Con ella tuve mi primer papel, con ella, me sentí realmente actriz por primera vez. Fue en una obra protestante que después la iglesia católica prohibió, en la que aparece Jesús con su familia: José, María y sus hermanos. Yo hacía de una de las hermanas de Jesús. Blanca Podestá es una leyenda del teatro argentino y latinoamericano, algo que tiene muy bien ganado; pero vivía equivocándose. Con ella hice Madame Curie, sobre un libro de la hija, Eva Curie. Blanca, por supuesto, era la protagonista. En una escena venía caminando con un ramo de flores, luego que estalló la guerra, y las alumnas le decían: ‘Señora, señora, ha llegado la guerra.’ Y ella debía responder: ‘Sí, ha llegado una inundación de sangre y dolor al mundo’. Pero Blanca, que era una divina persona, de mucho carácter, no podía decir la palabra inundación. Entonces decía: ‘Sí, ha llegado una dación de sangre y dolor al mundo’. Las alumnas teníamos que hacer muecas para no reírnos, porque Blanca se equivocaba en casi todas las palabras. Es que los Podestá venían del circo. Ella hablaba mal: no podía decir estatua, decía 'estuatua'. Pero nadie le quita que fue pionera y una excelente actriz, muy dotada naturalmente. Y muy buena persona. La conocí siendo yo una chiquilina."

Zitarrosa
"Lo conocí desde chico, cuando era locutor de El Espectador. Para Alfredo yo era el reposo del guerrero: me contaba sus amores, sus dolores, sus sueños. Nunca hubo atracción entre nosotros, siempre fuimos amigos. Era bastante menor que yo. ¡Ay, los cuentos de Zitarrosa! Cuando la radio estaba en 18 de Julio, me acuerdo lo que decía Héctor Amengual, el famoso informativista del Reporter Esso: 'este muchacho siempre llega tarde'. Alfredo tenía un ángel especial y aquella voz divina; se le perdonaba todo. Nunca lo vi reírse, nunca. Tuvo una infancia muy triste, conoció a la madre en un tren, se la quiso cargar y supo que era la madre. Siempre andaba desprolijo, en tiempos en que la radio se hacía de saco y corbata; no como ahora que van de cualquier manera. Un día Amengual le dijo que no podía andar así. Entonces, al otro día se fue de camisa, corbata y calzoncillo. No era un chiste, ni se reía. Yo me asusté, porque pensé que lo echaban, pero no, era tan auténtico y tenía tanta personalidad, que le perdonaban cosas que a otros no le hubiesen perdonado. Pasaba a buscar a mi hijo para llevarlo al fútbol. Era muy amigo, muy generoso, pero también era depresivo y tenía un carácter imbancable. No cantaba en la radio, pero iba a mi casa a cantar. Siempre decía que no cantaba bien. Pero era una maravilla. No sabía música, no escribía música, pero, era puro talento. Tenía un grupo divino de guitarristas. Después se fue a la Argentina, a España a México. En todos lados fue admirado."

Enrique
"Tuve dos parejas y muchos romances (según el investigador argentino Franco Lindner, uno de ellos fue el escritor John William Cooke, influyente intelectual de la izquierda peronista). También conviví con Enrique Rodríguez, pero no fuimos pareja. Compartimos un apartamento, cada uno en su cuarto, con una empleada que nos atendía. Lo conocí mucho. Todos creían que era mi marido, pero no lo era. Enrique fue un hombre bueno, buenísimo. Creo que estaba enamorado de mí, pero yo no de él. Era mucho mayor, y yo ya era grande. Lo conocí en CX 30, pero él decía que me había conocido en la juventud comunista, cuando yo tenía quince años, pero no lo recordaba."

La soledad
"Yo tengo una gran decepción con la amistad, porque siempre creí que era más que el amor, porque el amor trae el desamor. Pero, desde que tengo que vivir en estas casas, porque no puedo vivir sola y tampoco puedo tener cuatro empelados, fui abandonada por las amigas que se pasaban en mi casa, tomando café, whisky, refresco. Una amiga iba a tomar mate a las 7, porque estaba sola, pero ahora nadie viene a verme a la casa de salud."
Jébele Sand murió en una residencia de ancianos del Buceo norte.

Neruda y Tuñón
"Neruda era Neruda, pero González Tuñón fue lo máximo. Ellos competían mucho. Por las mujeres, por la literatura. Para mí La rosa blindada, de Raúl, es mucho mejor que España en el corazón, de Neruda. Los dos tienen la misma temática, España, pero uno es más profundo y poderoso que el otro."

Blues de las Adolescentes
"A la hora en que yacen entornadas las ventanas de los chalets
a la hora blanca
a la hora dorada
a la dulce hora en que parten los veleros hacia las islas,
las adolescentes salen del agua clara
las adolescentes se tiran en la arena
las adolescentes tienen la voz húmeda
las adolescentes escuchan el cálido blues de los mediodías
las adolescentes maduran sus senos
mientras las flores llenan todo de un rural aroma
mientras las cigarras, ah, las cigarras cantan en lo alto de las palmeras
Jébele tiene quince años y ha ido a la playa
ha ido a una reunión de estudiantes
ha subido conmigo a un ómnibus
ha estado ojeando libros y estampas
ha brotado de pronto del día su hermoso cuerpo de islas y de trópicos.
Hace tiempo, no mucho, que yo no sé nada de ella.
Pero no puedo ver aire y plantas y agua y sol
ni oír blues o graciosos vientos que mueven las veletas sin acordarme de Jébele.
Su nombre bíblico me habla de frescos hules sobre las pequeñas mesas
de grava perfumada en las plazas abiertas cerca de los ríos,
a la hora en que vienen del fondo de los mediodías
las voces misteriosas de la tierra.
y ya es imposible no desear la adolescencia,
su gloria liviana y áspera,
su ácido olor a fruta mojada.
Jébele tiene quince años y ha venido a la playa.
Yo veo cómo la acarician los elementos
y estoy lleno de tierra y agua y fuego
y pienso en algún mapa que he visto, en donde ni mencionan
el nombre de las islas perdidas.
A la hora en que esas islas salen a la superficie
Jébele las recorre como una joven pantera,
está alerta y respira con todo su cuerpo
y ha ido a una reunión de estudiantes
y ha viajado en ómnibus conmigo
mientras desde el fondo de los mediodías
subía un rumor lejano de ocultos archipiélagos."
Poema de Raúl González Tuñón, del libro Todos bailan, Editorial Libros de Tierra Firme (Buenos Aires, 1987).

viernes, 14 de enero de 2011

Paso Centurión-Sierra de los Ríos

Las huellas de Gondwana

Vista del Yaguarón desde el mirador
de Sierra de los Ríos.

(SNAP)
Es un paisaje único, secreto, inaccesible, que evoca a un planeta sin océanos, sin continentes, sin hombres. Sus dos áreas, Paso Centurión y Sierra de los Ríos, poseen la más alta biodiversidad que se puede encontrar en el país y unas vistas que conmueven al visitante. Es casi un santuario ecológico, no por ocurrencia humana, sino por designio de la naturaleza que lo esculpió en un territorio inalcanzable. Entre sus quebradas, sus planicies, sus cursos fluviales, se han registrado vegetales y animales que sólo están presentes allí. En realidad aún se registran, porque los biólogos se sorprenden en cada visita con nuevas especies de árboles, plantas, flores, aves, reptiles o mamíferos. Fue declarado Reserva Departamental por la Intendencia Municipal de Cerro Largo, mientras sus pobladores avanzan en el objetivo de ingresar al SNAP: como Paisaje Protegido. 

Sobre la base del fascíulo Nº 12 de la serie Áreas Protegidas del Uruguay (Trocadero Gabinete DDiseño para El País, Setiembre de 2010), actualizado para el libro Uruguay Manual del Visitante 2013 (Naón & Praderi).
Diseño y concepto visual: Alejandro Sequeira
Fotos: Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP)

Paso Centurión
No está claro el origen del nombre, pero sí hay cartas escritas en 1833 por el entonces presidente Fructuoso Rivera desde el cuartel general del Paso de Centurión, que se conservan en el Museo Julio de Castillos de Porto Alegre.

Sierra de los Ríos
Se llama así porque sus alturas están ubicadas dentro de la cuenca del Yaguarón y sus afluentes: los arroyos Sarandí, Ceibal, Yerbalito, Cañas, Los Ceibos, Sauzalito.

Yaguarón, Jaguarão
Es un río que nace en la Cuchilla de las Flores, cercana a la ciudad de Bagé, que se extiende por el estado brasileño de Río Grande do Sul y que sirve de frontera con Uruguay hasta su desembocadura en la laguna Merín. Tiene una longitud de 270 kilómetros y una cuenca hidrográfica de 3.000 kilómetros cuadrados.

Merín, Mirim
Es una extensa laguna 3.750 kilómetros cuadrados, ubicada en la frontera entre Brasil y Uruguay. Su nombre deriva del vocablo tupí-guaraní "mi´rí", que significa pequeña. Sus principales afluentes en territorio uruguayo son los ríos Cebollatí y el Tacuarí y en el límite entre ambas naciones, el Yaguarón. Del lado brasileño posee costas que se caracterizan por extensos humedales, entre los que se destaca el Bañado de Taim, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Paso Centurión-Sierra de los Ríos
Departamento: Cerro Largo
Ubicación: El ingreso principal al área está ubicado a la altura del kilómetro
380 de la ruta 7.
Cómo llegar: Desde Montevideo por la ruta 7 hasta el entronque con la 26 y de allí hasta el final y desde Melo por la misma vía y caminos vecinales.

Las huellas de Gondwana
La cuenca del río Yaguarón posee espacios y gradientes que mantienen relictos aislados que nos recuerdan la rica historia evolutiva del planeta, con sus cambios climáticos y evoluciones geológicas asociadas.” Así define a su pago la veterinaria Isabel Lucas, productora rural, conocedora de cada hectárea del área y activista del Grupo Caaobetí. Ella suele escalar los macizos de granito de Sierra de los Ríos, para disfrutar un espectáculo que persiste desde el período
Cretácico. Desde allí divisa una lejana perillanura de arenisca, ubicada en el fondo de un valle. “Es que estamos en un horst granítico que sobresale por encima de lo que era el fondo de un lago marino hace más de 200 millones de años, cuando las sierras estaban todas juntas”. Isabel se refiere a Gondwana, un paleocontinente del sur de aquella Tierra, de donde surgieron América del Sur, África, Australia, el Indostán, la isla de Madagascar y la Antártida.
El Paso Centurión, que replica aquella era como ningún otro paraje del país, está ubicado en la denominada región biogeográfica Uruguayense que se define por la dominancia de ambientes de praderas, topografía ondulada, clima subtropical húmedo, con precipitaciones superiores a los mil milímetros anuales, vegetación diversificada de pastizales con otras comunidades asociadas como bosques, matorrales y bañados. El área propuesta para ingresar al Sistema Nacional de
Áreas Protegidas forma parte del territorio paisajístico de las Serranías del Este, comprendido en su totalidad dentro de la cuenca de la Laguna Merín. Abarca 76,4 kilómetros de frontera con Brasil, definida por el curso del Yaguarón, en la 4º y 12º secciones policiales del departamento de Cerro Largo, a 40 kilómetros de Melo.
Son 65.934 hectáreas en las que predominan los suelos superficiales, poco desarrollados, que sufren una perdida constante de materiales constituyentes. Se trata de una zona compleja que integra la influencia de muy heterogéneas unidades geomorfológicas en una pequeña superficie relativa. “Aquí están representados diferentes ecosistemas en forma integrada, que conforman una gran diversidad de ambientes, caracterizados por su compleja distribución espacial con zonas de transición denominadas ecotonos”, explica Gerardo Evia, técnico de Probides y responsable técnico de la futura área protegida.

Bioma sin par
Cueva de los Murciélagos.
(SNAP)
Paso Centurión es un paisaje original de la Mata Atlántica que se inicia en Brasil, coronado por la Sierra de los Ríos como principal accidente geográfico. Allí proliferan las quebradas marginadas de monte serrano, por donde corren pequeños arroyos y cañadas que proporcionan albergue a una rica biodiversidad.
Al bajar rumbo al Yaguarón sorprende la presencia de cientos de palmeras de butiá que aportan una fisonomía muy particular. Otros elementos destacables del ecosistema son los rápidos del río y los espesos montes de ribera con carcterísticas de selva sub-tropical que forman corredores con una singular y variada fauna de especies sin registro en otras regiones del país.
El área todavía mantiene un especial aislamiento, por su escasa población y por la dificultad de accesos a sus parajes, que permite la conservación de especies animales de gran interés, que en algunos casos se las consideraba desaparecidas o en franco retroceso, como así tambien otras que fueron recientemente descubiertas y confirmadas para la fauna uruguaya. “La pesca y la caza furtiva quizás no sean relevantes, pero es imperioso que todos los habitantes se comprometan con el respeto por animales silvestres poco comunes, y que son nuestros”, afirma Maricema Sención, ecologista y dirigente del Grupo Caa-Obetí. Los relevamientos científicos han demostrado la presencia de paca, oso hormiguero chico, coendú, gato margay, tatú rabo molle, guazú-virá, y carpincho, y recientemente fue reconocida una nueva especie de comadreja de hábitos acuáticos, la cuica, y un anfibio exótico: la ranita rayada. Entre sus 120 especies de su avifauna, que representan aproximadamente 30% del total uruguayo, se registran ejemplares únicos, como el cuervo de cabeza amarilla, loros chiripepes, dragones o tordos amarillos, urutaú, anhingas y dos descubrimientos recientes: la perdiz montaráz y la urraca azul.
La vegetación nativa de los grandes montes fluviales acompaña las márgenes del Yaguarón y sus afluentes, con árboles de gran porte, enredaderas, helechos y bromelias, que aportan un aspecto selvático. En la pradera existen palmares butiá que indican su longevidad y en los aledaños a los montes fluviales están las espinillas típicas de los montes de parque. En las zonas bajas abundan los caraguatás, que dan albergue a una gran cantidad de insectos y pequeños vertebrados.
La arenisca de la perillanura describe como eran las piedras de aquel fondo marino y nos permite saber que el lago no tenía un gran oleaje, ni era muy hondo. Un buen observador, si se toma su tiempo, todavía puede hallar restos 
fósiles.” Cada vez que puede, Isabel escala la isla de granito de Sierra de los Río para presenciar un espectáculo primitivo que se repite hace más de 200 millones de años, pero que cada día es distinto, ya sea por la luz, por la atmósfera o por la humedad. Es un contacto íntimo con una naturaleza todavía inaccesible. Son las huellas de Gondwana.

En 2007 la Junta Departamental de Cerro Largo la declaró Reserva Departamental y creó una Zona Núcleo de 7.209 hectáreas y una Zona de Amortiguación de 26.030 hectáreas.

Tres topografías
Tierras Bajas. Son áreas inundables eventualmente o gran parte del año, con suelos mal drenados, que ocupan 15,4 % del área, con un total de 10.212
hectáreas. Allí se desarrollan las únicas actividades agrícolas dentro del área.
Tierras Altas. No son inundables y se extienden en 26.646 hectáreas equivalentes a 40.4 % del total. Están dominadas por la pecuaria extensiva.
Quebradas. Son aquellas áreas con suelos muy bien drenados y cuya existencia esta determinada por procesos erosivos. En sus 29.074 hectáreas, que corresponden a 44% del área, se desarrollan los montes de quebrada y la principal actividad productiva es la pecuaria extensiva.

Tres paisajes
Sierras. Se extienden en el centro y sur del área con alturas máximas de 360 metros sobre el nivel del mar. Es un paisaje que desarrolla afloramientos rocosos, y zonas de quebradas con pendientes fuertes y valles estrechos con monte asociado a las vías de drenaje. Las praderas asociadas a estas zonas son estivales y en muchos casos con vegetación arbustiva a partir de suelos superficiales y poco fértiles.
Colinas y Lomadas. Sus alturas máximas alcanzan los 210 metros sobre el nivel del mar. Allí se desarrollan suelos superficiales y poco fértiles en el norte, fértiles y profundos en el este, con praderas estivales en el norte e invernales en el este.
Llanuras y planicies fluviales. Se localizan en el tramo bajo del arroyo Sarandí. Sus alturas alcanzan en el norte los 100 metros sobre el nivel del mar y no superan los 50 en el sur. Son zonas que permanecen inundadas gran parte del año y que poseen vegetación de pradera estiva dónde no existe saturación hídrica, y monte fluvial y vegetación hidrófita donde si existe.

Siete ambientes
Montes. Están presentes en toda el área, desde montes fluviales que ocupan una amplia planicie de inundación al norte, montes galería de los cursos de agua hasta el monte de quebrada. Ocupan una superficie de aproximadamente 6700 hectáreas.
Arbustos. Corresponde a zonas no inundables predominantemente ocupado por especies de bajo porte y chircales asociados, con una superficie total de 9000 hectáreas.
Cultivos. Son escasos y casi todos situados en el norte, sobre las planicies sedimentarias con suelos profundos, que ocupan poco más de 1.000 hectáreas.
Praderas. Son campos naturales, pastoreados que pueden presentar algún nivel de intervención de bajo impacto, fertilización y aporte de semillas forrajeras.
Praderas Bajas. Están caracterizadas por la alta presión del pastoreo y se ubican sobre suelos relativamente superficiales que corresponden a la matriz de vegetación dominante en el área. Ocupan unas 24.000 hectáreas, equivalentes a 36 % de la superficie total.
Praderas Ralas: Es el paisaje de mayor fragilidad, asociado con afloramientos rocosos que corresponden a la segunda unidad en extensión dentro del territorio a proteger. Son 19000 hectáreas, equivalentes al 29% % del área.
Tajamar. Es el represamiento de aguas de escurrimiento superficial, en 36 hectáreas.
Montes artificiales. Es una superficie creciente del área, implantada coneucaliptos para fines de rendimiento forestal intensivo.

La presencia de especies raras, endémicas, nuevas y remanentes, sustentan la necesidad de conservar y proteger el área.”
Gerardo Evia, técnico de Probides.
Huellas de los mamíferos
con mayor presencia
en el país y la región. 

Fauna exótica por descubrir en una selva subtropical a orillas del Yaguarón
Paca, cuica, fiofío y tarefero
Allí se encuentran continuamente nuevas especies de aves, como por ejemplo: la perdiz de monte (Crypturellus obsoletus) que anida en el Yaguarón, el trepador escamado (Lepidocolaptes squamatus), tarefero (Sittasomus griseicapillus) y el fiofio oscuro (Elaenia obscura), y también mamíferos: la paca (Cuniculus paca) y la cuica de agua o yapoc (Chironectes minimus) una extraña pariente de la comadreja. También fue redescubierto el aguará guazú o zorro guará (Chrysocyon brachyurus).
Las quebradas que bajan desde las sierras hacia el río Yaguarón, el monte ribereño, áreas de bañados y los pastizales conforman una biodiversidad ideal para la supervivencia de muchas especies. La mayor parte de los registros de algunas de ellas, en Uruguay, se concentran en la zona de Paso Centurión, Sierra de Ríos y Cañas, como por ejemplo de la urraca azul (Cyanocorax caeruleus), el lorito chiriripepe (Pyrrhura frontalis), y el águila negra (Buteogallus urubitinga). 
Más comunes en otros sitios del país también aparecen en las quebradas: el boyero ala amarilla (Cacicus chrysopterus) con su nido en forma de bolsa colgante, la urraca común (Cyanocorax chrysops), el pirincho de monte (Piaya cayana) y varios passeriformes coloridos como el cardenal azul (Stephanophorus diadematus), celestón (Thraupis sayaca), naranjero (Thraupis bonariensis), juan chiviro (Cyclarhis gujanensis). Se han visto en el área ejemplares de carpintero enano (Picumnus nebulosus) y de carpintero verde (Piculus aurulentus), especies incluidas en la categoría internacional “cercana a la amenaza”, y otras especies en peligro, como el dragón (Xanthopsar flavus) y la viudita blanca grande (Xolmis dominicanus) que se pueden encontrar en pastizales húmedos o bañados del área. También están registrados: el tamanduá u oso hormiguero chico (Tamandua tetradactyla) y la tortuga de herradura (Phrynops williamsi) que vive a orillas de arroyos y cañadas, la culebra de Olfers (Philodryas olfersii) relativamente peligrosa debido a su ponzoña, la culebra de Almada (Liophis almadensis), un caracol (Hauffenia minuta) y los moluscos dulceacuícolas: Diplodon sp., Spondylus sp. y Potamolithus sp.

Una flora de otro mundo
Además de una concentración inusual de palmeras butiá (Butia capitata), la zona se caracteriza por la presencia de caa-obetí o azota caballo (Luehea diverticata), la «casearea», guaçatonga o guazatunga (Cesseria sylvestris y Casearia decandra), el tarumán sin espinas (Vitex megapotamica), la leandra (Leandra australis) y la sinningia (Siningia macrostacha) una herbácea perenne tuberosa que existe sólo en la Sierra de los Ríos. La caracterización de la flora de la cuenca del río Yaguarón es realizada por técnicos de Probides.
Son las llamadas “Evaluaciones Ecológicas Rápidas”, en el marco del proyecto de definición de la Reserva de Biósfera Bañados del Este, que permiten reconocer la existencia de una inusual diversidad de especies, según los criterios del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Allí está registrada la expresión más diversa de la mata atlántica o bosque atlántico costero, uno de los biomas más amenazados y con gran número de endemismos del continente”, afirman los ingenieros agrónomos Carlos Brussa e Iván Grela, botánicos dedicados a la investigación del monte indígena del país.
El informe de Probides identifica la presencia en la zona de una alta diversidad de arbustivas y arbóreas, en su mayoría remanentes de las selvas subtropicales del sur brasileño: Caesalpinia pilosa, Chioccoca alba, Myrciaria tenella, Ocotea puberula, Pisidium cattleianum, Schinus ferox, Xylosma pseudosalzmanii. Del helecho Niphidium crassifolium, de la gramínea Paspalum ionanthum y de otras plantas no leñosas: Mangonia uruguaya, Cereus uruguayanus, Schlechtendalia luzulaefolia, Frailea pygmaea, Parodia ottonis, Parodia scopa, Glechon spathulata, Glechon spathulata y Galium osteianum.

Paca, Cuniculis paca.
(SNAP)
Paca o Agoutí
Muy abundante en Brasil, escasa en Uruguay, este roedor de la familia Cuniculidae, sólo ha sido citado en el departamento de Cerro Largo, como una especie endémica “en peligro”. La paca (Cuniculis paca) de tamaño mediano llega a medir 65 centímetros de largo y pesa aproximadamente 15 kilos. Su cabeza es grande en relación al cuerpo. Las mejillas son abultadas, las orejas son cortas, marrones, las vibrisas son largas, los ojos son grandes y bien separados. Durante la noche brillan con un color amarillo fuerte cuando se los ilumina. A pesar del gran tamaño de sus ojos, las pacas tienen mejor olfato que visión. Posee un pelaje áspero, duro, de color castaño con franjas longitudinales de color blanco amarillento. Tiene manos y patas con cinco dedos, aunque en las primeras el primer dedo se encuentra muy reducido.

Habitat
Vive principalmente en montes ribereños, en cuevas que construye cerca de cursos de agua. Se alimenta durante la noche y, durante el día, permanece en su madriguera provista de ramificaciones y varias salidas disimuladas por el follaje. Las cuevas miden unos 20 cm de diámetro y hasta ocho metros de largo. Se alimenta de vegetales: tubérculos, rizomas, hojas y frutos.

Otros nombres
En otros países la paca se conoce también como guartinaja, guanta, halep, guagua, majaz, conejo pintado, tepezcuintle, lapa o jochi pintao; en México es conocido con el nombre náhuatl de tepeitscuintli es decir “perro de montaña” (tepetl = montaña, itzcuintli = perro) aunque lejos esté de ser un cánido. En Guatemala y Costa Rica es conocido como tepezcuintle, y en Bolivia como jochi pintado.

Las leyendas de la zona se enriquecen con muchos acontecimientos, como la captura de El Carancho, personaje descrito por Justino Zavala Muniz en Crónica de un crimen.


Aduana de Paso Centurión
Sobre héroes y tumbas
Para proteger una frontera del "Cerro Largo" amenazada por la penetración portuguesa a través del río Yaguarón, en 1777 fue creado el primer pueblo luego de concedidos los campos cercanos.  En los archivos de la Escribanía de Gobierno y Hacienda consta que el 15 de diciembre de ese año hubo una cesión de Agustín de la Rosa a Francisco Portillo y Pedro Juan Rojas. En toda el área se observan mangueras y cercos realizados en piedra con un muy buen nivel de conservación, registrados por la Intendencia de Cerro Largo.
Todavía existe la zona de paso fronterizo por donde iban los carruajes cargados de contrabando, y por donde ingresaron los ejércitos brasileños que invadiero la Banda Oriental en 1801 y 1811, y la Provincia Oriental en 1816 para derrotar a José Artigas.
Allí sobresale la presencia de un edificio perdido en medio de la campaña más olvidada, a pocos metros del Yaguarón, que alguna vez fue una zona de cruce de las primeras exportaciones de ganado hacia los saladeros de la ciudad de Pelotas, en Río Grande de Sul. En 1875 allí funcionó una subreceptoría de Aduanas, la segunda aduana más grande de Cerro Largo luego de la de Río Branco, transformada en hospital de campaña en la guerra civil de 1897 y escenario de enfrentamientos bélicos hasta 1904.
El historiador Germán Gil Villamil posee un archivo personal que mantiene viva la memoria del sitio, en los que consta que en aquella Aduana hubo hasta diez gendarmes que realizaban a caballo la vigilancia en toda la costa del río Yaguarón.
El investigador cerrolarguense cuenta que en el actual Pueblo Centurión, a dos kilómetros de la frontera, existió una fortificación militar que el dictador Lorenzo Latorre quiso transformar en un pueblo con su nombre, un intento megalómano frustrado por una rebelión de soldados que revistaban en la zona. Gil Villamil todavía sigue buscando vestigios de aquella estructura castrense.
Desde hace una década un grupo de vecinos con apoyo del gobierno departamental pretende recuperar las ruinas históricas, un proyecto patrimonial que incluye la construcción de un puente que cruce el Yaguarón hasta el pueblo riograndense de Herval, que además de su puesta en valor permitirá ahorrar kilómetros en el cruce fronterizo. El edificio conserva su estructura original, el piso y un aljibe al medio, y a pocos metros de allí el antiguo cementerio con nichos abovedados en varios niveles construidos en piedra.
Todavía existen los cimientos de lo que iba a ser la iglesia del frustrado Pueblo Latorre. A principios del siglo XX nació el Pueblo Centurión, a ocho kilómetros del Paso, pero que ahora es apenas un caserío rural.

Garibaldi 
Cuenta una leyenda lugareña que el Héroe de dos mundos y su esposa Anita pasaron por Centurión cuando huían de Río Grande do Sul, derrotado en la Revolución de los Farrapos. Se dice que encontraron un tesoro en una cueva de la vieja estancia de Souza, y que en un intento de robo mataron al propietario. De Suoza también se dice que tenía una olla de libras esterlinas enterrada en un sitio secreto. El casco del establecimiento fue construido en un paisaje serrano, y la Intendencia de Cerro Largo pretende concretar allí un proyecto turístico.

 El Bado
Fue un ladrón y contrabandista que llevaba ganado a una isla de la desembocadura del arroyo Yerbalito en el río Yaguarón, y que desde allí lo cruzaba al Brasil. El matrero famoso, hombre de pocos amigos, fue asesinado en 2002 por la policía brasileña, dicen que por encargo para que no delatara a quien le compraba lo robado. 

Las Cañas, el pueblo “de los negros”
En la región existen solamente tres poblados: Las Cañas, con más de 100 personas, localizado al sur, el caserío secano de Cañitas y Paso Centurión, un complejo de 15 viviendas de MEVIR que todavía no fue incluido como centro urbano por el Instituto Nacional de Estadísticas. Las Cañas es conocido como el “pueblo de los negros” por ser de esa raza casi la totalidad de sus habitantes; según los baquianos fue fundado por descendientes de esclavos brasileños que llegaban desde la otra margen del Yaguarón, disparando de la esclavitud. Son comunidades quilombolas, que mantienen aún hoy un dialecto muy particular, portugués, con palabras de ascendencia africana. Se ve el mismo fenómeno en comunidades que se radicaron sobre el arroyo Yaguarí. Allí viven peones rurales y sus familiares, en condiciones de extrema pobreza.
El área presenta un total de 1.271 personas, con un promedio de 55 personas por zona censal y una densidad poblacional de un habitante por cada 49 hectáreas, según la Encuesta de Hogares de 2004. Los parajes con mayor número de habitantes se localizan en las unidades ambientales de colinas sedimentarias y noroeste de Quebradas de Las Cañas. También existen dos padrones con población es cero, en las zonas bajas y más fértiles de las laderas suaves del mismo noroeste y en la planicie norte.

Balanza del almacén de Paso Centurión.
(SNAP)
Gastronomía popular elaborada y vendida por mujeres en un mundo de hombres
Quitanderas
Ellas iban a sitios donde las “señoras” no se atrevían, para vender comida. Una tarea similar a la de la pastelera colonial montevideana, con la diferencia de que se arriesgaban mucho más: las quitanderas regenteaba puestos en ferias ganaderas, pencas, yerras, bailes de campaña o en sitios de dudosa reputación. Su existencia forma parte de la cultura de Cerro Largo y ha dado lugar a tres palabras del vocabulario popular del departamento.
Quitanda. Puesto móvil en el que se vende comida, postres y dulces.
Quitute. Alimento delicioso, especialmente sabroso.
Quitandera. Deriva de la lengua bantú africana (Angola, Mozambique, Congo) insertada en el portugués, que significa: mujer que elabora y comercia alimentos en una quitanda. En Brasil era la mujer negra, esclava o liberta, autorizada a vender comida en lugares públicos.

Manicete, queijadas, broas y arroz de príncipe
Las especialidades que preparaban las quitanderas son, desde siempre, los más típicos platos de Cerro Largo, ahora elaborados por el Grupo de Mujeres Rurales de Las Cañas. El manicete es una preparación similar a la garrapiñada. Según la antigua receta, el maní debía ser cosechado, pelado, tostado y glaseado en familia para que tuviera los efectos aguardados. Una fórmula conservada por una anciana de la zona, Vicenta Silvera, que enseñó a sus nietas antes de morir. Según las tradiciones religiosas afrobrasileñas, el maní tostado y glaseado con azúcar dorada, debe ser tributado a Oshum por sus virtudes afrodisíacas.
Las queijadas o queijadinhas son canastas de masa, en forma de canapés rellenos de dulce de leche, maicena y yema de huevo. Su extraño nombre se debe a que es una antigua costumbre portuguesa que allí se elabora con queso.
Las broas están casi extinguidas como costumbre, según los propios vecinos del área. Son bizcochos de harina de maiz muy fina, que los brasileños llaman polvilho, que deben moldearse en la palma de la mano, con una base redonda plana y un pico en forma de perinola. Se cocinan en grasa de cerdo (banha de porco) hasta quedar tan suaves que se deshacen en la boca.
El arroz de príncipe es el postre preferido de los alumnos de las escuelas rurales de la zona, elaborado por cocinas que aprendieron la fórmula de sus parientas y vecinas quitanderas. Al arroz hervido se le agregan yemas y frutas secas mezcladas, hasta que queda como una torta, que se corona con mucho merengue. Las más expertas pueden utilizar hasta 40 huevos en una sola preparación. 

Una represa que no fue
Fue un proyecto binacional elaborado en la década de 1970 en el marco de la Comisión Mixta de la Laguna Merín para la construcción de un embalse con fines de aprovechamiento hidroeléctrico y riego. Iba a estar ubicada a seis kilómetros aguas abajo del área que ahora se propone proteger, sobre el río Yaguarón. La presa implicaba la captación de aguas de una cuenca hidrográfica de 4.780 kilómetros cuadrados, para el riego por gravedad de cerca de 96.000 hectáreas. 

“El área está integrada por 604 padrones de propiedad privada. El tamaño promedio de cada uno es de 118.93 hectáreas; los de menor tamaño se ubican en el norte, excepto en la zona de bosque fluvial, y en el sur están los mayores. La actividad productiva dominante en toda la zona es la ganadería extensiva de vacunos y ovinos. La actividad forestal registra un aumento importante en la dinámica de compra de tierras orientada hacia esta finalidad.”
Gerardo Evia, responsable del proyecto de área protegida Paso Centurión-Sierra de los Ríos. 

“Pese a la conciencia que han tomado sus habitantes sobre las riquezas naturales del lugar, no se ha logrado frenar la depredación abusiva de algunas especies, como el pequeño ciervo guazubirá.”
Maricema Sención, productora rural, ecologista, activista del Grupo Caa-Obetí.

Cañas
Es una zona de alta biodiversidad que comparte la microcuenca del arroyo Cañas con Paso Centurión-Sierra de los Ríos. Aunque no está incluida en el proyecto de ingreso al Sistema Nacional de Áreas Protegidas, sus pobladores están preocupados por su preservación y promueven acciones coordinadas con el Proyecto de Producción Responsable (PPR) del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca. Su territorio es el límite de distribución para muchas especies que no se encuentran en otras partes del país, como la paca, el aguará guazú y el tamanduá u oso hormiguero. Desde hace unos años funciona el Grupo de Productores de Cañas que tiene como objetivos: la preservación del paisaje y su biodiversidad. La mayoría de sus predios tienen aspecto quebrado-serrano, con fuertes pendientes, afloramientos rocosos y vegetación asociada. “Estamos buscando herramientas para evitar la degradación ambiental de suelos y la fragmentación del monte nativo. Nuestra estrategia actual es el manejo de áreas de exclusión y el diseño de circuitos ecoturisticos que también rescaten valores culturales e históricos”, afirma la maestra rural y productora Beatriz Hernández.

“Además de sus atributos naturales, el área posee un riquísimo patrimonio cultural, histórico y arqueológico.” 

Con Gerardo Evia, técnico de Probides, responsable del proyecto Paso Centurión-Sierras de los Ríos
“Es más conveniente diseñar pocas áreas protegidas grandes que muchas pequeñas”
-¿Cómo ha evolucionado el proyecto de ingreso de Paso Centurión-Sierras de los Ríos al Sistema Nacional de Áreas Protegidas?
-Fue en diciembre de 1997 que Probides propuso por primera vez una delimitación del Área de Reserva de Biósfera Bañados del Este, que tomaba en consideración el criterio de cuenca hidrográfica, con una superficie de 3.850.000 hectáreas, y una zonificación basada en el concepto de áreas núcleo, de amortiguación y transición, que fue recogida dos años después, en el Plan Director editado por Probides. En una región de cinco departamentos (Maldonado, Rocha, Lavalleja, Treinta y Tres, Cerro Largo), conocida como Serranías del Este, fueron identificados 19 sitios o unidades con atributos sobresalientes dentro de las cuales debería garantizarse el mantenimiento o, en su caso, el restablecimiento, en un estado de conservación favorable de los hábitats naturales. En Cerro Largo fue propuesto un gran Parque Nacional con una superficie total de 150.000 hectáreas, con dos áreas naturales silvestres bien diferenciadas en su interior: el Cerro Largo propiamente dicho, al sur de la ciudad de Melo y Paso Centurión-Sierra de los Ríos. En aquella primera etapa fue fundamental el aporte de las organizaciones ambientalistas (Proince, Aguas del Tacuarí, Grupo Caa-Obetí) y de la Dirección de Recursos Naturales Renovables. En 2007 hubo un nuevo impulso a la iniciativa, cuando Probides comenzó a coordinar con la intendencia de Cerro Largo y diversos grupos locales, para fortalecer y desarrollar una propuesta de incorporación de Paso Centurión-Sierra de los Ríos al Sistema Nacional de Áreas Protegidas. También se estableció un acuerdo con la Facultad de Ciencias, para organizar y sistematizar la información disponible, y en esa etapa estamos: elaborando el proyecto.

-¿Qué tiene de original el área?
–Allí se encuentran representadas todas las unidades de paisaje que caracterizan a la cuenca de la Laguna Merín y parte importante de las praderas del noreste. Su originalidad se sustenta en la integración de una muy amplia diversidad de ambientes representativos del Uruguay: sierras, colinas y lomadas del este, la cuenca sedimentaria del noreste y las planicies del este. Esta integración de ecosistemas típicos de la zona centro-este hacen del área un sitio único en el país. Aquí es posible identificar planicies sedimentarias inundables y no inundables, monte ribereño del Yaguarón, altiplanicies, colinas y lomadas, colinas sedimentarias y sierras. Además de sus atributos naturales, el área posee un riquísimo patrimonio cultural, histórico y arqueológico.

-¿Existe compromiso de los pobladores con el proyecto?
–Sin dudas, y esa actitud positiva es la que nos impulsa a concretar el objetivo. El área de Paso Centurión-Sierras de los Ríos está insertada en un contexto histórico cultural que genera un profundo sentido de pertenencia de la población local con su territorio. Este conjunto de aspectos destacados refuerzan una posición local de interés por la preservación de su patrimonio ambiental articulado con el desarrollo de actividades productivas. Son decisivas sus condiciones geológicas y geomorfológicas del sitio, su ubicación espacial en el territorio, pero también las prácticas históricas productivas predominantes, como la ganadería extensiva, han condicionado la construcción de un sistema ambiental con un importante nivel de conservación desde el punto de vista del funcionamiento de la ecología del paisaje. En la zona funcionan colectivos de productores, que lejos expresar temores por el ingreso al SNAP de su territorio, se están organizando para que el proceso avance. Son destacables los casos del Grupo Caa-Obetí y el Grupo de Productores de Cañas. 

-¿Cuál debe ser el primer atributo de un área protegida?
–Es imprescindible su concepto espacial. La ecología del paisaje permite establecer por un lado que siempre es más conveniente diseñar pocas áreas grandes que muchas pequeñas. También se reconoce la conveniencia de mantener conectividad posible entre todas. Parece razonable tanto por la incertidumbre asociada a la falta de conocimiento existente para la definición  precisa como por razones de proporcionalidad de inversión entre municipios que las áreas de protección asociadas a la región estuvieran más o menos uniformemente distribuidas. 

Presiones y amenazas 
Forestación. Casi 80% de los suelos del área a proteger mantienen una prioridad forestal que determina una clara vulnerabilidad del paisaje y el ecosistema de praderas. 
Cultivos. Como en el resto del país está marcada la tendencia al incremento en la conversión de tierras a la para la agricultura y forrajes. 
Sobrepastoreo. Una actividad que provoca pérdida de diversidad de pasturas y exposición a la erosión.

Vulnerabilidad. En el áreas es notoria la pérdida de valores históricos y socio culturales. 
Tala y caza. Aunque atenuado, allí también existe el mismo problema de todo el país: la tala del monte nativo y la caza furtiva y depredatoria. 
Exóticas. Es notoria la expansión de especies exóticas e invasoras en toda el área.


“Desde arriba de la Sierra de los Ríos se ve hasta la localidad brasileña de Candiota, un sitio que nos trae malos recuerdos por la contaminación que sufrimos durante tantos años.”

Con Maricema Sención e Isabel Lucas, guías de naturaleza de Cerro Largo
No dejar más que huellas
-¿Qué es Caa-Obetí?
-Es un grupo de vecinos, productores y técnicos de Cerro Largo que se dedica al estudio y la preservación de la flora nativa y a difundir sus bondades. Lo fundamos en 2003, luego de haber participado en un curso de la Sociedad Agropecuaria de Cerro Largo. En ese momento descubrimos el enorme valor social, ambiental, y económicos de nuestros montes. Para comprender su importancia, basta saber que son prioritarios para la conservación de ríos y arroyos, abastecen las fuentes subterráneas de agua, retienen el carbono atmosférico y mitigan el efecto invernadero. Allí se producen alimentos, medicinas, madera para construcción, abrigo y ornamentación. En su interior vive una gran diversidad de fauna nativa que asegura el equilibrio ecológico y que embellece el paisaje. No lo descubrimos nosotros: Desde hace años se investiga en el área, y como dice el ingeniero Carlos Brussa, director del Jardín Botánico de Montevideo, cada vez que viene descubre una especie nueva. Lo interesante es que tanto Paso Centurión, como Sierra de los Ríos y la cuenca del arroyo Cañas, se mantiene muy preservados, cuando sitios similares de la Mata Atlántica, sobre todo en Brasil, están sufriendo una gran presión antrópica. 

-¿Por qué se conservan?
–Es toda una paradoja, porque la virtud, en realidad es un defecto: el mal estado de los caminos hace casi imposible el acceso al núcleo de la futura área protegida. Por algo un sitio de estas características, único en el país, es desconocido por la mayoría de los uruguayos. Nosotros no queremos que sea algo cerrado, por el contrario, nos interesa que se difunda, que se disfrute, pero debe ser un turismo ecológico, de pocos visitantes, que respete el ambiente, que enseñe una forma de vivir saludable. No son bienvenidos todos aquellos que vengan a cazar, a depredar o a especular. 

-¿Cómo desarrollan la tarea educativa?
–Actualmente estamos llevando a cabo charlas con panelistas expertos en temas de biodiversidad, ornitólogos, agrónomos, biólogos y educadores y coordinamos la tarea con la Agrupación Palmares del Yaguarón, que comprende a cinco escuelas de la zona: Pueblo Centurión, Paso Centurión, Sierra de los Ríos, Falda de Sierra de los Ríos y Berachí. Nos relacionamos con los niños, sus familias y los vecinos, en una experiencia muy positiva. Tratamos de explicarle a los gurises y a sus mayores, que la vida del pago depende de nosotros. Si cazamos, si depredamos, si producimos sin sustentabilidad, no habrá futuro. Siempre les decimos que hay que hay que sacar muchas fotos, no dejar más que huellas. 

-¿En qué se beneficiará la región con el Paisaje Protegido?
–En que se preservará la zona de la mejor manera y porque la figura tiene en cuenta que la totalidad del territorio, salvo una hectárea que es estatal, pertenece a privados. El Paisaje Protegido permitirá integrar la preservación y el turismo de naturaleza al trabajo productivo. Los propietarios de Paso Centurión y Sierra de Río están comprometidos con la creación de un área protegida, y con ese objetivo colaboramos con ellos y con el SNAP, con Probides y la Intendencia Municipal de Cerro Largo. Lástima que está demorado y están forestando mucha área que ya es Reserva Departamental sin importar el impacto ambiental ni el económico, puesto que ya vemos mas taperas y menos niños en las escuelas, amén de los consabidos efectos de muertes masivas de animales autóctonos intoxicados con plaguicidas.

Paisaje Protegido es la categoría más apropiada para el área, dadas sus características biofísicas, socioeconómicas y culturales, junto a los valores de interés para la conservación.

“Las quebradas cumplen una importante función como corredor biológico que permite la presencia de una exuberante vegetación subtropical que comparte con el sur de Brasil, y una fauna de especies poco comunes y amenazadas.”
Federico Pica, director de Medio Ambiente de la intendencia de Cerro Largo.

“Desde el punto de vista geomorfológico es la continuación hacia el sur de lo que en territorio brasileño se conoce como Planalto Sul-Riograndense, que en Uruguay toma el nombre de Serranías del Este y que en el área de Yaguarón-Cañas se caracteriza por un relieve de afloramientos rocosos, fuertemente ondulado y con depresiones por donde corren cursos de agua en muchos casos protegidos por altos paredones pétreos u hondanas profundas típicas de las quebradas subtropicales.”
Eduardo Arballo, ornitólogo, investigador de la avifauna de Paso Centurión-Sierra de los Ríos.

AGRADECIMIENTOS
Lic. Mario Batallés (jefe de gestión de la División Biodiversidad y Áreas Protegidas de la DINAMA), José Pedro Díaz (asesor en Comunicaciones de DINAMA), Dr. Gerardo Evia, Dr. Gonzalo Picasso (Probides), Ing. Agr. Carlos Brussa (director del Museo y Jardín Botánico Atilio Lombardo), Ing. Agr. Iván Grela (botánico, experto en monte indígena), Lic. Joaquín Aldana (Aves del Uruguay), Eduardo Arballo (ornitólogo), Maricema Sención, Dra. Isabel Lucas (Grupo Caaobetí), Beatriz Hernández, Mateo Pastore, Rolf Larssen, Roberto Rodríguez, Daniel Lara, Elena Sosa (Grupo de Productores de Cañas).